15 oct. 2017

A FAVOR DEL TELEFERICO DE SIERRA HELADA




El jueves 19 de octubre se va a presentar el proyecto más emblemático de los últimos treinta años en Benidorm: el Teleférico y Mirador de Sierra Helada. Supe de la iniciativa a través del promotor, Antonio Manuel Puchades, y he seguido el proceso, que ha sido largo -pues hay que tocar muchas teclas y más aldabas de puertas institucionales-, hasta que por fin sabemos que se va a presentar en sociedad.


Me enamoró desde que conocí el proyecto porque recuperará urbanísticamente una parte de Benidorm que ahora mismo, por lo que sea, está abandonada y, además, dotará a Benidorm de un singular atractivo que posibilitará una puesta en valor de los atractivos de un sector de Sierra Helada que ahora mismo sólo son posible a vuelo de dron, vista de pájaro, o deambular litoral en barco.

He tenido la oportunidad de salir a contarlo a través desde estas páginas pero había preferido que fuera la ilusión del señor Puchades la primera en darlo a conocer. Lleva mucho tiempo trabajando en este proyecto y viviéndolo en primera persona con total intensidad y máxima ilusión. Debía esperar mi turno. Pero héteme aquí que ahora me encuentro con un estertor -no se puede calificar de movimiento- que, de entrada, dice NO al proyecto; unos cuantos en redes sociales. Y lo más que pueden saber del proyecto es lo referido, sucintamente, en algunos Medios de Comunicación. Pero ¿cómo se atreven a decir que no sin conocer el alcance y la repercusión?; ¿Qué saben del proyecto? He leído tanta sandez en las últimas cuarenta y ocho horas que me hierve la sangre y me impulsa este Post.

Sí, resulta que los del NO “denuncian” el impacto ambiental que produciría. Hombre, impacto… Impacto, impacto… ¡¡Implicación paisajística!!

Las implicaciones paisajísticas serían evidentes y puntuales, pero el impacto… Vale: tirando de matriz y para el lugar escogido, lo podríamos encontrar -plantilla en mano- en la vegetación, la fauna, los hábitats naturales, la geología, la geomorfología y la hidrología. Ustedes mismos. Échenle un ojo a esa zona de Sierra Helada y me anotan lo de vegetación, fauna, hábitat natural, geología, geomorfología e hidrología… me tiran una raya y suman.

En fin, que todos los posibles males referidos a la estación base, el mirador y las torres me caben en una hoja de papel de fumar.

Pero ¿por qué no ponemos también los beneficios que pudiera llegar a reportar?

Sí, en ese capítulo también entran cosas.

En el colmo de maldades, también estaríamos en la sustitución de los usos del suelo en muy concretos puntos y, como mucho en los impactos de funcionamiento y producción de residuos.

Pongan cada cosa en el platillo, correspondiente, de la balanza y, en conciencia pesemos y pensemos. Ah, resulta que pensar es el problema. ¡Pues claro!

De momento, a bote pronto, solucionamos urbanísticamente el desaguisado del entronque final entre la Playa de Levante y Sierra Helada, que a partir del acceso al Hotel Nadal es un baldón a la imagen de Benidorm hasta el bananero embarcadero y más allá. A partir de ahí, conferimos entidad a la zona, creamos un nuevo atractivo y coronamos el proyecto con un mirador al estilo de los más modernos donde el cristal sobre el vacío del acantilado hasta el mar le conferirá un plus a Benidorm.

Sólo con responder a la pregunta del folleto está todo dicho.


La propuesta integra Sierra Helada en la trama urbana; y eso es una asignatura pendiente desde siempre. Y podemos colocarnos, con un referente puntero más, en una órbita superior del turismo.

El proyecto es, cuando menos, ilusionante. Y veo muy bien que haya ciudadanos que se preocupen por el impacto ambiental… pero: ¿por qué no se preocupan también por el impacto urbano?, ¿por el impacto social?, ¿por el impacto turístico? Los municipios turísticos vivimos de mantener esa imagen posicionada de atractivos. Vendemos algo tan etéreo como la felicidad que necesita unas bases firmemente ancladas a la realidad paisajística y urbana de donde se asienta, de donde se disfruta el producto.

El teleférico de Sierra Helada significará un hito turístico. Sus impactos no serán significativos y en todo caso resultarán compatibles con el medio en el que se asienta. La sensibilidad del promotor de la idea debe ser también tenida en cuenta: es aval y garantía por y para Benidorm.

Y no es la primera vez que se efectúan proyectos para esta zona, pero este tiene ahora mismo la bondad de la idoneidad. Es un revulsivo de ilusión.

También nace con la proa puesta por algún miembro de la Administración autonómica que se marcó en su día que “sería difícil de encajar en las normativas de los parques naturales…”… La legislación no debería ser un problema porque los más famosos teleféricos del mundo están en el Parque Nacional de Banff (Canadá), del Parque Nacional Chicamocha (Colombia), en el Parque Nacional de Berchtesgarden (Alemania)…. En el Parque Nacional del Teide, en el Parque Natural de Cabárceno…

En fin, que hay muchos tonos de verde y muchos bordes… que limar.








14 oct. 2017

DEL RUIDO Y DEL RUMOR… ASÍ ES BENIDORM




Desde que Benidorm se metió en esto del turismo una constante obsesión ha sido la del ruido -o del rumor- que ha degenerado en más de una diatriba de uno u otro bando. Yo mismo, en agosto de 2014, me pronuncié al respecto -Del ruido… y Benidorm- en medio de una nueva ofensiva local en la que incluso se llegó a plantear la tolerancia cero con el ruido y el turismo. Ni que decir tiene que no pasó de un vago intento… que se repite año tras año y cuesta controlar. Pero es vida.

