15 dic. 2017

DE ENFERMERAS Y SERIES… ÑOÑAS




Juro que llegué a interesarme por la serie de Antena 3TV “Tiempos de guerra”, lo que me llevó a acercarme a la obra de Eligio Montero “1921. Diario de una enfermera” y de paso por las Enfermeras de la Cruz Roja, cuya escuela se fundó en Madrid en 1918, bajo el auspicio del Hospital de San José y Santa Adela, hoy Hospital Central de la Cruz Roja (Madrid, 1913) y de la reina Victoria Eugenia. Y, ya de paso y metido en faena de intereses, recordé hasta las Damas de Sanidad Militar que despertaban tantos aplausos cuando los desfiles de las FFAA en los años 80.

Ni que decir tiene que la serie me tiró del sofá, a las primeras de cambio, pero tras la emisión del miércoles último he llegado a la conclusión de que sus guionistas viven en los mismos mundos de Yuppie que el chico este que se ha extrañado a Bruselas.

Vale que anclándose en dos personajes ‘de tronío’ para el caso -como María del Carmen Angoloti y Mesa, duquesa consorte de La Victoria y Luchana,- y el doctor Fidel Pagés Miravé- se monten un guion que conforme pasa la historia en metraje y capítulos se divorcia de la realidad. El recurso a la familia del prestigioso médico militar me ha provocada la náusea; pero si la familia traga, pues nada: les cantaremos el trágala, trágala…

Pelillos a la mar con la serie.

Pero el caso es que dándole al magín recordé, sobre las enfermeras, un hecho que me llamó la atención sobre su historia. ¿Cuándo empezó esto de las enfermeras? Enfermeras, mujeres. El que sean mujeres ayuda mucho.

Y así llegue al documento que dice, y no se corta, que “la Enfermería existe desde siempre” -¡jopé con el matefísico!-… pero que “no resulta tan sencillo demostrar estos extremos documentalmente”. Es que ‘el desde siempre’ tiene estas cosas de poder demostrar.

El caso es que así se manifiestan profesores de la Escuela de Enfermería de la Complutense, autores, por cierto, de un excelente trabajo sobre “La Enfermería en la Historia”. Eso sí, tenemos referencias de los grandes médicos de la Antigüedad, pero no de quienes les ayudaban, porque -parece ser, ellos sostienen- enfermeras hubo siempre. Aunque, de lo que leo se desprende que la profesión como tal la ejercían los hombres; y las mujeres sólo accedían a esa función en determinados casos.

A mediados de los años setenta, el profesor Laín Entralgo, abundó en este tema de la mujer e hizo entrar en la investigación la doctrina cristiana, para dar cabida a los conceptos de consuelo y a psicoterapia, como base de la acción profesional terapéutica de la mujer, más que a su ejercicio profesional.

Jacob Burckhardt, el historiador suizo, en su prospección sobre esta figura del enfermero ya señaló la existencia masculina de los “parabolanos”, también llamados “fossores”, que actuaban de enfermeros y -al mismo tiempo, de enterradores- en tiempos del Imperio Romano. El emperador Constantino se destacó en su empeño por amparar esta figura.

Una vez caída Roma esta faceta asistencial (masculina) se refugiará en los monasterios cristianos de la Baja Edad Media. Las reglas de los monasterios establecían -por escrito- los principios de la enfermería y fundamentaban la ayuda de los monjes al enfermo desde el “a mí me lo hacéis”, del evangelio (Mateo, 25,46). Y conforme avanzó la Edad Media la Iglesia salió de los monasterios para cristianizar Europa a través de las Ordenes Mendicantes, incorporando laicos en la denominada Orden Tercera, desde donde llegamos ya, casi, a “un concepto profesional” de la enfermería.

Será en el siglo XIII (1269) cuando en la obra “De officiis ordinis praedicatorum” -de Humberto de Romans, el maestro general de los dominicos- se defina la figura profesional y el campo de actuación del enfermero, hombre. Ni referencia a mujeres.

Aquí llegados cabría destacar que los hospitales de entonces no eran centros de curación sino de cuidados y convalecencia. Llegar a un hospital no equivalencia de sanación.

Pero a lo que voy: a la enfermera.

Parece que el documento más antiguo de la figura de la enfermera arranca de los tiempos del Hospital del Emperador (mandado edificar por Alfonso VI) en Burgos. Aquel hospital de pobres y peregrinos se reorganiza en 1123 y se mandata que “doce hermanos de la Orden del Císter cuiden a los asilados y -atención- doce señoras mayores de 35 años los atiendan”. El investigador Antón Álvarez-Sierra puntualiza el concepto de atención que se les encomendó a aquellas ‘doce señoras mayores de 35 años”: “hacer las camas de los enfermos, cortarles las uñas y el pelo, darles las medicinas, hacer hilas y vendas, ayudar al boticario y auxiliar al cirujano” Y más: “siempre debería haber una de las doce rezando ante el Altísimo”.

Insisto, parece ser que ellas fueron las primeras enfermeras “civiles” en estos cometidos pues fundaciones coetáneas y posteriores dejaban esos menesteres a las monjas, freiras que las llamarían, que libres del voto de clausura podían desempeñar labores apostólicas y de caridad.

El que ya se les llamara “enfermeras” no aparece documentado, pero… si lo cita Álvarez-Sierra, pues bien. Sí es cierto que entre el personal del Hospital de Peregrinos de Santo Domingo de la Calzada (siglo XV) no sólo se destaca la figura de la “enfermera mayor” como jefa sino que se distingue entre criadas y enfermeras.

Es el doctor Retanza Iza, en su libro “Batas blancas. La marga marcha”, el que señala que por aquellos días de la Edad Media, las mujeres que se ocupaban de tales menesteres auxiliares de la sanidad eran “damas adiestradas en la cura de enfermos; por lo general, viudas de soldados” lo que viene a enlazar con el requisito de la edad que ya vimos y que estuvieran acostumbradas a las convalecencias de sus esposos.


