31 mar. 2014

DE CUANDO UN “HIDROMITO” SE CONVIRTIÓ EN UNA REALIDAD: DE LOS 35 AÑOS DEL TRASVASE TAJO-SEGURA. Y QUE NOS DURE.


Manuel Lorenzo Pardo es el padre de la planificación hidráulica española (Plan Nacional de Obras Hidráulica, 1933) y también de los hidromitos patrios; tanto el del desequilibrio hídrico como del económico. Pero eso es otra Historia.

Fuimos en España pioneros mundiales en la legislación del agua -1866- y nuestra Ley de Aguas (1878; excepcionalmente avanzada para su tiempo) perduró hasta 1985. Con eso lo digo todo: comenzamos bien y nos anquilosamos hasta que nos pasó el tren del progreso y la sostenibilidad hídrica. En 1964 se habló de actualizarla, pero no estaba el horno para bollos.

Dicen que el origen de la Política hidráulica patria lo puso Joaquín Costa en 1880, pero la planificación es de Manuel Lorenzo Pardo.

Pasada la Guerra Civil se retomaron estas cuestiones y el suprimido plan de 1933, suspendido en 1936, fue retomado en sus líneas básicas en 1960, y para finales de 1967 aparece el Primer Balance Hidráulico Nacional que hace inventario de la realidad hídrica y se atreve a comparar 1966/67 con 1999/2000. Ahí volvió a salir el desequilibrio hidrológico nacional y el déficit del Levante que, se anunció, se agravaría para el año 2.000.

Perfil longitudinal del Trasvase Tajo-Segura
Y como seguía flotando en el ambiente la necesidad de conseguir poner más hectáreas en regadío, se volvieron los ojos hacia los viejos postulados de 1933 que proponían un trasvase para poner en cultivo 338.000 hectáreas en Albacete, Valencia, Alicante, Murcia y Almería. Así, en la Orden de 25 de abril de 1953 se expusieron las posibilidades de la Cuenca del Segura como receptora. Una década después aprovechando que Franco iba a inaugurar el pantano del Cenajo, la noche anterior (la del 5 de junio de 1963) los ingenieros que más sabían de aquello entonces -Florentino Briones, Rafael Cocloud y José Mª Pliego- convencen a Franco de la necesidad del Tajo-Segura. La rentabilidad agraria de la cuenca del Segura era muy superior a la del Tajo, y como Franco ya había estado todo ese día viendo la alegría y exuberancia de la huerta murciana, dijo que sí. Y se pusieron en marcha. Dicen los economistas que “bastó un análisis económico ex ante”, pero es que la prioridad era entonces conseguir desarrollo económico como fuera y el sector agrario estaba en condiciones de sacar productos al mercado y hacer entrar divisas. Y luego estaba lo del Turismo. Vamos, que el trasvase tenía ya todas las bendiciones.

Los trasvases de 1933 recuperados en
los años sesenta.
Aún así aún habríamos de esperar cuatro años (1967) para ver aprobado el Anteproyecto General de Aprovechamiento Conjunto de los Recursos Hídricos del Centro y Sureste de España que contemplaba tres -3- trasvases. Aquí todos teníamos mucha sed y pocas pesetas, con lo que hubo que priorizar y el Ebro-Pirineos Orientales -que era para abastecimiento- fue por delante. Para después quedaron el Tajo-Segura y el Ebro-Júcar- Segura. Y también hubo que priorizar entre ellos. Los ingenieros echaron números y dijeron que con 6.000 millones de pesetas (de 1968) se podía hacer el Tajo-Segura, y que el Ebro-Júcar-Segura iba a salir por 45.000 millones. No había color, se decidieron por el Tajo-Segura que fue aprobado el 13 de agosto de 1968. El 2 de septiembre se aprobaron los proyectos de ejecución y allí ya estaban desglosados los 6.492 millones de pesetas de obras hidráulicas, los 1.619 millones de pesetas para obras hidroeléctricas y los 12.016 millones de pesetas para completar las redes de distribución de esa agua que circularía entre Buendía y Talave. Si esos 20.000 millones los ponen los ingenieros sobre el papel el primer día, el Tajo-Segura nunca se habría hecho.

Total que en 1969 se iniciaron las obras encomendándose a la Divina Providencia para que nadie viera que aquella obra iba a costar Dios y ayuda terminarla. Luego llegaría la Ley 21/71 de 21 de Junio, de Aprovechamiento Conjunto que señalaba un caudal de 600 Hm3, ampliable a 1.000, y todo el mundo se puso manos a la obra a abancalar tierras, a plantar arbolitos o a construir porque el agua iba a llegar.

En esto que Franco se muere y comienza la Transición, pero las obras siguen y se finalizan en 1979, una década después. No hubo inauguración, en el Ministerio de Obras Públicas de Joaquín Garrigues Walker estaban acojonado con el coste: hacer realidad el último tramo, el túnel del Talave fue una odisea que duplicó los costes. Eso sí, es una gran obra de ingeniería que enseñó a los ingenieros de todo el mundo cómo se comporta la Tierra cuando le metes una barrena. Tardaron 9 años en perforar los 32 kilómetros del túnel, y aquella gente vivió más aventuras que Axel y su tío, el profesor Lidenbrock, en Viaje al Centro de la Tierra. Eso sí, no se toparon con monstruos ni mastodontes, pero agua, lo que se dice agua, más que en el trasvase posterior.

31.03.1979; el agua del trasvase llega
a la embocadura del Túnel del Talave. Tenemos trasvase.
Al final, tal día como hoy -pero de hace 35 años- un grupo de ingenieros y unos cuantos de la Confederación -que estaban al tanto- asistieron al momento en que el agua del trasvase llegaba a la embocadura de aquél túnel. No hizo falta ya saber si terminaba, como terminó, en el Embalse del Talave. El caso es que el 31 de marzo de 1979 el Trasvase Tajo-Segura era ya una realidad.

Ahora mismo tiene garantizada, “por ley”, su viabilidad y ya sé que a no todos gusta. Se hizo en unos tiempos en que lo que valía era conseguir desarrollo incluso a costa de lo que fuera. Ahora mismo sería inviable, pero a nosotros -en el Sureste español-, nos da vida. Hay un estudio estima que el PIB nacional recibe una aportación de 2.364 millones de euros gracias al trasvase (y eso que en estos 35 años sólo una vez -año 2000- ha trasvasado los 600 Hm3 anuales previstos), y que 103.461 empleos directos dependen de él, gracias a los 11.467 hectómetros cúbicos -once billones y medio de litros de agua- que se han desembalsado desde entonces para regar 132.723,21 hectáreas netas, y que supusieron 403 millones de euros para la cuenca cedente, a razón del 45 % para Castilla-La Mancha, el 33 % para Madrid, y el 22 % para Extremadura.

Además el trasvase asegura el abastecimiento urbano de las provincias de Alicante, Murcia y Almería; 2,5 millones de ciudadanos, a los que sumar las llegadas de turistas.

En lo social, el Acueducto Tajo-Segura supuso no solo la ruptura de ciclo emigratorio, sino que también su inversión. Por ejemplo, en el caso de la provincia de Alicante, el volumen de población se ha multiplicado por dos desde la década de los 70, con un aumento del 111,3 % y en Murcia se ha elevado en torno a un 80 %.

Y eso no se tuvo en cuenta nunca.




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