16 ene. 2015

DE VULNERABILIDAD Y ADAPTACIÓN; DEL ÍNDICE ND-GAIN Y DEL PROGRAMA HFA


La Universidad de Notre Dame du Lac es una universidad privada y católica de los EE.UU. Se ubica en Notre Dame, Indiana, y su nombre francés tienen sentido cuando se sabe que Indiana era originariamente una buena parte de un territorio llamado Nueva Francia y que fueron colonos franceses los que allí se asentaron, con los indios potawatomi -que no salen en las películas porque estaban muy, muy, al norte- y molan menos que los cheyenes, sioux y los socorridos apaches.

Esta universidad desarrolla, año tras año, un Índice de Adaptación Global a eso que llaman cambio climático y que se ha convertido ya en un clásico. Se trata del ÍndiceND-GAIN que pretende concienciar de la necesidad de aumentar la resiliencia[1] ante el cambio climático y trabajar por un desarrollo sostenible. Esta gente urge a adaptarse al cambio climático (¡Vaya!, ya lo he escrito tres veces; que para odiar -y combatir- el palabro es una inmensa bajada de pantalones) y resume la vulnerabilidad del país. En fin: analizar la debilidad ante lo que -dicen que- se nos viene encima y capacidad para evitarlo.



Están convencidos los de Notre Dame que lanzando estas alertas conseguirán que se prioricen las inversiones para dar una respuesta más eficaz a lo que se nos avecina.

En fin, que computado hasta 37 parámetros en 192 países -y llevan desde 1995 haciéndolo- han llegado a establecer el famoso índice. En fin, que estudiando aspectos concretos sobre producción agraria, agua, sistema sanitario, ecosistemas, hábitos humanos e infraestructuras son capaces de establecer un ranking de posibilidades de adaptación y supervivencia de cara al futuro.

El país que mejor lo tienes, dicen, es Noruega (con un índice de 82’7 y en el número uno los últimos 19 años; son unos cracks). Esto complacerá sobremanera a mi buen amigo el cónsul Nilsen (con el que he estado esta tarde intentando desmontarle la “paraeta” climato-apocalíptica).

Nueva Zelanda, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Australia y Reino Unido también están por encima de los 80 puntos. El final de la tabla lo ocupan Chad, Burundi, Eritrea, República Centroafricana y la República Democrática del Congo… el centro de África, por debajo de los 34 puntos, que son los que lo tienen fatal: muy vulnerables y muy mal preparados.

En el puesto número 25 está España (69’9 puntos). Consideran los de la Universidad de Notre Dame que aún existen en España algunos desafíos de adaptación, pero estamos bien posicionados para lograrlo: somos el decimoquinto país menos vulnerable y el trigésimo primero mejor preparado.

Recopilemos. No se esperan mermas en los rendimientos de las cosechas y tampoco aumentos en las demandas de alimentos. La dependencia de la importación de alimentos está dentro de los parámetros del comercio internacional y se mantiene en los últimos años. La población rural se reduce y tenemos una adecuada adaptación tecnológica, aunque los efectos de la crisis se han notado.

A nuestro favor tenemos que el impacto previsto en el tema de aguas (aludida disminución de precipitaciones) es tenida en cuenta: hay estabilidad en cuanto a escorrentías y en la recarga de acuíferos sobre la base de un escenario concreto (RCP4.5)[2], así como la proporción total de recursos hídricos renovables y la tasa de dependencia del agua. Uno de nuestros puntos flacos es precisamente que no aumentamos la capacidad de almacenamiento; que no construimos nuevos pantanos.

En los temas de salud estamos bien, en base al escenario S550[3]. En realidad, un más que aceptable sistema de salud nos asegura que podemos superar la situación futura. Además, está, que mantenemos los biomas y no alteramos en demasía la biodiversidad marina.

Nuestro fallito, eso sí, está en la huella ecológica, aunque estamos a nivel de Italia y Japón -lo que no sé si es medianamente bueno- y en que desde que estalló la crisis (2007) parece que hacemos caso omiso a lo que se nos pide en la convenciones internacionales de medio ambiente a ese respecto. Los índices tanto de olas de calor como de inundación están en parámetros estandarizados, y aunque aumenta la concentración urbana -que puede desequilibrar la cosa un poquito- nuestro principal problema en este campo está en que tenemos un importante desbarajuste de población envejecida o camino de ello (lo que califica -y calificamos- “de riesgo”) en los escenarios futuros (y un escaso porcentaje de población joven).

Finalmente está el capítulo de infraestructuras (atendiendo al escenario de emisiones A1B, que es el llamado Escenario Rápido Crecimiento Global en su variante de equilibrio entre todas las fuentes energéticas). Describe un mundo futuro de crecimiento muy rápido, nuevas tecnologías. Y aquí tienen en cuenta hasta un posible aumento del nivel del mar para finales de siglo de hasta 0’63 m -con afección de altura media de las mareas de tempestad de más de 2 metros- y han tenido en cuenta la proporción de población que vive a menos de 5 metros sobre el nivel del mar (que podría verse afectado por el manido aumento del nivel marino). Hasta ahí estamos bien posicionados, pero resulta que fallamos por una excesiva dependencia de una energía que no tenemos y que hemos de importar.

Finalmente, en el apartado de “preparación para los desastres”, no hay reseña para España; sí que la hay para Noruega y prácticamente todos los países de nuestro entorno. Aquí se tiene en cuenta la preparación de cada país para reducir el riesgo de los desastres naturales que analiza, a su vez, HFA (Hyogo Framework for Action) un programa marco de Naciones Unidas para la Reducción de Riesgos de Desastres. Por ello, en este apartado, tenemos una puntuación cero; cero patatero. Cualquier otra, positiva, (la que fuera) nos hubiera colocado en mejor posición en este índice/clasificación y al nivel de los principales países de la UE. Ahora, que ver a Groenlandia (con todo lo que dicen) que está en el nivel guay... da que pensar.

El índice ND-Gain a mí me sirve para poco; pero sí me gustaría saber por qué no estamos evaluados por este programa de Naciones Unidas que se ocupa de los riesgos naturales, clave del proceso.






[1] En ecología, la capacidad de las comunidades y ecosistemas de absorber perturbaciones sin alterar significativamente sus características de estructura y funcionalidad, pudiendo regresar a su estado original una vez que la perturbación ha cesado.
[2] Representative Concentratrion Pathway: con una radicación de 4,5 W m-2; aproximadamente 650 ppm CO2 equivalente
[3] Límite superior del Informe Sterm (550 ppm); aumento de temperatura en 3ºC

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