13 jul. 2010

El beso

Hace unos días nos dejaba Edith Shain. Era la protagonista del beso más fotografiado del mundo. El suyo fue un 14 de agosto de 1945, en Times Square: el Ejército japonés acababa de capitular y como una neyorkina más se echó a la calle a celebrar el final de la IIGM en el pacífico. Un marinero, en éxtasis de felicidad, la cogió por la cintura y la besó apasionadamente. Dos fotógrafos, dos, Alfred Eisenstadt y Victor Jorgensen, captaron el momento, desde distinto ángulo, y la imagen dio la vuelta al mundo desde las páginas de y desde la oficina de promoción de la Navy; el teniente Jorgensen era fotógrafo naval. Nadie sabe quién fue el uniformado besador, y hasta los 70 no supimos quien fue la enfermera besada. El suyo, su beso apasionado trufado en victoria, es un icono; el beso fotográfico más reproducido.

Hace unas horas Iker Casillas, el Gran Capitán de la “La Roja” besaba a la periodista Sara Carbonero. Los protagonistas han sido carne de cañón de la corrosiva prensa rosáceo-deportiva y del hígado (cirrótica y noctívaga) que busca emponzoñar hasta el ciclo de Krebs de los seres vivos. Menos mal que los dos están ya de vacaciones y tienen unos días por delante, porque “la mundial” se les vino encima. Las cifras de descargas y emisión inmisericorde del momento lo convierte en el beso televisivo más reproducido de la Historia y le permite a la periodista del siglo XXI competir, con ventaja, con la enfermera del siglo XX, en blanco y negro.

Edith contaba un buen día que “le permití besarme porque había estado en la guerra, luchando por nuestro país, y me sentí muy feliz de hacerlo”. Después de la foto cada uno marchó por su lado, cuenta, pero cada 14 de agosto ella volvía, con los veteranos, a Times Square, para revivir el momento; y de él nunca más supo. Sara, y no era el primer beso de Iker ante las cámaras en el Mundial (hoy, Internet, los reproduce casi todos al término de cada partido), casi con la misma euforia, estaba en plan muy profesional y le llegó de improviso. El “a mis a amigos y a ti” previo casi no se oye; pero los aplausos sí. Y estos se los dieron SM La Reina y los Príncipes de Asturias, testigos, junto al cámara, del momento. Iker volvía victorioso de otra guerra, defendiendo la meta, y eufórico por haber logrado lo que tanto millones de españoles deseábamos.

El beso del Gran Capitán se hará más famoso que el memorando de las cuentas del otro Gran Capitán, aquél Fernández de Córdoba al que un rey pedía cuentas a pesar de que “le había regalado un reino”; como Iker, cual Santiago, cerrando la portería de España nos ha regalado un reinado deportivo de cuatro años.

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