1 oct. 2014

DE LA MORTAL HERIDA MEDIOAMBIENTAL QUE SUPONE EL ARAL


El Mar de Aral va terminar por ser un topónimo desfasado. Obviamente no es un “mar”; todo lo más, un lago endorreico (dos ríos le aportaron de siempre agua: Amu Darya y Syr Daria). Ahora mismo, territorialmente, el Aral se lo reparten Kazajistán, al Norte, y Uzbekistán, al Sur. Llegó a tener 68.000 km2 de extensión; incluso más, pero… ahora mismo no llegaa los 6.150 km2.



El 22 de agosto de 1964 el satélite KH-5 9066-A del Ejército del Aire de los Estados Unidos (Serie Argos) tomó la imagen que reproduzco del Mar de Aral. Cuando fue desclasificada pasó al banco de datos del Servicio Geológico de la Estados Unidos, de donde la he tomado.

Se ve un Mar de Aral en casi toda su expansión. En la foto se destacan los dos tributarios que lo mantenían vivo -ríos Amu Darya y Syr Darya- y la Isla Vozrozhdeniya (Isla Renacimiento) que era el objetivo (militar) de la imagen. En ese aislado lugar los soviéticos desarrollaban perrerías bacteriológicas de todo tipo lejos de miradas indiscretas. En algún Post medioambiental ya le he citado porque resulta que el Moscú ruso se ha desentendido de las ocurrencias del Moscú soviético y ha tenido que ser un equipo internacional, liderado por suecos y norteamericanos, el que ha “limpiado” parcialmente la isla, pero al quedarse sin fondos -2010- debieron abandonar.

El problema es que cuando la Revolución Soviética un alguien por allí decidió que el Aral estaba de más y desde los años 30, del siglo XX, no le han hecho más que putadas hasta tenerlo prácticamente desaparecido con toda la problemática medioambiental que ellos supone.

Durante la Era Terciaria (Cenozoico que llaman ahora; desde 65 millones de años a hoy) era el Mar de Aral como una continuidad del Mar Negro y del Caspio. Ya en el Cuaternario (el Cenozoico tiene 3 periodos: Paleógeno, Neógeno y Cuaternario) y en la época del Pleistoceno (desde hace unos 2’5 millones de años hasta hace unos 10.000; ahora estamos en el Holoceno) aquella comunicación de rompió y se quedó como una depresión húmeda en el desierto de Asia Central que poco a poco fueron llenando los dos ríos antes citados, y en esos 10.000 años de echarle agua habían conseguido un buen estanque.

Tan grande que ya en 1847 la Marina Imperial Rusa empezó a desplegar sus barcos… que llegaban hasta Oremburgo (en el río Ural), se desmontaban y se transportaban en caravanas de camellos hasta Aralsk donde eran reensamblados y botados al Mar de Aral. Aquellos barcos iban a carbón y cuando se les acabaron las reservas decidieron echarle a las calderas saksaul, un arbolete de hojas minúsculas y tronco gordo, de madera muy densa y dura, que crecía por allí. El saksaul era muy apreciado porque en una zona árida de temperaturas tan sofocantes su corteza almacena agua y sólo era necesario quitar un trozo de corteza y exprimirlo para obtener agua muy filtrada y potable. Total, que la flota del Mar de Aral cometió la primera tropelía medioambiental de la zona al esquilmar prácticamente los ejemplares de saksaul del área… a cambio de cartografiar perfectamente todas las riberas del Mar de Aral. Al final, sin saksaul que echar a quemar, se hubo de recurrir nuevamente al carbón de Donetsk, en la zona del Dombast, de donde siempre.

El Mar de Aral se mantenía, dijimos, con las aguas del Amu Darya y del Syr Darya, dos ríos que nacen en las tierras altas del Pamir (Tayikistán y Kirguizistán) y fluyen a lo largo de más de 2.500 kilómetros de terrenos muy áridos. Los griegos los llamaron Pamir y Oxus, al primero, y Oresartes al segundo, que marcaba el límite de las conquista de Alejandro Magno. Durante algún tiempo al Amu Darya se le identificó con el Gihon, uno de los cuatro ríos del Jardín del Edén (léase El Paraíso) y parece que hasta el siglo XIII fue, además, capaz de llevar su agua hasta el Mar Caspio, otro que se está quedando en nada.