Yo, que he oído el silencio en una zona boscosa inmediata a Praga… y no lo considero agradable, disfruto del rumor de Benidorm; es como el rumor -ruido continuado, agradable son- del mar. No considero ruido lo de Benidorm. Pero ese soy yo. Otros habrá que no podrán dormir en las noches de la canícula.

Hace nada y menos, en la labor prospectiva que acometo (BND WH), me he encontrado con un artículo de los años 60, que firman unas iniciales -L. N.- planteando para aquel Benidorm de 1961 la necesidad del silencio: “El silencio es oro”. Es más, afirma LN que “el ruido es la ruina”. Sin desmentir la primera cuestión habrá que alcanzar una postura intermedia que no nos lleve a la segunda.

¿Cómo va a ser ruina la vida? La vida tiene su banda sonora.

LN se ampara en una encuesta del diario francés Le Figaro para el Salón de Vacaciones de París de 1961 -Viajeros, turistas, veraneantes- en la que se destaca el aprecio de todos los encuestados por el silencio (93’4%) en esa etapa de descanso ocioso que suponían (y tal vez ahora también supongan) las vacaciones. Asegura el tal LN, con un amplio argumentario, que “la mayoría -de aquellos turistas de 1961- no quiere ruido”. Y deja caer posiciones como que “la necesidad de silencio es total hoy en día” (¡y comenzaban los 60!); o que “el silencio -en la encuesta- es más valorado que la comodidad y la higiene”, lo que me da que pensar sobre los franceses y el tal LN.

Viene a terminar con la imprescindibilidad de “los momentos de calma” -que una cosa es el ruido y otro la tranquilidad- y concluye con un “¡Ay de Benidorm si no recobra su silencio que es la esencia de su razón de ser!

Suena a amenaza. ¿Tan desmadrado andaba ya Benidorm en 1961?; ¿tan delicados eran los tímpanos de LN?

Un boletín municipal recogía el artículo del tal LN y el siguiente boletín contenía una respuesta editorialista que venía a justificar el rumor -para mí; ruido para otros- de Benidorm. Me gusta cuando le replican a LN con un “si no hubiera turismo habría menos vida y, seguramente, más silencio”. En la respuesta al artículo de LN se le dice a las claras que “nosotros -Benidorm- preferimos la vida”, y se le explica que “lo que la gente busca es cambiar las circunstancias, solazarse” (demadrarse), concluyendo que “preferimos la vida en Benidorm”, aunque matizando que lo que se quiere es “un Benidorm con silencio si es posible, pero con vida”.

Compaginar vida y silencio ya era delicado en 1961

El objetivo de Benidorm estaba claro desde que se aprobó el Plan General; incluso antes, cuando en la terraza de casino Ronda se planteara por Pedro, don Pedro, la disyuntiva: “o Turismo, o nada”. La frase, lapidaria, debería estar cincelada en mármol: “Benidorm se transformará en lo que todos soñamos: un gran espacio vital de intenso sabor mediterráneo para el turismo de todo el mundo”.

Y un espacio vital es sonoro, incluso trepidante. La vida es explosión. Y aquí se buscó la intensidad.

Recuerden: el mundo se sobrecogió cuando se publicó “Silent Sprint” (1962), donde Rachel Carson contaba en qué mundo silente nos meteríamos sin el ruido -vivo ruido- de las aves en primavera. Se actuó contra el DDT y se creó la primera agencia de protección ambiental (vale, en USA; y nos duele). El mundo fue consciente de que necesitaba ruido de vida, al menos en la Primavera.

Lo nuestro es el ruido; en fin, rumor de vida; porque la vida es alegría sonora.

Ahora bien, reconozcamos que es necesario evitar el desmadre acústico y en ello Benidorm ha sido pionera desde siempre en este tema en apartado “descanso”. Se ha sido, incluso, beligerante.

Benidorm restringió -ya en 1959- mediante Bandos de Alcaldía la circulación de motos y velocípedos con motor entre las 24 horas y las 6 de la madrugada, el uso de señales acústicas (el pito de los vehículos; el claxon, para los más modernos) en el caso urbano, el uso atenuado de la radio a partir de las 23 horas; los altavoces de espectáculos, que debían amortiguarse a partir de las doce; y los talleres se abstendrían de perturbar el descanso (vespertino)… En los accesos a Benidorm se recordaba esta cuestión, pero, al mismo tiempo, se alentaba la vida conscientes como eran de que sin ella este espacio vital se quedaría sin vida.

El ruido se puede gestionar: se identifican las fuentes y los caminos de propagación que evidencian la exposición al ruido por la estructura urbana; se analizan los efectos (incluso sobre la salud); se realiza el análisis de costos y beneficios de la actuación; se valora y pondera y se establecen las medidas oportunas que, ¡ojo!, pueden suponer cambios en las infraestructuras y en los comportamientos de todos. La gestión del ruido es compleja y la actuación sobre las ZAS (zonas acústicas saturadas) aplicando el PAC (plan de acción comercial) que es el que permite las actividades.

Ahora bien: el ruido de la calle, el de las personas… es sólo cuestión de concienciación, de civilización y conciencia; de sentido común, que es el menos común de los sentidos. ¿Quién no se ha arrancado una noche -estando tan a gustito- por un palo del flamenco… sin saber lo que se hacía?

