8 nov. 2011

DE LA PROTECCIÓN DEL MEDIO AMBIENTE (y III)



La Conferencia de Estocolmo (1972, 1ª Cumbre de la Tierra) fue mucho más trascendente de lo que hoy pueda parecernos porque el Mundo estaba entonces dividió en dos bloques (USA-URSS)… y China hizo su aparición (había sido admitida en la ONU el año anterior). Bullía en el ambiente un choque ente países industrializados y países en vías de desarrollo; pesaba, más que nada, el agotamiento de las materias primas... que tenían los segundos. La URSS quiso jugar su baza y negoció un acuerdo previo a Estocolmo, el Informe Founex (Founex, Suiza, junio de 1971), pero al final todo se torció. La URSS no estuvo en Estocolmo. Y como necesitaba integrarse en el proceso medioambiental liderando tanto a su grupo y a los “No Alineados” maquinó, y consiguió, en 1977 que la UNESCO y el PNUMA organizaran en Tbilisi (Georgia) la 1ª Conferencia Internacional de Educación Ambiental dando entrada a la cuestión educativa y académica… y de paso mostrando su poderío en ese campo. No faltó ni uno sólo de los grandes académicos del momento (liberales y comunistas) y el Medio Ambiente entró en la esfera de la Educación y la Universidad bajo la premisa “la Educación, instrumento eficaz para la resolución de los problemas medioambientales”.

Mientras tanto el Mundo había conocido la tragedia (en vidas humanas y medio ambiente) de la nube de dioxina TCDD en Seveso (1976, Italia). Aquello fue tremendo; hoy las Normas de Seguridad Industrial de la UE se conocen, desde entonces, como Directiva Seveso.

Al poco, se conocía la barbaridad de Love Canal (Niagara Falls, USA, 1977) por vertidos tóxicos y reacciones en la población, o vivía aterrada en directo el accidente de la central nuclear de la Isla de la Tres Millas (Harrisburg, Pennsilvania, USA, 1979) que si bien no ocasionó víctimas, acojonó en grado superlativo.

Los accidentes industriales de impacto medioambiental no paraban y se iban descubriendo nuevos posibles problemas: agua potable, acidez de suelos, pesticidas y fertilizantes, residuos sanitarios, industriales y urbanos, pérdida de biodiversidad, deforestación, desertización, vertidos incontrolados, incendios forestales, introducción de especies invasoras, cambios de usos del suelo, efecto invernadero, cambio climático (primero hacia una glaciación y ahora lo del calentamiento global), contaminación atmosférica o “destrucción” (adelgazamiento) de la capa de ozono.

En los años 70 el mundo ya comienza a darse cuenta de lo que le estaba haciendo al planeta; comenzó a usarse el concepto “desarrollo sostenible”. En los 80 ya hubo una conciencia clara… pero faltó interés.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, París, 1948), surgida para influir en la sociedad sobre la importancia de la naturaleza y que llevaba más de 30 años emitiendo informes sin trascendencia, publica por fin uno de impacto: “Estrategia Mundial para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales” (1980) identificando los principales problemas que ellos detectaban en el planeta: pobreza, población y falta de equidad social. ¡Qué chasco medioambiental!; pero qué importante resultó para las concienciaciones sociales a pesar de que aquellos problemas no resultaban “aterradores”. Las catástrofes que se producían a diario sí asustaban y por ello la ONU creó un nuevo organismo (¡que no falten!): la Comisión de Medio Ambiente y Desarrollo (CMMAD, 1984) que unía todos los problemas detectados hasta entonces, incluso los del UICN, para prever posibles soluciones… y por ahí andan… con informes tontos varios.

