22 dic. 2011

DEL INVIERNO, DESDE EL SOLSTICIO DE INVIERNO



Desde las 6’30 h de la mañana del jueves 22 de Diciembre, el día del Sorteo de Navidad (el Día de la Salud; no me ha tocado, lo importante es que haya salud, que se dice), en las zonas de clima templado del hemisferio Norte estamos en invierno. Recalco lo de hemisferio Norte y clima templado (Tª media de 15ºC y precipitaciones entre 500 y 1000 mm/año) porque en el resto del planeta eso no ocurre. Pero como en esa franja guay del clima templado del Norte estamos los del ombligo del Mundo… pues eso, que el Mundo está en invierno.

La culpa de que estemos en invierno (como luego en primavera, verano y otoño) la tienen los 23’44º de inclinación, sobre su plano orbital, del eje terrestre. Hay menos luz solar, hasta 9 horas en las fechas del solsticio de invierno con el de verano.

El invierno es la estación más corta de las cuatro: sólo durará 88 días y 23 horas. Y a esto, debo señalar que, es por convenio internacional. Vamos, que se acordó que cuando se producen determinadas situaciones perfectamente estudiadas, estamos en una situación concreta. Así, cuando el Sol alcanza su máxima declinación Sur y durante varios días su altura máxima a mediodía no cambia, se dice que estamos en solsticio (sol + sístere; sol quieto) de invierno. Esto está calculadísimo y a lo largo del siglo XXI esta situación se producirá entre los días 20 y 22 de diciembre. El inicio más tardío ocurrió ya en 2003 y el más tempranero ocurrirá en 2096  -que imagino no veré- en función de la órbita elíptica de la Tierra alrededor del Sol.

En fin, que en invierno hace más frío a pesar de que estamos mucho más cerca del sol que en verano; vamos, cuestión de inclinación a la hora de recibirlos. Pero el sol es protagonista del invierno. La actividad del Sol se caracteriza en invierno por la presencia en su superficie de una serie de manchas, fulguraciones y protuberancias que hacen que en la Tierra se noten en forma de alteraciones en la propagación de las ondas de radio y en una mayor presencia de auroras polares. Esta actividad sigue un periodo de unos 11 años, y está asociada al ciclo magnético del Sol. Actualmente el sol se encuentra en el ciclo solar número 24, que comenzó en diciembre de 2008 y se espera que llegue a su máximo en mayo de 2013. Sobre este ciclo solar 24 tenemos un post que muy pronto verá la luz… del sol.

El invierno, dicen, que es como muy azul oscuro; de oscuridad. No les falta algo de razón. La Luna se prodiga poco; sólo en su justa medida haciendo más tenebroso el inicio. La primera luna llena del invierno no se dará hasta el 9 de enero de 2012, y las siguientes ocurrirán 29 ó 30 días después. En este invierno se darán otras dos lunas llenas: 7 de febrero y 8 de marzo de 2012. 

El invierno, como dijimos y dimos a entender, es un término subjetivo; no está científicamente establecido. Es un periodo de tiempo. Pero el solsticio de invierno sí está claramente calculado y establecido con exactitud. Ahora mismo planteamos, y aceptamos, que el solsticio de invierno es el inicio del invierno.

Desde el Neolítico, el invierno era un tiempo a tener en cuenta. El solsticio marcaba el arranque;  Stonehenge, por ejemplo, tiene mucho que ver con el día de hoy. El solsticio de invierno fue inmensamente importante para las tribus y civilizaciones antiguas que a lo largo del invierno iban a encontrarse con poco o nada que llevarse a la boca y tenían que estar preparados para los meses siguientes. Recordemos que el hambre era común en invierno, entre enero y abril, los meses de la hambruna. Así, a base de hambrunas, aprendieron que el grano debía ser almacenado, la leña compilada, la mayoría de los animales sacrificados para no tener que alimentarlos durante el invierno, cuando escaseaban los pastos, y así poder comerlos secos y oreados. A la pesca le pasaba lo mismo. Es más, el vino y la cerveza, al llegar el invierno, ya estaban fermentados para su consumo. Lo cuál era fundamental ya que el invierno era un tiempo de recogimiento al calor del hogar. Y las penas con pan, cecina, vino y cerveza son menos penas.

Siempre, al comenzar el invierno, las civilizaciones y culturas, han tenido una etapa festiva dedicada a algún dios que diera fin a su trabajo de preparación de cara al invierno. Así nuestra Natividad; pero así también las fiestas de la diosa japonesa Amaterasu. En esto no se escapa nadie: la finesa Beiwe, la rusa Rozhnitsa, la Hopitu Shimum de los hopis norteramericanos, la Wayeb maya, el Modrehacht germánico, el Yule vikingo, el Hogmanay escocés, las Brumalias de la Grecia clásica, las Saturnales y al Sol Invicto romano, , al Shab-e Challech persa, el Arthan Alban galés, la Hertha de los Alpes, la Lussi natta sueca… incluso la llegada de San Nicolás (Papá Noel) servía para avisar del tiempo que venía. Ahora avisan con regalos.

De todas, me quedo con la historieta griega de esto del invierno que hoy comienza; porque tiene un final de esperanza. “Hades, dios del inframundo, raptó a Perséfone, hija de Deméter,  para hacerla su esposa. Al saberlo, el gran dios Zeus ordenó a Hades que se olvidara de la chica y se la entregara a su madre, Deméter, que era la diosa de la tierra. Pero Hades, que era un pinta, hizo comer a Perséfone granadas,  comida del inframundo (y que no se me enfaden por ello los productores de Elche y Albatera, en especial mi amigo Vicente, que tan espléndidas y sabrosas las cultivan), lo que la obligó a quedarse allí para siempre. Deméter, sin su hija Perséfone, no podía vivir; sabía que estaba en el inframundo y eso la sumió en la melancolía. Era infeliz y no cuida su reino, la tierra. Zeus, viendo como la tierra quedaba día a día más desolada, que las plantas se secaban y morían, llegó a un acuerdo con Hades para que Perséfone pasara cada año seis meses con su madre Deméter y otros seis con él. Así, durante el tiempo en que Perséfone quedaba con Hades, Deméter  estaba triste, lo que provoca tanto el otoño como el invierno. Pero Perséfone volvía, al cabo del tiempo (6 meses), junto a su madre… y Deméter fue feliz: Primavera y Verano”.

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