Y siempre tendremos que la vida es tan cruel que los gatos de tu callejón te aullarán a gritos esta, o cualquier otra, canción.


Es rumor; lo de Benidorm es rumor… Preferimos, como entonces, la vida; Benidorm con vida, vitalista y real. Primavera constante.



  



Nota: mi agradecimiento a Paco Bou. Siempre tiene las fotos que necesito. Yo también, pero archivadas de forma que nunca las encuentro.








13 oct. 2017

DEL BOLETÍN MUNICIPAL




Benidorm contó, desde finales de 1959, con un fiel aliado para llevar a cabo la nueva empresa que el Ayuntamiento y la ciudad acababan de poner en marcha: su apuesta por la planificación de la ciudad y su explotación para la industria del Turismo.

Me refiero al Boletín Municipal que sigue al pie de la letra aquello de formar, informar y entretener. Bueno, esto último no creo que nadie, en su día, pensara siquiera, pero es un entretenimiento formativo e informativo su lectura pesado, bien pasado, medio siglo.

Llena páginas -y no es un reproche- subiendo capítulos de la Historia de Benidorm de Orts y Verdín; incluso tira del Archivo Parroquial y las investigaciones arqueológicas del ilustrado párroco Luís Duart. Obviamente resume los acuerdos municipales de toda índole y nos cuenta detalles fantásticos: desde los multados (contra la Ordenanzas o el tráfico) a los listados de contribuyentes (incluso morosos) a las causas abiertas. Pero siempre abre, en portada, con una firma ilustre y elogiosa para Benidorm, como tarjeta de presentación: Otto de Habsburgo, José de Rojas, Marqués de Valdeiglesias, Francisco Casares, Francisco Orts Llorca, Juan Carlos Villacorta, Vicente Ramos o Castillo Puche, que ilustró nuestro último Post.

Estaba repleto de detalles. Publicaba mensualmente la cantidad del cambio de divisas en la ciudad, comprobándose que mes a mes, especialmente en verano, la cifra iba en crescendo. Lo mismo ocurría con la venta de sellos de correos (llegando mensualmente al millón de pesetas), el capítulo de giros postales o la cuestión del telegrama. Y no me refiero a la canción que ganó un año el Festival de Benidorm -epicentro de la publicación en el mes de su celebración y en los previos y posteriores porque daba mucho juego- sino en aquel papel azul que contenía unas pocas, pero definitorias palabras en una tira blanca (negro sobre blanco) condensando ideas y finalizando cada idea plasmada con un ‘stop’.

El jornal medio, los presupuestos municipales, los anteproyectos urbanísticos, cualquier subvención, el cuadro de temperaturas (atmosféricas y del mar) o el movimiento demográfico de la localidad tienen un puesto destacado. Y en esto es maravilloso ver que de 0 nacimientos, 5 matrimonios y 2 defunciones pasamos, en tan sólo un año a 12 nacimientos, 10 matrimonios y 6 defunciones evidenciando un muy positivo saldo demográfico.

Lo cuenta todo. Desde la ubicación exacta de Benidorm (38º 32’ 4’2” N – 0º 17’ 53’8” W) a la también exacta superficie de 3.798 hectáreas, 59 áreas y 37’5 centiáreas. Hasta que la calle Orts Llorca fue el primer proyecto terminado en España dentro del marco de la Ley del Suelo. La traída de aguas y su intrahistoria, el alcantarillado o el problema de la vivienda; de dotar de una vivienda digna para todos aquellos que hacían funcionar Benidorm.

En sus páginas estaba el listado de alojamientos hoteleros al despuntar 1960, con categoría y número de camas. Así, las 1661 camas se distribuyen en 4 hoteles de 1ª A (445 camas), 7 hoteles de 1ª B (390 camas), 11 hoteles de 2ª (490 camas), 2 pensiones de 1ª (56 camas), 6 pensiones de 2ª (186 camas) y 5 pensiones de 3ª (94 camas). Incluso se publica el listado de precios y… todos aquellos sancionados por cobrar en exceso en cualquiera de los establecimientos de la ciudad o engañar en el peso. Aquello era transparencia, oiga.

Por cierto, he descubierto fidedignamente que además de esas camas hoteleras reseñadas en el párrafo anterior, en aquella España de 1960 ya estaba regulado el tema de alojamientos en casas particulares. La Oficina Municipal de Turismo y hasta los directores de hotel tenían un listado de “economías colaborativas” (que hoy llamaríamos); particulares que acomodaban en casas y pisos que tenían que estar declarados ante la Delegación Provincial del Ministerio de Información y Turismo por aquello de la capacidad y condiciones higiénicas. La cuestión era no perder un cliente; y medio pueblo estaba implicado en ello alquilando (a través de esa fórmula, o directamente) habitaciones, hasta con derecho a cocina, o la casa entera para momentos del veraneo.

Hay tal cantidad de datos que cuesta procesarlos, pero ya, en el verano de 1960 resulta que los ‘extranjeros’ representaron el 56% de los alojados en hoteles.

