6 ago. 2011

DE MI PADRE



He pasado un par de largas noches a la cabecera de su cama y casi me sorprendo con el otro yo que le acompañó siempre. En estos día me ha contado desde historias de su “mili” a cosas de su primer despacho de abogado… de hace casi 60 años; y hasta de sus oposiciones a Abogacía del Estado… y otras. Me ha insistido en su vocación por la enseñanza, como si no la supiéramos, que le llevó de nuevo a tribunales de oposición hasta la cátedra.

Bueno, algunas de esas historietas me las sabía, que yo ya estaba en este mundo, pero otras me han dejado boquiabierto. Luego han sido cuatro tardes de sofocante calor -es friolero y en cuanto te descuidas quita el aire acondicionado de la habitación- y nuevas aventuras, estas ya requetesabidas, con las matemáticas, la farmacia y la informática. Estudió programación cuando aquí lo de la informática era una entelequia.

Vamos, que me ha recontado su su vida desde la casa-cuartel de Jacarilla (Juanito el del Cuartel) a sus viajes de jubilado, pasando por el Colegio de Santo Domingo y el Seminario de Orihuela, las universidades de Comillas y Murcia, de nuevo Santo Domingo, la Inmaculada de Alicante (siempre con los Jesuitas), y media España de institutos para terminar en el “Gabriel Miró” de Orihuela. Como si la familia no le hubiera acompañado en esos periplos.

Alguna enfermera le ha reconocido como su profesor…  y lo han tratado mejor que bien. De Griego clásico hay más alumnas que alumnos, siempre nos decía.

Nunca he visto ocioso a mi padre más allá de aquellos momentos en que se “ganaba” el aperitivo con una caña de pescar; hasta se hacía su propia masilla. Hubo que prohibirle, a los 80 años, irse en bicicleta a pescar; habían prohibido el acceso en coche al espigón del puerto. Su máxima captura ictínea estaba en la categoría “palmeño” -de los que caben en la palma de la mano- pero aún así, día tras día, se llevaba el rancho a casa, y mi madre, con la misma pasión que hoy le acompaña, preparaba aquellos aperitivos. Tenía “su roca” en el puerto y los demás pescadores se la respetaban. Al llegar pronunciaba aquello de “érgete, érgete, iccíes; jinajalote” (que, yo, en griego clásico no tengo ni pajolera idea de cómo se escribe; pero suena tal que así) y pescaba. Otros anguaban y anguaban y la muela no venía, pero “don Juan” siempre pescaba.

Su despacho es una colección de títulos en la pared que de niño te acojonaban (y ahora casi también); alguno -de Teología- aún permanece enrollado. En sus tiempos devoraba el Aranzadi, siempre Estudios Clásicos; finalmente Historia y Vida, National Gegraphic o cualquier cosa que cayera en sus manos con muchas letras. Cuentan que una vez se le vio hojear el Hola; fue una conmoción.

En la madrugada del 31 de julio comenzó una Odisea que, menos mal, que no ha durado tanto. Ulises llegó a Ítaca y el lunes, sDq, le devuelvo a Uryula, su Orihuela. El final de este viaje ha sido feliz: ayer a medio día, finalmente, le implantaron un marcapasos, y ayer noche mismo ya estaba en el Everton-Villarreal aplaudiendo al que mejor juega; que él no es de nadie. Por cierto, hemos descubierto que le gusta el fútbol: 84 años sin saberlo.

En estos días en que nos dio un sustillo (él lo llama así) el único momento en que no se le podía molestar -y aquello se ponía en 180 y las enfermeras se asustaban- era en el de las pelis del Oeste. Las de indios-y-vaqueros (que no cow boys) son sagradas… y no solo las da Canal 9; resultan que siempre hay una en la TDT.

Por cierto, la sanidad pública (hospital de la Vega Baja) y privada (Clínica Vistahermosa) coinciden en absurda burocracia y en que ver la tele en la habitación cuesta 4 € al día. El colmo: reclamar el informe SAMUR, que se olvidó en la ambulancia aquella madrugada al equipo que lo trasladó, supone una misiva ar-gu-men-ta-da en toda regla y… ¡¡¡diez días de espera!!!

País.


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