28 nov. 2010

El CC, un informe de muertes y la COP16

Yo, ya saben, me niego a escribir el palabro “cambio” cuando trato cuestiones del clima. Me conformo con “CC”. No obstante, haré una excepción con una sensacional revista que conozco de forma electrónica.

Climatic Change” es una publicación que sigo a través de SpringerLink ya que muchos de sus artículos son de libre acceso y con paciencia, mi inglés -en plan lectura- es muy elemental (en plan conversación es Sioux), consigo buenas informaciones.

El número de diciembre ya está en la web (vol. 103; núms. 3 y 4). Hay cosas más que interesantes: una es sobre los “equilibrios estático y dinámico del hielo groenlandés” (ahora que asustan con que se funde y se funde y se funde); otra, muy apetecible, es “La urbanización, el cambio climático y la política de inundaciones en los EE.UU.” que promete mucho; otra trata sobre las últimas inundaciones en el Sahel africano; otra me incita ya a destripar “La incertidumbre y el riesgo en la proyecciones climáticas del siglo XXI”… y así hasta quince interesantísimas referencias más. No obstante, “Efectos del cambio climático sobre la calidad del flujo de agua en España”, promete mucho. Vamos, que estoy ya nerviosito y ansioso por pasarle el traductor y tirar del Oxford. El número de diciembre viene completito.

En el Volumen 102, de octubre, me encantó que saliera un artículo contradiciendo al IPCC. Son muy seguidores de esta secta; todos seguimos alguna. Apuntaban en “Causes for the recent changes in cold- and heat-related mortality in England and Walesque a más calor, menos mortalidad. El estudio se había realizado en Inglaterra y Gales, y como vengo de Gales -qué pesadito estoy con esto- me llamó más la atención

Y resulta que comparando las cifras y causas de las muertes ocurridas, tanto en Inglaterra como en Gales, entre 1976 y 2005, y llevándolas a cifras por millón de habitantes, en cuanto las cruzamos con las temperaturas (dicen que con un crecimiento medio de 0’47º por década; luego hablamos de 1’41º que no había visto en estudio similar en Gran Bretaña, ni en el de auge del cultivo de la vid y los buenos vinos ingleses… y el informe para el COP16 sólo apunta a 0’74ºC en el siglo XX; ¡Jo, que lío!) resulta que en verano se mueren más y en invierno menos. Pero, lo mejor es que, el descenso de las muertes invernales (cuando hace más calorín) es muy superior al aumento de las muertes veraniegas (cuando hace más calurón). Y así llegamos a un descenso de la tasa de mortalidad porque el calentamiento global ese, al menos en Inglaterra y País de Gales, “es bueno”. ¡Ahí-es-nada! Esto tenemos que hacérnoslo mirar porque es un nuevo escenario que nadie había contemplado con enjundia. Los apocalípticos pronosticaban un escenario infinitamente más negativo que la torrada europea del verano de 2003.

Atención, porque 47 fallecimientos menos por millón de habitantes en invierno, frente a sólo 0’7 fallecimientos más por millón de habitantes en calurosos veranos, es una descompensación importantísima.

Y lo mejor de todo es que es una realidad diametralmente opuesta a lo pronosticado el IPCC.

Mañana empieza la COP16 en Cancún, México; se van a tirar unos días de palique… hasta el 10 de diciembre. ¡Qué vacaciones! A mí sólo me interesa que dejen trabajar a los de los dos Grupos de Trabajo Especial sobre los “nuevos compromisos de las partes” y “la cooperación a largo plazo”. Los demás, pueden disfrutar Cancún lejos de las salas de trabajo antes que jorobar más la cosa.

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