12 jul 2015

DE CLARIVIDENCIA EN EL TURISMO. DE HACE 50 AÑOS…


Ya se han cumplido más de 50 años de la reivindicación benidormera de la figura económica del “municipio turístico”. En 1964 un benidormer ilustre y añorado se atrevió a pedirla en público, en la 1ª Asamblea Nacional del Turismo. Le hicieron el caso justo en esa jornada; fue flor de un día. Pero este benidormer no tuvo empacho en seguir reclamándola allá por dónde iba. Un lote de libros de José Mª Díez me ha hecho bajar al trastero hasta encontrar “” ejemplar del “Así lo dije y hoy agrego” de Pedro Zaragoza, don Pedro Zaragoza, donde habla de esa figura que aún hoy por aquí aún hay quien ansía.

Logo central de Hogarotel
En el Palacio de las Naciones de Barcelona se celebraba Hogarotel (Salón Nacional del Hogar, decoración gastronomía e Internacional del equipo hotelero), siempre en Noviembre. Y en su quinta edición (Hogarotel-5, aunque la primera se llamó Hogar-Decoración) acudió Pedro, don Pedro, a predicar, una vez más, lo del “municipio turístico”.

Y siempre -didáctico- Pedro, don Pedro, abogaba por la planificación y explicaba a la concurrencia: “lo primero que debe proponerse un municipio al proyectar una posible operación turística, es la de considerar seriamente su potencial, pues hay que partir siempre de una realidad susceptible de mejoras o de perfeccionamiento, pero de una realidad”.  Y recomendaba “considerar seriamente su potencial y planificarlo totalmente”. Y proponía “un muy buen estudio urbanístico que ha de ser desarrollado con la suficiente calma y tiempo para evitar soluciones rápidas o provisionales”. Y concluía: “la planificación urbanística debe ser abordada desde el principio y no esperar a hacerlo más tardeporque obstaculiza los planesy la codicia de los beneficios crea dificultadesmuy difíciles de superar”. ¡Si le hubieran hecho caso en todas partes! Pedro, don Pedro, lo tenía muy claro.

Pedro, don Pedro
Ya entonces -1965- Pedro, don Pedro, señalaba la interdependencia e influjo mutuo entre Turismo y Paisaje: “en ningún caso las construcciones han de alterar el paisaje, antes al contrario, deben armonizarlo”. Lamentaba la inexistencia en España de un organismo valedor para estos menesteres -¡1965!- y planteaba crearlo: “la conveniencia de que por el organismo competente se llegue a crear una entidad responsabilizada en la tarea concreta de planificar por el turismo, defendiendo el paisaje”.

Defendió Pedro, don Pedro, la construcción en altura: “La elevacióndel precio de los terrenos, que hace cada día más difícil la fórmula de la vivienda unifamiliarhan hecho pensar en la fórmula del apartamento, más económica y de más fácil acceso para amplias zonas de la clase media yde la clase obrera…”. Y va a más: “…resulta práctico en cuanto dispone de servicios comunesque representan también una economía para la gran clase media…”. Pero, al mismo tiempo, exponía: “hay que evitar la monotonía de los grandes bloques”. Y planteaba la solución de los 3m3/m2 que tan buenos resultados daba en Benidorm. Y no me consta que sacara a relucir la Teoría de la Caja de Cerillas… o, al menos, en el texto no hay referencia a ello.

Pedro, don Pedro, no hacía apología de “su” Benidorm; la hacía del Turismo y de España. “El turismo interior ha de ser una preocupación comúnHemos de procurar que el español haga más turismo, que nuestras costas y nuestras zonas turísticas del interior, sean cada día más conocidas y visitadas por todos los españoles”.

Y Pedro, don Pedro, se metía en cifras, prolijas cifras, y en multitud de conceptos contables, para explicar el dificultoso funcionamiento económico del municipio turístico, destacando que era muy necesario realizar “el apoyo fundamental en la iniciativa privada”. Y tras señalar el éxito ya alcanzado en 1965 por Benidorm, no dudaba -ante un auditorio tan notable- en cerrar el párrafo con un “en honor a la verdad, debo decir que todo esto se ha logrado sin apenas ayuda estatal”. Y esa ha sido la tónica de la ciudad de Benidorm desde que se metió en el berenjenal del Turismo.

Acto seguido explotaba Pedro, don Pedro: “Hemos llegado a un situación límite. Hemos agotado los recursos normales, las colaboraciones previsible, los esfuerzos ordinariosahora hay que solidificar lo creado”.

Entonces, tiempo de planes de desarrollo, planteaba para los municipios turísticos “plataformarlos en el Plan de Desarrollo”. Iba a más, lanzado, muy lanzado, Pedro, don Pedo: “es indispensable una política de créditosdel Estado y como amortizaciones a largo plazo. No se trata de subvenciones, sino de un régimen especialcon amortización diferida que, sin constituir una pesada carga, beneficiarían los presupuestos municipalesEn realidad, cada municipio habría de tener su propia carta económica que le sirviera para autofinanciarse”. Y lo explicaba con los números de Benidorm de 1965.

Pedro, don Pedro, recordaba que “el turismo es, sí, como un maná, pero un maná que puede cesar en un momento”. Y apuntaba las causas: “la competencia turística puede enconarse en un futuro inmediato”. Y señalaba peligros potenciales: “Una imprevisible coyuntura exterior puede, puede repercutir en nuestro sistema turístico”… una advertencia muy sensata en 1965.

Y entonces contaba la aventura que llevaban a cabo los 4 tenores (los alcaldes de Benidorm -Pedro Zaragoza-, Alicante -Fernando Flores-, Málaga -Rafael Betés- y Palma de Mallorca -Máximo Alomar-) para conseguir la que don Pedro creía iba a ser la 2ª Asamblea Nacional del Turismo (autorizada por los ministerios de Gobernación e Información y Turismo), ya que en la 1ª no le había hecho demasiado caso. Buscaba aliados, y por ello invitaba a todos los alcaldes a acudir con “nuestros técnicos y especialmente con los Secretarios de los Ayuntamientos, Interventores de Fondos, Arquitectos e Ingenieros municipales”. El objetivo: reivindicar esos fondos y logar la “mutua emulación y aprendizaje del magisterio ajeno”. Buscaba: “corregir orientaciones equivocadas, evitar competencias absurdas, fomentar recursos nuevos y sobre todo aprovecharse de las energías sociales que Ayuntamientos condensan y polarizan”.

No hubo 2ª Asamblea hasta 1975, pero Pedro, don Pedro, siguió reivindicando esa figura, la del “municipio turístico”, allá por donde fue. Y argumentos nunca le faltaron. Es una lástima que no se le tuviera más en cuenta; mucho más.





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