2 abr. 2012

DEL CAMBIANTE CLIMA, DE LA SEQUÍA Y DE LA GESTIÓN DEL AGUA



A vueltas con la gestión del agua, insisto.

Hemos cerrado un mes de marzo con 0’1ºC por encima del promedio 1971-2000 y con un 35% más de lluvia, según la AEMET. Pero la lluvia ha estado muy concentrada (el 20 de marzo cayó más agua en un solo día que en todo el trimestre) y esa parece que será la tónica futura: algún sobresalto en precipitaciones espasmódicas sobre una tónica general de ausencia de ellas.

Pues con ello hay que aprender a convivir y actuar en consecuencia. Previsión y gestión más eficiente y ecológica del agua parece ser la máxima imperante para el futuro inmediato. Agua, lo que se dice agua, no nos va a faltar, pero habrá que prepararse para cuando se desencadenes los periodos secos, y ello conlleva una nueva gestión y concienciación sobre los problemas que podremos tener con el líquido elemento. Porque el precio no será el de ahora.

El IPCC no es santo de mi devoción, pero el informe de los Grupos 1 y 2 (Gestión de riesgos de fenómenos extremos y desastres para fomentar la adaptación al cambio climático) merece un repasito. Me congratula que reconozcan en el texto -antes nunca lo habían hecho- que “no sólo es el aumento de fenómenos climáticos extremos el que crea un riesgo”; ahora introduce las variables de vulnerabilidad y exposición al riesgo de la sociedad. Vamos, que puede brotar las cataratas del cielo pero el problema radica en dónde nos encontramos y cómo hayamos actuado sobre el Medio. Si estamos en medio de una rambla: calamar que se duerme, se lo lleva la corriente. Y no digamos de un ni gota-ni gota y el agua es necesaria para todo.

En este estudio al que aludo, han colaborado 12 españoles (en la página 551 están sus nombres e instituciones donde trabajan) en un grupo de  220 investigadores de 62 países. Salió en noviembre pasado, pero es que mi inglés de “a beer please” no da para más, y la traducción se las lleva. No sé si apuntarme al Aznar-inglis de Los Clones, de Intereconomía, para ver si mejoro en lo del “inglis” y no me lleva tantos meses -a ratitos, claro- una traducción decente, sin interpretaciones propias que tergiversen el contenido.

La verdad es que está bien el tochito.

Esto surgió de una idea de la delegación noruega en la 29ª reunión del IPCC en Ginebra, en septiembre de 2008.

Que no les pase todo lo que lanzan los del IPCC no significa que no los siga e intente entender esa cruzada que se han propuesto.

Total, que en el marco de la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (EIRD) se empezó a trabajar, y en la 30ª reunión del IPCC, en Antalya (21-23.04.2009), se acordó que fueran los Grupos 1 y 2 los que elaboraran un informe conjunto sobre la Gestión de Riesgos Asociados a los Fenómenos Extremos y Desastres (SREX). El trabajo es interesante porque, opino yo, contempla medidas de adaptación. Hasta ahora todo era hacer sonar trompetas apocalípticas; ahora, se mojan. Bienvenidas sean las propuestas… que son del tipo “evitar”, “prepararse”, “responder”, “recuperarse”, “reducir” y “aumentar la resiliencia[1] de las personas expuestas a fenómenos extremos”. A pesar de hacerlo así, ¡se mojan!

Clave es señalar (lo hace Chris Field, copresidente de Grupo de Trabajo 2) que “sabemos lo suficiente para tomar buenas decisiones sobre la gestión de los riesgos de los desastres climáticos”. A ver si es verdad, y dejemos a los políticos la labor política y la investigación que la sigan desarrollando los investigadores. Y no al revés.






[1] Capacidad de soportar perturbaciones

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