30 ene. 2015

DE UN CAFÉ CON ÁNGELES RUÍZ. GASTRONOMÍA A FLOR DE PIEL


Pasó por Los cafés del Meliá una periodista fascinante, entregada a su trabajo de divulgación de sus investigaciones, que hace poco más de un mes contó con un Post -en este Blog- con motivo de la presentación de su último libro -sobre las almadrabas y sus gentes… de Benidorm; faltaría más-, cuya dedicatoria me emocionó sobremanera: “En memoria de los marinos de Benidorm que al zarpar metían su corazón en salazón para soportar la ausencia”. Pura sensibilidad. Es tan bueno y tan auténtico que odio que no se me ocurriera a mí. Con eso lo digo todo.

Bueno, pues el caso es que cuadramos agendas y al final se pasó a tomar café con nosotros, los tertulianos del Meliá de Benidorm, la periodista Ángeles Ruiz García.

Ángeles es una gaditana -ya lo conté en su día- a la que Carles Llorca Baus ganó para La Terreta y trasplantó a un rincón vilero entre las playas del Bol Nou y El Paradís. Se vino Ángeles con su máquina de escribir -eléctrica- y una maleta. Con Carles hizo 5 libros. Y cuando Carles faltó, se nos quedó por aquí: “y eso que nacer en Cádiz y un sábado de Carnaval tira mucho”. Desde entonces, como antes, no ha parado. Ahora, “porque el trabajo es un refugio para evitar la melancolía”. Y nos confesó, además: “escribo para disfrutar del lenguaje y compensar la timidez”.

Sí, a pesar de los galones que ya acumula, Ángeles Ruiz se confiesa tímida; pero no para.

Yo, confieso, siempre preferiré la “Historia marinera de Benidorm” -que hicieron al alimón y con la que tanto, y tanto, aprendí-, pero la lista de Ángeles tiene enjundia: “Vademecum de cocina de la Marina Baixa”, “… de la Marina Alta”, “Ir de tapas por Valencia”, “Guía de la Comunidad Valenciana”, “Gastroguía”, “Sabores de la Costa Blanca”, “Bon profit. Viaje por la cocina alicantina”, “La vida secreta de las especias”… Muchos. Considero que es la periodista gastronómica más completa y prolífica de la Comunidad Valenciana. Incluso ha puesto texto a todos los tarritos de especias de la firma alicantina Carmencita. Y al llegar a aquí, Ángeles, destacó la labor de las empresas alicantinas -como Valor (La Vila) y Carmencita (Novelda)- que han sabido y logrado inculcar un profundo sentimiento de pertenencia a la empresa en todos y cada uno de sus trabajadores, “lo que demuestra la diferencia entre empresa y negocio”.

Sus últimas realizaciones las encuadra en la colección “Cuadernos de Bitácora de la Gastronomía” en la que ya han visto la luz “Sabor a mar. Pescados humildes del Mediterráneo” y “De atún, almadrabas y sus capitanes”, libro que le “permitió unir su tierra gaditana con Benidorm”. Es que, nos contó, aquella Villajoyosa a la que llegó a compartir vida e investigaciones con Carles Llorca era de una tranquilidad absoluta; y Benidorm era como la válvula de escape.

Y hablamos mucho de gastronomía; y ella -que sabe de lo que habla- nos confirmó que “el gastronómico no es el motivo fundamental de los viajes más que un reducidísimo número de experiencias. Pero la gastronomía sí es un complemento importante de los viajes”. Criticó, con acierto -considero yo-, “la excesiva cantidad de eventos gastronómicos” que se suceden en nuestro entorno “porque no conectan con los turistas” como, hasta la saciedad, viene recordando Roc Gregori y otros compañeros plumillas más. “Lo más interesante -dijo- son las actividades generadoras de impacto”, y ahí fallamos “porque no encontramos nuestro hecho diferenciador y fallamos al exaltar nuestros valores”. Implicar al turismo en la gastronomía es el objetivo; y no se consigue. Las jornadas funcionan, dicen los restauradores; pero esos platos se caen de las cartas en cuanto finalizan, Sí, somos capaces de hacerlo; pero volvemos a lo de siempre: “No tenemos claros nuestros valores diferenciadores; identificar nuestros productos es clave”. Este es un campo a profundizar.

Ángeles nos contó que le gusta mucho escribir de la gastronomía, pero evita hacer crítica gastronómica: “antes de poner una palabra inadecuada en un sitio inoportuno, me callo”. Y, después, Ángeles nos contó “la experiencia brutal y tremendamente satisfactoria” que fue trabajar en Canal 9 TVV. Todo comenzó con el programa “Bon Profit” (Paco Nadal; 1997), y la singladura llegó hasta 2001. Orgullosa está de aquella etapa.

Y hablamos de proyectos. Y eso que no le gusta hablar de ellos hasta que están ya más que perfilados. No obstante nos contó que trabaja ya, en firme, sobre un libro centrado en el níspero y en Callosa d’Ensariá: “Los callosinos son un pozo de sabiduría en cosas del agua”, exclamó maravillada. También documenta ya un trabajo sobre la industria del turrón… y algunas cosas más.
Pero lo que más le apetece ahora es acometer una obra que bulle en su cabeza mucho tiempo ya. Irá sobre viudas y viudos. “Una mujer que con 36 años queda viuda, tiene vida”. Y sobre esa vida quiere escribir (y vencer su timidez). Es un tema que ahora mismo, cuando dice que ha “pasado el Ecuador de su vida”, le apetece sobremanera. Pero no encuentra el momento.

Seguro que pronto veremos ese trabajo hecho realidad, como el de los nísperos y el turrón… y más cosas con Quique Dacosta. Ella, Ángeles Ruíz García -la gaditana que se acostumbró a ver los amaneceres de La Vila- va a seguir con las cosas de La Terreta y su gastronomía para que, de una vez por todas, encontremos y explotemos nuestros valores diferenciadores. Porque los productos clave son los que ella, día a día, nos recuerda.



PD. Ella, Ángeles, reivindica siempre la figura vilera de Carles. Carles Llorca i Baus tiene una calle dedicada en La Vila. Pero no está rotulada. Es un trazado de nueva construcción. Ella no va pedirlo de motu propio. Por eso yo animo a la AAPET -la Asociación Alicantina de Periodistas y Escritores de Turismo-, de la que Carles Llorca fue miembro, a pedir formalmente al Ayuntamiento de Villajoyosa de que Carles Llorca sea más que un nombre en los callejeros; que tenga placa esa calle. Lo pedí esta tarde en la tertulia y lo dejo escrito en este Post. Queridos excompañeros de la AAPET: ¡mojaros en esto!