Y aquí ya podrían entrar las enfermeras de toda condición. Y hasta las de la serie de Antena 3TV. Y me faltarán las Damas de Sanidad Militar de mi niñez y mocedad; las aplaudidas Damas. En su origen eran aspirantes a la Cruz Roja a las que sorprendió la Guerra Civil y que tuvieron carta de naturaleza desde 1938. El Cuerpo fue fundado como tal -Damas de Sanidad Militar- en 1941 y se declaró a extinguir en el año 2003 integrándose entre el personal de los hospitales de Defensa. Dejaron de aparecer en desfiles y maniobras militares.

Menos mal que pronto dejarán de aparecer estas pseudoenfermeras de Antena 3






4 dic. 2017

DE LA BICICLETA… DE LOS NOVIOS




Hoy me he enterado de una entrañable historia. A mí, al menos, me ha hecho gracia. Se trata de una bicicleta “muy apañada”.

Verán. Nos ponemos en antecedentes; la historia es de 1910

Y como de una bicicleta se trata, me he ido directo a la ESPASA de ese año. La Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, en su tomo 8, páginas 745 a 761, incluye la entrada dedicada a la voz “Bicicleta”. Les resumo: tras describirla pormenorizadamente, contando su historia, recomienda que el que sujeto que la monte “no tenga miedo a las caídas”; explica como subir y bajarse de ella, que lo mejor es “comenzar con la máquina entre las piernas” y “bajarse con un pie en el pedal”, limpiarla con un plumero y pasarse una bayeta empapada en petróleo y un sinfín de detalles más. Pero lo que me ha gustado más es en el apartado de “Excursiones en bicicleta” donde la recomendación es total: “lleve consigo un farol, una bomba (de aire, claro; aunque no sé yo) un neumático, una camisa de dormir de seda (por si acaso y de seda, oiga), medias (¿?), pañuelos, una camiseta, varios botones (¿¿??), dinero, un cinturón, un reloj, un revólver (¡¡!!) y un mapa”. Echo en falta una brújula, pero me reconcilio con el vetusto librajo de 1910 cuando sugiere que “el revólver vaya sujeto al cinturón, al igual que el reloj”.

Pues ya sabiendo cómo estaba lo de la bicicleta en 1910, paso a la historia de la primera bicicleta de l’Alfàs del Pi; aquí al lado de Benidorm.

Y la cosa está, y es verídica (pues hay texto documental) en que la primera bicicleta en llegar a l’Alfás fue la del médico don Francisco de Borja Martín en tal año de 1910.
Yo me imagino así al doctor Martín... y la bicicleta de los novios


La usaba el galeno para visitar a sus pacientes… y a su novia. Y ahí está la clave. Terminó siendo conocida como “la bicicleta de los novios”, en plural. Y ahora sabrán por qué.

La novia del sanitario protagonista era la hija del médico de Benidorm, don Eduardo Llorca, y hasta Benidorm venía cada tarde el doctor Martín a cortejar a Pepita Llorca y Zaragoza.

Doy nombres pues no mancillo el honor de las damas -de doña Pepita y de otras que citaré- porque aquello terminó en boda. Y no una; que fueron tres.

La bicicleta del galeno era famosa; pero aquél entonces el modelo de 1910 era una pasada de bicicleta. Hasta mí ha llegado que “era de ‘freno contra pedal’” (vamos, un freno instalado en el buje trasero) muy seguro y suave (me han contado), aunque también me han dicho que en bajadas pronunciadas, cuando se coge velocidad, pues… como que no: se calienta y falla.

Tal vez no cogiera velocidad don Francisco de Borja Martín en sus desplazamientos, pero en la historia referida el facultativo cogía tal velocidad en sus ansias de acudir junto a la amada benidormera que anudaba un cordel a sus lentes y lo fijaba en el ojal de la chaqueta, para no perderlas en un bote de la máquina sobre el bacheado (imagino) camino. Es más, lucía el médico en sus excursiones hacia la amada un pañuelo blanco, de seda -por más datos- que anudaba al cuello, según la moda, a imagen de un castizo madrileño tal cual de los buenos retratos que hiciera Chueca, que hacía flamear al viento en su desplazamiento entre l’Alfàs y Benidorm.

Al llegar aquí, a Benidorm, la bicicleta cambiaba de manos. Era entonces el joven letrado don José Llorca, hermano de la cortejada, el que usufructuaba la máquina y con ella volaba de nuevo a l’Alfàs, pues él pretendía a su vez a la hija de don Maximiliano, el de la finca “La Carbonera”. Y, vaya por Dios, ahora no recuerdo el nombre de la chica; esta neurona mía me juega unas pasadas que para qué. El caso es que la bicicleta quedaba en l’Alfàs en manos de don Francisco Saval, maestro de Primera Enseñanza, y hasta “La Carbonera” iba el jurisperito benidormense andando porque, asómbrense, el camino hasta la casa solariega de su amada sólo era apto para caballerías e intransitable para la bicicleta.

Aquello le venía bien al pedagogo Saval pues así tenía la oportunidad de reusufructuar (¿se dice así?) la bicicleta e ir alado, a golpe de pedal y tracción a sangre, hasta Altea donde festejaba con doña Paquita Ballester (de esta nombre sí me he acordado).

Era Saval el de más breves arrumacos, pues debía volver a tiempo de que el legista de Benidorm, acabado su tiempo de romance con la hija de don Maximiliano, cogiera a su vez la bicicleta (“del amor”) para llegar a tiempo a Benidorm donde el galeno Martí acabaría de rondar a su hermana… y pudiera volver este a l’Alfàs do moraba y practicaba la medicina.

