20 nov. 2011

DEL MALTRATADO CO2. UN “ALIVIO”: A PARTIR DE LOS 65 AÑOS SOMOS MENOS PROBLEMA PARA EL PLANETA.



Bueno, pues como hoy es la fiesta de la democracia, que no sé bien quién le endiño ese festivo a la jornada electoral, yo me sumo a esa fiesta, después de ejercer mi derecho al voto, y vuelvo a mi tema favorito: desfacer entuertos climáticos.

Es que es la historia de nunca acabar. Ayer sábado, en EL PAÍS -y en la jornada de reflexión-, Ferran Balsells firmaba un artículo que bajo el título <El cambio climático ya extrema las temperaturas> venía a contar que “ya toma cuerpo” -jua, jua, jua, que obcecación- “la certeza de la influencia del hombre en el calentamiento global”. Y claro, es que los del IPCC, de cara a Durban, ya han sacado otro de sus informes (esta vez en África, en Kampala -la capital ugandesa-, y, como siempre, echándole la culpa al CO2). Señala el artículo de Balsells que “el aumento de cerca de 1º centígrado de la temperatura media en el último medio siglo…”. Nada, que no hay forma.

El siempre bien informado Antón Uriarte ha colgado en su blog <CO2> una gráfica que evidencia, en su tenaz lucha por poner las cosas del clima en su sitio, que la temperatura media del planeta no ha subido en los últimos doce/trece años. Y no es por nada, pero entre seguir a la marabunta de la pseudoreligión en que se ha convertido esto del cambio climático/calentamiento global y las evidencias científicas… me quedo con estas últimas. Ahí están por ejemplo, los razonamientos, los datos y la elocuencia de un geógrafo, profesor de la Universidad del País Vasco, que viene trabajando el clima desde hace décadas y es autor de uno de los mejores tratados de Paleoclima (Clima de la Tierra a lo largo de su evolución). Ahí están los datos del Laboratorio del Clima de la UA: aquí lo único que ha aumentado es el número de noches tropicales en verano, que generan una sensación de más calor.

Es más, el reciente Veranillo de San Miguel/San Martín (29 septiembre/11 noviembre), que a más de uno mosqueó en suelo patrio resulta que es el Indian Summer de los anglófonos, el Veranillo de San Juan en todo el hemisferio Sur hispanoamericano, el Veranillo del Membrillo y el de los Arcángeles, el Veranillo de las Almas y el de los Fieles Difuntos, es el Bienes de San Martino italiano, el San Martinho veraninho portugués, el Estiuet de Sant Martí ctalán, el Babie Leto ruso y el Babie Lato magiar, el Verano gitano búlgaro, el Brittsommar escandinavo, el Alteweibersome alemán, el “tigre de otoño” chino, el Veranico de Maio brasileño, Pastima Yazi turco, el Oudewijvenzower de los belgas flamencos (verano de las viejas)… en todo el planeta se le conoce y siempre tiene su presencia sin que por ello asuste. Existe, y punto.

Insisto: una cosa es el clima y otra la sostenibilidad del planeta.

Y si “el problema” es el CO2 -¡joder, qué manía!-, los que vamos para mayores seremos cada día más interesantes al planeta. En PÚBLICO, se podía leer el pasado día 8 que “Los viejos emiten menos CO2”. Firmaba Miguel Ángel Criado, y aludía a un informe académico que dice que los humanos, desde que nacemos, vamos emitiendo cada vez más CO2 hasta que a la antigua edad de jubilar en España, a los 65, comenzamos a emitir menos, con lo que “el aumento de la esperanza de vida se traducirá en una reducción de las emisiones”.

Según ONU-Población, la proporción mundial de mayores de 65 años, actualmente del 8%, llegará al 13% en 2030; menos problemas, pues, con el CO2.

La gente parece que daña menos el clima a partir de los 65 años”, se le puede leer a Criado. “Como el proceso de envejecimiento seguirá en las próximas décadas, la conjunción de los dos fenómenos llevará a una reducción de las emisiones individuales mediado el siglo…”. Uf, qué alivio.

Eso sí, el trabajo del demógrafo Emilio Zagheni (del Instituto Max Planck [http://www.demogr.mpg.de/en/], de Rostock, Alemania: “El envejecimiento puede influir en el cambio climático] pero desarrollado sobre la población de los EEUU) no tiene desperdicio y es muy interesante. Lo tiene en cuenta casi todo: que si se vuela en avión, que si se viaja en coche o en tren, que si se fuma, que si se come esto y lo otro, que si la calefacción, que si todo; completísimo.

En fin, que sea como fuere y aunque los niños del “baby boom” no llegaremos a la edad de emitir menos CO2 hasta después de 2020, a Durban deberíamos hacerle más caso y tomar en cuenta sus recomendaciones (los gobiernos, claro). Y no por el clima, insisto, si no por la sostenibilidad del planeta.

El principal problema de China o Rusia, por ejemplo, no son las emisiones de CO2 (que son muchas); el principal problema que tienen es el de la contaminación y la distribución de la población. Ya meteremos por ahí las variables de la alimentación y la producción de la tierra en todos los sentidos e incluso los desastres naturales. El problema de los EEUU y la Europa, y el de China y el de Rusia, de hoy es más bien de ordenación del territorio y atención a los desastres naturales, por ocupación del territorio.

La sostenibilidad es una cosa y los grados centígrados otra.

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