22 nov. 2011

DE DILUVIOS OTOÑALES



Y yo que me creía que deberíamos estar acostumbrados y veo que no. Cada vez que en otoño, especialmente -que también se han dado en primavera-, se producen lluvias importantes en la zona surestina, más de uno se me tira de los pelos. Yo también lo hago, pero en mi caso es por la imprudencia humana: desconocer la fuerza desatada del agua camino del mar.

Y lo triste es que en este episodio llevamos ya 5 muertos.

En mis veranos en Lo Reche, ir a la gravera de la Rambla de Abanilla era una excursión de bicicleta impepinable y casi diaria. El paisaje era espectacular: todo el cauce estaba resaltado. De entonces recuerdo la expresión de mi abuela: ¡Ojo con lo que ocupáis, que cuando baja el Notario de Abanilla recupera lo suyo!”. El “Notario de Abanilla” eran las crecidas de la rambla reclamando su cauce, y por lo general “bajaba” en Otoño (octubre, principalmente).

En la vertiente mediterránea, octubre es el mes más lluvioso del año; noviembre le va a la zaga. Los diluvios otoñales son frecuentes. Llegados aquí reclamo la atención para un libro fascinante: “Aguaceros, aguaduchos e inundaciones en áreas urbanas alicantinas” (Antonio Gil Olcina, Jorge Olcina Cantos y Antonio M. Rico Amorós) que contiene datos fundamentales para entender esto, y expresiones como las “cataratas del cielo” que se abren, por lo general, entre septiembre y los primeros días de diciembre.

No es este un fenómeno casual; se produce siempre que tengamos advención de masas de aire con alta humedad específica: masas de aire frío sobre un Mediterráneo cálido, lo que propicia la transferencia a la atmósfera de grandes volúmenes de vapor de agua. Esas masas de aire evolucionan pseudoadiabáticamente con gradientes bajos y desde escasa altitud, y cuentan con abundantes núcleos que determinarán precipitaciones cuantiosas de elevada intensidad horaria.

Casi siempre le colocan a estas situaciones el sambenito de “gota fría”, palabra “comodín”  que aunque parida a finales del XIX para una situación meteorológica, y traducida del alemán (kaltlufttropfen), la aplicamos para todo tipo de episodios de diluvios otoñales (y primaverales).

Richard Sherhag, incluso Wladimir Köppen, llamaron así, kaltlufttropfen,  a “una marcada depresión en altura, sin reflejo en superficie, en cuya parte central se encuentra el aire más frío”. Hoy, a esa situación, le llamamos DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos).

Hemos de señalar, en defensa de la “gota fría/DANA”, que muchas “gotas frías” no llevan asociadas lluvias torrenciales y muchas situaciones de lluvias intensas no son ocasionados por “gotas frías. Cada situación tiene una génesis, y para lluvias intensas hay varios modelos. Y todos los hemos sufrido por aquí.

No sé de qué nos asombramos, tenemos por estas tierras levantinas uno de los “récords” de lluvia de toda Europa: el 2 de Octubre de 1957 se registraron en Jávea la tremenda cantidad de 817 mm/24 h. El Vigía 1º de Semáforos, Manuel Pacheco, jefe del Semáforo del Cabo de San Antonio, suboficial de la Armada, firmó un reporte oficial, extraído del Libro de Guardias del faro, en el que certifica que del 1 al 3 de Octubre de 1957 el pluviómetro recogió 825 litros, y 5 décimas, por metro cuadrado. La tarjeta pluviométrica de la estación de Jávea se señala 878 litros/m2 para el día 2 (dato que se considera exagerado, pero que figura) y 1.278 litros/m2 para todo aquél mes de octubre.

Estamos ante algo habitual por aquí. Y si tiramos la vista atrás, potencialmente aún nos quedan 2-3 semanas de riesgo.

La lista de episodios intensos es completísima y abundante para la provincia de Alicante: 2-3 Octubre’57 (“Lluvias torrenciales en toda la costa”), 27 Octubre’58 (“Torrenciales lluvias”, sentencia la portada del Diario Información), 8 Diciembre’65, 7-10 Octubre’66 (“Diluvió sobre toda la provincia”), 5-7 Octubre’71, 17-19 Octubre’72, 17-19 Octubre’73, 20 Octubre’82 (“Alicante, destrozada y aislada por el agua”), 15-16 Noviembre’85 (“La ‘gota fría’ mata a 7 personas en la provincia”), 30 Septiembre’86 (“El zarpazo de la gota fría”), 3-5 Noviembre’87 (“Desastre y tragedia”), 5-6 Septiembre’89, 8-11 Diciembre’95 (“Una tromba de agua destroza cosechas en Orihuela y provoca desalojos en Denia”), 30 Septiembre’97, 11 Octubre’2001… episodios alicantinos pero que por las mismas fechas, más o menos, se producen por el Mediterráneo.

En fin, que como sabemos que se van a producir estos episodios (mar calentito y aire muy frío en altura, por lo general, más un detonante específico) lo que hay que hacer es no ocupar los cauces naturales, tenerlos limpios, no cruzarlos, etc. Cosas de sentido común…  que es el menos común de los sentidos.

Aquí, con estos diluvios otoñales, el planeamiento urbanístico y la ordenación del territorio son cuestiones fundamentales.


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