Es por esto, por todo esto, que todos por aquí llamaban a la bicicleta de don Francisco de Borja “la bicicleta de los novios”, pues eran tres los que la utilizaban.

Al final, como en los buenos cuentos, el final fue feliz (imagino, que nadie me lo ha dicho ni he podido documentarlo) pues las tres parejas matrimoniaron… con lo que los neumáticos de la máquina pudieron por fin descansar de tanto trote caminero l’Alfàs-Benidorm, Benidorm-l’Alfàs, l’Alfàs-Altea, Altea-l’Alfàs, l’Alfàs-Benidorm, Benidorm-l’Alfàs.

También me han referido que al poco de esto que les narro corrió por estos pagos una segunda bicicleta. Era “la bicicleta del metge” don José María Vallés y para los mismos cometidos originarios que la del doctor Martín. Lo más destacado en los cronicones de la época sobre aquella “otra” biclicleta fue la referencia a su bocina. Y también se cuenta que Miguel SavalEl Callosí” se encaprichó de ella y, por lo que fuera, el facultativo Vallés se la vendió. “El Callosí” recorría alegre los caminos y la bicicleta aquella terminó siendo conocida como “la Micaleta”, pues era de Miquel.

La otra, la primera, recuerdo, “la bicicleta dels nuvis”.

A mí, esta historia me ha gustado. Seguro que sería más de verano; por la luz y el frío… pues hasta 1911 los inviernos eran durísimos por aquí.

Largo viaje el que he hecho y bonita historia la que me han contado. Deseando llegar estaba para contarla en el blog.








2 dic. 2017

DE UNA CAFÉ DE INSTRUCCIÓN JUDICIAL




Pasó a tomar café por el Meliá Benidorm el juez decano de Benidorm; y se quedó a la tertulia. Fue una grata sorpresa: uno estaba sin visitar el Palacio de Justicia desde que fue presidente de mesa electoral (y eran las tantas).

También es verdad que a mediados de los 90 hubo una temporadita, cuando la judicialización de la vida municipal, en que acompañé, plumilla en activo, a políticos que se pasaban por el 7 de la Avda. de Beniardá, y en ese tiempo conocimos a un joven juez, muy activo -conferencias y artículos en prensa, además-, que se incardinó muy bien en la vida local hasta el extremo de fijar en Benidorm su residencia desde entonces. Y ni sus traslados han variado esa faceta.

Salmantino de nacimiento, benidormer de corazón. Así podríamos definir al magistrado juez José Ricardo García Pérez. Y en Los cafés del Meliá descubrimos que “detrás del profesional hay una persona y que la persona es antes que el Estado; es lo primero”.

Nos contó que se inclinó primero por la ingeniería aeronáutica (que ahora ha conseguido uno de sus hijos) y al terminar 3er curso le explicó a sus padres que “aquello no era lo suyo… y en tres años hizo Derecho como reto personal”.

Se concentró en Salamanca para preparar las oposiciones conocedor de que ‘Lo que Salamanca no da, natura non presta’ y tres años y medio después y tras un año “y poco” en la Escuela Judicial, que son casi cinco, en 1991, oposición aprobada y a su primer destino: Granadilla de Arona, en las Canarias.

Y saltó en el 92 a la península aún a sabiendas de que iba a estar 3 años ‘congelao’ en Benidorm, pero le atraía Benidorm y aquí vivió en primera persona “el ‘Marujazo’” en el nº7, y Benidorm le enganchó por su “mucha calidad de vida” y hasta por haber llevado el varal de la Virgen del Carmen, en julio, rememorando la anécdota con el alcalde Vicente Pérez Devesa: “me sentí de Benidorm”.

Rememoramos aquellos momentos de trajín para que Benidorm fuera atendido por magistrados y -ya magistrado- en 1999 a Barcelona, pero manteniendo casa y familia en Benidorm. En 2004 a Alicante, tras formación para atender el Juzgado de Menores; y en 2007 de nuevo a Benidorm donde ahora ejerce como juez Decano, por elección: “Benidorm me ha dado mucho; me ha formado también como persona”.

Y aquí en Benidorm confluyen dos partidos judiciales: Denia y Benidorm. Se instruye en ambos y la sala está en Benidorm, con una importante carga de trabajo. Tal es así que se mostró favorable “a una sección de la Audiencia Provincial en Benidorm; en Elche la hay (ya dos)”. Mucho trabajo, sí; pero “Benidorm es un oasis” en el mundo judicial: 15 jueces, unos 150 funcionarios; mucho trabajo, pero nada conflictivo. Con posibilidades de crecer”.

Obviamente hablamos de todo; desde fases de instrucción a cumplimiento de penas, desde delitos a sobreseimientos, de predictibilidad, de situación de la carrera judicial, de medios y personal.  En los Juzgados conviven tres administraciones: jueces, que dependen del Consejo General del Poder Judicial, letrados (del Ministerio de Justicia) y funcionarios (de la Generalitat Valenciana).

De la conversación -y a preguntas- me llamó la atención que tengamos “una legislación extremadamente garantista” y que contemos con “un Palacio de Justicia hijo de una nueva generación de jueces, mejor diseñado y más operativo” que los de por aquí. Especialmente lo hizo el énfasis que puso Su Señoría cuando explicó que “la Justicia no es cosa de jueces; es cosa de la Sociedad” o que “necesitamos más cultura de la mediación”, donde dejó caer que “el español tiene necesidad de que el dictamen venga de una autoridad, de un juez” por lo que no se recurre tanto a esa faceta de la medicación a pesar de que “en un conflicto siempre se ha de ceder” por las partes y en alguna parte.