En este documento -hoy es un documento para la investigación- se encontraba todo lo referente a la vida y a la actividad local. Se informaba al obrero sobre haberes, bajas por enfermedad, participación en beneficios, recibos, pagas y jornales, horarios, despidos, horas extraordinarias, clasificaciones profesionales, pasaportes; todo. Se informaba a la ciudadanía de arrendamientos, traspasos, cesiones, seguros sociales, cotizaciones, necesidades de ventilación y aireación, medidas de todo tipo para realizar cualquier proyecto hotelero. El trabajo de la mujer y los menores, las modalidades del crédito hotelero (que excluían a Benidorm y a Palma de Mallorca, ¡lo que hay que leer!, a pesar de saberlo y no entenderlo) y hasta el acceso a las becas. Está todo. Es un manual de supervivencia para el Benidorm de la España de los 60 donde conviven los mensajes del Sindicato de la Construcción, la Junta de Abastecimientos, el Pósito de Pescadores o la Hermandad de Labradores y Ganaderos que recomienda consejos de plantación, regadío, tratamientos y recolección. Era como la Enciclopedia Álvarez, pero por fascículos,

Un libro, “El hospedaje y sus problemas” (Enrique G Estefani y José Visedo), es epicentro de cada entrega mensual desgranando todos los aspectos del Reglamento Nacional de Hostelería y todo lo referente a cuestiones de higiene para que la industria alojativa de Benidorm sea moderna, conforme a ley y eficiente.

Los cuadros mensuales de temperaturas -máximas, mínimas y del mar- nos hace pensar sobre la ubicación del termómetro y, cuando menos, el efecto Isla de Calor de hoy…. Pero, en todo caso, es Historia de Benidorm; Historia del Turismo y merecería el Boletín Municipal más difusión y mayor proyección.

Nota: mi agradecimiento a Paco Bou por las portadas del Boletín Municipal.








12 oct. 2017

DE UN PUEBLO QUE TUVO FE; DE BENIDORM 1960




José Luís Castillo Puche fue un buen escritor, con estudios eclesiásticos y título de periodismo en el 44, amigo de Pío Baroja, jefe de Prensa del Ministerio de Educación, Premio Nacional de Periodismo (1952) y Premio Nacional de Novela (1954), director de la Editora Nacional y profesor de Redacción periodística en la Complutense madrileña.

En el ejemplar del Diario ABC del 6 de noviembre de 1960, en color, Castillo Puche publica en las páginas 21 y 22 un artículo titulado “Benidorm no pierde, con nada, su gracia de pueblo levantino y marinero”, con la particularidad de haber invertido el sentido de un fotolito y salirnos el espigón del puerto al revés.

Pero eso es lo de menos. Lo mollar está en cómo describe en periodista lo que ve; el asombro que le produce y el extasío de como lo describe. “300 construcciones de nueva planta, 98 casas rehabilitadas, 210 locales industriales de nuevo cuño” en apenas dos años, dice que le contó “el joven arquitecto Casanueva” (que imagino sería el arquitecto Casanova). Al mismo tiempo reseña y se maravilla del momento en que llega a Benidorm: “treinta bloques de apartamentos y otros tantos en construcción, doce hoteles de 1ª y otros tantos de 2ª, diez residencias y quince o veinte pensiones”, señalando a continuación que “todo el pueblo es piso alquilado”; economía colaborativa de hoy en día.


Y lo que más le maravilla es que pese al boom turístico y a la llegada de extranjeros, “Benidorm sigue manteniendo su gracia de pueblo levantino y marinero -Castillo Puche es lorquino- a pesar de fluorescentes, verbenas y festivales”.

He constatado que a los intelectuales de la época el Festival de la Canción no les atraía ni lo más mínimo; critican las letras, los ritmos, las melodías y a los intérpretes. Pero como no fue un festival para intelectuales, triunfó.

Castillo Puche, como también Fuster, Capó y otros, destacan que junto al Benidorm turístico vivía otro “erre que erre en sus lutos y en sus cales (pueblos blancos mediterráneo a base de cal), impertérrito en sus tomates en agua y sal, e indiferente al bikini y a la cocacola”.

Le gustaba al periodista el poso de tradición que anidaba en la “grata penumbra tras las persianas, las umbrosas escaleras, las africanas terrazas… Benidorm está sabiendo conservar su carácter y encanto”.

Hoy, lo que maravillaba a Castillo Puche quedó desestructurado al poco tiempo de su reportaje y ahora sólo merece el título de Casco Tradicional; tan desvirtuado quedó que no puede llamarse ni Casco Antiguo o Casco Histórico.

Pero volvamos a las amarillentas páginas del ABC, un ejemplar de 128 y colores pastel con textos de Julio Camba y otras grandes plumas, centrado, mira qué cosas, en “la trascendencia histórica de un viaje de El Caudillo a Barcelona con motivo de la Carta de Régimen Especial de la Ciudad Condal”.

Así, en medio del éxito que describe, resulta que aquel Benidorm que visitó estaba patas arriba: en obras. “Ahora mismo Benidorm es un pueblo dificultoso, incómodo; casi desagradable. Medio pueblo está levantado, lleno de zanjas y montones de tierra. Más que una ciudad de verano se diría que es zona de guerra”. Pero eso no amilana ni a los residentes ni a los turistas, encendiendo el asombro del periodista: “Y, sin embargo, la gente va al mercado que está todo rodeado y ensordecido de máquinas perforadoras y de obreros de pico y pala que aquí cavan y allá echan tierra, que en una calle arreglan la fuente y en esta otra una boca de cieno”. Y llega a la admiración: “Nunca he visto, con todo, que la gente proteste menos ante tal cúmulo de dificultades”.

Y expone la clave de esa actitud: “Por lo visto, la gente tiene fe en Benidorm y en el turismoy las obras las toman como propias”.

