17 mar. 2014

DE LAS POSIBLES RAZONES DE PUTIN; DE CRIMEA, UCRANIA Y LA CONTORNÁ


Vladimir Putin, desde luego, no quería un Camp Bondstell en Ucrania. De momento, fumando espero a que la Duma diga sí a la oferta crimeana, Crimea opta por Rusia (96%) y veremos cuánto más le quita a Ucrania en los próximos meses. Putin, reconozcámoslo, no quería un Kosovo-II en sus narices.

Recordemos que Kosovo (10.887 km2 y 1’8 millones de habitantes) es un grano en suelo balcánico entre Montenegro, Albania, Macedonia y Serbia, de quien dependía, como provincia autónoma (administrada por la Misión de Administración Provisional de Naciones Unidas -MINUK/UNMIK, Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas- y ¿la OTAN?) hasta que el 17 de febrero de 2008 declaró -unilateralmente- su independencia, reconocida, de inmediato, por los EEUU y casi la totalidad de la UE (unos, porque les dolía haber sido tan permisivos cuando la primera crisis de los Balcanes -tras la muerte de Tito-; y otros porque ya que los norteamericanos lo avalaban, pues…). España -Oh, prodigio- no lo reconoce como estado soberano, aunque ya está en la ONU. En fin, hicimos como Cuba, Serbia, Tayiskistán, Bolivia, Rusia, Serbia, China y otros 27 países más; 34 países en total, frente a 108 que sí. Hay medio centenar de países a los que les trae al pairo lo Kosovo. Bueno, oficialmente han manifestado “su neutralidad y esperan una evolución positiva del estatus”, lo que es lo mismo.

Un golpe bajo a las tesis rusas llegó el 19 de abril de 2013 cuando Serbia, que sigue sin reconocer a Kosovo su independencia, acordó establecer relaciones con Kosovo. ¡Pero bueno; eto qué é lo que é!, debió decir alguien en el Kremlin (en el castillo de Moscú).

A ningún ruso, porque siguen siendo rusos, le pudo gustar que tanto las tres Repúblicas Bálticas (Lituania, Letonia y Estonia) como Polonia, Hungría, Chequia o Eslovaquia, al día siguiente de besar el culo al Pacto de Varsovia estaban ya bebiendo los vientos por la OTAN. A Putin, menos. Y así ha sido. Todos son ya miembros de la OTAN.

En lo de Ucrania (la revuelta de Maidán y sus consecuencias, con el beneplácito de los EE.UU.), Putin ha visto un Kosovo-II. Y visto uno, vistos todos. No estaba por permitirlo. A un palmo de su gran base de Sebastopol (que es más grande que un día sin pan) no podía ver una nueva bandera de la OTAN, o de los EEUU; que es casi lo mismo. Ucrania ya ha iniciado su protocolo para solicitar ayuda técnico-militar a la OTAN y ha abierto negociaciones con el Departamento de Defensa de los EE.UU.

Vale que los yankees están replanteándose su estrategia militar global y que van a  abandonar su inmensa presencia en Italia (113 instalaciones militares y con el proyecto MUOS -Mobile Use Objetive System- en marcha; ¡para que luego hablen de España!) y que en España van a echar el resto con las bases de  Rota y Morón hasta elevarlas al nivel Tier-1 (como Ramstein, en Alemania, y Hickman, en Pearl harbour, Hawaii; el máximo nivel de las bases USA fuera de USA), pero de cara al Este necesitarían un punto de apoyo más comprometido (y fiable) que Turquía. Polonia y las ex repúblicas bálticas son una buena punta de lanza, pero no inquietan tanto.

El problema, vuelve el cántaro a la fuente, sigue siendo Kosovo. Camp Bondstell, a 35 kilómetros de la capital kosovar, Pristina, es ahora mismo lo que más inquieta a Putin. Y no sólo por la megabase en sí que es, sino porque esta instalación ha dado alas tanto al proyecto AMBO (Albania-Macedonia-Bulgaria Oil; gasoducto transbalcánico; cosas del consorcio Hallyburton), como al Western Balcan Ring (WBR), como al TAP (Trans Adriatic Pipeline) como al IGTI (Interconexión Turquía-Grecia-Italia), como al COP (Constante-Omisalj Pipeline). Cuatro gasoductos, cuatro -mucho oleogasoducto-, que pasan muy mucho de dejar en manos de Moscú el transporte del petróleo y del gas natural desde las márgenes asiáticas a Europa; todas ellas al margen de las ideas y oleo-gaseoductos de Putin por Ucrania y Bielorrusia e incluso del PEOP (Oleoducto Paneuropeo) de la UE. Y hay un quinto: el Proyecto Nabuco (NGPP) que pasa, muy mucho, del control Ruso para llevar a Europa el preciado gas. Y Putin no puede estarse quieto.

Si (alguno de) estos cinco proyectos salen adelante, Rusia sólo controlará el gas del Norte; las propuestas que atraviesan Ucrania no se han finalizado. Y eso duele.

Rusia, nerviosa, no puede estarse quieta desde hace algunos (pocos) años. Rusia participa y lidera todos los grandes proyectos del entorno de lo que llamamos Asia Central y su conexión con Europa en cuestiones de agua, petróleo, gas natural, uranio (sí, uranio) y todas las posibles rutas de transporte. En materia hidroeléctrica, Rusia se ha volcado con Uzbekistán y Tukmenistán, asegurándose, a cambio de tecnología no siempre obsoleta, el control del gas uzbeko y turkmeno, pero los yankees lo han hecho con Kazajistán (que tiene más de todo) y hasta han ayudado a los chinos a negociar el gas turkmeno y explotaciones en Ucrania, en perjuicio de Rusia. Luego está el uranio: las grandes reservas de uranio están en territorio kazajo y en manos de empresas euro-americanas, japonesas y coreanas. Putin no rasca esa bola,

Demasiado para Putin. Lo de Crimea es su revancha; y a Ucrania le ha puesto las barbas a remojar. Al tiempo.



PD. España -por el lío formado y el despliegue ruso en Crimea y territorios aledaños; vamos, “la contorná”- acaba de asumir (14.03.2014) la misión del control del espacio aéreo de Lituania, Estonia y Letonia que son tres socios de la OTAN que no disponen de suficiente capacidad militar para defender su territorio. Para ello enviamos cuatro aviones Mirage F-1 desde la base de Los Llanos (Albacete). Ahora están desplazados y operativos en la base de Siauliai, al norte de Lituania. El despliegue lo integran los cuatro aparatos y 82 militares (pilotos, mecánicos, controladores, personal de apoyo y servicio). Estamos en misión de policía aérea y seremos relevados dentro de 4 meses.








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