Desgranamos aspectos de la violencia de género y de la violencia doméstica: dos enfoques desde distinta perspectiva de un mismo problema y otras facetas de cómo vemos desde fuera el proceso judicial,

Hablamos del Constitucional y del ‘intercambio de cromos’ entre partidos políticos repasando el juez el proceso desde 1983 con una alusión a la “legitimación popular indirecta” que después de rumiarla muchas horas sigo sin verla más allá de una excusa.


Durante casi cuatro horas, que fue el más largo y ameno de los cafés que he tomado hasta la fecha como tertuliana, Su Señoría tiró de articulado, leyes y sentencias, citándolas cada una por su fecha y número. Repasó, repasamos, las asociaciones profesionales de la Judicatura, las reformas de los códigos y las leyes, especialmente la de Procesamiento Judicial; y nos paramos en ‘la vía rápida’.

Volaban los artículos por la mesa esquivando las tazas de café: que si el 324 concede 6 meses a la instrucción y puede ampliarse, llegado el caso, a los dos años, y que si otros muchos más. Salían a reducir protocolos y números. Se hablaba del concepto de ‘prisión provisional’ y del ‘cuarto y quinto turnos’. Mira, descubrimos lo del ‘turno’ para Magistrados del TS… para llegara a la conclusión de que “falta cultura judicial en España”.

Y claro, hablamos de Barcelona y todo lo que está de actualidad. Sí, lo de que si acata, acata… y no es el 155 sino a-Cata.. luña. Chiste malo, como malo es el asunto.

Como siempre, lo que se dice en Los cafés del Meliá queda entre los posos del café, pero si tomé bien los apuntes… y de ello siempre me he preciado… habida cuenta la naturaleza del delito, el riesgo de fuga y destrucción de pruebas y la reiteración delictiva… el juez Llarena, el próximo lunes a la 9 de la mañana lo debe tener clarísimo, ¿no? En esto, Paco Delgado y yo no tenemos la misma sensación.

Pero -es que- se me olvida que lo único que se de este tema de la Justicia es lo que me enseñó a decir mi padre cuando apenas yo sabía decir mi nombre: yo era capaz de repetir como una cotorra lo de “Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi”. Tardé años en saber lo que decía, pero aún no lo he olvidado: la voluntad de dar a cada uno su derecho.

También me enseñó, el emérito catedrático, a pronunciar las palabras mágicas al ir a pescar: “érguete, érguete, iccíes; jinajalote”… pero eso es griego antiguo y no sé ni como se escribe… pero el caso es que pescábamos. Así es que…








26 nov. 2017

DEL MENÚ TURÍSTICO… LUEGO MENÚ DEL DÍA





A mediados del XVIII las fondas españolas comenzaron a servir un plato “del día” a precio ajustado y económico, según contaba don Benito Pérez Galdós en su obra “Montes de Oca” (uno de sus Episodios Nacionales; 3ª Serie. La historia de un golpe de Estado -¿otro?- tras la 1ª Guerra Carlista que más bien debió llamarse, propongo yo, “Las desventuras de Manuel Montes de Oca”) publicada en 1900. No había orden ni concierto; funcionaba con los asiduos… y al resto ‘se le aplicaba la legislación vigente’, como al indiferente. Había su picaresca; era ‘un detalle’ para con la clientela de siempre.

Galdós narra la inauguración de uno de los primeros ‘restaurants’ de Madrid en la calle de Ábada y las vicisitudes que acontecieron a la hora de definir los platos de la carta y la intrahistoria. Pero si hacemos caso a los del XIX -Mariano José de Larra, Ángel Muro y otros- comer fuera de casa en aquella España del XIX era morir de asco e inanición… a pesar del plato “del día”.

Y en cuanto al menú turístico que nos trae aquí hoy, resulta que fruto de las regulaciones turísticas del franquismo ha quedado en nosotros este menú, cuyo antecedente habría que buscarlo, como digo, buceando entre las fondas del XVIII. Y la verdad es que su implantación levantó alguna polémica (las que entonces se podían producir) entre las gentes de la hostelería que rápidamente, pero con desigual fortuna, atajaron los inspectores del ramo. Pero aún hay recelo a la hora de acudir a él. Tanto, que Ferran Adriá anunció su muerte (la del menú turístico) en 2009 (1er Congreso San Sebastián Gastronómika), pero la verdad es que podemos comprobar, con excelentes ejemplos, que sigue vivo, aunque en ocasiones con un salir del paso que desagrada.

El caso, y a lo que voy, es que la Circular núm. 29, de 30 de junio de 1964, de la Subsecretaría de Turismo, trató de la Ordenación de los restaurantes y la creación del menú turístico. Surgía con peso y rigor porque a la Circular nº 15, de 31 de julio de 1963, se le había hecho más bien poco caso. La nº 15 señalaba entre otras muchas cosas que “los restaurantes debían dar publicidad a los precios y facturar por conceptos separados, claros e inteligibles”. Tantos años haciendo el fenicio nos había apartado de estas naturales prácticas. Por eso, la nº 29 urgía a cumplir con la nº 15 y a poner en práctica esa recomendación que pasaba a ser obligación y daba vida al menú turístico… y creaba el Libro de Reclamaciones (modelo oficial).

También en la nº 15 se decía lo de “locales limpios -incluso en los servicios sanitarios (que ese sería otro cantar; siendo asignatura no superada en todos)- y correctamente amueblados”; y en la nº 29 se conmina a ello al tiempo en que se urge “el trato amable y cortés” con los clientes (por lo general, extranjeros) aludiendo a la “repercusión turística” toda vez que el ‘buen sabor de boca’ del turista actuaría como bandera promocional al abandonar el país y llegar al del aborigen turista a contar lo bien que funcionaba aquella España de la que -como hijo del baby boom- me gusta recordar.

