30 mar. 2013

DE LA CAPA



Para una noche de fiesta en el diciembre de aquél Benidorm de 1987 me puse por primera y única vez (en Benidorm) mi capa española. Fue un capricho que lleva más de treinta años conmigo; capa madrileña, con embozo de terciopelo rojo. Lego, “he heredado” otra, dicen que auténtica bejarana, de Béjar (Salamanca) -de donde son-, algo bordada, con embozo azul y broches de filigrana salmantina; muy antigua. Y no me pongo ninguna de las dos. Bueno, a mí no me importa ponérmela, pero en Benidorm… como que una capa no pega nada; ni en invierno. Y “mi contraria” es eso, contraria a ello.

Me gusta la capa.
Los Brincos, con capa...
¿en la Galería Victor Emmanuelle de Milán?, digo

Y el caso es que con un Benidorm a rebosar y sin un p… sitio donde aparcar, con sol de justicia y algo de viento, vamos pasando este fin de semana de Semana Santa que, como me dijo hace muchos años ya un director de hotel (Paco Sellés), “se reduce a jueves-viernes-sábado”. Vale que es un termómetro de cómo nos pude ir el verano, pero son sólo tres días. Porque si bien los madrileños tiene vacaciones escolares ya el Lunes santo, lo de las vacaciones se reduce a los días señalados; que el “Lunes de mona (de Pascua)” es festivo aquí, y nos queda toda una semana de vacaciones escolares -hasta el lunes siguiente que es Sant Vicent y también es fiesta-, que ellos, los de fuera del arco Mediterráneo, vuelven a la actividad ya este próximo lunes, con hora cambiada desde el domingo.

Bueno, pues con un Benidorm así, a mí me ha dado por bucear en el trastero y he topado con un traje de canaria (de “Maga” pone en la etiqueta) y las dos capas españolas. Y subo tan contento para comunicar mi hallazgo y, meigas que dicen que hay, nada más entrar me interpelan por el “motín de Esquilache”; que están jugando al Trivial y he de hacer de juez (y parte). Y yo con las capas en la mano.

Total, que doy la razón a “mi contraria” en el lance y visto mi capa (que habrá que airear un poco; o un mucho)… y se me ríen a mandíbula batiente. Claro, me falta el chambergo; pero el de entonces, de ala ancha. De siempre se ha dicho que “un español con una capa y un caballo podría enfrentarse al mundo y conquistarlo”… y “una espada y un chambergo”, que pocas veces se dice.

Cabizbajo, de capa caída, y meditabundo, entregado a mis pensamientos y en silencio, me he retirado a mis aposentos no sin antes, del silencio, recordarle a Ana que había subido su traje de “maga” de La Orotava tinerfeña.

Y aquí, en mi leonera, he buscado lo del motín; pues he estado a punto de amotinarme. En fin, que hago de mi capa un sayo, y tiro de capa, y digo:

Que fue cosa de la tarde del domingo 23 de marzo (de 1766), Domingo de Ramos -¡Cielos!, estamos en Semana Santa, a Sábado Santo, y se cachondean de mi capa; ¿qué hago?- y se reactivó la mañana del 24 con final en la tarde del 25 de marzo. Que el lío siguió por Zaragoza (1º de abril) y terminó por Guipúzcoa (23 de abril)… y por en medio prendió en Cuenca, Barcelona, Alicante, Cartagena… y así hasta en 36 ciudades más, y más de cien villas. Sólo en Madrid, en unas 50 horas de motín hubo, dicen, 40 muertos (21 entre los amotinados y 19 entre los soldados) y una cantidad indeterminada de heridos (49 entre los amotinados). En Madrid estaba Carlos II adoquinando las calles y proyectiles no les faltaron a los amotinados. 
Pero en las demás ciudades y villas también los hubo: entre 2 y 6 muertos y entre 70 y 200 heridos reconocidos entre soldados y amotinados sólo en Zaragoza y… etc. Y un ajusticiado por sedición en Madrid, Juan de Salazar, y varios en Zaragoza y otras ciudades, a posteriori.

Cuentan que el 10 de marzo se colgó el Bando y de inmediato surgieron los pasquines contra la nueva normativa: desde la prohibición de los juegos de cartas y dados en las tabernas (que había que cambiar por el ajedrez, ¡válgame Santa María!, ajedrez en los tugurios) a la archiconocida de la reducción de la capa… y la prohibición del chambergo (que casi nunca se dice). La retahíla es larga; pero la capa (y el chambergo), los protagonistas. El 20 ya se mascaba la tragedia; el 23 estalló.

Al final Carlos III largó a Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, a Nápoles, por Cartagena… Pero poco más cambió. Juan Grimaldi siguió en el Gobierno, la Guardia Valona al poco fue reintroducida en la custodia de SM… Hombre, hubo novedades: se “limpió” Madrid de vagabundos, mendigos, majas y clérigos desocupados; las ciudades se dividieron en barrios, se crearon las comisarías (para el orden en los barrios) y se fundó el Hospicio de San Fernando. Y más, que excede de este Post.

Y digo que poco más cambió porque no hubo novedades en la política agraria. El desencadenante del motín fue el precio del pan y otros alimentos. Desde 1763 España sufría de malísimas cosechas y todo se encarecía. Encima les había dado por iluminar las calles de las ciudades a base de velas y aceite y estos subieron como la espuma; la gente no tenía ni qué comer ni cómo alumbrarse en las noches. Sólo el sebo rancio estaba al abasto de todos.

Por cierto, a los campesinos se les permitió vestir “a su manera”… y desde entonces hay regusto por los trajes tradicionales de las distintas partes de España. Carta de naturaleza al traje de “Maga” que he subido.


PD.- De la noche decembruna que vestí capa en Benidorm recuerdo un chiste de Vicent Picó (viejo amigo y concejal que fue; el de la moción in vitro): el de la capa del cura. El del cura que mandan a Confrides y como allí hace frío deciden regalarle una capa por suscripción popular. Hasta que salta el anticlerical del pueblo y dice: “Pa la capa del cura, 200 reales; ¡¡pero lo capo yo!!



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