16 mar. 2011

Fukushima: Inquietud, sí; Apocalipsis, no.


Lo de Günther Oettinger no tiene nombre. “Estamos hablando de Apocalipsis, y creo que la palabra está bien elegida”, soltó el comisario por su boca en un arrebato de innecesario protagonismo. Apocalipsis es “Revelación”; ¿estamos hablando de una revelación?

Apocalypsis Ioánnou, La Revelación de Juan, es el último libro del Nuevo Testamento. Los Protestantes le llaman por su nombre: La Revelación. Dicen que su carácter literario es exclusivamente profético y se duda de que el Apóstol San Juan fuera su autor. En él todo es interpretable. La imagen que más se destaca del libro es la de “los Cuatro Jinetes”. En realidad, debería hablarse de los cuatro coloristas caballos: el caballo rojo de la guerra, el negro de la hambruna y la pobreza, el verde -o amarillo, que en este color no se ponen de acuerdo- de la enfermedad y la muerte, y el caballo blanco que es el que monta Cristo. Vamos, tres malos malasombra y uno bueno. También sale en este libro La Bestia y su número, el 666, y por el tiempo en que fue escrita La Revelación de Juan, hay quienes identifican a La Bestia con Nerón. El caso es que el libro es muy prolijo de analizar y resulta tan inquietante como la vida y carrera política del Günther Oettinger de la CDU alemana de Merkel.

Me reafirmo: inquietud, sí. Y la inquietud me la produce la TEPCO, la Tokio Electric Power Company -también llamada TODEN-, porque le cuesta contar lo que pasa. Es la mayor eléctrica de Japón y la tercera del mundo, tras la Électricité de France y la E.ON alemana. Tuvo que ser una llamada de Naoto Kan al presidente de la TEPCO, Masataka Shimizu, la que consiguió que dijera, de verdad, lo que pasaba. Sus centrales ya habían sufrido algún episodio y siempre les ha costado informar. Además de Fukushima Daiichi (1971, 6 reactores, 4.696 MW) TEPCO dispone de otras dos centrales: Fuhushima Daimi (1982, igual que la anterior) y Kashimazaki Kariwa (1985, 7 reactores y 8.212 MW, que es la mayor del mundo).

Y este, en Japón, no es el primer susto. Un buen amigo que ora et labora en el CSN me ha contado que llevaban ya 4 sustos gordos de nivel superior a 3/4: Tsuruga (marzo’1981), Tokaimura (marzo’97 y septiembre’99) y Mihama (agosto’2004)… y una docena larga de sustitos 2/3. Mi opusiano amigo me dice que Vandellós-I (19 de octubre de 1989) fue un susto gordo español de nivel 3, similar a algunos de los sustos nipones.

Él me contó que los accidentes “oficiales” en centrales nucleares se inician en 1952 en la central canadiense de Chalk River (Ontario), que en 1958 sufrió otro. Y me dejó claro que una cosa son los accidentes en el mundo occidental y otra cosa fueron los de la vieja URSS: Kyshtym (1953), Mayak (1957) y Chernóbil (1986); de los dos primeros sólo se supo muchos años después. A pesar de los informes de la CIA, los rusos capearon el temporal… y escondieron los muertos, las secuelas y las zonas contaminadas… hasta parte de la catástrofe ucraniana de la Central Memorial Vladimir I Lenin (Chernóbyl); que vaya nombrecito.

Todos los países han sufrido en mayor o menor medida uno o más sustos atómicos. Francia, por ejemplo y sin rascar mucho, tuvo un 2008 fatídico con sobresaltos en Tricastin, cerca de Avignon, y en Roman-sur-Isère; Inglaterra, ni les cuento como lo pasó con los episodios de Windscale (1957) y Flixboroug (1974). De los USA, ¿qué contarles además del susto pensilvano de Three Mile Island (marzo’79)? Pero es que allí ha pasado de todo con esto de lo nuclear; hasta se ha acuñado el concepto “Síndrome de China” (efecto de la fusión de un reactor) y realizaron la peli correspondiente (1979). Hanford Site, por no entrar en mucho detalle más, fue una secuela del Proyecto Manhattan y tuvo se etapa de nefasta gloria en 1973. No sé si la central de Homer Simpson ha sufrido alguna crisis reseñable, pero Alemania (Hielbronn, 1985), Suiza (Beznau, 1974), Italia (1987, Trino Vercellesse), etc. Todos.

Hoy nos hemos desayunado (Daily Telegraph & Wikileaks) con que la AIEA pidió a Japón en 2009 que revisara los riesgos por sismicidad de sus centrales. Y, cosas del destino, los tests se hicieron en Fukushina Daiichi, con resultados satisfactorios. Y la verdad es que la central ha soportado muy bien en terremoto; el problema llegó tras el tsunami. Y por ello: Inquietud, sí.

Y en este clima de espera y mediciones de radiación en miliSievert (mSv) llegan los agüeros y se centran en la superluna que tendremos en la noche del 19 de marzo (la de Santa Claudia): Esa noche, acabando San José, la Tierra y la Luna se encontrarán a la distancia menor de los últimos 20 años, por lo que veremos el satélite mucho más cerca y grande… y los hay que vaticinan desastres con lunas grandotas. Así pues, ojo a la noche del 19… y la mañana del 20. Científicamente no hay relación posible, pero… hay gente p’a tó.

Insisto en lo de la inquietud ante Fukushima, por falta de información. A mí, lo que me preocupa mucho más que los muertos, son los nipones desplazados y desparecidos, y, tal vez por cercano, el lío MENA (Oriente Medio y Norte de África)… y los efectos ENSO, La Niña y la OA. Es el hambre, como dice Sebastián McCoy (Cotizalia/El Confidencial) el que mueve los pueblos. Y los episodios vividos desde 2009 han alterado bastante la cosa. Me preocupa que Marruecos, el “primo” del Sur, elimine ¡¡un millón de has. de cereales!! para plantar cítricos. No sé qué coño van a terminar por comer… y ese problema lo tenemos ahí bajo.

Lo de Fukushima es un accidente; “Apocalipsis” fue lo de Minamata (1956, Japón), lo de Séveso (1976, Italia), lo de Love Canal (1978, USA) o lo de Bophal (1984, India). En estos sitios, y otros más, aparecieron los tres caballos malos sin que nadie los esperara, sin que nadie avisara, sin hacer ruido, sin que nadie lo supiera, sin que nadie hubiera hecho algo por evitarlo. Y sembraron muerte. Como siempre, La Bestia fue el hombre.



PD.: el mayor y único riesgo potencial de las centrales nucleares españolas es el de inundación. (Colegio de Geólogos de España). El problema de Fukushima ha sido la inundación del tsunami.



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