22 ene. 2015

DE QUE SE CUMPLEN LOS MODELOS CLIMÁTICOS SENCILLOS


Hablaba la otra tarde con mi buen amigo el cónsul Nilsen (un noruego en la Costa Blanca) de la cosa esta de los modelos climáticos que nos abocan al apocalipsis climático… y ahora me sale la noticia de que “Investigadores consideran insignificante lainfluencia humana en el clima”. ¡Coño Jan, apuestan por mis modelos y no por los tuyos! Hombre, cada uno arrima el ascua a su sardina… menos yo, por si se me quema. Yo, a fuego lento.

Pero te cuento.

Al The Heartland Institute le ha faltado tiempo para lanzar a los cuatro vientos lo publicado por Chinese Science Bulletin: “Why modelsrun hot: results from a irreducibily simple climate model/Por qué los modelos se calientan: resultados de un modelo climático irreductiblemente sencillo” donde se duda, a las claras, de la influencia antrópica en el clima y se mantiene que no son tan negros los negros caballos del apocalipsis climático.

Bueno, los del Heartland -ya lo saben- mantienen que no ha sido tan cálido 2014. Y eso también lo digo yo. No ha suido más que 2012, 2010, 2007… En fin, que habrá sido más cálido “de la cuenta” en algunos sitios, pero globalmente no hay evidencias. Es más, hay estudios que mantienen que ha disminuido la superficie expuesta a sequías severas.

Pero esa es otra cuestión. Hoy todo saber (es un decir) por qué los modelos apuntaban a un calentamiento que no se cumple.    

El trabajo al que aludo es obra de un astrofísico de Cambridge (Massachusetts, USA), un geógrafo de Delaware (USA), un estadístico de Nueva York (USA) y, y ahí radica el quid de la cuestión, de un polémico aristócrata escocés, Christopher Walter Monckton -3er Vizconde Monckton de Brentchley- que como periodista desarrolló una discreta labor en diversos medios (entre los principales, The Sunday Telegraph, London Evening Standard) llegando a editorialista y director de contenidos y que ha terminado haciendo cruzada contra los del IPCC y siendo más polémico que el Dr. Rosado, con su Resurrexi Pharmaceutical y el rompecabezas Ethernity, y más mosca cojonera que nadie con sus cosas sobre eso del clima. Como la cartera se lo permite, incluso ha creado una Fundación para sus fines (The Lord MoncktonFoundation) para permitirse el lujo de hacerlo, centra su vida ahora en demostrar que hay que luchar contra “la nueva Edad Oscura del Autoritarismo” (new Authoritian Dark Age) y promueve “ir hacia la Época de la Ilustración 2.0” (Age of Englightenment 2.0).

Salvando esto, que ya de por sí es duro de tragar, el caso es que el último trabajo que ha impulsado (y defiende a capa y espada) he merecido los elogios de la comunidad científica. Ahora bien, sigue siendo duro -muy duro- masticar a un personaje que en más de una ocasión ha sido vapuleado científicamente por algunos expertos a los que parece que ahora les ha ganado por la mano.

La cuestión es que el trabajo de Monckton, Pronto, Legates y Brigss saca a la luz “errores elementales, pero severos, los modelos del IPCC”. La conclusión, la de siempre cuando se trata de Monckton y pregona el Heartland: “no hay crisis climática”. Pero en este caso apuntan “sus evidencias” que dejan malparadas a “las evidencias” de los otros.



Se desprende de este nuevo estudio que hablamos de 0’9ºC como aumento de temperaturas y ese parámetro lo colocamos en la Variabilidad Natural del Planeta.

Si bien eso es asó, resulta que (ya lo contábamos en nuestroprimer post de 2015; la de la ensalada de datos climáticos) “la tasa real de calentamiento global durante los últimos 25 años, equivaldría a menos de 1’4ºC por siglo, es la mitad de la predicción central del IPCC en 1990. Y seguimos dentro del capítulo “natural”.

Una de las figuras claves que se exponen en el trabajo es la de la “retroalimentación de temperatura” porque, planteo yo (mi granito de arena, oiga) que aunque, sí, existe una relación directa entre el contenido de vapor de agua de la atmósfera (el verdadero causante de las cuestiones de calor planetario; y le echan la culpa al CO2) y la temperatura (a más vapor de agua, más temperatura -como en las saunas- y mayor efecto invernadero) pero no ha quedado nada claro (a mí y una auténtica legión) cuál es la causa y -mira por dónde- cuál es el efecto.

No llego yo a señalar -aunque el señor vizconde sí lo hace- que la retroalimentación esta puede llegar a reducir el llamado (y taimado) calentamiento, pero…

Esto aún se puede complicar más con el Diagrama (o Ecuación) de Bode, un diagrama de magnitud que analiza la estabilidad de los sistemas y que para Monckton (et al.) es la Ecuación (o diagrama) equivocada para este caso. Y lo exponen.

En fin, que discrepan en todo. Incluso en la cuota de los 0’6ºC de aumento que le echan los del IPCC a la especie humana, y que Monckton dice que es inexistente.

El caso es que las singularidades de los modelos no existen en la atmósfera real y por muy complejo que desarrollemos el modelo no coincidirá con la realidad. Parece que solo los modelos elementales coinciden con las evidencias reales que se manifiesta en el día a día.



Desde que el 1952 Julian Allen descubrió que la forma de plato (platos invertidos) era la más eficaz para convertirse en un escudo térmico y “entrar” en la atmósfera, comenzó la era de los “platillos” voladores. Los extraterrestres siempre nos visitaban con “platillos” voladores y no con cubos de Rubbic. La gente es -somos- así.

Yo me mantengo en lo mismo. No me siento tan preocupado por el futuro del clima como por la sostenibilidad del planeta. Dejemos de pincharle con los cosas del día a día.





20 ene. 2015

DE MIGUEL PÉREZ MARTORELL, OTRO TERTULIANO QUE NOS DICE ADIÓS


Hoy le leo a MAESBA que ha muerto Miguel Pérez Martorell, ex concejal de Benidorm y tertuliano que fue de “Los cafés del Meliá”.

Rebobino y… ¡mira, va a ser el Miguel que comentaron en la comida del viernes!

Yo, entono -a toro pasado- el mea culpa, estaba tan absorto con el invitado que no reparé en más. No obstante, muy mal hecho por nosotros, los tertulianos. No hubo ni un mínimo recuerdo a su persona.
Vale que llevaba -por lo menos- tres cursos tertulianos sin aparecer por el Meliá y su tertulia, pero eso no debió impedirnos una mínima referencia hacia su persona.