Ya, rayando el paroxismo, reconoce que “la principal industria del pueblo son los forasteros”. La gente lo sabe y se va implicando en el proceso, “pero todavía no han vendido la mula y el burro. Todavía, Benidorm de noche, por encima del ruido de los night-clubs, es pelea de gatos, ladrido de perros, furor de grillos y estallido de cohetes”.

Parece, explica Castillo Puche, “que Benidorm… hace dichoso al viajero. Es posible que ahora los veraneantes más que buscar oasis de descanso lo que busquen parrillas existencialistas…”. Yo me pierdo en lo de ‘parrillas existencialistas’ mientras imagino a los turistas tostándose al sol de la mañana y entre luces de neón por las noches, porque se maravilla el periodista con lo que ocurre: “la gente se ve que enloquece con este sol tostador y cegante que hace ponerse al rojo vivo a las cigarras”.

Se queja en la crónica de que “aún la carretera nacional atraviese la villa” y de que “no se terminan las obras de desviación porque el dueño de una vulgar alfarería pide que le indemnicen como si su rústica artesanía fuera arsenal atómico”. Pero al mismo tiempo elogia a las gentes de Benidorm: “Benidorm sigue manteniendo con orgullo capitana de la marinería del oficio. Benidorm ha dado durante muchos años más capitanes de barcos mercantes que muchas provincias marineras y aún hoy es puerto de origen de los más distinguidos alargavistas transatlánticos”. Se congratula de que “ya tiene Benidorm asegurada el agua -que parecía increíble y que ha costado tanto- y goza del futuro alcantarillado”.

Concluye con una verdad: “El mar no falla nunca en Benidorm”. Y en base a ello argumenta que: “Benidorm tendrá asegurado su provenir de pueblo universal en sol, luz, hospitalidad y exótico colorido”. Y creo que no se equivocaba porque entonces como ahora “quienquiera que aquí llega, aunque no tenga la comida a punto, aunque falle el butano o el petróleo, sabe siempre que el agua del mar le espera, a la hora que sea, en apetecible temperatura”.

La pincelada final de Castillo Puche es para la tradición: “Al mismo compás que Benidorm progresa y se moderniza, los benidormianos[1] siguen replegándose en el vivero de sus tradiciones. Las casas sacan brillo a las lacas y renuevan el membrillo que conserva intactas las mantillas”. Esencia de pueblo que aún anida en el meollo de Benidorm.





















[1] No tengo ni idea de dónde se saca el gentilicio “benidormianos”

10 oct. 2017

DE CUANDO SE ADVIRTIÓ (1960) EN BENIDORM: EL PELIGRO DEL TURISMO ES LA IMPROVISACIÓN




No había hecho más que comenzar 1960 y Benidorm se dio de bruces con la realidad. La compañía aérea BEA invita a responsables turísticos de Valencia, Alicante y Benidorm a un encuentro con agentes turísticos en varias ciudades inglesas y Benidorm delega en Carlos Llorca Timoner, a la sazón 1er teniente de alcalde y concejal de Obras y Urbanismo.

Y el Sr. Llorca Timoner vuelve de la Pérdida Albión asustado: el índice de repetición es nulo; “los turistas ‘habituales’ de Benidorm son cero”. No tenía ni idea, confiesa por escrito, de la importancia de este tema; y es que allí todos le explican que eso es malísimo. Vale, no hacía nada que Benidorm había entrado, oficialmente, en esto del turismo moderno, pero en este viaje se encendieron todas las alarmas. Fundamental la repetitividad: que el turista vuelva. Ahora mismo estamos por el 72% de índice de repetición, que es -reconozcámoslo- un índice altísimo; una cifra magnífica.

Y no sólo por eso de la repetitividad volvió Carlos Llorca asustado.

Resulta que allí todos los que entendían un poco del tema le decían que “la industria hotelera de Benidorm no está a la altura necesaria para retenerlos” y le aconsejaban “mejorar radicalmente los servicios” en los hoteles.

Las críticas se las trajo por escrito: “mejorar en el trato directo, en la limpieza, en la falta de interés al servir” y en el idioma. La queja más habitual era “respecto del inglés”; casi nadie lo hablaba y mucho menos lo hablaba bien. Las quejas llegaban al servicio de habitaciones por la tardanza “a la hora de hacer las camas”, a las comunicaciones con “teléfonos sin línea”, cuartos de baño con “averías que no se reparan y pasan los días” y con el vestuario del personal (chaquetas llenas de manchas).

Carlos Llorca redactó un memorándum y aquí, en la terreta, el alcalde conminó a todos a solucionarlo. Tomó cartas en el asunto Pedro, don Pedro, Zaragoza y se volcó en la figura del director de hotel para organizar el tema. “Aquí hacían falta directores de hotel”, me contaba en aquellos ratos en la bodega de La Cambreta del Chano.

A los pocos meses del ‘Informe Timoner’ Pedro, don Pedro, consciente de lo que se jugaba Benidorm y España en esto del turismo llevó más allá de Benidorm la necesidad de la profesionalización del sector y la figura del director. El diario Arriba (16.09.1960) le publicaba un artículo -firmado por el propio alcalde- sobre la cuestión que afectaba negativamente la imagen de España bajo el título “La improvisación hotelera, grave problema para el Turismo” donde Pedro, don Pedro, reclamaba la necesidad de un director de hotel en cada hotel. “En un hotel es imprescindible un director técnico y especializado”.

