9 ago. 2011

DE LA AVENTURA FERROVIARIA DE SURCAR LA PROVINCIA


Treinta años, por lo menos, sin subirme a un Cercanías. Ayer dije, como “Candiles”: “hay que verlo tó”. Y me volví de Orihuela a Alicante en un Cercanías de la línea C1. Fue mala suerte, me dijo un compañero de viaje al detectar mi desesperación relojera en los 4’ de parón en la estación de Albatera-Catral: el anterior era un tren CIVIS, que va más directo. Bueno, el caso es que a las 18’21 estaba a bordo de la versión actual de mi viejo ferrobús… que ha mejorado bastante. A las 19’29 me bajaba en Alicante Término. 1 hora y 8 minutos.

Estoy por decir, es que son 30 años por lo menos, que el trayecto Orihuela-Alicante no ha mejorada nada en cuanto al tiempo. Estoy por decirlo, pero son tantos años que ya ni me acuerdo; pero “me suena” que fuera de sólo una hora… que en la distancia bien pudieran haber sido 1 hora y 8 minutos.

Treinta años de “mejoras” para nada. Ahora bien, disfruté el viaje.

Me han cambiado la Estación de Orihuela. Ahora es un moderno contenedor acristalado que se llama Orihuela-Miguel Hernández; y me la han convertido en Intermodal. Vamos, que al ladito mismo están los autobuses de línea.

Orihuela Miguel Hernández está de obras, por aquello del AVE, y sólo opera el andén 1… pero es que la venta de billetes es por máquina; el personal sólo está dos días a la semana para los media y larga distancia. Increíble; lo que me han cambiado el cuento.

Me acuerdo de Pepe el Factor, entrañable. Vendía billetes y daba la salida a los trenes. Todo. Y la cantina de la vieja estación. La atendía uno que presumía de “rojo” y hasta escribía con un bic rojo. Le iba mal la cosa al cantinero; tenía la competencia a escasos metros con un bar que tenía el mejor “caldico con pelotas” y las mejores habas “herbías”.

Aquella era “mi” estación; esta es muy “moderna”.

Por lo que padecí en el trayecto, embarqué en un convoy de la muy habitual Serie 592 de RENFE -habitual del Cercanías- que utilizó la vía de ADIF que en algunos tramos está en obras, por cosas del AVE. Y así, entre campos de limoneros y granados, y algún maizal, entre terrenos salitrosos a más no poder, higueras y palmeras, disfruté -porque la verdad es disfruté, aunque me desesperara en algunos momentos- ese viaje, recordando los tiempos -por lo menos tres décadas- en que iba a Alicante, o a Murcia, en el ferrobús/automotor. El precio, 3’70 €, está muy bien; y pude ver el “avance” de las obras del AVE (movimientos de tierras, bases de puentes, pasos, alcantarillas, drenajes, muros de contención, acopio de balastos, etc.)… aunque largo lo fío.

Culminada la primera parte de mi aventura, sano y salvo, decidí acometer la segunda. Ya que el amigo Uclés nos insiste en el TRAM Luceros-Benidorm, pues me dije: Vamos allá. Y de la Alicante Término (¡qué nombre!) me fui a Luceros. Si Murcia es Murcia del Carmen y Orihuela es Orihuela Miguel Hernández, ¿a qué esperan para cambiar el “Término” de Alicante por otro más molón? A mí me gustaba lo de la MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante) que ahora han borrado y olvidado. No voy a dar pistas del nombre porque alicantinos para el menester hay, se me ocurre, varios.

Tras un paseo urbano por la Avenida de la Estación, hasta la Plaza de los Luceros, donde contrasté la temperatura del congelador de RENFE con la de la calle (por los 30º, frente a los -25ºC del vagón), entré en otro mundo: el del TRAM. Luceros está fenomenal. Como está excavada hasta la mismísima estación ferroviaria, el convoy TRAM hace triunfal su entrada en la estación viniendo del “inframundo”. La L1 Luceros-Benidorm está concurrida. Algo más de 42 kilómetros por 3’35 € en un ambiente incluso más gélido que el de RENFE. Los usuarios echan mano de cualquier cosa para combatir el frío.

Y con puntualidad británica -18’41 h.- embarcamos en el “directo”, que en realidad es “semi-directo”, en el que anuncian que “este TRAM tiene como destino Benidorm” y no para en todas las posibles estaciones, que son infinidad, del recorrido. La duración estimada era de 72 minutos (1 h y 12minutos) que se transformaron en 75 interminables y casi eternos minutos. Tres minutos más no es nada.

El paisaje es sensacional pero la velocidad es decimonónica.

Esto, alguien se lo debería hacer mirar porque con ese tiempo no es competitivo ni con el coche de San Fernando… Y lo siento por el amigo Damián, pero es que descorazona al mismísimo Job: no ves la hora de llegar… y el paisaje no es bálsamo.

Total que tras 2 horas y 23 minutos de viaje ferroviario en dos modalidades (tren/tren-tram), pero que en realidad fueron tres largas horas entre pitos y flautas, estaba en mi casa; en Benidorm.

Jopé, qué aventura.

Me creo que van a pasar varias décadas, sDq, antes de que vuelva al “camino de hierro” para deambular por la provincia. Mirando el reloj tantas veces debí parecerme a tal Fogg, don Phileas… y ese, al menos, en sus 80 días dio la vuelta al mundo. Lo mío eran unos 90 km.






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