16 nov. 2011

DE LO MAL QUE NOS ENSEÑARON GEOGRAFÍA Y DEL CALENTAMIENTO GLOBAL



En el número de septiembre, el 420 de Investigación y Ciencia, Lee R. Kump nos cuenta “El último gran calentamiento global”, que fue mucho más intenso que la fase en la que nos encontramos y, parece, a la que nos dirigimos. A veces, los peces, vivimos más pendientes del morbo y del impacto mediático del la información, desde el ámbito del desconocimiento de la realidad por la sociedad en general, que del proceso. Cuando la Geografía se explica mal, surgen estas cosas. A mí me dejaron sentado la invariabilidad de las cuestiones del clima, desde la exactitud de la duración de las estaciones hasta la exactitud del trazado de los trópicos y  otras memeces más. Hasta la Universidad lleve esa cuestión en la mente; hoy se que  el clima es una cuestión dinámica y no estática. Hay tal cantidad de factores en la ecuación que no se le puede echar la culpa a uno en concreto.

Hoy en día sabemos que hasta que los trópicos “se mueven. En México lo han asumido y explotado turísticamente. El Trópico de Cáncer “se mueve”, cosas del planeta (que se mueve), y la carretera 83 (Zaragoza-Vitoria) -kilómetro 27’800- tiene su encanto, y cada año colocan el cartelito numeral de por dónde “cae” ese año el trópico. Es que se fijó en una reunión internacional en 1917 (23º27’) y se dijo que estaba en esa situación, pero ese año. Hoy está en 23º26’11’’… y viajando hacia el Ecuador a 0’47 segundos por año.
Pero bueno, a los calentamientos.

Uno gordo, el del Cretácico (el último periodo del Mesozoico, entre hace 145’5 y 65’5 millones de años) fue de unos 5º C más que hoy, y se produjo a un ritmo de 0’000025º por siglo. Se debió a actividad volcánica y la inmensa mayoría de los organismos vivos tuvieron tiempo y capacidad para adaptarse a él. Otro, igual de gordo, de 5ºC, fue el del Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (PETM, en inglés) y se produjo a un ritmo mayor de 0’025ºC por siglo a lo largo de 120 millones de años. Todos los seres se adaptaron. La “culpa” fue, una vez más de los volcanes y de grandes incendios; se liberó mucho CO2 y otros gases que le acompañan, y metano en cantidades industriales, con un “efecto invernadero” de narices.

El de ahora, el calentamiento global actual, es algo más rápido. Pero es que hay muchas más causas. El hombre entra ahora en la ecuación, pero me echen toda la culpa al cha-cha-cha humano. Recuerden que Hiparco de Rodas (190-120 aC) ya dejó dicho que “el polo Norte de la Tierra no apunta siempre en la misma dirección entre las estrellas”. Ahora sabemos que uno de los movimientos del eje de la Tierra es de precesión (que añadido al de rotación y al propio de traslación del conjunto y la oblicuidad con el plano de la eclíptica) que le hace combinar un movimiento circular, con otro cónico, que resulta responsable, cada 26.000 años, de situaciones límite en frío. Vaya con don Hiparco, el primero que “lo vio” hace más de 2.000 años.

Añadamos además las variaciones de la actividad solar que afectan al sistema Tierra-Atmósfera (recuerden la última tormenta solar “gorda” del 6 de septiembre pasado, la mayor desde 2006, que “anuncia” un periodo de baja actividad), la variación de la órbita terrestre por terremotos y otras puñeterías (que tanto Kepler -siglo XVI- como Leverrier -siglo XIX- ya advirtieron) que supone variar la distancia al Sol (con lo que afecta al clima), la actividad volcánica (que afecta a la reflectividad de la atmósfera y a la emisión de gases) y, finalmente, la tectónica de placas. Todo afecta; y, naturalmente, la acción del hombre, que no la olvido… pero tampoco la priorizo.

No me echen toda la culpa al hombre del problema del clima; de la sostenibilidad del planeta, sí. Pero del clima…

Recuerden que una cosa es el tiempo y otra el clima. Que ni siquiera cuando definimos el tiempo (atmosférico) damos exactitud: el tiempo es el estado medio de la atmósfera, en ese instante; es que al instante siguiente puede no ser ya el mismo.

El problema es que no nos explicaron bien, desde el primer día, esto del tiempo y el clima. Y así nos va.


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