Trascendente me resulta leer que “el peligro del Turismo es la improvisación” y ahí entra a saco el ponente con que hay que evitar “la improvisación en el urbanismo, la improvisación en la arquitectura y la improvisación en la operativa”. Denuncia ya el “anárquico crecimiento de la industria hotelera” por el resto del país, aunque benevolentemente señala que lo hace “con la mejor intención”. Apuesta por trabajar firme y seguro, huyendo -insiste- de cualquier tipo de improvisación.

Pedro, don Pedro, reconoce que “el hotelero es el alma del hotel”, pero quien debe dirigir es el director de hotel y plantea la necesidad de una profesionalización. “Ocurre con los hoteles lo que con los barcos. Un barco no puede hacerse a la mar si no cuenta con una dotación de personal técnico”. E incide en la cuestión de la necesidad del director tirando de símil: “Para mandar (un barco) se necesitan unos estudios y unas prácticas; hay que saber navegar y estar en posesión de un título que garantice pericia”. Machacón. insiste: “una cosa es el armador, o el naviero, y otra el capitán del barco”.

Reiterativo explica: “dirigir un hotel requiera conocimientos, tacto y mucha imaginación”.

Y se pone pesado con la cuestión porque “la falta de director en muchos hoteles está dando lugar a una propaganda negativa fuera de España que de no ser corregida puede malograr el resurgir turístico”.

Es consciente don Pedro de que “no se pueden inventar directores de hotel” y que “en España hay más hoteles que directores”, por lo que exige que esa figura, el director de hotel, sea requisito imprescindible en hoteles de Lujo, 1ª A y 1ª B bien “de la Escuela Nacional de Hostelería”, bien “de las muchas y acreditadas escuelas que hay en el extranjero”.

La Escuela Nacional Superior de Hostelería se inauguró el 4 de marzo de 1959. En ella se impartían todas las enseñanzas de hostelería y turismo con carácter oficial de España y entre las que se encontraban gerencia, cocina, servicios y gobernanta de hotel. En 1960 pasó a ser Escuela Sindical Superior de Hostelería y en 1964 los estudios de Gerencia se convirtieron en una Diplomatura de Turismo. La verdad es la “Escuela” arrancó en 1945 en la calle Cervantes, en un primer piso, cerca de la Gran Vía, para “aprendices, ayudantes y botones”, bajo la dirección de don Eleazar Bermejo, director del Hotel Ritz. Pero viendo la necesidad de darle entidad y contenido se programó y construyó un nuevo edificio en la Casa de Campo y se prepararon planes de estudio para el curso 1958-1959. En 1962 se instaló en su patio central una cabina de avión para la formación de azafatas.

Y poco a poco, pero eso ya es otra historia, nos fuimos adentrando en cuestiones de preparar profesionales para las funciones del turismo y la intrahistoria del título de director de hotel tiene su aquél.

Aquí, hoy, lo que nos interesaba es que Benidorm estuvo presto y al quite en la persona de su alcalde: Pedro, don Pedro, Zaragoza. El enemigo del turismo es la improvisación, que sentenció en el texto… y para no improvisar reclamó formación profesional, especialmente de cuadros superiores en los años 60. Tardaría tiempo en verla, pero fue pionero también en esto.




8 oct. 2017

BENIDORM: DE TENER FE EN EL DESTINO




Contaba Otto de Habsburgo a finales de los 50 y ante lo que veía ante sus ojos que para describir la evolución de Benidorm “serían necesarias palabras nuevas”; el diccionario se le quedaba corto. Asistía el destacdo político de aura imperial a aquél proceso en primera persona, informado por Pedro, don Pedro, Zaragoza y destacaba su opinión sobre Benidorm que exhibía maneras de lo que pretendía llegar a ser: “hace unos años parecía una joya perdida, una más entre los muchos pueblecitos que se extienden a lo largo del litoral que va desde Málaga a la Costa Brava” y que para entonces (1959) ya era el emporio del Sol y que iba a más, por lo que se alegraba que “otros también pudieran gozar de este oasis” del que él ya disfrutaba.

Había una cosa que atormentaba al Archiduque: ¿perdería Benidorm su alma al convertirse en un lugar de éxito turístico?


Y él mismo se respondía: “No, en Benidorm se vivirá humanamente; el tiempo no será dueño, sino servidor; el hormigón protegerá y no aprisionará…”. Se declaraba seguro: “Benidorm será maestro de su propio destino”. No le faltó razón. De la pasión del Archiduque y de la princesa Regina de Sajonia por Benidorm ya he dado cuenta en varios Post.

Pero tan antagónico a Pototo como era Joan Fuster, en ambos hay coincidencia en los resultados y la realidad a la hora de describir el proceso que vivía Benidorm por aquél entonces, hace más de 50 años, que sintetizaba el suecano diciendo que “convertir un paraje agrario absolutamente mediocre en una feliz oportunidad de turismo veraniego” sólo se había conseguido aquí, en Benidorm, porque este pueblo “condenado a la más rica atonía encontró la opción de explotar la playa, el clima y la hospitalidad”. Y lo describe: “el Benidorm letárgico, patriarcal, pescador y labrantín, vegetando entre rocas peladas y olas avaras, sale adelante”.

Me encanta cuando escribe que “los managers de la aventura turística saben lo que se hacen; gran tacto e inteligencia”. Un reconocimiento a la labor de tantos.

Su obsesión era la misma que la del ilustre aristócrata ante el boom turístico: ¿perdería Benidorm su alma? Y nuevamente la respuesta es no.