Miguel vino un buen día de invitado, y se quedó de contertulio. Seguía con el máximo interés las exposiciones del tertuliano invitado y, cuando el cuerpo se lo pedía, intervenía sin más, obviando al moderador. Genio y figura.

La suya era la voz de la experiencia y de las vivencias en -y sobre- Benidorm. Sus años en el Ayuntamiento o su actividad en la ciudad le doctoraban a la hora de opinar. Yo no le conocía de más; solo de verlo -y oírlo- cada viernes, cargado de años y de elegancia en el vestir, pasando olímpicamente del moderador y planteando, con suma contundencia, sus opiniones.

Había sido concejal de Turismo en una época épica y aquella etapa estaba jalonada de anécdotas en promoción y duros episodios de gestión.

La última vez que le saludé (y ya no acudía a la tertulia) fue en marzo del año pasado cuando el Ayuntamiento homenajeó a la Corporación de 1978, la del Agua. Estaba muy “cascado” pero se encontraba muy feliz en el epicentro de la conmemoración. Y brevemente departimos.

Y es que un buen día dejó de venir por el Meliá. Es que ya no estaba muy bien de salud, comentó en su día alguna vieja gloria tertuliana. Y con eso me quedé… y lo comprobé en el Salón del Plenos del Ayuntamiento.

Y ahora esto.

La felicidad de haber alumbrado agua (foto del homenaje de marzo de 2014)

Descanse en Paz.   





18 ene. 2015

DE PUERTOS E HISTORIA; DE UN CAFÉ CON JUAN FERRER MARSAL


Volvieron “Los cafés del Meliá” por do solían en el 6º curso de Tertulias. Y esta era la tertulia que alcanzaba el numeral 190. El invitado, de primer nivel y actualidad: el nuevo presidente de la Autoridad Portuaria de Alicante, Juan Ferrer Marsal.

Juan Ferrer Marsal
Foto: M. Ayús
Juan Ferrer, dianense, es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, formado en Madrid, y con más de 30 años de ejercicio y actividad en la provincia y la Comunitat Valenciana, vinculado en su día a la Cámara de Comercio de Alicante, consultor en ordenamiento costero, aficionado a la Historia portuaria y del comercio marítimo, director general de Costas que fue y que ahora es la presidente de la Autoridad Portuaria de Alicante. Es, también, autor de varios libros; entre ellos “El puerto de Denia. Una ilusión de progreso” o el sensacional “Construir la costa. El litoral valenciano”, un excepcional documento que, como periodista y como geógrafo, me ha sido imprescindible -desde que me hice con él- para entender la realidad de nuestra costa. Es de obligatoria consulta.

Y a la tertulia.

Como abríamos año, tuvimos primero la tradicional (y pantagruélica) comida de Año Nuevo que nos ofrece el Meliá Benidorm.

La costa de la Marina Baixa (foto cedida por Agustín Almodóbar)

Y allí ya comenzamos a tratar cuestiones con el tertuliano invitado. Ferrer nos contó cómo funciona un puerto y nos descubrió los entresijos del de Alicante, frontera de la UE y referencia con Canarias. “Un puerto es un sitio donde concurren muchos intereses: carga, descarga, navieros, vendedores…”, y nos habló de la “cadena de valor” y de la logísticaque supone el 60% en graneles y granos, y hasta el 90% en otras mercancías”. Como en Alicante no hay empresas logísticas de comercio internacional, es el puerto el que acomete estas funciones. “Antes nos dedicábamos a construir y mantener escolleras, y ahora nos dedicamos a la logística”; “ahora somos proveedores de infraestructuras”.

Puerto” de Benidorm en torno a 1930; barcas varadas en la arena frente al hoy Paseo de Colón

Y buceamos en la historia de los puertos; Ferrer es un estudioso del tema. “Antes, un puerto era una playa; un puerto abrigado es cosa del XIX” o que “’Grao es, sencillamente, una playa para embarcar o desembarcar mercancías”. Hablamos de fondeaderos y alguna pincelada ofreció sobre Benidorm y su puerto (que se llevaría una tertulia). El dianense es autor de varios libros y en “Las Marinas de Alicante. Ensenadas, castillos y puertos” (1998) habla de la trayectoria seguida, desde los fondeaderos hasta los proyectos de puertos deportivos que debatimos a finales de los ochenta. El caso es que “el auge de Benidorm, Altea y La Vila ocurre en el XVIII cuando llegan los grandes veleros de América… que es cuando el 90% de los oficiales y suboficiales de la Marina Mercante son de estas tres localidades”.

Puerto” natural de La Vila hacia 1835; embarcaciones varadas en la playa y al refugio de l’Alcocó (Se identifica hasta el “Tajo de Roldán”; letra ‘O’)

Hablamos de la comarca y su actividad portuaria; desde aspectos de cabullería y salazón, hasta las minas de ocre. Hasta llegamos la Cámara Pasera de Dénia (Cámara Pasera de Levante, CPL; que los Valencian Raisins tienen su historia, y Wholesale Society de Manchester, otra), pues la exclusiva de exportación la tenía Dénia, y las naranjas secas de La Vila fueron protagonistas de la tertulia… “porque hasta 1905 no comienza la pesca como actividad comercial”. A partir de entonces, “la ilusión de todos los pueblos era tener un puerto” y como el gobierno era incapaz de construirlos, “otorgaba concesiones: el primer puerto de Benidorm lo inició una empresa privada que emitió acciones para la acometer su construcción”.

Detalles de aquella España que Ferrer nos trasladó en la tertulia: “1937 es el año en que más proyectos portuarios se acometen en España”, o “Gandía fue -1892/1946- el primer puerto privado español; lo puso en marcha un sindicato de izquierdas inglés” a través de la “The Alcoy to Gandia Railway & Harbour Co. Ltd.” y sus “xitxarras”, o “Dénia optó por un camino  singular; fue un puerto municipal”.

Y hablamos del puerto de Alicante: “puerto de Castilla en el siglo XIII (1271, privilegio de Alfonso X)”, “junto con el de Málaga, los primeros en liberalizarse” (desde 1778 podía comerciar con América), “primer puerto de mar con conexión ferroviaria de España (1858)”, “fue un puerto energético; el primer depósito de petróleo se construyó en la Serra Grossa (1875, Alicante tuvo hasta 2 refinerías de petróleo y los depósitos de “La Británica[1])… ahora exporta cemento, chatarra, piedras de yeso, biomasa y mármol, tiene ventajas competitivas con Canarias y un  moderado tráfico de contenedores; incluso unos excepcionales servicios de inspección. “El puerto de Alicante no es deficitario; no le costamos ni un euro al Estado”.