Bueno, centrando que voy por los cerros de Úbeda, resulta que atendiendo a la Ley 48/63, de 8 de julio, y al Decreto 877/1964, de 26 de marzo, y al Artículo 7 de la Dirección General de Empresas y Actividades Turísticas (que por Legislación no iba a quedar), y una vez oído el Sindicato Nacional de Hostelería (que por doctrina tampoco) se fijó todo sobre el menú turístico, destacándose además, que en las cartas de restaurantes no se podía incluirse el manido “s/m”, porque “‘según mercado’ no podía haber nada: los precios fluctuantes se reflejarán a diario”… y ahí seguimos; con el s/m.

El caso es que se fijó que “desde el primero de agosto de 1964 en todos los establecimientos, cualquiera que fuera su categoría, que facilitaran al público comidas y bebidas” debía confeccionarse “a diario” un menú turístico compuesto de “un primer plato de sopa, crema o entremeses, un segundo plato, con guarnición, de un repertorio compuesto, cuando menos, por huevos, pescado y carne, ofreciendo a continuación un postre de fruta, dulce o queso”. Se acompañaría de “1/4 de litro de vino del país, sangría, cerveza u otra bebida, y pan”.

Se insistía en la orden en que, además el menú turísticose serviría con la máxima rapidez y preferencia” al tiempo que se indicaba la benignidad de la idea de “dar entrada en él (menú turístico) de platos típicos de la cocina española”. Ya en 1939 los ideólogos del Régimen recomendaban promocionar “la paella, la tortilla de patatas, el pescado bien frito y los platos de renombre de la cocina española”. Ah, para las cafeterías se impuso el “plato combinado turístico”.

Y, en cuanto al precio, se pedía que fuera “global y libre” quedando siempre “bien visible”. Sobre el precio se añadía que “incluiría el importe del servicio, el porcentaje destinado al personal, la Póliza de Turismo y cuantos impuestos, arbitrios y tasas estén legalmente autorizadas”. Como se desmandó la cosa, desde 1965, año tras año, se publicaba los precios máximos a cobrar por el menú turístico y el plato turístico combinado.

Aquí llegados debo señalar que ‘la imposición del menú turístico’ no fue una medida muy aceptada por la restauración. No fue bien acogida en 1963; de ahí que para 1964 se planteara con contundencia si implantación ‘urbi el orbi’, como si de una bendición papal se tratara. Y ni aún así comenzó siendo aceptado por los del sector.

De puertas adentro, en aquellos años de la mitad de los sesenta, los restaurantes no lo recomendaban; más bien lo desaconsejaban. Esto provocó que en 1965 se tomaran cartas en el asunto. Y ni con esas. La picaresca llevaba no incluir el menú turístico en la carta o a grabar los platos que en él se incluían con un suplemento, como muy bien nos retrata -y nos saca los colores- James A. Michener en ‘Iberia: viajes y reflexiones sobre España’ (P&J, 1971) a pesar de que la norma era muy clara: “aunque estén grabados, no se pagará el gravamen en los platos del menú turístico” (ABC, 07.03.1968; pág. 58). Es más, se insistía en que “El 'menú turístico' no debe ser confundido con un 'menú para pobres'. Es sencillamente un menú protegido y cuyo precio fija la Administración, y es el cliente quien lo confecciona” (Marta Valdivieso; Así creó Franco el menú del día, citando al Diario ABC).

El 24 de junio de 1970 desapareció oficialmente el menú turístico (y el “plato combinado turístico”). Pasó a denominarse “menú del día” y sus precios, por categoría de establecimiento se fijaron entre las 80 y las 285 pesetas… Y así comenzó esta historia.

  

Nota: La Póliza de Turismo fue creada por Ley el 17 de julio de 1946. Inicialmente se fijaba a cada uno de los partes individuales de entrada de viajeros en establecimientos de alojamiento de viajeros y… como todo lo que pasa por aquí, pues llegó hasta la restauración… Yo la considero como la primera “tasa turística” dándole un argumento a los que la quieren implantar ahora. ¡¡Fue una medida franquista!!


