6 oct. 2014

DE MANIPULAR EL CLIMA (II)


Uno de los padres de la astronáutica, el alemán Hermann Julius Oberth (los otros dos padres son el ruso Konstantin Tsiolkovsky y el norteamericano Robert Goddard) ya propuso en 1929 un sistema de espejos en el espacio para concentrar radiación solar sobre determinados puntos del planeta… y manipular el clima.

La idea de Oberth fue propuesta en su tesis doctoral, presentada en 1922 y desestimada por utópica: “Los cohetes hacia el espacio interplanetario”. Sin desalentarse, en 1929 amplió conceptos en “Modos de vuelo espacial” donde ya plantea una estación espacial -Raumstation- tripulada y reabastecida, orbitando el planeta, cuyos fines eran el servir como observatorio astronómico, nodo telegráfico y observación meteorológica, aunque también podía, gracias a su espejo cóncavo de 100 m de diámetro, reflejar radiación solar y actuar sobre determinados ámbitos del Océano Glaciar Ártico permitiendo mantener rutas navegables abiertas o liberando puertos estratégicos de latitudes altas del bloqueo por el hielo.

Oberth fue maestro de von Braum y estuvo en los equipos de cohetes nazis. Hay quien dice que los nazis vieron en este diseño de su estación espacial -y su espejo- el arma solar definitiva, el “rayo de la muerte” que desde tiempos de Arquímedes la ciencia va buscando.

Una anécdota de Oberth es que dijo de sus profesores, cuando le rechazaron la tesis, que la Universidad alemana era como “un automóvil con grandes luces trasera para iluminar brillantemente el pasado, pero carente de buenas luces delanteras”.

Cuando estalló la IIGM la cosa esta de intentar manipular el clima se relajó un poco, pero en 1946, tras aparecer las bombas atómicas en escena -el que fuera primer Secretario General de la UNESCO (organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura)-, John Huxley, pidió bombardear con ingenios atómicas el Polo Norte y caldear el clima del planeta. Huxley era biólogo y hermano del escritor Aldous Huxley y del Nobel Andrew Huxley, biofísico. Después de proponer ese bombardeo, no tuvo empacho en ser uno de los fundadores del Fondo Mundial para la Naturaleza, WWF.

Su propuesta fue publicada en Mechanix Illustrated, una revista  norteamericana que desde los años 20 venía proponiendo ideas de mecánica doméstica (incluso como construirse un coche casero) y propuestas de futuro. En el número de mayo de 1946 Wallace W. Ashley y Elmer W. Swan, en “Can we atomized the Artic”/”Podemos atomizar el Ártico”, exponen la idea de Huxley de “derretir las capas polares, moderar el clima de Hemisferio Norte, eliminar molestas olas de frío polar y mejorar la navegación en esa área del planeta”. Karl Schoroeder mantiene que aquello era una idea de “humanizar” el uso de la energía atómica… después de las demostraciones sobre Hiroshima y Nagasaki. La portada de la revista es total: Atom Bombig The Polar Ice.

Al despuntar la década de los 50 el matemático norteamericano John von Neumann empieza a aplicar con el Departamento de Defensa de los EE.UU. toda una serie de iniciativas sobre manipulación climática que había recopilado y sobre las que había trabajado tras la IIGM: entre otras cosas propone “borrarel albedo de la superficie de los glaciares para que la tierra ganase temperatura. Es que ya en 1946 cita a un buen número de colegas en Princeton y empezaron a valorar las posibilidades de manipular el clima. En 1951 le piden un informe sobre la posibilidad de realizar cambios efectivos del clima sobre zonas de la URSS para arruinarles las cosechas. Para ello von Newman desarrolló modelos informáticos para sistemas climáticos.

Por su parte, Irwing Lagmuir (Nobel de Química, en 1942), de General Electric, ya tiene en marcha su programa para generar lluvia. Tras sus éxitos iniciales, en 1953 se crea en los EE.UU. el Comité Asesor del Presidente para el Control del Tiempo. En la continuación del programa de Lagmuir, por parte de la OMM, participó muy activamente España: llovió en la Cuenca del Duero, como conté en otro Post.

En mayo de 1954 la revista Collier’s, que por entonces era líder en periodismo de investigación, publica un artículo del capitán de marina H.T. Orville -“Wheater made to order?” / “El tiempo a la carta”- donde intenta salir al paso del fracaso del Programa Cirrus (que no impidió a un huracán impactar contra el Sur de los EE.UU.) y explicar cómo se pueden combatir eficazmente los huracanes con bombas atómicas. Era ya una obsesión dar un uso pacífico y útil a la energía atómica.


En 1958 los rusos toman el relevo en lo de las iniciativas para modificar el clima. En esa línea apareció, hasta en los EE.UU., el libro de N. P. Rusin y L. A. FlitMan Versus Climate” /“El hombre contra el clima” donde esgrimiendo la gran desventaja que supone para Rusia el permafrost y las capas heladas siberianas, e incluso las zonas desérticas y polvorientas de su frontera asiática del Sur, planteaban una importante serie de cambios y alteraciones físicas del paisaje para conseguir una alteración del clima. De inmediato el físico M. Gorodsky sentó las bases de la propuesta -que en 1960 también elevará el climatólogo Vitali Cherenkov a la Academia de Ciencias- de poner en órbita polar un anillo de partículas de potasio que fueran capaces de aumentar, al menos un 12%, la capacidad de la radiación solar y con ello derretir el permafrost de Rusia (Siberia), Canadá y Alaska para conseguir más tierras fértiles. Más de uno pensó también en licuar el casquete polar para mejorar las vías de navegación.

Incluso en plena Guerra Fría llegó una propuesta para que fuera realizada conjuntamente por las dos grandes superpotencias. El ingeniero soviético Arkady Markin propone un dique en el estrecho de Bering (sólo 88 km… pero de vientos y corrientes extremas). La idea es recogida por Petr Mijailóvich Borísov. El objetivo de Borísov era licuar el Polo Norte gracias a ese dique y a una Corriente Polar que conformaría, lo que sería bueno para la navegación en general y buenísimo para Siberia. Con 24.000 millones de rublos era posible y como buen conocedor del Ártico sabía que la desaparición de la costra helada no supondría un aumento del nivel del mar (el volumen ya está contenido) aunque consideraba que la pérdida de hielo de Groenlandia sí podría generar ese aumento, aunque no lo consideraba importante. El Presidium de la Academia Rusa de las Ciencias trabajo el tema con el máximo interés y ordenó hacer pruebas tapizando de polvo de carbón determinadas zonas polares. Los resultados se publicaron en 1997, pero no he dado con ellos.

Los años cincuenta del siglo XX terminaron con sendas propuestas del uso de las bombas atómicas para alterar el clima: los rusos propusieron eliminar una estructura montañosa en la península de Kanchatka para alterar el flujo de vientos y cambiar el clima, y un geólogo norteamericano propuso detonar 100 bombas nucleares en el seno de las arenas de alquitrán de Alberta (Canadá) para hacer entrar en ebullición los depósitos de betún y con ese calor subterráneo alterar el Polo Norte. El proyecto se aprobó en 1959, pero el gobierno canadiense fue reticente hasta 1962 en que finalmente lo postergó sine die.




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