3 oct. 2012

DE AQUELLA ECONOMÍA EN DOS TARDES; DE LA VERDADES DEL BANQUERO



Sí, ya les conté que depende el sitio las verdades del barquero, con ere, son tres o cinco; pero hoy va la “cosa” de las verdades del banquero, con ene, que son las que sufrimos Juan Español y yo. Leer la prensa económica, la del papel salmón, trae estas cosas: se conocen las verdades de banquero, con ene.

Y uno, a la vez que tiene bar de cabecera y bar de guardia, que nunca se sabe cuándo acaecerá la necesidad, tiene también economista de cabecera, aunque no de guardia. Y lo tienen ¡en la City!; ahí es nada. Hoy tras escuchar a Carlos Rico, en Onda Cero Radio Alicante, contar las verdades económicas que muchos quieren obviar y tergiversan, me ha salido la vena economicista[1] y me he interesado mucho más por la “cosa”.

Es triste, pero la “cosa” está muy malita: en consumo de combustible de automoción, este verano, hemos estado como en 1997, dice la CORES (Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos) que en más de una ocasión me ha asustado con su apartado de Estadísticas y Estudios. En gas natural la cosa está aún peor. Mejor no meneallo.

Y con la que está cayendo aún me salen tontos útiles haciendo el caldo gordo a quienes nos metieron en esto.

Y aún así la “cosa”, resulta que los españoles trabajamos en 2011una media de 277 horas más que los alemanes -1690 frente a 1413- con sus contratos basura y sus minijobs y todo eso… lo que indica que, al menos, rendir, lo que se dice rendir,… Bueno, trabajamos -entiéndase, echamos más horas- que los alemanes y hasta más que otros 11 países de la UE-27: Finlandia, Eslovenia, Suecia, Reino Unido de la Gran Bretaña, Luxemburgo, Austria, Bélgica, Irlanda, Dinamarca, Francia y Países Bajos; y hasta más que Suiza y Noruega. Pues si siendo así, OCDE dixit, resulta que estamos como estamos… pues tenemos que hacérnoslo ver.

Basta echar una ojeada a la evolución de la Deuda del Estado y analizar la situación y los años para quedarnos boquiabiertos al ver que con la que está cayendo aún me salen tontos útiles haciendo el caldo gordo a quienes nos metieron en esto.


Pero si todo esto es malo, puñetero, hoy me he enterado que “sólo el 15% del crédito auditado de la banca por Oliver Wyman es inmobiliario”… “pero es responsable del 43% de las pérdidas del sector bancario”. Y ahora, agárrense los machos: “el crédito inmobiliario, en el escenario más adverso, concentraría pérdidas por valor de 97.100 millones de euros”.

Y con la que está cayendo aún me salen tontos útiles haciendo el caldo gordo a quienes nos metieron en esto.

Y claro, uno -yo- en su indolencia -que es mi indolencia- tira del economista de cabecera y armado del traductor de Google (que en la City hablan en inglés) inquiere y cuestiona sobre el caso y… le sueltan un “of course; las pérdidas no son tanto por la burbuja como por la situación a la que han llegado muchos españoles que o bien, de verdad, no puede pagar o pasan de pagar porque, dicen, que los bancos son muy malos, malasombra, muy malos de verdad”. La traducción contiene alguna muletilla casera, pero es tenor literal mismamente. Pero es que uno tira de informes de morosidad (desde los del FMI a otros varios) y junto a episodios de lágrima hay sagas de cara dura.

Y con la que está cayendo aún me salen tontos útiles haciendo el caldo gordo a quienes nos metieron en esto.

Y unos y otros, me dicen en la pérfida Albión, no se dan cuenta que esta situación viene de haber pedido a los bancos más de lo que podíamos; y los mismos bancos nos han ofrecido más de lo que debían y nosotros, ojo, hemos aceptado más de lo que podíamos aceptar. Ambos hemos forzado operaciones”. “Ahora hay amnesia selectiva y un montón de gastos accesorios”.

Unos, como los yankees, a pesar de todo, le metieron a sus bancos 700.000 millones de dólares hace cinco años… y los alemanes a los suyos les metieron hasta miedo; y los holandeses… y… y nosotros no. Y luego nos hemos encontrado con las cajas que nos hemos encontrado. Como todo valía.

Y con la que está cayendo aún me salen tontos útiles haciendo el caldo gordo a quienes nos metieron en esto.





[1] Conceder primacía a la economía en el análisis de los fenómenos sociales.

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