4 jun. 2011

DE LOS ECOGESTOS... EN TURISMO


Juro que nunca había oído hablar de los “ecogestos”; ni siquiera había leído la palabra hasta que en plena vorágine de la planificación veraniega me tropiezo con ella: “ecogestos: gestos del viajero responsable”. Y tras ella, un par de cliks y todo un universo en torno a los gestos favorables a la sostenibilidad viajera.

Algunos son tan elementales que les diríamos “de cajón”. Ecogestos para ecociudadanos en una inconmensurable lista de portales que llegan hasta facebook y twitter. Ecogestos, hay de todos los colores y todos los alcances y compromisos medioambientales posibles. Son pequeños gestos para no hipotecar el futuro.

Los principales gestos del viajero responsable en Francia” es el título de una sección de la web oficial de Turismo de Francia, y son 11: Respetar la reglamentación de los lugares visitados; No dejar residuos tras de nosotros, cualesquiera que sean; llevarnoslos y echarlos en los cubos de la basura después de haberlos clasificado; Seguir el trazado de las sendas; Respetar el silencio de la naturaleza; No alimentar a los animales y permanecer a distancia de ellos; No coger plantas y flores en los espacios protegidos; No degradar las obras de arte, los sitios o los monumentos: simples gestos como acariciar un fresco pueden alterarlo seriamente si dicha acción se repite por millones de visitantes; En el hotel, pedir que las toallas no sean cambiadas diariamente; Evitar recurrir a la climatización; En el momento de sus compras, privilegiar los productos locales de temporada y evitar el recurso a las bolsas de plástico, y Compensar las emisiones de CO2 inherentes a nuestro transporte turístico.

Hombres, son genéricos y manifiestamente mejorables; pudieran ser incluso muchísimos más. Algunos aparecen ya en cartelitos a la intemperie y en las paredes de las habitaciones del hotel.

Ahora bien, el último: “Compensar las emisiones de CO2 inherentes a nuestro transporte turístico” es el único que me entraña dudas existenciales. ¿Qué me propone Francia?: ¿plantar arbolitos?, ¿negociar derechos de emisión?, ¿invertir en uno de esos depósitos bancarios de ayudas a compensación de emisiones?, ¿invertir también en los MDL (mecanismos de desarrollo limpio) que plantea el propio Protocolo de Kyoto?, ¿contratar una póliza de seguro de coche de las que a base de más euros te dicen que compensas el CO2 que produces?, ¿comprar solo pasajes de avión a aquellas compañías que apliquen programas de reducción de emisiones?, ¿mandar muchas cartas a las que les pongan el sello ese de “No CO2ntamino” de la compensación de las emisiones de carbono del correo postal? Bueno, en este caso no habría hecho nada por la osadía de mi viaje; sólo por el transporte de la carta… habiendo e-mail.

Todo esto se basa en el “principio” de que “el que contamina, paga”.

Sólo veo que la compensación es a base de mis sufridos euros y, en cuanto a la reforestación, lo que no se dice es que “lo que se paga ahora es por lo que esos arbolitos absorberán, dicen, en los próximos años; no por lo que se ha contaminado hasta ahora”. Un árbol de 30 pisos, como el de Celentano, no surge por generación espontánea.

No obstante, echo de menos un tratamiento serio sobre el CO2 y en el Turismo de España una cuestión de ecogestos, aunque sólo sea por imagen, como ésta. Si va en plan serio, mejor que mejor. Sobre todo, sabiendo que muchas infraestructuras turísticas de este país está siguiendo ya los protocolos del Observatorio de la Sostenibilidad de España (OSE). Pero parece como si les diera miedo contarlo.



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