13 ene. 2014

DE… CLARACIÓN DE INTENCIONES. A PARTIR DE HOY VA A RECICLAR RITA THE SINGER



Sí, como Moustaki, yo declaro el estado de felicidad permanente y el derecho de cada uno a todos sus privilegios… Y puestos a declarar, declaro más cosas. Y como es de privilegio, voy y digo que…

Como a año nuevo le corresponden causas nuevas, yo declaro mi voluntad de no volver a ejercer más de reciclador. Estoy harto de que no se valore mi esfuerzo y he decidido -privilegio mío que es en my estado de felicidad permanente al que aspiro- tirar por la calle de en medio y pasar muy mucho de ir a los respectivos contenedores a depositar en ellos el vidrio, el cristal, los envases, el papel, el aceite… Hasta aquí he llegado. Me planto. A partir de ahora, si no me lo compensan, que se reciclen ellos.

¿Qué gano yo haciendo ese esfuerzo?; ¿me repercute en algo? ¡¡En nada!!

He llegado a la conclusión de que esto del reciclaje sólo le viene bien a mi amigo Camacho, porque a mí, en todos estos años, no me ha supuesto más que sinsabores: en casa, en la calle y en el trabajo. Todos se me han choteado en un momento u otro por lo que consideraban “mi manía” de reciclar.

No hago más el tonto.

Todo lo más que consigo es me engañen y me hagan pagar más; incluso pagar por lo que antes no pagaba. Esto es ridículo: pagar por contribuir a pagar para preservar el mal llamado Medio Ambiente. A partir de hoy pagaré, pero el canelo que se lo hagan ellos.

Es que hasta en el combustible salgo perjudicado. Hasta ahora todo ha sido retirar mi aceite doméstico y llevarlo al depósito correspondiente. Unos tipos lo recogen, lo limpian, lo “digieren” y ¡me lo mezclan! con el combustible que ya pago a precio de oro (negro) y que por ley pueden meterle hasta un 20% de eso que yo les entrego por el morro, con mi esfuerzo de llevárselo hasta su contenedor. Es que llenar el depósito de diesel me cuesta lo mismo que al ciudadano/a que no recicla su aceite. Pues eso, que les den.

Pero me cabrea aún más que en la estaciones de servicio que no te pongan el cartelito de que le terminas echando hasta un 20% de aceite reciclado (como sí se hace en otros países cercanos) cuando repostas me parece de una desfachatez morrocotuda, digna del juzgado de guardia de turno.

Y luego está que yo tengo a la familia de los nervios con todo eso de: “echa esto en esa bolsa, y esto otro en la otra; y las botellas allí, y los envases acullá…” para que encima los tenga que transportar personalmente a los iglús y contenedores de rigor, y el Ayuntamiento me suba la tasa de basura, en vez de bajármela premiando mi comportamiento ciudadano.
Pues, también, que les den.

Exactamente, que les den por donde amargan los pepinos.

Desde hoy, y esta es mi Declaración, paso a ser como todo el mundo y dejo de ser el bicho verde que hasta hoy he sido.

Pero es que hay algo más terrible que contribuye a este giro drástico en mi voluntad recicladora; que contribuye a esta Declaración… a pesar de mi voluntad de permanecer en este estado de felicidad permanente que me induzco.

 Atención, pregunta: ¿Dónde va a parar el dinero que pago al adquirir un producto para garantizar su reciclaje? Sí, porque cuando compro electrodomésticos pago religiosamente la tasa puñetera del reciclado.

Pero es que voy a más: ¿Quién gestiona ese dinerillo? Y termino inquisidor: ¿se destina realmente ese dinero a ese cometido? Es que estoy indagando por ahí… y veo que no. Aquí hay unos espabilaos -¡jo, qué envidia; pillaron ellos el negocio!- que se han enfundado en verde y se han montado el chollete este que entre todos les pagamos y pagamos y yo no veo que esto me repercuta en nada.

Es que los fabricantes han incrementado el precio para endilgarle a los productos la tasa de reciclado, que pagamos y… no siempre termina con que el aparato se recicla; pero yo ya pagué. Es indignante.

Bueno, el caso es que declaro que: a partir de hoy va a reciclar la concuñada del Vengador Gusticiero, y su pastelera mother. Me harán pagar la tasa famosa esa cuando compre algo, pero, como lo pago yo, si quiere que recicle: ¡que me lo gratifiquen!

Y si el Ayuntamiento no quiere que se le apolillen los iglús y contenedores que benefician a terceros, que me recompense mi esfuerzo, primero.

Ganemos todos.

A partir de ahora va a reciclar Rita The Singer. ¿La conocen?



PD.- Si hay por ahí algún alma caritativa que sea capaz de devolverme la ilusión en lo que hacía hasta hoy, reciclar, que lo haga. Pero es que me siento estafadísimo.





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