Puerto” de Alicante (s. XVII) El espigón-escollera le ponía en ventaja sobre los demás puertos

También el puerto se centra en servicios y recepción de cruceros. No fue este el tema más solicitado en la tertulia porque coincidíamos con él en estas cuestiones que ahora se empeña en vendernos como algo positivo el alcalde de Benidorm y sí hablamos de las relaciones entre el puerto y la ciudad de Alicante… por donde terminó apareciendo que “la Explanada de España -emblema de Alicante- era un muelle del puerto alicantino”.

Le pedí que nos contara lo de medir el nivel del mar en Alicante… y lo hizo con rigor histórico y celeridad; llevábamos tres horas de tertulia, más el tiempo de la comida. Total, se midió toda España con respecto a esa referencia en Alicante y eso sirve para poco menos que nada, pues no coinciden los nivele del mar en los distintos puntos “porque eso depende de la gravedad y de la presión atmosférica”… para terminar con que “los mareógrafos de Alicante no detectan ninguna subida de nivel del mar”; de esa que predicen los modelos agoreros climato-apocalípticos de los que también hablamos en la comida.

Puerto” de Alicante en 1613. El torreón artillado… ¿será el que han descubierto ahora en las obras de la Explanada?

Al final quedamos en planificar una visita a la Autoridad Portuaria y a las oficinas de la Volvo Ocean Race… y ver la maqueta del primer faro que hubo en España y que estuvo en el puerto de Alicante. Esa crónica está aún por escribir.

Jo, esto de dejar que “se te vaya vivo” un invitado como éste te deja frío. Es que nos quedaron tantas cosas en el tintero: temporales y dinámica marina, cartografía, usos turísticos, ley de costas, riesgos naturales, el strand de nuestras costas, las formas litorales, el hidrodinamismo, las regeneraciones… Tantas cosas. Hasta definir qué es la costa… porque, como explicó Eulalia Sanjuan, “la costa no es más que la posición momentánea de la orilla”. ¿Y qué es la orilla? No sé, sería perdernos.

En fin. Ha sido una gran reentré esta de 2015 en Los cafés del Meliá; el tertuliano Juan Ferrer Marsal, formidable. Nos ha ilustrado -y ha sido ameno- y hemos disfrutado de una soberbia comida que agradecemos a Antonio Escobar, director del Meliá Benidorm y tertuliano. ¿Qué más se puede pedir en “Los cafés del Meliá” para iniciar el año?








[1] Entre 1900 y 1914 Alicante llegó a abastecer el 55% del mercado de petróleo español

17 ene. 2015

DE MARÍA ELENA


María Elena -en este caso- no es un nombre de mujer; MaríaElena es un lugar; el lugar más secodel planeta. Bueno, María Elena en sí, no; se trata de un sector montano que está un poquito más al norte de la salitrera María Elena que fue el origen de la población de María Elena, en Antofagasta, Chile.



La María Elena habitable es hoy una población de unos 8.000 habitantes -que vivió mejores tiempos- que se montó como campamento urbano de la empresa que explotaba la salitrera del lugar. Mary Ellen Condon era la esposa del ingeniero director de la Compañía Salitrera Anglo-chilena y María Elena fue el nombre final del campamento (Coya Norte) una vez que fue ciudad.

Hoy, la María Elena que nos ocupa son unos terrenos salitrosos propiedad de la Sociedad Química y Minera de Chile (SQM / SOQUIMICH).

En los terrenos salitrosos hay salitre.

El salitre -o caliche[1]- es una mezcla de nitratos sódico y potásico que bien tratado sirve para fabricar ácidos nítrico y sulfúrico, fertilizantes nitrogenados, vidrios, fósforos, gases de sodio, pigmentos, conservantes, esmaltes, pirotécnica, explosivos y medicinas. El salitre se encuentra en capas superficiales (con grosores de más de 3 metros) en la región geográfica Bolivia-Chile. Y ahí es donde está María Elena, en el norte de Chile, en el desierto de Atacama.

El siglo XIX fue el gran momento del salitre… y del Nitrato de Chile. Yo aún recuerdo el mosaico de azulejos en casa del Tío Alfonso, en Orihuela. Era tal la importancia del salitre que hubo hasta una guerra (Guerra del Salitre, en el XIX, que ganó Chile) y de la explotación del salitre, en condiciones difíciles, surgieron los líderes y los movimientos obreros chilenos… y las canciones sobre los hechos, por ejemplo, de Iquique.

Pero la cosa es de antes. En 1571 ya estableció el rey Felipe II el Estanco de la Producción de Salitre para fabricar pólvora. Cuando entre 1805-1812 comienza el uso del salitre como abono, cobra especial interés la zona. Cuando en 1860 se alerta del agotamiento del guano[2] de la isla de Chincha, el salitre adquirirá mucho más protagonismo, hasta la década de los años 20 del XX.
Volvamos a la cuestión geográfica; al lugar más seco.

Hasta ahora, el lugar más seco del planeta era la pampa Yungay (un poco más al Sur de María Elena) en la provincia de Ñuble, también en el desierto de Atacama. Allí son varios los salares y antiguas explotaciones salitreras que no han recibido ni una gota de agua en periodos de hasta 400 años. Yungay tenía ese extraño record y por ello, dicen que por emular las condiciones de Marte, la NASA probó allí sus vehículos para la exploración marciana. Yungay (se encuentra a unos 70 kilómetros en línea recta del mar y a casi mil metros de altitud.

Pero cuando el Curiosity curioseó Marte comprobó que la humedad relativa marciana era de sólo un 0’15%. Para sucesivos estudios se necesitaba un lugar en la Tierra más seco que Yungay. Y los científicos empezaron a buscar un lugar que tuviera lo más exactamente posible las características del planeta rojo. Yungay “no valía” porque recibe aportes de la camanchaca lo que le otorgaba un plus de humedad. Se les planteó localizar un lugar sin camanchaca; un lugar aún más seco que Yungay.

La camanchaca es un tipo de neblina costera, dinámica y copiosa, que genera el anticiclón del Pacífico cuando de madrugada se condensa el vapor de agua tras un día tórrido. En muchos lugares de Chile los atrapanieblas[3] consiguen captar agua de la camanchaca con volúmenes de 2 a 10 litros por m2 de superficie de artilugio.