En 1985 la “desaparición” de la Capa de Ozono era la gran amenaza y en Viena se firma el Convenio para su protección; un “acuerdo marco “mundial” para proteger la salud humana y el medio ambiente contra los efectos adversos resultantes de la desaparición de la protectora capa ozono”, cuestión que desde 1981 amargaba a la opinión pública como principal problema medioambiental. Pero, ¡ojo!, que los CFC’s, los causantes identificados, sólo aparecen en el párrafo final de un anexo; no en el texto del convenio. El objetivo era, pues, fomentar la investigación. El detonante llegó (1985) de la mano de la revista “Nature” acojonando al Mundo con el estudio del doctor Joe Farman sobre lo que ocurriría al planeta. El satélite TOPS (1984) proporcionó las primeras mediciones efectivas que demostraban el adelgazamiento de la capa de Ozono. El susto fue efectivo, pues en 1987 se tomaban las primeras medidas eficaces con el Protocolo de Montreal, que entró en vigor el 1º de enero de 1989 cuando la CEE y 29 países más  (el 82% de la producción mundial y consumo de los CFC’s) lo ratificaron y vino la revolución en los “sprays”… pero eso es adelantarnos.

La Atmósfera Cambiante” (un eufemismo de supina estulticia) fue desde mitad de los 80 el principal tema de debate medioambiental. Pero aún así se hubo de esperar a 1988 para convocar y celebrar en Toronto (Canadá) la 1ª Conferencia Mundial sobre la Atmósfera Cambiante bajo el subtítulo de “Implicaciones para la Seguridad Mundial”. Ahí, Seguridad Mundial, les dolió. La Organización Meteorológica Mundial (OMM/WMO, creada en 1946 para la cooperación de los Servicios Meteorológicos nacionales) y el PNUMA no paraban de efectuar prospecciones con programas informáticos que vaticinaban un futuro incierto para el planeta; llevaban preparando la cita desde 1980. Primero en Villarch (Austria, 1980) y tras sesiones anuales diversas llegaron hasta Bellagio (Italia, 1987) buscando la materialización de la vieja idea de Margaret Thatcher de quitarse de en medio a los mineros del carbón a través de la principal iniciativa de la reunión de Toronto: el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) del que ya conocemos casi todas sus andanzas: las buenas y las terribles.

Es más, en 1980 el Consejo de calidad Ambiental de los EEUU ya había lanzado su informe “Global 2000” y el planeta ya sabía del lento exterminio de determinadas especies por la acción del hombre… y de la naturaleza. Y en 1986 ya se comienza a hablar de la Sociedad del Riesgo, desde Chernóbil a Fukushima -por ilustrar algo la cosa-, gracias al sociólogo alemán Ulrich Beck. Y mira que la naturaleza y el hombre le vienen dando oportunidades al alemán desde entonces.

1987 fue terrible: el prestigioso semanario Time comenzó con aquél memorable número (19.10.1987) “The heat is on /El calor comienza”; un artículo de Michael D. Lemonick que escoció. Yo también he encontrado una versión más reciente en The Economist (2006, “The heat is on”), pero… para sustos vale cualquiera de los dos. Y hay más: en 1987 también vimos (padecimos y sufrimos) el Informe Brunndtland (“Nuestro futuro en común”) que preconizaba, por la misma tipa que ha andado ahora por el País Vasco apoyando a ETA, la urgencia del desarrollo sostenible y que fue, de inmediato, criticado por “Nuestro Futuro Perdido”. (el falsacionismo de Inre Lakatos entra en liza y muestra la verdad… de uno… y del otro).

Con todo el miedo en el cuerpo, llegamos a la 1ª Conferencia de las Partes del Convenio de Viena (1989), celebrada en Helksinki. Ya está clara la “maldad” de los CFC’s y se impuso erradicarlos de cuajo, como había dejado claro el Protocolo de Monteal unos días antes. Desde entonces, desde Helsinki, medimos “a diario” el grosor de la Capa de Ozono. 

La década de los 90 se las trae con esto de la protección al muy deteriorado Medio Ambiente. El IPCC lanza su 1er informe en Sundvall (Suecia, 1990), y en Ginebra (Suiza, 1990) se celebra la 2ª Conferencia Mundial del Clima, continuidad de aquella de la “Atmósfera Cambiante” de Toronto de 1988. Hay preocupación, y en 1992 -en Nueva York- se firma el Convenio Marco de Naciones Unidad por el Cambio Climático (todo son buenas intenciones) y, de inmediato -a los pocos meses-, en Río de Janeiro, la 1ª Cumbre de la Tierra (Cumbre de Río) de donde salen, entre otros, los programas Agenda 21 y la Carta de la Tierra. Y hay más, en 1994, en Älborg (Dinamarca) se presenta la Carta para la Sostenibilidad, imprescindible para lo de las Agendas 21. Todos medioambientalistas… pero de puertas a fuera.

