1 mar. 2013

DE LAS MANGAS MARINAS EN LA BAHÍA DE BENIDORM DEL 28 DE FEBRERO



Se despedía febrero con la posibilidad de que una gota fría se desencadenara; y así pasó.

Al filo de las 6 de la mañana asomé el morro del vehículo por la rampa del garaje y la mañana nos recibió con una sonora cascada de agua. Un par de minutos antes había llegado al garaje sin una gota y con el paraguas cerrado.

Ya en el semáforo, de repente, el martilleo constante de una granizada casi impedía oír las noticias de la radio. En un par de minutos toda la Avenida de Europa estaba alfombrada de blanco y era una gozada subirla camino de la autopista. Dejó de granizar y un cerradísimo aguacero tomó el relevo… hasta la altura del peaje de La Vila. Y desde allí una luna inmensa presidió el recorrido hasta Alicante.

Sabía que teníamos encima una importante masa de aire polar y que se nos venía encima una corriente algo cálida y muy húmeda que empujaba la borrasca anclada en el sur de la Península. Vamos, un choque de trenes: una gota fría invernal. Los conjuntos convectivos chocan y se monta un buen lío de agua, granizo, nieve y toda la inestabilidad posible.

Playa de Levante - 28.02.2013
Luego, además, resultó que se produjeron, a lo largo de la costa alicantina, entre 2 y 4 trombas marinas. Por La Vila hay imágenes de una pareja de ellas, y alguna imagen de una belleza inusitada. Tengo una que me han enviado en el móvil (y soy capaz de descargar) que es fascinante.

Por Benidorm tengo sendas trombas captadas en Levante y Poniente; ¿la misma? No se me ponen de acuerdo, pero son fantásticas. Hasta “mi santa” hizo una desde casa.

Una tromba de estas (manga, también; y hasta tuba y rabo de nube), que no tornado (estamos pez en climatología), es un fenómeno meteorológico que se genera por rotación intensa de columnas de aire desde una nube base (por lo general de tipo cúmuliforme) hasta la superficie del agua, donde forman un bulbo de espuma.

Playa de Poniente - 28.02.2013
Necesitamos corrientes ascendentes de aire. Y allí estaba un importante perfil termodinámico de inestabilidad entre la superficie marina y la nube base que, como corresponde, estaba muy baja. Para disparar la turbulencia y rotación bastó una mínima interacción entre el flujo sinóptico del viento y el régimen de brisas del momento. Es que había células tormentosas presentes y la cosa era fácil y tremendamente atractiva.

En una tromba marina, los vientos rotantes no suelen pasar de los 130 km/h. En los tornados esa velocidad sería de un torbellino del tres al cuarto; un tornado que se precie suele duplicarla por lo menos y, si me apuran, triplicarla y más.

Además, las trombas tienen poco desplazamiento (velocidad de traslación del orden de los 5 a 15 km/h) y suelen ser efímeras (entre 5 y 10 minutos).

En fin, que fue un momento sumamente atractivo. Lástima sólo verlo en televisión.



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