30 mar. 2011

Benidorm, Benidorm, Benidorm


El pasado fin de semana recalaron por aquí los alumnos del Máster Internacional de Turismo de la Nebrija madrileña. El profesor Manuel Figuerola, del que ya les hablé, los trae año tras año para pulsar in situ, como hace con otros destinos, Benidorm. Conocer Benidorm es amarlo.

Ellos, los alumnos, y nosotros descubrimos en cada ocasión cosas nuevas. Este año, ante el “Benidorm en cifras’2010” (se publica cada 2 años) se han rendido y lo han subtitulado “estos son mis poderes”. A fe que sí; un buen trabajo del sociólogo José Antonio Nuñez de Cela plasmando muy visualmente apuntes generales, la realidad de las playas, los datos de la demografía, la síntesis del clima, el referente de la actividad comercial, las cuestiones del Medio Ambiente, los números del turismo, la educación, la sanidad y el transporte, las cosas del deporte, los pormenores del equipamiento urbano, las reseñas de la seguridad ciudadana y las circunstancias del mercado de trabajo. La mejor radiografía posible en 70 mini páginas en un extraño formato 13 por 13 cm. Si los coleccionas, de un plumazo tienes la historia geoestratégica reciente de la ciudad.

Ha sido enriquecedor patear la ciudad con los alumnos, diseccionarla en el aula e indagar detalles de la génesis de la Ciudad Vertical. El pantallazo de la “caja de cerillas” para explicar el volumen edificatorio nunca falla. Intentar dar respuesta acertada a sus preguntas no ha sido fácil en un tema, el turismo, en el que Benidorm hunde sus raíces hasta 1865, cuando sabemos que funcionaba el Hostal “La Mayora”.

Hemos conseguido hacer desfilar delante de ellos nuestro hitos más importantes, y los hemos incardinado en el plano urbano: el Balneario de la Virgen del Naufragio (1871), la carretera nacional (1880), los trenes botijo de Alicante y la diligencia hasta Benidorm (1883), la primera publicidad turística (1893), la escollera y el puerto (1810), el trenet de La Marina (1914), el Hostal “La Plaza” y la “Casa de Baños” (1920),  el proyecto de Urbanización de la Playa de Levante (1935), la Junta Local de Turismo (1936, 16 de marzo)… la Comisión Pro-Playas (1941), la pertinaz sequía (1944-45), Pedro Zaragoza (1950), el nuevo proyecto de urbanización de la Playa de Levante (1951)…

En 1953 Pedro “convence” al arquitecto Francisco Muñoz Llorens para que arregle la propuesta de urbanizar Levante y que se arrastra desde 1935, con revisión en 1951… sin que se haya concretado. Faltaba algo. Y Pedro le consigue de Alfredo Sánchez Bella, embajador en Italia, los documentos de las principales propuestas turísticas del Adriático; de José de Rojas, Conde de Casa Rojas y embajador en Francia, los postulados de las actuaciones atlánticas francesas y las realizaciones de la Costa Azul; de José Mª de Areilza, embajador en los Estados Unidos, las urbanizaciones de Florida y California, y de Josep Emsesa el más completo bagaje documental turístico español: la Urbanización S’Agaró (1924), La Ben Plantada (Poble d’Estiueig, 1929, Reus) y la Ciutat de Repós i Vacances (Castelldefels, 1931). Conociendo Paco Muñoz –arquitecto municipal honorario, porque no había con qué pagarle- el germen de Ciudad Prieto (Playa de San Juan, 1933) y las bases de El Arenal (Jávea, 1935), ¿cómo no iba a salirle bien esto que es Benidorm?

No había dinero, pero se consiguieron todas las ayudas posibles -hasta aquella Administración franquista las tenía- y se consiguió alumbrar, en 1956, el primer Plan General de Ordenación Urbana de España para todo un término Municipal. Aquí nada escapa a la planificación pero de él salen unas normas que desconciertan por su simplicidad. Y ahí está el secreto de su vigencia; de su éxito. Aquél Benidorm que se planificó en 1956 era en sí una ciudad para el ocio de las clases media, con absoluta flexibilización para amoldarse al futuro, con un claro sistema de urbanización en cuadrícula, con máximo protagonismo para las playas y con un cinturón verde que aún hoy se mantiene en el 57% del término municipal.

Aquél viejo plan fue adecuándose a la realidad del momento: 1958, 1962, 1974, 1981, 1987, 1996, 2001… Pero ahí está, a su ritmo. Cómplices destacados de la aventura fueron también Luís Rodríguez Hernández, profesor de la Escuela de Arquitectura, y Pedro Bidagor Lasarte, director general de Urbanismo. Estaban tan “chiflados” como Pedo Zaragoza en este proyecto. Manuel Muñoz Monasterio, inspector regional de Urbanismo, fue más un lastre que un apoyo, pero también tuvo su participación. Y, cómo no, los locales: Guillermo Campos, Luis Mayor, Pepe Enrique, Pepe Fuster, Gregorio “El Casillero y algún otro más que seguro nombró Pedro y yo no anoté. Va por todos ellos.

En la memoria inicial se reconocía que no había recursos económicos para promoverlo en su totalidadni necesidad de crispar a los locales, los propietarios del suelo, que veían como mermaban sus parcelas a favor de grandes viales. Les salió bien… no sin alguna protesta.

¡Qué épicos años aquellos! Por si no lo saben, a resultas de aquél plan Benidorm giró tan vertiginosamente hacia el turismo que el Ayuntamiento tuvo que alistar hasta vacas en su “funcionariado”; figuran como semovientes en los inventarios de la época. Había obligatoriedad de dar postre de leche, al menos una vez por semana, en los menús hoteleros, además de proporcionarla en el desayuno. Había que inventar.



Benidorm, Benidorm, Benidorm, tierra de luz y alegría…  Si me pierdo algún día, me buscan en Benidorm.



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