23 dic. 2010

1974: el año de la autopista... Y no la querían, oiga.


Aquél año de 1974 vivía Benidorm con la espada de Damocles del trazado definitivo de la autopista (A7). Aquí -aunque hoy pueda parecernos mentira- nadie estaba por la labor de tener la A7 (por donde pasa) a un paso de la playa. Los “expertos” y filósofos del turismo estaban en contra -iracunda- de las autopistas, y los promotores locales… también. La cosa era “autopista, sí; pero por Alcoy”… por lo menos.

En abril la cosa explotó: el Consejo de Ministros aprobó el trazado y la prensa local, resignada, tituló: “La autopista, un hecho consumado”. Es que el Gobierno había optado por el trazado más inmediato a la ciudad. Por ello, hoy, gracias. Pero en aquél 1974 la opinión pública estaba más que contrariada: “Estrangula nuestra expansión urbanística”, es otro de los titulares de aquellos días. Parece que nadie descorchó una botella de cava por tener la A7 en el hall de la ciudad.

Poco más de un mes antes de la decisión gubernamental, en marzo, Mario Gaviria y Luis Marco se descolgaron en Triunfo (nº 596, 2 de marzo de 1974) con un demoledor “La autopista como agresión”, donde aparecen frases como “la autopista va contra la industria turística”. En fin, Triunfo era la resistencia intelectual al franquismo y la autopista era puro desarrollismo franquista.

Compruebo, con desazón, que aquí nadie quería la autopista a un palmo de la playa. El mismísimo Ayuntamiento se tomó las uvas en un pleno, 31 de diciembre, donde pedía a las autoridades que dejaran la A7 bien lejos de la costa. Y en esta petición se amparaban Gaviria y Marco, en su artículo de Triunfo, para decir que “un ayuntamiento como el de Benidorm, representando a 200.000 vecinos, debe tener más fuerza que una concesionaria”. Los autores apostaban entonces, y como alternativa a la A7, “por el ferrocarril, potenciando el de FEVE…   y por la navegación de cabotaje con buques ‘feeder’…”. Llegan a decir que “Murcia, Alicante y Castellón son las provincias que menos inversión pública tienen, y de repente parece como si no hubiera nada mejor que la autopista”. Insisten en que es mejor un plan de desarrollo regional que una autopista.

Finalmente, el Gobierno, decidió pasar la autopista por el mismísimo porche de la ciudad y en la prensa local se puede leer: “Nos consta que la Corporación Municipal ha hecho todo lo que ha podido: luchar contra Goliat sólo con las armas de la razón, y éstas, a veces, no son suficientes”.

Aún con los mimbres ya expuestos y con la decisión del Gobierno de dejar el trazo a las puertas de la ocio-urbe, el 19 de abril a Mario Gaviria ya no le parece tan malo el trazado y asegura que “no estrangulará Benidorm” pero, insiste: la A7 “debía ir por Alcoy”. Argumenta: “las calzadas romanas desaparecieron” (olvidando el retroceso que dio la Humanidad cuando ocurrió) y manifestando que “confía en que al final la autopista vaya por detrás de Sierra Cortina” y el trazado aprobado (el del dibujo en prensa que es la A7 de hoy) “se convierta en pistas de tenis, de patinaje, etc.”.

Pero no sólo Gaviria sele al ruedo contra el trazado de la A7: medio pueblo aparece en los medios contra la A7. Me llama la atención la aparición del concejal de urbanismo, Desiderio Olcina, que es tajante: “el trazado es un error y aunque no estrangulará Benidorm, lo mejor es que el definitivo pase a diez o quince kilómetros de Benidorm”.  Como él se posicionan todos, hasta las mises que se dejan caer por aquí en verano.

Incluso en el XL Seminario de Municipios Turísticos que se celebró en el Club Sierra Helada (hoy Ciudad Patricia de la 3ª Edad), en mayo, se cuestionó el trazado de la A7 tan inmediato a Benidorm. Aunque el objetivo del seminario era “la normativa del Municipio Turístico” salió a relucir el trazado de la autopista y el descontento que provocaba. Ni que decir tiene que la cosa de la Hacienda del “municipio turístico” fracasó; la voz cantante la llevaba el alcalde de un municipio tan eminentemente turístico como ¡¡Torrejón de Ardoz!!

En julio, cuando inauguraba el Hotel Reconquista de Oviedo, huyó de posicionarse respecto del trazado de la A7 el mismísimo ministro del ramo, don Pío Cabanillas, aunque a cambio señaló que los municipios turísticos debían “replantearse el control de las construcciones, la promoción y la protección del turismo así como la concienciación de lo que el turismo representa”- A los pocos día, en Palma de Mallorca nuevo asalto y el ministro que vuelve a lo suyo: “además de precios, habitaciones y sol, al turista hay que darle algo más: servicios complementario a su estancia. Hoy no tenemos competidores, pero… ¿y mañana?”. En octubre sí dijo, por fin, que ese era el trazado idóneo, para cabreo local.

Ya convertido el trazado de la A7 en una cuestión irreversible, la prensa local dirigió sus pasos hacia una cuestión que hasta hace tres años Benidorm no había contemplado: “Insólito: Benidorm sin concejal de Turismo”. Y el problema es que al final lo hubo por una absurda situación política regional que no iba con Benidorm.

No aprendemos.

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