30 oct. 2012

DE LA PROMOCIÓN DE BENIDORM; MODOS Y MODAS



Un amigo, un buen amigo, está empeñado, tiempo ha, en promocionar Benidorm. Su corazón de músico late fuerte en una caja torácica volcada en la cuestión inmobiliaria, pero las corcheas corren por sus venas. Este Post debería ser íntegro para él, para Cecilio González, pero seguro que hasta se me molestaría. Él, Cecilio Erre que Erre, preferiría que nos centráramos en Benidorm. Y eso hago.

Con Manuel Cayetano Lorenzo y Rafael Ferro, Cecilio es el autor de la letra de una canción promocional, In Benidorm, que intenta colocar por todas partes con la voz de Nikki Miller y un videoclip que ha realizado Pepe Arenás. Intentó, hasta la extenuación, colocarlo en La Voz (que mi sentido común, el menos común de los sentidos, me impide seguir… por ser de la factoría Telefive)… y me dejaron fuera a Nikki. Aún no se ha recuperado.

Entre sus muchas ideas, que buenas nunca le faltan, está el volver a dar carta de naturaleza a un texto de Emilio Romero, “El Gallo del franquismo”, sobre Benidorm, escrito para un folleto inmobiliario a finales de los setenta (o principios de los ochenta). Cecilio sigue impactado con el texto: “las ciudades acaban con los paraísos, pero la sustancia no se extingue”, subraya Cecilio mientras tropieza siempre con la misma piedra de la indiferencia del ente promotor municipal como los españoles tropezamos siempre, desde 1704, con el mismo Peñón… de Gibraltar.

Emilio Romero Gómez (1917-2003) fue una de esas vacas sagradas que tiene la profesión que después de 1975, muerto el General, le fueron saliendo despreciables enemigos, pero él siguió en la brecha, hasta el año 2000, como tertuliano y columnista. En su haber tiene el haber dirigido la Escuela Oficial de Periodismo, hasta que llegó a Facultad de Ciencias de la Información; haber estado 28 años en el diario Pueblo (22 de ellos de director… lanzando sus “gallos”)… y tocar casi todos los géneros: ensayo, novela teatro, narrativa, conferencia, artículo y comentario. Entre 1942 y 1945 fue director del Diario Información de Alicante… y Emilio Romero gustaba de Benidorm. De hecho, su hija Mariví, la primera mujer crítica taurina de la historia y rostro de los toros en TVE durante toda una década (1973-83), vive en Benidorm.

El texto que tanto gusta a mi amigo Cecilio, a finales de los setenta/principios de los ochenta dice, tal cual, esto:

La historia turística de Benidorm es una de las más espectaculares de España. 
Era, hace muy poco tiempo, y cuando comenzaba la segunda mitad del siglo, una ciudad pequeña que tenía dos grandes playas, hermosísimas, como en ningún otro lugar del Mediterráneo. Cuando empezó el turismo internacional en España, y tras la paz después de la segunda guerra mundial, venían aisladamente algunos turistas europeos del Norte y se quedaban maravillados delante de este mar, que venía a componer un semicírculo, partido en dos por el pueblo, y en cuyos extremos estaban unas montañas no habitadas y llenas de esplendor en las perspectivas. Se contó la noticia y empezaron a llegar los descubridores. Paralelamente a esta reacción del turismo exterior, delante de estas dos fantásticas playas, se transmitía a sus autoridades esta predilección, y comenzó la fabricación vertiginosa de esta ciudad turística.

Veinte años más tarde, todo parecía un milagro. 
Las construcciones comenzaron en los dos terrenos, y en su acercamiento a las playas, de Levante y de Poniente. Pero todo ello tuvoi tal celeridad que parecía un relato de las maravillas que contaban los grandes autores de cuentos en los que aparecían personajes ilusorios, mares y bosques. Por fin había descubierto todos que Benidorm era un regalo de la Naturaleza, que estaba situado en unas afueras próximas a Alicante, con el rumbo del mar y de las carreteras hacia Valencia. Hasta tenía esta ciudad la leyenda y la historia en la fabricación de un islote frente a las dos playas que procedía de la alta montaña que está a sus espaldas.

El clima es el que se corresponde con el Mediterráneo, 
y los veranos son placenteros y los inviernos cálidos. Las dos grandes playas son de una comodidad asombrosa. La profundidad de las aguas queda lejos para evitar riesgos a los bañistas; y la arena es extensa para que pueda ser habitada por millares de personas. Y, después, la ciudad nueva tiene todos los grandes atractivos de una gran urbe europea -en la diversión y en el comercio- pero con el mar al lado. Y este otro milagro: es una ciudad donde los jóvenes se divierten como  en ninguna otra parte, y también ha sido elegida por los mayores, o los jubilados; o eso que llamamos “la tercera edad”, para prolongar sus vidas en el gozo. Allí se congregan ingenios de todo el mundo, que aspiran a ser ignorados, porque allí pintan, o escriben, o reflexionan, sin ninguna presión social, y es como una huída, o un destierro íntimo elegido para tener una idea cabal de la Naturaleza y del cielo.

La ciudadanía universal de Benidorm acerca a las gentes de una manera emocionante. Nadie nos ha contado bien cómo era el Paraíso. Pero antes de que se levantara la ciudad moderna de Benidorm, algún parecido podría tener con el Paraíso. Las montañas y el mar en el mismo paisaje. Después, las ciudades acaban con los Paraísos, pero la sustancia no se extingue. Merece la pena ver, o vivir, en Benidorm. Hasta las Evas que un día vinieron del Norte a estas playas eran como la noticia de que buscaban su lugar predilecto.

EMILIO ROMERO

Por aquellos mismos días Emilio Romero concedía una entrevista al corresponsal -y todo- en Benidorm del Diario Información, Juan Portolés, y como resumen, éste, titulaba: Benidorm es una ciudad asustante. Emilio Romero en estado puro. Emilio Romero tiene calle en Benidorm.  



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