Ahora bien, en torno a los años sesenta, entre los dos ríos, aportaban al Mar de Aral de 50 a 80 km3 de agua y sedimentos. Y entonces alguien pensó en que toda esa agua era una soberana tontería que terminara en el Aral y que podía servir para irrigar tierras y producir alimentos. De hecho, a los pocos kilómetros de nacer, ambos ríos riegan las tierras más fértiles del Asia Central -con un sistema de canales que data del XVIII, que lo de construir canales no es de hoy- y luego se internan en el infierno tórrido hasta el Aral. Por eso, en los años 30, del siglo XX, los soviéticos se propusieron llevar el agua de estos dos ríos por todas aquellas tierras para producir arroz, melones, cereales y algodón. Un ejemplo de aquella política se pudo culminar en 1988: el Canal del Karakum (iniciado en 1954). Es el más largo del mundo y se pensó para transportar 13 km3 de agua (del Amu Darya) a través del desierto del Karakum hasta 1.375 km de distancia para irrigar mejores tierras… perdiendo el 70% de la carga en evaporación y filtraciones por la mala calidad de la construcción. Ingeniería y diseño soviético de la época.

Pero el principal golpe al Mar de Aral se lo dieron con aquellos famosos planes quinquenales. Con el 5º Plan Quinquenal (1951-55) se inició el calvario: se quiso llegar a los 7 millones de hectáreas cultivables… y se llegó con 32.000 kilómetros de canales, 45 embalses y más de 80 represas… dejando sólo libre un 10% del caudal de los ríos para llegar al Aral. “Gracias” a esto la URSS fue una gran productora de algodón y hoy Kazajistán y Uzbekistán han heredado esa faceta.

Sí, producían mucho algodón pero el nivel del Aral descendió a un ritmo de 20 cm al año entre el 61 y el 70; en los ochenta el descenso fue ya del orden de 85 cm/año. Eso sí, la producción de algodón creció aritméticamente de la misma forma que decreció la cantidad de agua del Aral.

Ya en el siglo XXI todos oyeron los ayes y lamentos del Aral. Los kazajos reaccionaron y construyeron un dique (el Kok-Aral; finalizado en 2005, aunque aún en el XX -en 1992 y 1998- se intentó) en la parte norte, separando en dos el viejo Mar Aral. La zona norte, gracias al dique, se recupera porque le entra un poco de agua del Syr Darya… y no se la llevan. La zona Sur está a punto de desaparecer, mientras el nivel de la Norte ha subido en 38 metros (que es subir) y se está recuperando la pesca, famosa industria de antaño.

Y lo malo no es que desaparezca en sí el Mar de Aral (Mar de Aral del Sur, ya que el trocito del Norte parece que se recupera) con la consiguiente pérdida en fauna (peces, crustáceos y aves de la zona) y flora (otras especies además del esquilmado saksaul); lo malo es que los depósitos arrastrados durante décadas por el Amu Darya y el Syr Darya, cargaditos de restos de fertilizantes y pesticidas (la vieja URSS no reparaba entonces en toxicidades) que fueron a depositarse en el fondo quedan ahora expuestos al cuarteo de la tierra por falta de humedad y a la acción de los vientos. Además, el Aral tenía niveles alto de sal que ahora el viento arranca del suelo y actúa, letalmente, sobre los pocos cultivos que quedan cerca de él.

En fin, una catástrofe ecológica de primer nivel que aquí nadie parece entender. Y de vez en cuando el Observatorio de la Tierra se atreve a lanzar; pero es que lo hace un año sí y el otro también… y como es cosa de por allí, no le hincamos el diente. Pero es que tiene mal hincar.






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