10 mar. 2011

Vallejo, V-Town



En Las Encartaciones vizcaínas (Enkanterri) está el Valle de Mena; y allí, Vallejuelo. Dicen que los Vallejo salieron de ahí.

Juan José Vallejo, un profesor que tuve -natural, decía que por accidente, de Socuéllamos (Ciudad Real)-, cuando lo del Paso del Ecuador se empeñó en que no debíamos terminar en la Feria de Muestras de Zaragoza, tradicional destino subvencionado de la EUITA. Debíamos aspirar a más. Buscamos madrina y mecenazgo y terminamos en el Valle de Napa, por aquello la inconsciencia universitaria del momento (1978) que disfrazamos de interés por la enología y, en realidad, por el vino. Para ello y sin miramientos, atiborramos a las familias de turrón y lotería (que nos compraron a precio de oro, como fuente de financiación) y montamos descomunales fiestas recaudatorias, amén de un sinfín de impuestos revolucionarios que eficazmente cobramos. Mereció la pena el esfuerzo, y al Valle de Napa fuimos… dicen que a ver la Charles Krug Winery… y algunas otras (cosas) más. Nunca supimos si JJ Vallejo sabía que en la desembocadura del río Napa estaba la ciudad de Vallejo o es que la descubrió por casualidad, pero terminamos en Vallejo. Y no vean cómo pronuncian los yankees lo de Vallejo. Es tal el lío onomatopéyico que la llama V-Town.

El caso es que en una rápida descubierta al trastero para buscar un libro, traje de espeleólogo y kit de supervivencia incluido, no he dado con el susodicho… y sí con una carpeta de apuntes que hasta contenía fotos… las de aquel viaje entre las notas de la “expedición” (que era un “viaje de estudios”, oiga). Hay una foto, en concreto, a medio camino entre el Vallejo City Hall y la Biblioteca JFK (que se lee), en Santa Clara Street (que pone por detrás) que no tiene desperdicio. Ni se nos ve, pero somos nosotros… y es mejor, por las pintas, no reproducirla. Tengo un pasado y una imagen repelente que…

La repera del viaje fue que la familia Mondavi, la propietaria de la antiquísima Winery, nos contó que el primer bodeguero fue el conde húngaro Agoston Haraszthy, el padre de la viticultura californiana. Llegó por lo del oro de California, pero… algo sabía de vino y dio con Mariano Vallejo, ¡cielos, apareció el tal Vallejo!, un californiano de pura cepa (vamos, español) que cuando en 1821 supo de la independencia de México lo consideró una traición a su condición de español y se opuso… por las armas. Siendo secretario del gobernador Luis Argüello resultó ser un hombre instruido, valeroso y estratega: terminó comandando un grupo y ostentado diversos grados militares en aquellos días. Con importante fortuna familiar, y más después de su boda con una Carrillo de las de San Diego (California, of course), fue sumando las concesiones de sus logros militares y con tantos acres de tierra ganados fundó una ciudad en 1850: Vallejo (V-Town, a día de hoy) en la desembocadura del Napa, en la bahía de San Pablo, al norte de San Francisco y su bahía, en el mismo genial estuario.

Este Mariano Vallejo se dedicó, además, a comprar tierras en el valle de Napa y cultivar vides, pensando en el vino. Tuvo 15 hijos/as, y dos de sus hijas casaron con dos hijos del aludido conde húngaro. Y fundaron ambas familias Vallejo y Haraszthy la primera bodega e iniciaron hacia 1853 la aventura bodeguera del valle. Pero es que el tal Vallejo y sus 15 hijos/as, de los que 13 vivieron, fundaron varias de las sagas familiares más reputadas de California.

En el trayecto a San Francisco, para tomar el avión y regresar a la terreta, la guía nos contó la historia de tal Mariano G. Vallejo. Un personaje: estuvo hasta en la gesta de la Bandera del Oso que dio origen a la República de California. La G, es la inicial de su segundo nombre: Guadalupe. Astutamente la ocultó con el tratamiento yankee. Fue Senador de los EEUU, en su oposición a México. La ciudad que fundó, Vallejo, fue la primera capital de California (en 1853) y la ciudad, importante nudo ferroviario desde el principio, desde 1854 albergó un astillero naval (Mare Island Naval Shipyard) y, cuando fuimos, el parque Discovery Kingdom (de Six Flaggs: montañas rusas, agua y animales), mi primer parque temático.

Es tan grande el cariño californiano que se le tiene al tal Mariano como la dificultad implícita de pronunciar su apellido. Es más, por su condición de “militar” y “héroe” de aquella aventura, la Armada de los Estados Unidos alistó hasta un submarino atómico con su nombre: el SSBN 658, Mariano G. Vallejo. Hoy he comprobado que ya ha sido dado de baja (en 1995), pero su vela preside el Museo en que se ha convertido el viejo astillero. Hay que verlo.

Ha sido tal la emoción de los viejos apuntes y las horribles fotos, que estoy maquinando, en cuanto la situación lo permita (cosas de la pela), volver a Vallejo y al Valle de Napa… que desde 1978 “habrá cambiado algo”.  Sólo por oír a un yankee decir lo de Va-lle-jo, ya merece la pena ir. Aunque la verdad, nos pegamos un baño de español que no vean: el 80% de la gente del valle era mejicana o hablaba español.



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