24 may. 2011

DEL ECOLOGISMO EN ESPAÑA... SE INICIÓ EN BENIDORM

Para el verano de 1974 la cosa en España estaba chunguilla. Habíamos ganado a Alemania el Europeo de Hockey sobre hierba y, dicen que, teníamos la moral por las nubes. Pero, ¿cuántos sabían lo que era el Hockey? Aquél año la Liga la ganó el Barça, fue su noveno título liguero; el Madrid terminó octavo. El Real estaba como la España real.


Carlos Arias era el presidente del Gobierno y Pío Cabanillas el ministro de Información y Turismo. La peseta se las veía y deseaba; deambulaba con la paridad para arriba y para abajo sin sacar nada en limpio: depreciaciones y devaluaciones por doquier. Al turismo ni le vino bien. Estábamos en el momento duro de la 1ª Crisis del Petróleo (1973).


El año, como quien dice, había comenzado esperanzador: el 12 de febrero Carlos Arias había lanzado su “programa de reformas” (Espíritu del 12 de Febrero lo llamaron) y don Pío hizo el petate y se largó a venderlo por toda Europa, aunque nada más bajarse del primer avión se topó con Monseñor Añoveros -y su pastoral reivindicativa de lo vasco (24.02)- y con la ejecución de Puig Antich (02.03). Se tuvo que volver. Encima, van en Portugal y se revolucionan con claveles y al ritmo de Grândola, Vila Morena (25.04).


Pues con toda eso en marcha, un fin de semana de junio (viernes 14 y sábado 15) se dan cita en Benidorm gentes tan dispares y comprometidas como el sociólogo Mario Gaviria Lavarta, el abogado Gil-Robles Gil-Delgado (hijo de Gil-Robles, y luego personaje en AP, PP y PE -Parlamento Europeo-), el también abogado Leopoldo Torres Boursault (que representaba al PSOE y luego fue, por ejemplo, Fiscal General del Estado con Felipe González, cuando José Luis Corcuera era ministro de interior), el escritor y miembro del PC Armando López Salinas (un indispensable en la resistencia cultural al franquismo; Premio Nadal en el 59), el catedrático de Planificación Urbana y Regional de la Universidad del País Vasco José Allende Landa, el economista ecológico José Manuel Naredo Pérez (La Economía en Evolución, Ed. Siglo XXI, 2003; no tiene desperdicio), el ingeniero industrial Antonio Estevan Estevan (fallecido en 2008 y puntal de la Fundación Nueva Cultura del Agua y de la oposición al PHN), una joven Cristina Narbona -me dice Gaviria-, y el también Premio Nacional de Medio Ambiente Pedro Costa Morata, que aún sigue en la función docente universitaria y lidiando con la costa y las infracciones. Hubo algún personaje más pero no tan notable.


El caso es que aquél fin de semana en Benidorm parieron el MANIFIESTO DE BENIDORM, el primer texto reivindicativo propiamente ecologista de España. Por ahí también figura como “Declaración de AEORMA sobre el Medio Ambiente”; era una reacción de colectivos antifranquistas y medioambientales, con argumentos tales como que:


Los barrios son casi siempre unas zonas mal dotadas donde con frecuencia el aire es irrespirable. Miles de personas tienen que recorrer kilómetros para encontrar un parque. Soportamos toda clase de ruidos. El paisaje de nuestras costas ha sido destruido por las urbanizaciones turísticas. La parcelación viene arrojando al público de espacios naturales que frecuentaba desde varias generaciones. La población rural se ve obligada a optar entre vivir mal en la periferia de las ciudades o vivir mal en un campo marginado. La publicidad perturba el disfrute del paisaje y altera el reposo. Zonas de regadío son destruidas para instalar industrias que tendrían mayor eficacia social en otros emplazamientos. Se usan incontroladamente insecticidas y pesticidas... Falta agua.



Urgían una política ambiental y un plan nacional de ordenación del territorio; era junio de 1974. Los puntos más graves de su diagnóstico eran:


• La degradación urbana general de las comarcas de Barcelona y Bilbao.


• La privatización del suelo público de El Saler de Valencia y la Sierra de Guadarrama.


• El grado de contaminación de Avilés y Madrid.


• La destrucción del regadío y suelos agrícolas de calidad en la Huerta de Valencia, Sevilla, Vega del Henares, Ribera del Ebro o Campo de Tarragona.


• La existencia de centrales nucleares en la Costa Cantábrica, El Ebro, la Costa de Tarragona y Águilas.


• La agravación de los desequilibrios regionales mediante trasvases improcedentes como el del Ebro.


• El ataque a Parques Nacionales como los de Picos de Europa o Doñana.


• La destrucción de recursos pesqueros como en la Ría de Arosa.


• La contaminación de ríos por vertidos industriales en el Oria, el Nalón, el Tajo o el Urumea.


• La aniquilación de la fauna en la Albufera de Valencia.


• La contaminación por pesticidas en la Huerta de Murcia.


• La alteración ecológica por sustitución oportunista de especies arbóreas autóctonas en la Cordillera Cantábrica, Huelva y Extremadura.


• La destrucción de bahías como la de Santander.


• Las prospecciones petrolíferas en el litoral como en el de Amposta.



A Eurovisión habíamos mandado a Peret (”Canta y sé feliz”), que quedó 10º; ganaron los suecos de ABBA con “Waterloo”… y en julio cayó la Dictadura de los Coroneles griega. Sólo quedaba, en la vieja Europa, Franco… y el día 9 de julio comenzó, con aquella primera flebitis, el principio del fin.


Así, con esas, el primer manifiesto de reivindicaciones medioambientales de España nació en Benidorm en la mitad de aquél tremendo 1974; alguien debería hacer algo por recordarlo convenientemente.


Por cierto, en aquellos día, como casi hoy, no levantábamos cabeza, ni económica ni socialmente. Bueno, hasta 1982; y eso que los Pactos de la Moncloa, en el 77 trajeron las primeras reformillas.


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AEORMA: Asociación Española para la Ordenación Racional del Medio Ambiente





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