Bueno, pues resulta que muy cerquita de María Elena se dan esas condiciones de humedad de sólo un 0’15% y además se han localizado colonias de microbios extremófilos. Sí, no hay vestigios de vida orgánica “ordinaria” en la superficie (por extrema temperatura y salinidad del suelo) pero se localizan esas colonias de microbios “extraordinarios”. Los científicos chilenos buscaban un lugar sin camanchaca, sin nubes y con viento… Y ahí estaba el entorno de María Elena.

A mí, lo de lo inhóspito del lugar me deja dormí. Me ha impresionado que le pusieran el nombre de María Elena, la esposa del ingeniero, al lugar.

Resulta que Elias Anton Cappelen-Smith llegó a Chile con su neyorquina esposa. Y fue hasta el desierto de Atacama con la buena señora. De la populosa Nueva York al inhóspito paraje salitrero de Coya Norte.

El tal Smith era todo un personaje; un notabilísimo químico metalúrgico noruego que emigró a los EEUU y se especializó en el cobre. Y el cobre le llevó a Chile (1912) y en la Coya Norte probó los sistemas que él había diseñado y que luego utilizaron en Chuquicamata[4]. En 1927 falleció Mary Ellen (Maria Elena), su esposa… y fue unánime la reacción: todos, trabajadores y técnicos, decidieron bautizar Coya Norte con el nombre de María Elena.

Tras la IGM los EEUU se interesaron por el salitre. El poblado Coya Norte se construyó entre 1925 y 1927. No se escatimaron detalles: era una auténtica cuidad fordista cuyo plano sigue el trazado de la bandera británica (lo construía la compañía Anglo-chilena). Se iban a procesar 500.000 toneladas de salitre por año y se necesitaban del orden de 15.000 habitantes en Coya Norte. La ciudad tenía que ser perfecta Y murió María Elena y Coya Norte pasó a la historia como María Elena.



María Elena es en la actualidad el único centro salitrero en actividad en Chile y el único centro productor de nitrato sódico natural del mundo... y su entorno es como Marte.

Y si hay vida en María Elena, ¿habría vida en Marte?






[1] En chile llaman caliche (chilean caliche) a los depósitos de sales de nitrato; llaman caliche al salitre.
[2] Es el resultado de la acumulación masiva de excrementos de aves marinas y focas (ocasionalmente, de murciélagos). Se empleó como fertilizante por su contenido en nitrógeno, fósforo y potasio (N-P-K), los tres componentes básicos de los abonos. También contiene oxalato amónico y Urea.
[3] Estructura textil diseñada para atrapar las microscópicas gotas de agua de la neblina
[4] La mina de cobre a cielo abierto más grande del Mundo que ahora explota CODELCO. Ahora se trabaja en preparar la explotación subterránea del mineral tras haber realizado

16 ene. 2015

DE VULNERABILIDAD Y ADAPTACIÓN; DEL ÍNDICE ND-GAIN Y DEL PROGRAMA HFA


La Universidad de Notre Dame du Lac es una universidad privada y católica de los EE.UU. Se ubica en Notre Dame, Indiana, y su nombre francés tienen sentido cuando se sabe que Indiana era originariamente una buena parte de un territorio llamado Nueva Francia y que fueron colonos franceses los que allí se asentaron, con los indios potawatomi -que no salen en las películas porque estaban muy, muy, al norte- y molan menos que los cheyenes, sioux y los socorridos apaches.

Esta universidad desarrolla, año tras año, un Índice de Adaptación Global a eso que llaman cambio climático y que se ha convertido ya en un clásico. Se trata del ÍndiceND-GAIN que pretende concienciar de la necesidad de aumentar la resiliencia[1] ante el cambio climático y trabajar por un desarrollo sostenible. Esta gente urge a adaptarse al cambio climático (¡Vaya!, ya lo he escrito tres veces; que para odiar -y combatir- el palabro es una inmensa bajada de pantalones) y resume la vulnerabilidad del país. En fin: analizar la debilidad ante lo que -dicen que- se nos viene encima y capacidad para evitarlo.



Están convencidos los de Notre Dame que lanzando estas alertas conseguirán que se prioricen las inversiones para dar una respuesta más eficaz a lo que se nos avecina.

En fin, que computado hasta 37 parámetros en 192 países -y llevan desde 1995 haciéndolo- han llegado a establecer el famoso índice. En fin, que estudiando aspectos concretos sobre producción agraria, agua, sistema sanitario, ecosistemas, hábitos humanos e infraestructuras son capaces de establecer un ranking de posibilidades de adaptación y supervivencia de cara al futuro.

El país que mejor lo tienes, dicen, es Noruega (con un índice de 82’7 y en el número uno los últimos 19 años; son unos cracks). Esto complacerá sobremanera a mi buen amigo el cónsul Nilsen (con el que he estado esta tarde intentando desmontarle la “paraeta” climato-apocalíptica).

Nueva Zelanda, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Australia y Reino Unido también están por encima de los 80 puntos. El final de la tabla lo ocupan Chad, Burundi, Eritrea, República Centroafricana y la República Democrática del Congo… el centro de África, por debajo de los 34 puntos, que son los que lo tienen fatal: muy vulnerables y muy mal preparados.

En el puesto número 25 está España (69’9 puntos). Consideran los de la Universidad de Notre Dame que aún existen en España algunos desafíos de adaptación, pero estamos bien posicionados para lograrlo: somos el decimoquinto país menos vulnerable y el trigésimo primero mejor preparado.

Recopilemos. No se esperan mermas en los rendimientos de las cosechas y tampoco aumentos en las demandas de alimentos. La dependencia de la importación de alimentos está dentro de los parámetros del comercio internacional y se mantiene en los últimos años. La población rural se reduce y tenemos una adecuada adaptación tecnológica, aunque los efectos de la crisis se han notado.

A nuestro favor tenemos que el impacto previsto en el tema de aguas (aludida disminución de precipitaciones) es tenida en cuenta: hay estabilidad en cuanto a escorrentías y en la recarga de acuíferos sobre la base de un escenario concreto (RCP4.5)[2], así como la proporción total de recursos hídricos renovables y la tasa de dependencia del agua. Uno de nuestros puntos flacos es precisamente que no aumentamos la capacidad de almacenamiento; que no construimos nuevos pantanos.

En los temas de salud estamos bien, en base al escenario S550[3]. En realidad, un más que aceptable sistema de salud nos asegura que podemos superar la situación futura. Además, está, que mantenemos los biomas y no alteramos en demasía la biodiversidad marina.