Desde la óptica de Fuster “Benidorm ha sabido preservar su clara autenticidad de pueblo valenciano; no se ha despersonalizado, no se ha contaminado”. Constata Fuster, cuyos escritos sobre Benidorm ya han visitado este Blog, la “afirmación de su personalidad” y el mantenimiento de la lengua, hasta en la rotulación de las calles señalando que “la mirada curiosa de tanta señorita de ropas internacionalmente breves chocará con las inscripciones vernáculas…” y eso le congraciaba con este Benidorm internacional que por entonces sólo enseñaba la patita bajo la puerta del Turismo.

José Ignacio Escobar y Kirkpatrik, marqués de Valdediglesias, y José de Rojas y Moreno, conde de Casa Rojas, dos personajes clave de la transición entre los 50 y los 60, diplomáticos y viajados, alabaron el despertar turístico de Benidorm desde la concepción urbanística reglada hasta la repercusión del alojamiento hotelero. Rojas se había implicado mucho en el proceso del Plan General con Pedro, don Pedro, Zaragoza y, al menos en el plano, se veía el final de un proceso que el ilustre periodista Francisco Casares Sánchez eleva a cotas superiores para Benidorm: “los pueblos necesitan desarrollar su poder de seducción y con estas herramientas se consigue”. Benidorm desarrollaba su innato poder de seducción “hasta la sensacional culminación que a todos nos admira”. Concluyó en su día señalando que con esa herramienta “Benidorm ha sabido ponerse a la cabeza de las poblaciones de España que movilizan acertadamente sus recursos”.

En este repaso de ilustres elogiando el que era incipiente desarrollo de Benidorm en los albores de la década de los 60 no puedo olvidarme de aquel hombre de exigua talla e inmenso poder en los medios de Prensa y Radio de aquellos días, el zamorano Juan Carlos Villacorta Luís -cofundador, con otros, del Festival de Benidorm- cuando refería que “Benidorm era un pedazo de soledad y Sol… en el que la imaginación creadora se puso en marcha”. Su gran frase fue aquella que dice que “Benidorm tuvo fe en el destino… gracias a la atmósfera de ilusión creada en torno a la obra”, magna obra que entre todos acometieron y hoy disfrutamos bajo la premisa, aplicada desde entonces, de que “el urbanismo no es piqueta y democión, sino la racional ordenación del suelo”.

Y el colofón de esta entrega la pone el que entonces fuera embajador -Rafael Comprés Pérez- de una mínima república antillana, la República Dominicana, y que se prodigó en los Medios de entonces llevando su erudición a génesis de los grandes debates del momento. “El turismo -sentenció- es una exportación invisible: se exportan bienes y servicios sin que estos salgan de nuestras fronteras, y se importan consumidores”. A esta conclusión llegó estando aquí, en Benidorm y durante meses fue argumento económico en los análisis y debates entre si apostar por los Polos de Desarrollo o por el Turismo bien organizado estando en los inicios de la ejecución del Plan de Estabilización de 1959 y pensando en el Primer Plan de Desarrollo (1964-67)… Mucha filosofía cuando urgía el desarrollismo.

Pero aquí, al menos, se intentó.








6 oct. 2017

DEL ALGUA EN BENIDORM… UN 28 DE FEBRERO DE 1960




El otro día, en FB, a raíz de una foto que subí y un comentario blanco, se lió la cosa entre amigos a los que profeso, en distinta proporción, cariño, amistad y respeto, pero con la misma intensidad. No era mi intención que se llegara a aquellos niveles, ni lo es ahora desfacer el entuerto; pero como todos tenían razón, héteme aquí que lanzo este Post.

Por fin, a esta Sucursal del Paraíso que decía Rafael Comprés que era -es- Benidorm llegó el agua un 28 de febrero de 1960. Aquella tarde fue fiesta; fiesta, sí; ¡y de las gordas!

César González Ruano, aquel poeta del ultraísmo que, afortunadamente, ejercía más de periodista, o Bernardo Capó (entonces aún Bernardo) se explayaron en alabanzas al momento. De Capó es el texto que cuenta que “cuando vi brotar el agua de la fontana -todos estaban en torno a la Fuente del Parque de Elche- me emocioné hasta el extremo de entrarme unas ganas tremendas de gritar alborozadamente… y cuando vi al alcalde hacer grandes esfuerzos para reprimir el llanto que anegaba sus ojos, sentí en lo más honde de mi ser todo lo que significaba aquél gesto noble: una meta alcanzada”.
28.02.1960 - Llega el agua a Benidorm


Por las fotos sé que aquello fue un fiestón; por las reseñas sé que no faltó nadie: ministros de Obras Públicas (Vigón) e Industria (Planells); directores generales en número de 5; otro tanto de almirantes y generales; gobernador civil y cohorte de alcaldes de tronío; obispo y media Curia… un larguísimo etcétera de subsecretarios que llevaron a Joan Fuster -sí, al mismísimo Joan Fuster desde las páginas de Destino- a decir que “extranjeros y subsecretarios dan vida a la contabilidad de los hoteles”. No faltó nadie con nivel aquel 28 de febrero de 1960… y hasta Te Deum que hubo.

Aquello fue un acontecimiento porque entonces, por lo que fuera, se le tenía un inmenso cariño a Benidorm y al esfuerzo que hacía por salir adelante. Hasta Agatángelo Soler, alcalde de Alicante, se permitía decir que “Benidorm era la hija bonita de Alicante” y que “a los alicantinos se nos cae la baba de verla crecer y hacerse una pollita” (cursi, ¿no?) al tiempo que señalaba que “de los piropos que a Benidorm le dedica el mundo entero, Alicante -la madre joven y guapa- se siente orgullosa”. ¡Cómo ha cambiado la película, Lanzadera de mi vida!