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25 nov. 2017

DE DOMESTICAR LA IMAGEN Y EL SONIDO; DE HACER TELEVISIÓN. DE FERNANDEZ RIZO, JOSÉ LUIS




Somos de darnos homenajes en Los cafés del Meliá. Un viernes nos damos el gustazo de zambullirnos en el mundo de la fabada, al compás de unas copitas de akvavit (hermanamos Asturias con Escandinavia como hiciera los vikingos, de la mano de Pilar y de Jan) , y otro penetramos en las entrañas del mundo de la televisión de la mano de José Luis Fernández Rizo, pionero del Medio e inventor de la mayoría de los gadgets de la moderna televisión y su escala de documentación; que así se llama -le llaman los que entienden- al conjunto ‘de cosas’ que hacen funcionar la televisión.
A bote pronto, José Luis nos hizo distinguir entre imagen y video (obvio) y entre sonido y audio, que ahí nos pilló descolocados: no es lo mismo. Como en todo, una cosa procesada tiene un nuevo concepto. Y ganó nuestra atención.
Comenzamos con una brizna de interés que se convirtió en avidez por saber.
Ya había pasado Fernández Rizo por la tertulia -fue endiciembre de 2011- y nos había descubierto su tremenda personalidad, su trayectoria profesional y sus grandes logros. No había dejado de venir por Benidorm, pero ya no tanto con la asiduidad a que nos tenía acostumbrados. Han pasado muchos años y muchas cosas, pero una entrañable amistad nos seguimos profesando… aunque ya no esté el nexo de unión que fue -aunque sigue siendo- el amigo Luís Escobedo.
Luís, José Luís y yo... tiempo ha
Superada la década de los 70 sigue fresco y lozano ‘pariendo’ ideas que sus discípulos ponen en valor en las distintas televisiones y productoras donde ahora aplican, con notable éxito los más, lo aprendido a su vera. Y mientras tanto, ahora, compila todo su saber de televisión y en televisión en unos folios que pronto verán la luz en forma de libro (¡Ánimo!, Juan Antonio; en ti confiamos para leerlos y aprender). Y tuvo tiempo para dejarse caer, una vez más, por Benidorm; de atender la llamada de la tertulia y del patriarca Ayús. Y tengo la confianza de una muy próxima visita toda vez que hemos descubierto que aquí, en Benidorm, se hace tan buena coctelería como en Kentucky (cosas nuestras)… recuerdo de un pasado televisivo en los EEUU.
En fin, que hablamos de “planos sonoros”, “atmósfera broadcast” y un sinfín de términos técnicos más. Pero también de la prehistoria de la televisión en España -incluso antes del Paseo de la Habana- y de aquellos grandes nombres de genios, aún vivos, como Eugenio Peña, Oscar Banegas o García de la Vega, hasta llegar a la fase actual multicanal.
Sí reconoció una diferencia entre ‘aquella’ y ‘esta’ televisión: la “ausencia de un proceso moral”. Y hace falta explicar poco más: sólo con echarle un vistazo a determinadas parrillas… una imagen deteriora más que una sola palabra.
También es cierto, dijo, que “ahora estamos haciendo las bases de la comunicación más lógicas”. Porque, en Los cafés del Meliá hablamos con Fernández Rizo de comunicación. Sí: co-mu-ni-ca-ción. Teniendo siempre muy presente el rigor. Sí: formar, informar, entretener con rigor. “Contenidos, sí; pero … ¿con qué rigor?”.
El maestro Fernández Rizo en su exposición en los Cafés del Meliá
Aquí salió el profesor que lleva dentro: “producir es crear. Por ello es necesario valorar el impacto de la creación”. Alertó de “la manipulación” y apostó siempre por la “viabilidad” (jurídica) y la “documentación”. A ella recurría a cada paso: “la documentación es todo: no son solo folios y cintas o archivos digitales. La documentación es la base del proceso”.
Y abundaba: “la televisión no es una herramienta que se improvisa; la televisión es una herramienta poderosa que se debe trabajar con pasión y llevar el talento al espectador”.
Sí, reconoció tanto que la televisión de hoy en día “está supeditada a los vientos que corren” como que “el consumidor se está dejando llevar”, aunque lanzó una carga de profundidad al respecto de los programas y la retrospectiva que ahora se les ofrece con un “la gente joven no pude tener la capacidad de ver lo que ha pasado con lo que le estamos contado”… Y a buen entendedor…
Hablamos de las cosas de hoy, de ‘la nube’ y su gestión, de los servicios adicionales, de hacer realidad la utopía y de la evolución de la tecnología, de pistas, de redes y de gestión de la documentación, pero como ya saben…lo que pasa en Los cafés del Meliá se queda entre los posos de un buen café…
Ni que decir tiene, para no dejarles con los dientes largos, que vivimos la anécdota del “susto a Franco” en aquella corrida de la Beneficencia donde Rizo puso en marcha el micrófono al diestro que ofrecía el brindis y que por primera vez se oía por televisión –“y el propio Franco en el palco, que se sobresaltó al oír al matador; hasta la Unidad Movil bajó Fuertes de Villavicencio a exigir responsabilidades a aquél ‘niño’ que al final terminó reclamándole disculpas al que fuera Jefe de la Casa Civil del Jefe del Estado, un general de Intendencia”- a los muchos logros en las grandes retransmisiones (Juegos Olímpicos de invierno y verano, festivales de Eurovisión y de Benidorm, etc.). Hasta la del sonido en los grandes conciertos.
Es que José Luis Fernández Rizo ha domesticado el sonido y la imagen y ahora ex cátedra ha vuelto a Los cafés del Meliá para contarnos cómo está esto de la TV a finales de 2017 y lo que, tecnológicamente, nos espera: un panorama de máxima tecnificación: “se pueda grabar todo por separado y gestionarlo todo a través de la documentación; varios canales. Ahora, cada vez se nos debe exigir más responsabilidad porque son infinitos los campos a los que podemos llegar con los servicios adicionales”.
Lo que hace Fernández Rizo en los grandes foros de la televisión se avino a contárnoslo en nuestra tertulia de Benidorm.
Agradecidos, José Luis. Hasta pronto.




13 nov. 2017

DE CUANDO LA ‘LÍNEA B-B’ PASÓ A ‘OPERACIÓN B-B’




En mayo de 2014 escribí sobre la Operación B-B (Benidorm-Bilbao). Hoy sé, que en principio, aquello se llamó Línea B-B (Benidorm-Bilbao). Benidorm pensó que el vasco, con epicentro en Bilbao, sería un mercado bueno y fiel; y se lanzó a por él.

Corría el año 1964. El operativo fue planificado en detalle y nada más pasar la fiesta de Reyes, el 7 de enero, los autobuses urbanos de Bilbao lucían en sus laterales el eslogan “El Sol pasa el invierno en Benidorm… y la brisa el verano”. Era la avanzadilla motorizada de una invasión pacífica que se realizó a base de “folletos, saquitos de arroz, dátiles, geranios y ‘vino de Benidorm’”, que en realidad era de Monóvar, de Salvador Poveda.

Allí estaba, con el ‘merchandising’ citado, el equipo de promoción: Miguel Martínez Monge, Francisco Javier Gadea, Alberto López y Julián Hinojosa (Julián ‘el del Miami’). Y se he olvidado alguno es porque en la referencia documental no figura.

Colaboradores necesarios -implicados hasta las trancas- fueron El Correo Español-El pueblo vasco y la emisora Radio Bilbao. Jorge Vila Fradera, desde Editur, se unió al sarao, enamorado de la idea, y echo tantas ganas a la iniciativa que parecía que fuera suya. El nombre, terminó siendo.

