9 jun. 2013

DE MI VOLUNTAD DE RECICLAR Y LO MAL QUE ME LO PONEN


Llevo unos meses comprobando que mi voluntad de sostenibilidad y reciclaje es inversamente proporcional a la celeridad del concesionario de vaciar los contenedores.

Cada vez es más complicado encontrar un contenedor donde depositar, especialmente, latas, botellas de plástico y bricks vacíos: aluminio, cartón-aluminio, polietileno, etc. Y cuando lo encuentras, el milagro es que le quepa lo que le van a echar (por no decir introducir, que en este caso roza lo escatológico). En fin, que falta que los vacíen de vez de cuando. Y eso que ganan una pasta gansa los del reciclado.

La verdad de la buena es que no es que falten contenedores, digo yo. Lo que falta es diligencia para proceder al vaciado del contenedor.

Esto del reciclaje es un universo con sus agujeros negros y todo.

Yo recuerdo cuando hubo un tiempo en que se instalaron en Benidorm unas orondas papeleras que contenían “quesitos” de colores: naranja (orgánico), verde (vidrio), amarillo (envases en general, un totum revolutum de plásticos y lastas) y azul (papel). Luego fueron de 3 “quesitos”; volatilizaron el naranja porque la gente no sabía que tirar en ellos. Luego fueron de 2 y un hueco enorme… Al final las papeleras eran un culo de saco orondo y total.
Y eso tiene su miga.

La gente, al principio (un par de días, no más) se hizo la “eso” un lío intentando saber dónde tiraba lo que fuera. Había que estudiarse el código de colores y llevar la chuleta en la mano para, cuando menos, atinar.

Una vez aprendida la lección la gente empezó a cumplir, aunque con serias dudas.
Y así estuvo el personal, corroído por la ya aludida duda, hasta que vio al camioncito de la basura sin hacer miramientos a la hora de vaciar las papeleras. Llegaba el operario, pie a tierra, y agarraba uno tras otro los “quesitos” de colores y al receptáculo común motorizado: un pan como unas tortas… por mucho que luego los subieran a la planta de reciclaje.

 Aquello duró lo que duran dos peces de hielo en un güisky on the rocks… Quitaron las papeleras.

Ahora, las de la calle, son tipo buzón tiburón-ballena… se tragan todo lo que le eches, sin hacerle asco a nada.

Pero volvamos a los contenedores. Los contenedores están “estratégicamente” situados para hacer desistir al común de los mortales cumplir este apostolado de sostenibilidad que algunos nos hemos otorgado. Y a pesar de ello vamos y… nos encontramos con que ya no cabe lo que llevamos, porque llevan una semana sin vaciarlo. Pero no es uno ni dos… son todos.

Lo dicho, mi voluntad de ser sostenible es inversamente proporcional a la diligencia del concesionario… y so no tiene un buen final. Uno, que es débil -y considera esa debilidad una soberana virtud-, se puede cansar.



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