12 abr. 2014

DE UN CAFÉ CON SABOR ALTEANO; DE UN CAFÉ CON PEPE BARRANQUÍ


Pepe Barranquí
Foto: M. Ayús
Se pasó a tomar café por el Meliá de Benidorm José Ángel Navarro Montaner, editor, cronista, restaurador y amigo. Dicho así, queda -incluso- ñoño. Uds. disculpen, pero he de volver a comenzar.

Vino a hacerse un cafelito con sus amigos de Benidorm Pepe Barranquí. Sobra todo lo demás. 

Y es que nos hemos dado el gustazo, en Los Cafés del Meliá, de pasar una tarde con Pepe Barranquí para recordar mucho y bueno de su persona y otro tanto de Altea, su ciudad. Pepe ha sido, además, compañero en la Asociación Alicantina de Periodistas y Escritores de Turismo (AAPET) desde los primeros tiempos. ¡Coño!, y es un amigo.

Y, claro, puestos a recordar, recordamos aquellos tiempos épicos de los CIT’s (Centros de Iniciativas Turísticas) y salieron a relucir mil y una vivencias turística de Altea y de toda la comarca.

Les cuento: Pepe Barranquí no pasó por La Masía de Can Planes porque aún no se había creado, pero como jugador amateur del Barça lo alojaban en el Hotel San Agustín, a un paso del Gran Teatro del Liceo y de lo que hoy es la Biblioteca de Catalunya… y ahí perdieron a un futbolista y él ganó admiración por los libros, la edición, la cultura y las cosas de Altea. Allí conoció la obra de Francisco Martínez y Martínez, el Cervantista de Altea, que le metió el gusanillo de la bibliofilia en el cuerpo. Si aquél coleccionaba libros de Cervantes, Barranquí lo hace con los de Altea… y ahora, “por casa hay más de 30.000 libros” en los que sale, por h o por b (nunca peor traída a cuento porque hablamos de un hombre de letras), Altea. De momento, “por casa están”; “ya veremos qué pasará con ellos”.

Altea, Mirador de los Cronistas de España
Tal es su pasión por buscar cosas de Altea que le nombraron Cronista de Altea, y en una de esas se trajo a todos los cronistas de España a uno de sus congresos y bautizaron como Mirador de los Cronistas a ese balcón que se abre al Mediterráneo en lo más alto del Casco Antiguo alteano. Y es que es grande: en ese congreso -el XXVIII- “obligó” a definir la figura -un tanto olvidada- del Cronista Oficial: “Toda persona que conoce y habla, apasionadamente, de su tierra natal o la que eligió como suya”.

Y, bueno, tanto va el cántaro a la fuente que Pepe Barranquí termina fundando la Editorial Aitana Ediciones que ha sacado a la luz cosas tan nuestras como “Legendari Valencià”, de Francisco Martínez y Martínez (quien siempre se negó, una vez traducido El Quijote al valencià, a una edición catalana que trastocara la pureza del valenciano); “Cetros de Cal”, de José Luis Ferris; “Altea, mar y montañas”, de Rafael Cenbrián; “Vida íntima de los valencianos de la época foral”, de José Sanchís i Sivera; “Antología”, de Vicent Andrés Estellés; “Teoría del Mediterráneo”, de Juan Beneyto… y tantos otros más. Aunque él señala la rareza del “Tractat del Pet” (Tratado del Pedo) del padre Françesc Mulet, un dominico -poeta satírico y mundano- del XVII (maestro de la poesía escatológica, de fama internacional), y se queda con “Costumbres Alteanas”, 3 tomos de Francisco Martínez.

Fue declamando, no hay mejor forma de decirlo, todos los golpes culturales que ha dado sobre la mesa desde aquél “grupo de cultura” del que era único componente, hasta la fundación de la Cofradía del Castell de l’Olla (1987), la que monta (aunque él ya ha abandonado desde que le han retirado la parte musical) el espectáculo que fuera pirotécnico-musical que mediaba agosto, pasando por los premios de literatura infantil y juvenil, periodísticos y todo cuanto promocionara Altea. El Castell de l’Olla estuvo a punto de obtener declaración de la UNESCO; tiene la de Bé Etnogràfic d’Interés Cultural del Consell Valenciá de Cultura. La aventura de cómo consiguieron poder lanzar un castillo de fuegos de artificio desde el mar es interesantísima.

Villa Ángeles; Finca Gadea
Pero para aventura, la rocambolesca historia de Villa Gadea (en realidad, Villa Ángeles) y de cómo esa finca (de Vicente Gadea y Orozco; de 1890), frente al mar, pasó a ser del Ayuntamiento de Altea. Como cronista tuvo ahí su faceta investigadora. A mí, Villa Ángeles me fascina; me recuerda, en planta, la Villa Capra de Andrea Palladio (1570), sin escaleras y con la rotura de las proporciones geométricas que ofrece el magno oratorio alteano. Pero es fascinante. Ahí se celebraron los Festivales de España de los años sesenta.

He calificado de rocambolesca la historia de la finca porque para hacerla reverter al pueblo de Altea hubo que lidiar con herederos como Fulgencio Batista, el dictador cubano, o personajes como el Príncipe de Chocotúa.

Pepe Barranquí es un pozo sin fondo de historias de Altea. Con él fuimos hasta Expo-Ocio, el antecedente de FITUR, al viejo Porrat de Sant Miquel, a las Fiestas del Cristo, a las de Moros y Cristianos y hasta a la Facultad de Bellas Artes de Altea. No olvidamos su faceta restauradora con El Cranc o l’Olleta, en la playa de l’Olla de Altea, al mismísimo borde del mar donde el arroz y las cosas de Altea son las protagonistas. Incluso con generosidad recorrimos la historia gastronómica de Altea: desde las fondas Ronda y Miñana de inicios del XX, pasando por El Bodegón de Pepe y La Posada de San Miguel, hasta hoy.

No faltó una cita a Benjamín Palencia, a Tusset, a Genaro la Huerta, a Francisco Lozano, a Conejo, a Mompó, a Sagi-Barba a Antonio Ferrándiz y a tantos otros. Incluso de Antonio Gades y Pepa Flores y la bohemia, que fue fundamental hasta bien entrados los ochenta.

Finalmente, resumió Altea: “no hay estrategia de futuro, aunque Altea siempre ha optado por cuestiones diferentes a Benidorm”. Recordó que los alteanos, antes, “hubieron de marchar a Argel y Orán a hacer la temporada”. “Muchos otros marcharon hasta Argentina, de dónde no han vuelto” y ahí recordó a algún alteano que en Buenos Aires compiló un recetario de arroces alteanos bajo el título de “El libro del Buen Arroz”, de José Martínez Orozco que también ha tenido a bien editar Aitana Editorial.

Lamentó que en Altea se deje morir todo: desde los astilleros a la agricultura. Y todo porque, dice, “altea tiene muy malos alteanos”.

Y él sigue ahí, luchando en lo suyo, por lo suyo y por el todo el saber que atesora, y esos treinta mil libros que un día hundirán su casa (por el peso). Con él rompieron el molde. Es que es un amigo, ¿qué puedo decir? Gracias, Pepe Barranquí por tomarte ese café melianense con nosotros.




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