10 jul. 2015

DE LA CIUDAD: QUE A VER CUANDO, C…, DECIDIMOS EL MODELO


Cada vez que miro la Avenida de Europa y la veo completamente vacía por mor de la Zona Azul me asusto con la imagen de una ciudad vacía. Solo en la segunda quincena de enero estaba antes así. Y eso que aún se hace la vista gorda. Luego está eso de que te considere un extraño residente en tu ciudad, o no. Que eso tiene bemoles. En fin.

Estudiar la ciudad se las trae: una cosa es la morfología y otra la estructura; incluso la función social.

La ciudad organiza el territorio sobre el que se asienta y determina (bueno, los políticos de la ciudad) los usos del suelo. Incluso las relaciones entre la propia ciudad y sus habitantes y con las ciudades inmediatas. Para Raymond M. Northam, un geógrafo de lo urbano, la ciudad incluso determina la división del trabajo, el crecimiento de la productividad y hasta la alteración de la estructura social. La ciudad es la ciudad.

Nos ha dado, en el estudio de la ciudad, hasta por buscarle una definición y así, los geógrafos, consideramos que la ciudad es el espacio del hábitat humano surgido de la integración de factores históricos, económicos y sociales, definidos por elementos demográficos, morfológicos, culturales y funcionales. Y en lo funcional, lo de funciones, tenemos la clave del asunto.

Porque, miren: en lo del tamaño… no nos pondremos de acuerdo. En Escandinavia se es ciudad con 200 habitantes, y en Japón en cuanto se llegue a los 30.000; quedémonos en el término medio español de los 10.000 habitantes. Lo mismo ocurre con la densidad. Sobre la morfología, esa estructura de manzanas delimitadas por calles, hay infinidad de modelos y en cuanto a su función, la clave del asunto -insisto-, ¡para qué contarles!

Marcel Aurousseau, un geógrafo australiano, en 1921 señaló seis tipos de ciudades (en otros manuales, hasta 9) que pueden llegar hasta 27 tipos haciendo combinaciones: ciudades administrativas, defensivas, culturales, productivas, de comunicación y de recreo. Thomas G. Taylor, desde la Universidad de Chicago, en 1930, complicó un poco la cosa atendiendo a la etapa de la vida en que se encontraba la ciudad; etapa que venía a estar en función del número de habitantes y su estructura, atendiendo incluso a su diferenciación espacial, estructuración y segregación residencial. 
No fueron los únicos Aurousseau y Taylor; desde que terminó la IIGM han sido legión -Harris, Olsson, Chits, Fava, Chabot, H.J. Nelson, Smith, Moser, Sorre…-  los que han metido sus narices en esto de la ciudad para intentar comprenderla y ofrecernos modelos para que nosotros la comprendamos.

Chancy D. Harris, en 1945, marcó una tendencia que siguen teniendo como rasero muchos -muchísimos-: ciudades industriales, comerciales, de transporte, diversificadas, universitarias, políticas y de ocio. Vamos, que a simple vista uno ve el percal y asume dónde encuadrar la suya; que si es una ciudad marítima que tiene un arsenal militar, que si tiene una universidad, que si respira la contaminación de su polo industrial o vive de su extracción minera, que si está bien comunicada pero en el centro de la nada, que si ofrece ocio y diversión o que si mantiene las estructuras del poder. Vamos, que verde y con asas: ¡Alcarraza! En todas las ciudades debe haber de todo para que funcionen; pero cada una está en esta vida para lo que está. Por y para su función.

En esto de la ciudad hay un cosa que siempre que la suelto en charlas llama mucho la atención. Lo de la ciudad es muy moderno. Fíjense: si hubiera transcurrido sólo un día (24 horas) desde la aparición del hombre en el planeta… lo de los asentamientos humanos correspondería para las once y media de la noche. Y la primera ciudad nos aparecería a la 23’47 horas. Con todo ello, lo de la “urbanización del planeta” tendría muy poco recorrido, pero los últimos 5 minutos, desde las 23’55 horas, el ritmo es brutal.

Sólo por eso justificaremos la falta de ideas sobre el “qué hacer” con la ciudad. Y aquí también entra en liza Benidorm: ¿qué modelo de ciudad?

La explosión urbana es consecuencia de los últimos 200 años -y en Benidorm, de los últimos cincuenta y nueve- y si hay que echarle la culpa de algo a alguien… ¡a la Revolución Industrial! En este siglo XXI, en este año de 2015 -al comenzar-, el 52% de la población del planeta vivía en ciudades. Cuando termine el año rondaremos el 53%... porque para el único que la ciudad no le iba era Paco Martínez Soria. A todos los demás, nos va la ciudad.

Benidorm, a tope. 10 de julio.
Y esta es la triste imagen del vacío en la Av. de Europa
Y claro, a las ciudades, aunque estén programadas -¡y hasta pensadas!-, les salen los achaques y problemas por todos lados. Problemas que se pueden atajar… si hay voluntad, ganas e ideas.

En todas las clasificaciones de los expertos sale la ciudad de ocio, de recreo, de veraneo. Y todos les aplican unas características muy especiales, muy concretas y muy definidas. No queramos, ahora, rizar el rizo. Somos lo que somos; y Benidorm es una ciudad balneario, una ciudad turística, una ciudad de ocio… lo que quieran, pero en ese campo. Y sobre esas premisas, y no sobre otras, habremos de trabajar, pensando en los que ya viven (y laboran) y los que han de venir a disfrutarla.

Y a propósito del despropósito de la azulización del viario de Benidorm (sí, ya sé que es un marrón heredado; un pifia del anterior equipo de gobierno -del mismo mes en que se celebraban las elecciones- que hereda el actual) agarremos el toro por los cuernos y definamos el modelo de ciudad y, por ende, de sus características.

La ciudad de servicios no existe, son los servicios los que hacen ciudad. La ciudad de turismo, de ocio, de recreo sí existe. Trabajemos sobre esa base: Turismo. Los mimbres urbanísticos nos llegan desde la Carta de Atenas (incluso desde la Ciudad Funcional de Cornelius van Steren) y hemos creado un buen producto a un precio muy competitivo; una ciudad que funciona. Una ciudad turística, no un centro de negocios. No un es un todo CBD (Central Bussines District) efervescente; es un todo dinámico por áreas.

Aquí, en Benidorm, vivimos del turismo, mal que le pese a alguno. Y tenemos la obligación, salvo que optemos a otra cuestión (en el brillante Parque Tecnológico de alcarrazas varias), de preocuparnos por él. Y alguien debería darse cuenta de que para ir a la playa la zona azul sólo es válida en domingos y festivos.

Así pues, más manual de ciudades terciarias y gestión del turismo y menos vender que la cuestión es para la rotación del aparcamiento como si aquí (y muchos disfrutamos de aparcamiento bajo nuestras torres) se viniera a realizar gestiones o a efectuar compras. Aquí se viene a echar el resto en vacaciones y ocio. Y se rotaba cuando correspondía.

Hace unos días se nos llenaba la boca con lo de que Benidorm es el lugar donde más gente va a trabajar a pie. Y eso que Benidorm es más largo que ancho (a pleno sol, más largo que un día sin pan) casi una sección de la Ciudad Lineal del Sr. Soria (don Arturo; no confundir con el ministro canario que produce urticaria con algunos de sus postulados). A lo mejor es que sabían que aparcamiento había el justo y no querían pagar por aparcar.

En fin, que ya va siendo hora de definir el modelo de ciudad y, por favor, su modelo de gestión. Incluso saber si lo que queremos de verdad es dedicarnos a producir lavativas con timbre… que suenan un montón.




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