19 jul. 2015

DE LO QUE SÓLO ES UNA ANÉCDOTA MIENTRAS DEJAMOS ESCAPAR EL FUTURO


A las 8’10 (AM) me ha llamado un amigo. “¡Carlos, que es domingo!”, le he respondido con resignación cristiana. Y ni me ha respondido. Él, a lo suyo: “¿Has leído en ‘Información’ lo de ‘A vueltas con el modelo Benidorm’? Y yo, a lo mío: “¡que son las 8 y 10!”.

Carlangas es así; donde esté, preocupado por Benidorm. Y me ha sacado de la cama; lo que no hace “Putoperro” lo ha hecho hoy Carlitos. “¡Confunden el ‘todo incluido’ con el ‘modelo turístico’ y lo meten, con cuña, en lo referente al ‘modelo de ciudad’!; ¿tú te crees?”.

Y ese ha sido el resorte que me ha impelido a la ducha y al ordenador. En caliente, como que ¡mejor que no! Un 8-9-8 en ayunas y un paseíto. A las 8’30 (AM) ya estaba yo en la calle con el semoviente de la unidad familiar para digerir la noticia.

Gente bajando de la zona Disco -algunos con desmedida euforia se pasaban, unos a otros, una descomunal sandía… que ha terminado bien cascada-, la zona azul muy despejada, poco tráfico y a pesar de ello una ambulancia haciéndose notar (y no sé para qué), unas chicas arrastrando maletones inmensos y consultando un mapa, la playa con algunos madrugadores, el paseo muy concurrido de runners y aspirantes a ello, gente desayunando en alguna terraza, algún que otro vehículo “extrañamente” aparcado, muchos paseantes de congéneres de “Putoperro”… Vamos, lo de siempre.
Lorenzo se ocultaba entre alguna nube y daba un respirín matinero. Las hamacas playeras casi en perfecto estado de revista; alguna sombrilla azul ya estaba abierta.

Y yo me he acordado de Giles Tremlett, el británico que en “España ante sus fantasmas: Un recorrido por un país en transición” nos da un señor repaso, pero termina haciendo un panegírico de Benidorm: “Benidorm, por horrible que sea (que le pueda parecer a él o alguno de sus lectores), es un monumento al trabajo duro y a la determinación”. “Milagro” nos llama en algún pasaje. Cuatro capítulos, y la obra va de toda España, para Benidorm. “Gran turópolis” (turópolis, ciudad-turismo, nuevo palabro para Benidorm), nos llama. Si “España es una superpotencia mundial del Turismo Benidorm es el símbolo por antonomasia de este estatus”. O que “Benidorm es a los paquetes turísticos lo que Las Vegas al juego: la indiscutible capital del mundo”. ¡Cómo tira el veguero!


A lo mejor, alguien debería leerse a Tremlett y valorar la opinión del periodista de The Guardian. A Tremlett y a una legión de analistas de la realidad de Benidorm… que, mira por dónde, ninguno está en el Ayuntamiento.

O a Arcai Espada (Ebro/Orbe). Allí puedes leer lo de “Benidorm es uno de los mejores lugares del mundo para no estar solo”. ¡Genial! En una conversación con Iribas, éste le recuerda que “Benidorm es el mejor parque temático”. A lo que replica el autor que “Benidorm es el concurrido dominio del ocupante ocasional, del inquilino” y vuelve a aparecer la comparativa de la Coca-Cola de 2 litros: divertida, refrescante, para todas las edades, para todas las horas y que combina bien con todo.

¿Debatir el ‘modelo Benidorm’ en un pleno? Si es para proponer un debate serio y profesional donde los políticos de turno (los concejales) estén sólo como mirones (para ver si aprenden algo), pues naturalmente que sí. ¿Para otra cosa?, naturalmente que no.

Convertir el absurdo debate que ha propuesto el PSOE -¡¡y aceptado el PP!!- sobre una mínima modalidad hotelera en el equivalente al modelo de ciudad es intentar lo imposible. Y sobre eso, lo imposible, Napoleón ya se pronunció: “Lo imposible es el fantasma de los tímidos y el refugio de los cobardes”.