Bueno, como decía, por fin llegó el agua a Benidorm. Y mira que costó. Desde que 1844 en su busca, cuando consiguieron aguas en la Partida de Lliriets… Pero nunca había suficiente parné.

En julio de 1955 se arbitró una obra para este menester con un presupuesto extraordinario de 9’6 millones de pesetas: la traída definitiva. Tengo en detalle hasta los céntimos, pero para qué. Se adjudicó en 8’4 millones que salían de una subvención del 10% que ponía en MOP… ¿y el resto? Pues en contribuciones especiales (25%) y una emisión de obligaciones (65%) que ponía de su bolsillo el sufrido pueblo de Benidorm. Vamos, que el 90% lo ponían los benidormenses. Y para que se hagan una idea de proporción de cifras, pusieron (el Ayuntamiento) 1.500 pesetas para que la Vuelta Ciclista pasara por Benidorm; y era un lujo.
Bando de Alcaldía para la llegada del agua


Recordemos: a finales de 1950 se había terminado “el nuevo” abastecimiento desde la Finca de Carreres; aquella fuente alumbraba un más que insuficiente litro por segundo. En el Hotel Bilbaíno se reunieron las autoridades y la gente interesada (no todos lo estaban) y se pensó en Polop, en escriturar a nombre del Ayuntamiento un manantial, proponiéndose desde el Sindicato del Riego Mayor de Polop que podían comprar el pozo de la parcela de Jaume Fuster Iborra, en Partida Rabasa. El señor Fuster pedía 500.000 pesetas; el presupuesto municipal para todo el año era de 303.346’95… insuficiente, incluso si se dedicaba todo él. Se negoció y se bajó hasta las 450.000 inalcanzables pesetas. Se buscó ayuda entonces de la Caja de Ahorros del Sureste de España… y el 12 de diciembre de 1952 se llegó al acuerdo de ayuda, como “obra social” (traer agua, obra social) y mediante un préstamo al 5% de interés anual y una comisión del 0’05%. La solución era que un particular comprara el terreno en nombre del pueblo de Benidorm y que el pueblo lo donara al Ayuntamiento, que lo aceptó el 15 de enero de 1953, otorgándose escritura el 24 de febrero. Se acordaron las aportaciones trimestrales que debían satisfacer los vecinos y que se sumaban a las contribuciones especiales y a la emisión de obligaciones posterior.

Y digo esto porque venció el préstamo y aquí se debía una buena cantidad. La cosa estaba durilla y la Caja de Ahorros andaba mosqueadísima hasta que apareció un vecino, “voluntaria y espontáneamente”, y ofreció la venta o hipoteca de su mejor finca para cancelar totalmente el préstamo, lo que ocurrió el 23 de mayo de 1958. La conciencia popular hizo que se pidiera un nuevo préstamo de 265.000 ptas. con el compromiso de todos los vecinos de resarcir al vecino que lo había pagado. Hay abundante documentación de esto hasta el extremo que a punto de llegar el agua (en diciembre de 1959) aún se debían 171.000 pesetas y… de nuevo el vecino tapó el agujero popular. Que una cosa eran las ganas de contribuir y otras las posibilidades de todos. La lista de vecinos morosos salía en el Boletín Municipal: “vecinos que han dejado de satisfacer la aportación voluntaria”. Que si quieres flores, Azucena.

Y sí, mucha gente suscribió obligaciones, y cantidades importantes para la época; lo que es muy de agradecer. Y no una vez; varias. Muchos nombres se repiten. Y sí, mucha gente se comprometió con las contribuciones especiales… en las que se repiten mes a mes los abandonos del compromiso. Ni se me ocurre criticarles; que buenas estarían muchas economías y que no todos los vecinos estaban con disponibilidades. Por una casa valorada hasta en 20.000 pesetas se pagaban 50 pesetas trimestrales; y si estaba valorada en más de 175.000 eran 500 pesetas al trimestre; que hubo para todos, pero no todos entraron porque muchos no podían, porque se retrasaban o por lo que fuera (porque no querrían). Eso sí, entro unos y otros pagaron. Y la Caja de Ahorros del Sureste mucho; muchísimo.

Y se dio el caso que Uralita dijo que las 800.000 pesetas de los tubos por adelantado. Y ahí, el alcalde y los nueve concejales tuvieron que llamar a rebato a una docena de benidormers, con nombres y apellidos, y entre los 22 sacar esas 800.000 pesetas porque si no… ni llegaban los tubos, ni el agua. Y el agua llegó un 28 de febrero de 1960 y esto salió adelante.

Y sí, todos mis amigos tenían razón: pagó (lo que buenamente pudo) el pueblo de Benidorm y determinadas personas tiraron hasta de la cartilla del chaval para poner las pesetas una encima de otra y conseguir los tubos… y los cables de corriente… y los motores…. y el depósito de 2’6 millones de litros que te aseguraba 2 días de agua hasta para 14.000 residentes
Fuente del Parque de Elche, tras la palmera; 28.02.1960 (Foto: Hermanos García)


Y en nada vino otro problema: a más agua en los grifos, más agua en los desagües. Y a arreglar el alcantarillado. En fin, que esa es otra historia… la de nunca acabar.

Y sí, todos mis amigos tenían razón; hasta Cecilio. No íbamos a poner en duda la palabra de doña María. Ni mis recuerdos y anotaciones con don Pedro… y nombres y cantidades son de dominio público.