3 dic. 2011

DE LLUVIAS Y SEQUÍAS: ¡ESTABILIDAD CLIMÁTICA!



Además de no nacer en una rivera del Arauca vibrador, ni ser hermano de la espuma, desde que tengo uso de razón, ya más de medio siglo, cuento las cosas como los antiguos: por episodios dantescos. Y no veo mayor problema.

Así, llegué a este mundo después de una monumental nevada en tierras surestinas (y ya sólo nos quedaban los esqueletos de los pozos de nieve y las noticias de la exportación de nieve por el puerto de Alicante) y un poco antes de que el viejo Guadalaviar (Río Blanco, hoy Turia) se saliera de madre en la ciudad de Valencia (5’20 metros de altura en la calle Dr. Oloritz en una segunda onda de crecida de 3.700 m3/seg.) ocasionando, oficialmente, 81 muertos. Desde luego que no era la primera vez que esto ocurría. En 1760, el doctor Agustín Sales, a la sazón Cronista de Valencia, publicó Turiae Marmor (en latín) dando cuenta de de 13 episodios graves de riadas entre 1.328 y 1731. No era nada nuevo, pues, el suceso. Francisco Almela, en 1959, llega a citar 22 desbordamientos, 11 crecidas y 15 inundaciones entre 1.328 y 1.959. Pero hasta esa gran riada -la Riuà- de 1957 no se puso en marcha en Plan Sur para laminar crecidas de hasta 5.000 m3/seg. Desde 1982 Valencia cuenta con un monumento a las víctimas de las crecidas del Guadalaviar-Turia a lo largo de toda la Historia.

Al poco de este suceso, en 1961, otro tanto en El Vallés barcelonés. El río Ripoll, afluente del Besós, hizo lo propio y acabó con 794 personas, oficialmente. Desde Terrassa a Sabadell, pasando por Rubí, saben de aquella lluvia de 225 litros/m2 en 24 horas.

Después llegó un periodo de sequía ibérica que se cortó de cuajo en 1973 con las inundaciones surestinas que ocasionaron 250 víctimas mortales en Granada, Murcia y Almería. Los ríos-rambla Albuñol, Aldáyar, Guadalfeo, Almanzora, Guadalentín (“río de fango”) y la Rambla de Nogalte… entraron a saco en Puerto Lumbreras, Lorca, Zurgena, Vélez Rubio, Macael, Cantoria (hasta entonces Granada la Chica)… En todas aquellas localidades fue como un latigazo severo de agua y barro; ondas de riada de 5 metros de altura que se desplazaron por alos resecos cauces hasta irrumpir en las poblaciones y devastarlas.

Entre 1978 y 1984 registramos otro período de sequía ibérica, sólo alterado por el episodio de las inundaciones de 1982 con epicentro en el País Vasco (1983) y en la rotura de la presa de Tous. En agosto, en el País Vasco se llegaron a recoger 600 l/m2. En Bilbao, por ejemplo, estaban en el Aste Nagusia y las lluvias ahogaron la fiesta y acabaron con 34 vidas. La Lotería de Navidad dejaba en Bilbao 7.000 millones del 2º Premio. ¿Consolación? Lo de Tous ya lo saben: no se pudieron abrir las compuertas de la presa para aliviar y en el cénit de la oscuridad de la noche salieron de golpe los 80 Hm3 camino del mar: 16.000 m3/seg alcanzaron Alzira. Gabarda y Beneixida desaparecieron. Aquello fue para los restos “La Pantanà”.

En 1987 nuevamente las fuertes lluvias irrumpen en la cuenca del Segura. Ya el año anterior había habido una “prueba” sobre los ríos Mula, Guadalentín y Mundo, y la Rambla Salada. En 1987 se sumaron al citado complejo de avenida las ramblas de Carruchal, Tamala, Santomera, Abanilla, del Judío y del Moro: un desastre que motivó que se pusieran en marcha los primeros planes antiinundaciones.

Sin tiempo para reponerse del susto (1989), todo el litoral mediterráneo sufrió un durísimo otoño en el que Málaga se llevó la peor parte, mientras el País Vasco se debatía en una durísima sequía (1989-90) que activó los planes de abastecimiento. Fue el aviso de lo que sucedería en el resto del país entre 1990 y 1995: durísima sequía… hasta que las cataratas de cielo volvieron a abrirse en aquellos primeros días de diciembre de 1995 por el Mediterráneo andaluz.

En 1996 se produjo la tragedia del Camping de Biescas (agosto, 87 muertos) y llegó la legislación específica de cauces.

En 1997 nos llevamos la palma en Alicante (Plan contra avenidas) y Badajoz. Si en Alicante el episodio de 1982 se llamaba “el caos”, el del 97 activó hasta el milenario Río Seco (Montnegre) y desbordó la Rambla de las Ovejas sobre el Barrio de San Gabriel. Fue “la tragedia”: 287 l/m2 en 5 horas. Recuerdo: salí de la Universidad a las 9’30 horas con un palmo de agua… y a las 11 ya solo emergían de las aguas las palmeras y los edificios; no se podía circular. En Badajoz la tragedia se centró en el Barrio del Cerro de los Reyes, en la confluencia de los arroyos Rivillas y Canalón que sumaron aguas de forma desaforada y se llevaron por delante casas y 21 vidas.

Breve lapsus de sequía posterior, y en 2000 nuevo episodio de lluvias surestinas mediterráneas con desbordamientos generalizados de los grandes ríos peninsulares. En 2002 los episodios de desplazan a Tenerife y a la Comunitat Valenciana para dar paso a un sequísimo 2003 que, además, nos trajo una ola de calor que segó 142 vidas y fue el prólogo a dos intensos años de sequía que se cortaron con las inundaciones de Cataluña, Aragón y La Rioja en 2005.

En 2007 se sucedieron hasta 3 episodios de alcance consecutivos. De todos ellos seguro que recordamos desbocado al río Girona, a su paso por El Verger, y al río Gorgos por Gata. Calpe, Denia y otros municipios alicantinos sufrieron la embestida. Pero seguro que todos recordamos como el Girona arrancaba el puente en Beniarbéig en aquél directo de C9. Más al Sur, las obras antirriadas cumplieron sus cometidos.

Podemos seguir; sigo vivo.

Detecto que en los años 50 el triste protagonismo de estos episodios correspondió a la Comunitat Valenciana, y en los 60 a Cataluña. En los años 70 a Murcia y a Andalucía Oriental, en los 80 nuevamente a la Comunitat Valenciana y al País Vasco. En los 90, Aragón, Cataluña y Andalucía occidental se llevaron la palma y en la primera década del XXI Cataluña y la Comunitat Valenciana, nuevamente.

Es, lo vivido hasta ahora: una sucesión de episodios de sequías y grandes y catastróficas precipitaciones.

Para el catedrático de Climatología de la UJI JJ Quereda Sala, “las tendencias sostenidas en el último siglo en la mayor parte de la cuenca Mediterránea autorizan a NO RECHAZAR la hipótesis de la ESTABILIDAD CLIMÁTICA”.

A buen entendedor…



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