Nuestro fallito, eso sí, está en la huella ecológica, aunque estamos a nivel de Italia y Japón -lo que no sé si es medianamente bueno- y en que desde que estalló la crisis (2007) parece que hacemos caso omiso a lo que se nos pide en la convenciones internacionales de medio ambiente a ese respecto. Los índices tanto de olas de calor como de inundación están en parámetros estandarizados, y aunque aumenta la concentración urbana -que puede desequilibrar la cosa un poquito- nuestro principal problema en este campo está en que tenemos un importante desbarajuste de población envejecida o camino de ello (lo que califica -y calificamos- “de riesgo”) en los escenarios futuros (y un escaso porcentaje de población joven).

Finalmente está el capítulo de infraestructuras (atendiendo al escenario de emisiones A1B, que es el llamado Escenario Rápido Crecimiento Global en su variante de equilibrio entre todas las fuentes energéticas). Describe un mundo futuro de crecimiento muy rápido, nuevas tecnologías. Y aquí tienen en cuenta hasta un posible aumento del nivel del mar para finales de siglo de hasta 0’63 m -con afección de altura media de las mareas de tempestad de más de 2 metros- y han tenido en cuenta la proporción de población que vive a menos de 5 metros sobre el nivel del mar (que podría verse afectado por el manido aumento del nivel marino). Hasta ahí estamos bien posicionados, pero resulta que fallamos por una excesiva dependencia de una energía que no tenemos y que hemos de importar.

Finalmente, en el apartado de “preparación para los desastres”, no hay reseña para España; sí que la hay para Noruega y prácticamente todos los países de nuestro entorno. Aquí se tiene en cuenta la preparación de cada país para reducir el riesgo de los desastres naturales que analiza, a su vez, HFA (Hyogo Framework for Action) un programa marco de Naciones Unidas para la Reducción de Riesgos de Desastres. Por ello, en este apartado, tenemos una puntuación cero; cero patatero. Cualquier otra, positiva, (la que fuera) nos hubiera colocado en mejor posición en este índice/clasificación y al nivel de los principales países de la UE. Ahora, que ver a Groenlandia (con todo lo que dicen) que está en el nivel guay... da que pensar.

El índice ND-Gain a mí me sirve para poco; pero sí me gustaría saber por qué no estamos evaluados por este programa de Naciones Unidas que se ocupa de los riesgos naturales, clave del proceso.






[1] En ecología, la capacidad de las comunidades y ecosistemas de absorber perturbaciones sin alterar significativamente sus características de estructura y funcionalidad, pudiendo regresar a su estado original una vez que la perturbación ha cesado.
[2] Representative Concentratrion Pathway: con una radicación de 4,5 W m-2; aproximadamente 650 ppm CO2 equivalente
[3] Límite superior del Informe Sterm (550 ppm); aumento de temperatura en 3ºC

15 ene. 2015

DE LA REALIDAD A LA PERCEPCIÓN – EL ISLAM EN EUROPA


De siempre se ha dicho que los extraterrestres viven entre nosotros; pero no podemos distinguirlos a simple vista… salvo en “Los Invasores/The Invaders” (ABC TV; 1967 y 1968, 43 capítulo) porque los invasores extraterrestres (y malvados)… ¡no podían doblar el dedo meñique!, y porque ni sangraban, ni tenían pulso. El arquietcto David Vincent los había visto y alertaba, con desigual fortuna, al mundo de su presencia. No había percepción de su existencia. Ahora bien, los telespectadores los calábamos a la primera. La música ayudaba mucho.

Todo lo contrario nos ocurre con los musulmanes en Occidente, donde también los calamos a la primera. Sí, existir, existen; pero ¿son tantos?

Parece que no, pueden serlo. Pueden serlo y confirmar lo que hoy es percepción.

Tenemos un desajuste contable entre la realidad que suponen y la percepción que tenemos. No sé si es por miedo o por qué; pero creemos que son muchos más de los que son.

Los británicos de Ipsos MORI publicaron el pasado mes de octubre una encuesta realizada en 14 países con el objetivo de averiguar si de verdad sabemos -y percibimos correctamente- la realidad de las noticias que cada día nos machacan la vida: que si el paro, que si el terrorismo, que si la tele-basura. La inmigración fue otro de esos temas de impacto, junto con la “invasión” musulmana. ¿Sabemos cuántos son los “nuevos invasores”?

Francia, impactada ahora por los asesinatos del nº 10 de la calle Nicolas Appert de París, cree a pie juntillas que lo menos hay un 31% de musulmanes en su país, cuando en realidad -importante realidad- es que los musulmanes en Francia suman un 8% (5’3 millones) con un incremento es de 0’25% anual. La cifra, es importante. Son los lodos que viene de los polvos de cuando Georges Pompidou permitió a las automotrices aquella “¡pajera abierta!”; y llegaron primeros los trabajadores… y luego se produjo el reagrupamiento familiar… y pasado el boom de los coches gabachos llegó la ghettización y las consecuencias de desarraigo y la permisividad.

Sin un Pompidou al que echarle la culpa también tenemos el caso de Bélgica, donde el porcentaje real es de un 6%; pero la población asegura que la percepción es que casi tres de cada diez belgas son musulmanes. En Gran Bretaña la realidad es de un 5%, pero la percepción social sobrepasa el 21%.

Así, podíamos ir desgranando todo los países de Europa.



También es notorio el dato de España: 3’6 % real[1] con una percepción equivalente al 16%. De los 1’7 millones musulmanes en España, 1’1 millones son extranjeros y 0’6 son españoles (nacionalizados, hijos de parejas mixtas y algo más de 21.000 españoles conversos al Islam). Hay en España más de 1.700 mezquitas… y eso también se nota.

La realidad, como vemos, es una; pero la percepción, como sufrimos, es otra. Aquí, en la vieja piel de toro consideramos que son muchos más; cuasi legión.

Estas sobreestimaciones suponen un problema a la hora de analizar la “invasión musulmana” a estas alturas del siglo XXI, tanto para ciudadanos de a pie como para políticos y sus políticas (las cosas que emprenden los políticos). Pero es que la realidad alimenta la percepción. La población musulmana en Europa crece a un ritmo del 2’9% anual y la población “europea” no siempre llega a crecer al 2’3%.
Y la verdad es que “invasión”, hay.

En 1990 contabilizábamos en Europa 29’6 millones de musulmanes… y en 2015 estamos cerca de los 46 millones. Para 2020 se habla ya de 50 millones y de 58 millones en 2030, aunque entonces no llegarán a sumar ni el 3% de la población musulmana mundial. Y lo grave es que ellos aumentan mientras nosotros (blancos –caucásicos - cristianos) vamos cayendo en picado: hoy somos 690 millones los europeos no musulmanes y en 2030 seremos unos 670 millones… y cayendo.