Si hay que valorar algo es el modelo (económico) de ciudad. Ya está bien de decir que Benidorm es una ciudad de servicios… porque sólo hay un servicio: turismo (ocio, recreación, alojamiento, restauración, compras). No hay más servicios que en las demás ciudades: un transporte elemental que distribuye mercancías y traslada personas, una banca sencilla de intermediación financiera, un comercio con las mismas tiendas que en todas las demás ciudades, una sociedad de la información en mantillas… Sólo Turismo: estancias y viajes con los aditivos de ocio y recreación para los cinco sentidos. Sí, una ciudad terciaria con mínima incidencia de lo público y tremenda de lo privado; un terciario social; un terciario expansivo que se estabiliza por lo regresivo; un terciario evolucionado en una sola vía y en una única dirección: el Turismo.

Echen mano, si no, de la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE): Comercio, Hostelería y restauración, casi todo. Transportes y comunicación, para andar por casa. Servicios a la producción, para no ser flor de un día. Otros Servicios… se suponen. Somos Terciario de Bienestar Social (actividades de incremento cuantitativo de bienestar social) con alguna laguna; pero líderes en Turismo.

Trabajemos ese campo: Turismo. Ahora (bueno, hace ya un tiempecito) se habla del Sector Cuaternario, el del Conocimiento, y del Sector Quinario, el de los Servicios sin ánimo de lucro… que no debe ser el nuestro.

Para estar de cara al futuro hay que hablar de población (ojo a las cohortes del futuro; hay que mirar más allá de los Millennials), hay que hablar de financiación, hay que hablar de cómo mejorar el conjunto. Hay que hablar de las personas y su futuro, de los estándares de habitabilidad, sostenibilidad y economía. Hay que hacerse un lavado de cara, una expiación de las culpas de infracalidad antes de hablar.

Hemos llegado aquí por las condiciones del lugar y de la materia prima de los pioneros; hemos llegado aquí por inercia, por la misma inercia de aquél primer empujón. Todo lo más, habrá que matizar el camino de las llamadas “áreas suaves” de la economía, de las actividades en torno al turismo, pero con introspectiva; mirándonos bien por dentro. En casa tenemos el origen de todos los males… que no es la mínima demanda internacional del ‘todo incluido’.

Vuelvo a Tremlett, se acaba el Partagás. Ya están llegando los autobuses que desde La Mancha y el Altiplano murciano traen a domingueros ansiosos de las playas de Benidorm; un par de horitas de trayecto y antes de las diez a tostarse al sol. Se desparraman por el paseo camino de la playa.

Y yo, echando de menos a José Miguel Iribas que bien pronto buena respuesta les hubiera endiñado a los del modelo, termino con el británico Tremlett: Le tengo cada vez más respeto a este milagro recargado, a esta máquina turística eficaz y estridente que vende una cosa y sólo una: el placer de unas vacaciones de dos semanas lejos del departamento de contabilidad, del teléfono de ventas o de la fábrica”. En eso, Benidorm es único e insuperable, una cálida localidad de acogida que ha sabido reinventarse y adaptarse siempre a los nuevos tiempos.

Benidorm, nos guste o no, son las vacaciones de la gran clase media. No lo echemos a perder por no saber ni lo que queremos.

He leído en la Memoria de la producción de Bikini (Ocar Bernarcer-Joana Martínez) que lo de Pedro, don Pedro, fue “más allá de soñar un futuro distinto, la capacidad de llevarlo a cabo”. Reclamo el espíritu de don Pedro, el fantasma si quieren: recobremos el futuro, hagamos realidad la quimera, no nos quedemos en la anécdota. Busquemos ese Benidorm 2050.

La propuesta del PSOE, que irá al próximo pleno -la del AI-, no es más que la anécdota de las vacaciones en Benidorm. Benidorm es un fenómeno complejo; sólo hay que entenderlo.






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