Ya el día 10 ‘desembarcaron’ en Bilbao las autoridades benidormeras: Pedro -don Pedro- Zaragoza, Pedro de Borja Llorca, Jaime Llinares, Miguel Bayona, Jaime Fuster, el presidente del Sindicato de Hostelería (El Correo no cita su nombre) y el presidente de la Asociación Gabriel Miró de Amigos de Benidorm (sin dar cuenta del nombre). Allí les esperaban el Gobernador Civil de Vizcaya (ahora no cito yo el nombre), el alcalde de Bilbao (ídem), el comandante de Marina (ídem) y el Delegado de Información y Turismo (el único que no debía tener nombre, porque no lo indican).

Y en Bilbao, el 10 de mayo se dio carta de naturaleza y se ofició la Línea B-B para “establecer estrechos vínculos de amistad y unión entre dos villas marineras”. Por cierto: se utilizó el que la Vuelta Ciclista a España, había pasado por Benidorm (final y principio de etapa) para señalar que “la Vuelta Ciclista a España es una idea genuinamente bilbaína”. Otra cosa que he aprendido.

El caso es que todo se fundamentó en base a que “el turismo es un fenómeno social que crea corrientes económicas pero, sobre todo, lazos de amistad y comprensión”. Por allí dejó caer Pedro, don Pedro, Zaragoza en su discurso que “el Turismo es una industria sometida a las leyes económicas, a la rentabilidad de los capitales, a la planificación del gasto y al estudio de la demanda”. La idea que pretendía traslucir era que el Turismo era una industria y casi una ciencia.

Por aquel enero de 1964 Benidorm acudía a Bilbao ‘con los deberes hechos’: ya había dado el nombre de Bilbao a una de sus calles que se asoman al Mediterráneo: Avenida de Bilbao. El alcalde bilbaíno, Javier Ybarra Bergé (ahora sí), anunció que Benidorm tendría calle en su ciudad, y también el mar Mediterráneo. Y así fue, en Deusto están, y se cruzan.

Se creó, a partir de la visita, una Comisión Mixta para profundizar en las acciones futuras de la Línea B-B. Los comisionados benidormeros fueron el alcalde Zaragoza Orts, el empresario Jaime Puchades Orts, el director del Hotel Atún, Miguel Zaragoza Lloret, y el abogado Juan Ronda Perales.

Aún estoy en los pormenores de las acciones de esa comisión pero mientras desembrollo cuestiones, me fijo en que Editur elogió a finales de enero “la previsora mentalidad” de Benidorm que se había dado cuenta de que “cada día entran en liza más centros receptivos para captar clientes extranjeros” y que aun siguiendo en línea competitiva por esos clientes, “Benidorm toma una postura operante en por de la clientela española”.

Y es Vila Fradera el que bautiza aquella ‘Línea B-B’ como “Operación B-B”.

Al nuevo nombre le vino ni que pintada la iniciativa inmediata, ya en el mes de mayo, entre El Correo, la Caja de Ahorros Vizcaína y Viajes Ecuador para posibilitar vacaciones de Luna de Miel en Benidorm -al módico precio de 5.000 pesetas la pareja- a los primeros 60 matrimonios que se celebrasen el 2 de mayo en la Basílica de Begoña. Y para esto sonaba mejor lo de “Operación B-B” que ‘Línea B-B’ por el revuelo mediático, los recién casados, la luna de miel y las cosas de la natalidad.

Desde Editur se bendijo la iniciativa y animó a los responsables de Turismo a actuar como Benidorm. Jorge Vila Fradera sentenció a los pocos días: “el turismo industrial no debe ser abordado por aficionados y gentes que en su ignorancia lo consideran algo demasiado fácil mientras otros hacen cosas y dan pasos efectivos, como Benidorm”.

Pedro, don Pedro, Zaragoza, le agradecía el apoyo de Editur a la iniciativa y le explicaba por carta a su amigo (Vila Fradera): “el Sol sale para todos. Será nuestro trabajo, nuestra ingeniosidad, nuestra calidad, nuestra oferta, nuestra cocina, la que sostendrá o arruinará esta primera fuente económica del país”.

A punto de alcanzar el ecuador de los años 90, cuando el Plan de Marketing Turístico de Benidorm, un Vila Fradera entrado en años recordaba aquellas palabras (las suyas y las de don Pedro) y animaba a ser adelantados al tiempo.

Esto, Benidorm, no salió así porque sí. Había ideas y gentes que las materializaran. Había ilusión de ir a más. Ahora, acabando 2017, yo, que echo de menos estas iniciativas, veo que no queremos ir a más. Y el futuro hay que ganarlo; tener la cabeza en el presente y las miras puestas en el futuro.








9 nov. 2017

DEL RUHR ESPAÑOL... Y SU PLANIFICACIÓN...




Llevo una temporadita de introspectiva en la génesis del éxito turístico español y de Benidorm. Por eso les cuento que 1964 fue un año clave en el proceso, no sólo porque ya desde diciembre de 1963 se planificaran las Asambleas Provinciales de Turismo que desembocarían en la 1ª Asamblea Nacional donde se definirían las líneas (de cara ya al 2º Plan de Desarrollo, que, como el 1º, pasó de largo en esto del Turismo) sino porque ya en todos lados se fiaba el desarrollo del país, aunque con ciertas reticencias de los de siempre, al Turismo.

Manuel Fraga iba contando por toda Europa que aquí estábamos “muy lejos del temido punto de saturación”; ya se hablaba de eso entonces. Y en que España “daba más de sí” esto del Turismo. Animaba Fraga a desarrollar, con orden y concierto, nuevos destinos turísticos porque teníamos “una ingente cantidad de atractivos turísticos aún inexplotados” (ABC, 19.10.1963).