Hay un detalle que a veces obviamos (por el susto): la mayoría de los musulmanes europeos viven en la Europa del Este, pero los aumentos de población más significativos ocurrirán en la Europa del Oeste, en el Reino Unido, Francia, Italia y Alemania, con lo que España quedará emparedada porque otro aumento significativo se producirá entre los países musulmanes del Norte de África.



Consultando los estudios demográficos previstos resulta “tranquilizante” que nos “vendan” que la población musulmana de Europa crecerá con una tasa decreciente por la caída, paulatina, de las tasas de fecundidad y de inmigración. Parece que las proyecciones anuncian una estabilización futura… pero más allá de 2100. Y, hasta entonces, ¿qué? Todos calvos.

Otra cuestión a tener en cuenta es que cuando nos alarman con la proyección del aumento del número de musulmanes en el Sur de Europa debemos tener en cuenta que cuando mentan el “Sur de Europa” no sólo hablan de España-Italia-Portugal, incluso Grecia. En este grupo “Sur de Europa” están también Albania, Bosnia-Herzegovina, Kosovo y Montenegro; incluso Croacia, Serbia. Con lo que hay que tener un hálito de respiro ante las cifras.

Algo parecido sucede con las cifras de la Europa del Este, aunque como nos queda más lejos se las ve con otros ojos. La caída del comunismo propició la exhibición de la identidad religiosa, con lo que las cifras de musulmanes se dispararon y ahora, ya reales, apuntan a una impactante realidad para 2030, en aquella región. Rusia seguirá siendo el país europeo con mayor población musulmana y ellos solos aportarán más de 18 millones al cómputo general, lo que preocupa a las autoridades pues en 2010 rondaban el 10% de la población y ya -2014- superan el 12%. La tasa de crecimiento es del 0’6% anual ¡¡para el próximo decenio!!; el mismo porcentaje en que se reducirá la población no musulmana. Ahí, Putin & Co., tienen un problema.

Hay un factor más a tener en cuenta: el crecimiento proyectado de las poblaciones musulmanas en Europa. La natalidad (y la tasa de fertilidad) es determinante: las mujeres musulmanas tienen más hijos que las europeas. La superior fertilidad de las mujeres musulmanas está directamente relacionada con su joven edad a la hora de matrimoniar y a los bajísimos índices de divorcio. Luego está el factor de las tasas de aborto, que las  europeas tienen (y hasta procuran) frente a un mínimo porcentaje (natural, las más de las veces) entre las musulmanas.

Y por encima de todo está la edad media de la población. Los censos abofetean exhibiendo la juventud: el dato de segmentos de población menor de 30 años. Las estructuras de población nos hacen enrojecer.

No obstante, hay una débil esperanza. La mujer musulmana “se europeiza” un poquito en cuanto está más de dos años residiendo en Europa y pasa de un mínimo de 2’6 hijo por mujer (3’1 en Noruega; ojito) a menos de 2’0 hijos por mujer, mientras que el promedio de las europeas no musulmanas, a duras penas, tiende a acercarse a esos 2’0 hijos por mujer.

Y no olvidemos la proporción de sexos. Cuando una población tiene más hombres que mujeres, cosas de la sabia naturaleza, el número de nacimientos tiende a ser menor que cuando estamos ante una población más equilibrada. Los procesos de reagrupación familiar han jugado siempre en contra de Europa. Ahora mismo en España estamos en una ratio de etnia musulmana de 190 hombres /100 mujeres y la proyección para 2030 está en los 133/100. Francia, y ahí hay un problema, está en 97/100.

En fin, hágase Ud. mismo la conjetura. Yo ya no sé si es más dura la realidad que la percepción. En todo caso es preocupante la percepción.

 Más información:





[1] A 31 de Diciembre de 2013; último dato oficial.

13 ene. 2015

DE CONSUMO Y SELLOS DE SOSTENIBILIDAD


Las marcas con sello de sostenibilidad han crecido en España, en 2014, un 7%. Han generado, leo, unas ventas de 1.500 millones de euros y resulta que, ¡pásmense!, 1/3 de los españoles dice que compra productos con sello sostenible que son más caros que los otros. A mí las cuentas no me salen; por lo general estos productos triplican el precio de “los otros” a pesar de que en 2014 bajaron una media del 3’6% para hacerse más asequibles. Sólo en vinos sé que hay botellas con caldos “sostenibles” más baratos que los demás. En cosas de comer y potingues para la cara… no.

Todo esto y mucho más sale de un informe (noviembre 2014) de la Pontificia de Comillas (que está en Madrid) y de la consultora Nielsen: “El mercadode las marcas sostenibles en España” que está muy interesante aunque yo, ya expongo, me creo lo justito en los análisis que han salido a posteriori con la noticia. Hay mucha “boquilla” entre los encuestados… o es que los encuestadores dieron con un nido de ciudadanos sostenibles que no vean.

Lo primero: ¿qué es una marca sostenible? Y de cabeza al informe: “aquella que cuenta con algún atributo social y/o ambiental, que viene avalada por una organización independiente y que exhibe el sello/leyenda que lo atestigua”. Vamos, que no vale autodeclararse sostenible; alguien tiene que certificar que lo eres.

Y te da una patada en la cara ver (pag. 29 del informe) que es la clase Alta y pudiente la que más consume etiquetas sostenibles; sólo la llamada clase Baja se encuadra en la etiqueta sostenible FSC (Forest Steeardship Council/Consejo de Ambiente Forestal) -que es la más introducida- porque se trata de envases y casi nadie repara en eso de los envases a la hora de comprar.

Por lo general, los productos con etiqueta sostenible tienen, lo que se llama, precio Premium (más, pero que más, caro), de ahí que hablemos de un “hogar comprador tipo de pocos miembros, generalmente sin hijos, de clase social media y alta”… y ahí sí me salen las cuentas; vamos, que para unos pocos.

Luego, por encima de todos, está la voluntad de ser sostenible. Va entonces uno, se lía la manta a la cabeza, echa mano de la cartera y se encuentra con que en los estantes de los establecimientos generalistas faltan las marcas que de verdad tienen ese carácter de sostenible más allá del envase (FSC).

Por si entre sus propósitos para 2015 está el de apostar por la sostenibilidad del planeta tenga en cuenta este Post.

Yo empecé en 2014 a prestar atención a estas cosas… y en unas sí, y en otras no.

La más implantada es la etiqueta FSC de los envases (principalmente); garantiza la contribución a la conservación de los bosques y de los valores sociales y culturales asociados a ellos; hablamos de papel, envases y hasta muebles. El sello FSC lo otorga, ya lo hemos indicado, el Consejo de Administración Forestal.

