13 ene. 2015

DE CONSUMO Y SELLOS DE SOSTENIBILIDAD


Las marcas con sello de sostenibilidad han crecido en España, en 2014, un 7%. Han generado, leo, unas ventas de 1.500 millones de euros y resulta que, ¡pásmense!, 1/3 de los españoles dice que compra productos con sello sostenible que son más caros que los otros. A mí las cuentas no me salen; por lo general estos productos triplican el precio de “los otros” a pesar de que en 2014 bajaron una media del 3’6% para hacerse más asequibles. Sólo en vinos sé que hay botellas con caldos “sostenibles” más baratos que los demás. En cosas de comer y potingues para la cara… no.

Todo esto y mucho más sale de un informe (noviembre 2014) de la Pontificia de Comillas (que está en Madrid) y de la consultora Nielsen: “El mercadode las marcas sostenibles en España” que está muy interesante aunque yo, ya expongo, me creo lo justito en los análisis que han salido a posteriori con la noticia. Hay mucha “boquilla” entre los encuestados… o es que los encuestadores dieron con un nido de ciudadanos sostenibles que no vean.

Lo primero: ¿qué es una marca sostenible? Y de cabeza al informe: “aquella que cuenta con algún atributo social y/o ambiental, que viene avalada por una organización independiente y que exhibe el sello/leyenda que lo atestigua”. Vamos, que no vale autodeclararse sostenible; alguien tiene que certificar que lo eres.

Y te da una patada en la cara ver (pag. 29 del informe) que es la clase Alta y pudiente la que más consume etiquetas sostenibles; sólo la llamada clase Baja se encuadra en la etiqueta sostenible FSC (Forest Steeardship Council/Consejo de Ambiente Forestal) -que es la más introducida- porque se trata de envases y casi nadie repara en eso de los envases a la hora de comprar.

Por lo general, los productos con etiqueta sostenible tienen, lo que se llama, precio Premium (más, pero que más, caro), de ahí que hablemos de un “hogar comprador tipo de pocos miembros, generalmente sin hijos, de clase social media y alta”… y ahí sí me salen las cuentas; vamos, que para unos pocos.

Luego, por encima de todos, está la voluntad de ser sostenible. Va entonces uno, se lía la manta a la cabeza, echa mano de la cartera y se encuentra con que en los estantes de los establecimientos generalistas faltan las marcas que de verdad tienen ese carácter de sostenible más allá del envase (FSC).

Por si entre sus propósitos para 2015 está el de apostar por la sostenibilidad del planeta tenga en cuenta este Post.

Yo empecé en 2014 a prestar atención a estas cosas… y en unas sí, y en otras no.

La más implantada es la etiqueta FSC de los envases (principalmente); garantiza la contribución a la conservación de los bosques y de los valores sociales y culturales asociados a ellos; hablamos de papel, envases y hasta muebles. El sello FSC lo otorga, ya lo hemos indicado, el Consejo de Administración Forestal.

En productos de alimentación provenientes de agricultura y ganadería, la UE y los gobiernos nacionales, a través de organismos pertinentes, otorgan los sellos “orgánico” y/o “ecológico”. Para ello están tanto el sello de la UE (Organic Bio Logo) como el de las CCAA (y el nacional). 
Garantizan que los productos proceden de cultivos donde no se han utilizado compuestos químicos durante todo el proceso (cultivo/crianza, transformación, envasado, etiquetado y comercialización). Viene a decirnos este sello que, por lo menos, el 95% de su producto es ecológico; en realidad lo que garantiza es que tiene muchos menos posibles tóxicos (nitratos, pesticidas, antibióticos o metales pesados) que los otros.



El Comité para la Etiqueta Ecológica de la UE tiene la etiqueta “ecolabel” para todo lo que no es de producción agraria. Es un cajón de sastre donde entra todo: desde electrodomésticos y bricolaje a textiles y limpieza, pasando hasta por alojamientos turísticos. Todo menos alimentos y medicinas. Para lucir un “ecolabel” basta con adherirse a la campaña internacional de la UE que busca mínimas repercusiones medioambientales y que todos los productos que intervienen en la prestación del servicio están dentro de los márgenes de seguridad ambiental, y atenerse a sus controles. No tengo nada claro el control de esta certificación, sobre todo porque el 50% de las etiquetas ecolabel existentes en la UE las tienen productos y cosas de Italia… y no es que dude de Italia, es que lo hago del sistema de control tan amplio y genérico.



La Asociación del Sello del Comercio Justo certifica que el producto que lo ostenta ha pagado un salario digno a los productores del mismo. Para ello se efectúan controles regulares y se presta especial atención a los productos que son muchos más que café e infusiones: cacao, azúcar, frutas y bananas, frutos secos, arroz, miel, zumos de frutas, legumbres, soja, especias, flores, algodón, la célebre quinoa (que es una semilla y no un cereal) y hasta balones de fútbol. Yo, más allá de café y de quinoa, no he encontrado ningún otro producto en lineales no específicos, pero me aseguran que haberlos, haylos.

En el campo de trabajo del Precio Justo está la Rain Forest Alliance, que certifica la Rain Forest Alliance (Alianza para los bosques) y apoya la Red de Agricultura Sostenible (RAS; coalición de organizaciones conservacionistas), garantizando que los productos se han cultivado en fincas donde los bosques, los ríos, los suelos y la vida silvestre están bajo protección y que los trabajadores han sido tratados con respeto, reciben salarios dignos y hasta tienen acceso a la educación y a la sanidad. Café, cacao, , frutas y flores de la otra mitad del mundo llegan a tener esta etiqueta.



Para el pescado y sus derivados tenemos la certificación MSC (Marine Stewardship Council) de la propia MSC que garantiza que todo el pescado, marisco y sus derivados proceden de fuentes sostenibles. Y para la cosmética y la perfumería tenemos la Leaping Bunny, que certifica The Coalition for Consumer Information of Cosmétics y que garantiza productos obtenidos sin que los animales sufran y que confirma que las normal para productos libres de experimentos con animales (normas HCS) se han cumplido.



Al parecer, hay donde elegir incluso sin acudir a tiendas especializadas, pero lo que más abunda es el sello de los envases.






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