10 ago. 2011

A PROPÓSITO DE LO DE LONDRES; LECCIONES DE LO DE GRAN BRETAÑA




Cada cierto tiempo (25/30 años) en el Reino Unido estalla un conflicto social.

¿Por qué? Pues no lo sé; no me dedico a ello, pero leo y releo publicaciones y me encuentro con la explosión violenta de 1981, focalizada principalmente en barrios de Londres y Liverpool; la de 1957…la de 1926… la de 1895… y algunas otras más que me llevan hasta 1780… y siempre en Londres, que para algo es la capital, y en ciudades importantes. ¿Por qué? Pues, como dije, no lo sé… y con tanto ¿por qué? ya me parezco a Mourinho.

Le oía al sociólogo De Miguel que “los anglosajones tienen un puntillo de violencia en sus genes y de vez en cuando se desfogan”. ¿Será eso?


Hay una cosa que, tristemente, veíamos en las imágenes de los bombardeos nazis de la IIGM y vemos ahora con cualquier cóctel Molotov -sarcasmo finés del 39 para las bombas rusas, a pesar de que la botella de gasolina con mecha fue en la Guerra Civil española donde comenzó a “utilizarse” contra los blindados rusos- y es que los “acosaditos” británicos son sólo fachada; el resto es madera… y arde en pira que no veas. Algún ladrillito de más sería fundamental.


Le leía al corresponsal de EL MUNDO, Eduardo Suárez (10.08.2011; “No son los recortes”), que “el origen de la violencia está en la cultura de dependencia del país”. No han sido los recortes de Cameron, argumenta, porque la mayoría aún no han comenzado a aplicarse. Coincido con él: cultura de dependencia.


Y esa cultura la tienen arraigadísima en la isla. Recuerdo de Geografía Social que la legislación de los Tudor, desde 1485, ya presta atención a los “pobres”; pero es que los Lancaster ya contemplaron esa atención en 1349. Vamos, que en materia de Leyes de Pobres (Poor Laws)… desde el siglo XIV son dependientes por allí.


La primera recopilación importante de las varias Leyes de Pobres fue en 1536 y siguió evolucionando el sistema de “alivio a la pobreza” (1601) hasta las legislaciones de 1834 y las de los inicios del siglo XX. La Ley de Asistencia Nacional (1948) abolió las viejas leyes de pobres, pero el sistema siguió vigente -y mejorado- hasta 1967 en que entraron en vigor las nuevas leyes y la legislación social que va al compás de los acontecimientos económicos del momento. Y estas, especialmente, han contribuido a crear uno de los sistemas más completos de protección social bajo el epígrafe de Estado Providencia: papá y mamá Estado lo ponen casi todo y subsidian a todos. Sólo los mayas tenían un sistema más completo… y acabaron como acabaron.

Marshall, el del Plan, definió el Estado del Bienestar como “una combinación de democracia, bienestar social y capitalismo”, un “algo” que, la verdad sea dicha, arrancó en el XIX tanto en la Inglaterra victoriana como en el 2º Imperio francés y el 2º Reich alemán, donde los “tecnócratas” de Bismarck introdujeron los más grandes logros sociales, que aún hoy mantenemos, en lo de la llamada “cuestión social”.

Tras la IIGM la cosa social encuentra 3 modelos: el Estado Positivo (de los Estados Unidos), el Estado de Seguridad Social (de Gran Bretaña) y el Estado del Bienestar Social que se inventa en Suecia (Furnis y Milton, 1971) y alcanza todo el continente. Los tres contemplan políticas sociales para proteger a los ciudadanos frente a los riesgos (paro, enfermedad, pobreza e ignorancia) de las nuevas sociedades que se van conformando en torno al desarrollo capitalista y la democracia, pero unos son más convencionales y otros más radicales. Y ahí está el anglosajón a partir del Informe Beveridge (1942).


El sistema sueco, abanderado por la socialdemocracia, se enseñoreó del continente gracias al crecimiento económico y al modelo de gobernanza en democracia consiguió unos logros a los que nos fuimos sumando los países mediterráneos a partir de los setenta y tantos.


Margaret Thatcher, al inicio de la década de los 80, comienza a desmontar su sistema de Papá Estado Providencia, como Ronald Reagan hizo en los Estados Unidos con el suyo. Es el momento de la irrupción neoliberal que busca una política social común (¿con quién?) basada en criterios como la integración socio-laboral y la renta mínima, pero huyendo de muchas prestaciones que proponen se gestionen los interesados porque el gasto social toca “techo” a finales de los 90 ante las situaciones económicas cuando hay más dificultades laborales de la cuenta.

Llegado el siglo XXI, somos tantos que, la reducción de la desigualdad y la lucha contra la pobreza van complicando la aplicación de políticas sociales ante la universalización de los servicios.


Así pues, ahora tenemos un problema: hay mucho subsidiado, especialmente en el Reino Unido, y algunos problemas de distribución.

Para más inri, el modelo anglosajón prima a los jóvenes y a la población sólo en edad de producir, que “vive del cuento”. Es muy eficiente en cuanto a la reducción de la pobreza y financieramente es muy sostenible, pero resulta que, mantengo yo, el gasto público transfiere renta a las clases trabajadoras, pero no a las clases sociales, con lo que la cosa se nos complica.

Los ajustes de Cameron aún están introduciéndose y contemplan tanto recortes sociales como rebajas fiscales y medidas para acabar con el fraude de beneficencia (al sistema, al que se abonan muchísimos británicos y ciudadanos de medio mundo que antaño fueron colonias). Yo no le echaría la culpa a Cameron… ni al nuevo Laborismo que dejó la cosa “muy malita” al compás de la crisis económica. Cameron tiene que sacar adelante el país; jopé, Rajoy, la que te espera.

Para cerrar, yo me pregunto: ¿Estamos ante un proceso de reconversión del Estado del Bienestar? Es que coincido con el sociólogo francés Numa Murad: “La crisis es el modo de reproducción del Estado del Bienestar”. Cada uno ve su economía como está… y las barbas del vecino.


En fin, violencia larvada de una sociedad “sopista” y reacción social, “movimiento de escobas”, como respuesta a los alborotadores. Yendo más allá: BlackBerry Messenger (BBM) contra Twitter.


Voy a tuitear que me va más.









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