El argumento de los que apostaban por el turismo era que “si queremos el más potente desarrollo de nuestra industria y comercio, debemos intensificar más todavía nuestro turismo” (Arriba, 14.11.1963; Editorial).

Común a todos los defensores de la causa del Turismo (que ya se sabía no iba a estar presente en el 1er Plan de Desarrollo), a sabiendas que aquí lo que iba a primar era la industria y la industrialización, era el ir colocando por todas partes que “el turismo es nuestro Ruhr permanente e inagotable”. (M. Fraga; noviembre de 1963).

En aquellos días -yo era un bebé, pero ahí están las hemerotecas y los libros- el Ruhr turístico era la panacea de todos nuestros males, como lo había sido el Ruhr real para Alemania. Y con razón: el Ruhr era y es la mayor región industrial de Europa, en el corazón de Renania del Norte-Westfalia, en la entonces República Federal de Alemania (RFA); ‘la buena’, que la otra era la RDA (‘la mala’) y de ‘democrática’ sólo tenía el nombrajo que daban los comunistas a sus fórmulas satelitarias de Moscú.

En 1847, con la inauguración del ferrocarril Colonia-Minden el carbón del Ruhr propicia el inicio de la Revolución Industrial germana. Por entonces, los 39 estados alemanes estaban unidos en la llamada Confederación Germánica y su integración económica se realizaba a través de la unión aduanera -Zollverein- y su proceso de industrialización (a partir del previo programa Stein-Hardenberg). Y ahí estaban los Krupp y sus acería; y hasta Marx y Engels para explicarnos aquellos inicios. Y la Revolución de 1848, y Guillermo I, y Bismarck, y el Imperio Alemán (1871-1918), y la IGM; y la República de Weimar (1919-33) y la Alemania Nazi (1933-45), y la IIGM y la nueva RFA que estaba saliendo a flote a base de que el Ruhr seguía fuerte -desde 1949 ingleses y norteamericanos se preocuparon de ello-; tan fuerte que Robert Schuman se fijó en las industrias del carbón y del acero para recuperar Europa generando, en 1951, la semilla de la actual UE a partir de la CECA… y que en cuanto se vio que el carbón debía dejar paso a otras fórmulas (1959) el Ruhr cambió y se restructuró para seguir siendo el motor del milagro económico alemán.

Pues como esa idea del Ruhr, que entendían todos, se planteaba que el turismo sería nuestro Ruhr; menos sucio y más bucólico.

A favor del Turismo y de España jugaban el precio (la peseta estaba como estaba), el clima, el orden público y social (aquí estábamos a puntito de ‘la celebración’ de los ‘25 años de Paz’) y lo que empalagosamente se cacareaba de “nuestras bellezas naturales, artísticas e históricas”.

Y es que aquella España era un jardín de rosas donde las espinas seguía siendo las carreteras. Desde 1926, con el Circuito Nacional de Firmes Especiales, se había hecho poco. El Plan Peña, en los años 40, y el Plan de Modernización, en los años 50, lo habían intentado. En 1961 se lanzó un nuevo plan, pero hasta el REDIA de 1967 (Itinerarios Asfálticos) esto no comenzó a mejorar. Y luego estaban los pocos y anticuados aeropuertos. Y entre las espinas, la necesidad de “mejorar la promoción y la profesionalización” que repetían Fraga y su equipo cada dos por tres.

Otro caballo de batalla del equipo de Fraga fue el de “concienciar de la importancia del edificio hotelero”. El propio Fraga insistía en este tema, los hoteles, desde el punto de vista que alojaban turistas que se renuevan continuamente, con lo que la entrada de divisas es constante e importante.

A Pedro Zaragoza, en honor a Benidorm, se le encargó la ponencia de Alojamientos en la Asamblea del Turismo. Pero a Pedro, don Pedro, le importaba más la de Planificación, que nunca se contempló y en cuyo tema no le dejaron meter baza. Pero eso no le amilanó y se dedicó a publicar una serie de artículos a favor de la Planificación que tan bien estaba quedando en un Benidorm a medio construir. Y Arriba, Informaciones, ABC y La Información Comercial Española, se los publicaron.
Benidorm, desde Sierra Helada, con la Avenida del Mediterráneo “dibujada” en tierra


Pedro, don Pedro, animaba a todos los municipios que optaran a la industria del turismo a “considerar seriamente su potencial” y, en caso de que hubiera potencial, “planificar su desarrollo urbanístico con amplia perspectiva de futuro”. Y la cuantificaba: “en un mínimo de 100 años”. Y les exigía “zonas de reserva de suelo”. Recordaba Pedro, don Pedo, que “los medios de transporte evolucionan” y si la planificación es buena, “irían a más” esos municipios. Pero era tajante: “la planificación urbanística debe hacerse al principio”. Explicaba que “después ya no será eficaz; no corregirá errores”.

Pedro, don Pedro, siempre prensaba “en clave municipal”, otorgando protagonismo al Ayuntamiento, al tiempo que insistía en “cuidar el paisaje; porque turismo y paisaje, en esto del turismo, tienen una relación de interdependencia”. Era tajante: “las construcciones no han de alterar el paisaje”. Y recomendaba “conjugar con gracia zonas de chalets, bloques de apartamentos y hoteles”, recordando que “cada nacionalidad exige un hábitat” y el futuro estaba en “atenderlos a todos”.

Siempre concluía pidiendo “un organismo para planificar el turismo y defender el paisaje”. Pero como el que oye llover en los trópicos.

Don Pedro ‘colocó’ sus propuestas, acabando 1963, en casi todos los periódicos del país y estuvo invitado en casi todas las Asambleas Provinciales del Turismo de 1964 largando siempre el mismo mensaje: considerar el potencial y planificar el desarrollo a futuro.

Pocos atendieron su prédica. Tal vez por eso, Benidorm es único e irrepetible.