1995 marcará otro hito en esto de la protección del Medio Ambiente y de las buenas letras impresas pasamos, dicen, a intentar “hacer algo”. Pero, ¿qué? En Roma se presenta el 2º Informe Evaluación del IPCC y se inician las COP, Conferencias de las Partes sobre el Cambio Climático, en Berlín.

Las COP son unas citas anuales que en ocasiones, las más, no sirven para nada, pero generan montañas de documentos y noticias. Bueno, hay quien dice que sirven para contaminar más… recordemos a Al Gore en Bali con sus 400 asesores y varios aviones. La segunda cita COP fue en Ginebra (Suiza, 1996) y la tercera en Kyoto (Japón, 1997) donde surgió el “famoso y controvertido” Protocolo de Kyoto (que España firmó en 1998, se implantó en 2005 y ¡¡expira en 2012!!) con más penas que gloria y eficacia. EEUU no lo firmó porque eximía a India y China, que eran los mayores contaminantes; ahora mismo ni EEUU, ni China, ni Japón, ni Rusia, ni Canadá, ni Australia, ni India lo siguen; ¿entonces?

Pero la cosa no paró en esto de preservar el planeta ante los malos augurios calentorros: en 1997, en Nueva York, se celebró la 2ª Cumbre de la Tierra; en el 2000, también en Nueva York, la cita era la Cumbre del Milenio… en 2007 en la Ciudad de las Ciencias Príncipe Felipe de Valencia -porque en al algo se cite a España- el IPCC desveló su 4º Informe, en su 27º Panel… Y aquí seguimos: ¡¡¡montañas de de papel!!!

Y aquí me tienen, amontonando documentos en *.pdf y libros e informes que tardaré hasta el final de los tiempos en poder digerir.

Las Conferencias de la Partes (COP) siguen su ritmo. La IVª (COP-4) fue en Buenos Aires (1998), la en Bonn (1999)… La Haya (2000), otra vez Bonn y la novedad de Marrakech (Marruecos) en 2001, Nueva Delhi (2002), Milán (2003), de nuevo a Buenos Aires (2004), Montreal (2005), Nairobi (Kenia, por fin África) en 2006, Bali (Indonesia)… de turismo en 2007, Poznan (Polonia) de vuelta a Europa en 2008, Copenhague (2009), Cancún (México) otra vez de turismo en 2010… y en nada tenemos la COP-17 en Durban (2011)… Sudáfrica… uno de los países que más usan el carbón: de él procede el 90% de la producción de su energía… y por sí sólo genera la mitad de las emisiones contaminantes de todo el continente africano. ¡La leche! Ah, en Sudáfrica ya tienen un plan: para 2030 ¡sólo! el 65% de su energía vendrá del carbón (9% renovables, 26% nuclear). A punto de inaugurar 2 nuevas centrales de carbón, ¿nos lo creemos?

Así las cosas, ¿todo esto sirve para algo? Copenhague y Cancún fueron un fracaso. Kyoto vence al año que viene y aún nada se ha decidido en materia energética planetaria para el siglo XXI. Una meta de varias COP fue reducir las emisiones de CO2 un 20% en 2020. Le siguen echando la culpa al CO2 que es más bueno que el pan, pero ¡qué le vamos a hacer! Los gases problema son otros, pero no los quieren llamar por su nombre (¿qué tal vapor de Agua, SO, etc.?). La Agencia Internacional de la Energía (AIE) publicó un informe, hace sólo unos días, asegurando que “el 80% de las emisiones de CO2 de 2020 ya están aseguradas con lo que hoy existe”; ¿entonces? ¿Para qué Durban?, ¿otra vez de turismo?

Yo creo, permítanme que les confiese, que plantea, clima, políticos, medio ambiente, ecologistas y científicos (en pro y en contra) van, cada uno, a su bola… y, ya saben, el planeta gira y gira hasta que deje, dicen algunos, de hacerlo. Pero mientras tanto estaremos en eso de la Protección del Medio Ambiente… eso que comenzamos a hacer en 1872y aún no sabemos de qué va… ni sabemos qué hacer porque nos negamos a abandonar el mundo del Carbono.
   

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