En productos de alimentación provenientes de agricultura y ganadería, la UE y los gobiernos nacionales, a través de organismos pertinentes, otorgan los sellos “orgánico” y/o “ecológico”. Para ello están tanto el sello de la UE (Organic Bio Logo) como el de las CCAA (y el nacional). 
Garantizan que los productos proceden de cultivos donde no se han utilizado compuestos químicos durante todo el proceso (cultivo/crianza, transformación, envasado, etiquetado y comercialización). Viene a decirnos este sello que, por lo menos, el 95% de su producto es ecológico; en realidad lo que garantiza es que tiene muchos menos posibles tóxicos (nitratos, pesticidas, antibióticos o metales pesados) que los otros.



El Comité para la Etiqueta Ecológica de la UE tiene la etiqueta “ecolabel” para todo lo que no es de producción agraria. Es un cajón de sastre donde entra todo: desde electrodomésticos y bricolaje a textiles y limpieza, pasando hasta por alojamientos turísticos. Todo menos alimentos y medicinas. Para lucir un “ecolabel” basta con adherirse a la campaña internacional de la UE que busca mínimas repercusiones medioambientales y que todos los productos que intervienen en la prestación del servicio están dentro de los márgenes de seguridad ambiental, y atenerse a sus controles. No tengo nada claro el control de esta certificación, sobre todo porque el 50% de las etiquetas ecolabel existentes en la UE las tienen productos y cosas de Italia… y no es que dude de Italia, es que lo hago del sistema de control tan amplio y genérico.



La Asociación del Sello del Comercio Justo certifica que el producto que lo ostenta ha pagado un salario digno a los productores del mismo. Para ello se efectúan controles regulares y se presta especial atención a los productos que son muchos más que café e infusiones: cacao, azúcar, frutas y bananas, frutos secos, arroz, miel, zumos de frutas, legumbres, soja, especias, flores, algodón, la célebre quinoa (que es una semilla y no un cereal) y hasta balones de fútbol. Yo, más allá de café y de quinoa, no he encontrado ningún otro producto en lineales no específicos, pero me aseguran que haberlos, haylos.

En el campo de trabajo del Precio Justo está la Rain Forest Alliance, que certifica la Rain Forest Alliance (Alianza para los bosques) y apoya la Red de Agricultura Sostenible (RAS; coalición de organizaciones conservacionistas), garantizando que los productos se han cultivado en fincas donde los bosques, los ríos, los suelos y la vida silvestre están bajo protección y que los trabajadores han sido tratados con respeto, reciben salarios dignos y hasta tienen acceso a la educación y a la sanidad. Café, cacao, , frutas y flores de la otra mitad del mundo llegan a tener esta etiqueta.



Para el pescado y sus derivados tenemos la certificación MSC (Marine Stewardship Council) de la propia MSC que garantiza que todo el pescado, marisco y sus derivados proceden de fuentes sostenibles. Y para la cosmética y la perfumería tenemos la Leaping Bunny, que certifica The Coalition for Consumer Information of Cosmétics y que garantiza productos obtenidos sin que los animales sufran y que confirma que las normal para productos libres de experimentos con animales (normas HCS) se han cumplido.



Al parecer, hay donde elegir incluso sin acudir a tiendas especializadas, pero lo que más abunda es el sello de los envases.






11 ene. 2015

DE UN LIBRO Y DE UN CANAL


Una de las pocas cosas que tengo como ciertas de los Reyes Magos es que cada mañana del 6 de enero, ahí están. Lo mío es de absoluto convencimiento: llegar, llegan; y que lo mismo llegan con lo que ellos quieren. Pero desde mi más tierna infancia, sé que siempre llegan.

Pasada ya la moda de guantes, corbatas, camisas y bufandas (que hasta ahora nunca me puse) llevo una añitos que he conseguido que se centren en los libros. Y resulta que también traen lo que quieren. Porque es que una cosa soy yo, que persigo el objetivo, y otras SSMM que tienen “ocupaciones” más contumaces que buscar y rebuscar, hasta dar, con “mi” libro. Yo había pedido este año -“por carta”, faltaría más- “Las 1001 y una piernas”, de Montijano, para saber más de la señora Lenclós y el bikini en Benidorm… y me he encontrado con “El umbral de la eternidad” de Ken Follet (que no está mal)… y con varios más. Desde “Racing Rivers” (Anita Ganieri; de la serie Horrible Geography) a “Cambio Climático” (Duarte, CSIC). “La cosecha” ha sido buena: nueve nuevos ejemplares. Se ve que me he portado bien. Pero…

Pero ha habido un libro que me ha gustado más. Este, como los otros, no estaba en la carta; y he tenido que ir a recogerlo, porque me lo dejaron fuera de casa. ¿Pero no tenían pajes para estas cosas?
Se trata de una encuadernación de un coleccionable en fascículos que me ha tenido entretenido, hasta acabarlo, como pocos: “La catedral del agua”. No, no es la “del Mar”. Mira, ese año sí acertaron los Reyes Majos (aquél año sí que fueron majos, majos).

El Norte de Castilla, creo que en el año 2000 (no consta la edición), lo publicó con textos de Jesús Salviejo y fotografía de Miguel Martín. Es la historia del Canal de Castilla. Desde luego, con tan buen material, yo hubiera hecho otra cosa; pero me ha gustado.

Plano de Ulloa; 1753
En la mitad de la nada”, coincido, en los páramos de la submeseta norte está el Canal de Castilla.

La vieja idea era la de comunicar Segovia con Santander; hasta Reinosa al menos. Cuatro canales “en un país sin hacer, que había hecho un imperio”, como escribió el ingeniero Lamaur cuando vino a ponerlo en marcha. Es genial esa frase; nos define muy bien. Y eso que Lamaur llega a España cuando don Zenón, el Marqués de la Ensenada, acababa de poner España patas arriba “construyendo” carreteras (ustedes entiendas “caminos”… y no habremos faltado a la verdad) y obras públicas de todo tipo… porque desde tiempos de los romanos, pocas obras públicas, pocas, por la vieja piel de toro. Hasta los Reyes Católicos (1495) no se aplican medidas que obliguen al mantenimiento de los caminos carreteros y a la construcción de puentes, y hasta 1534 las Cortes no solicitarán que se emprendan nuevas construcciones de puentes y se reparen de caminos. Se pide, entonces, la creación de la figura del diputado de provincia u obispado para estos menesteres.

Hasta entonces, la recua[1] de mulas, muchísimo más que la carreta, era el “convoy” típico de transporte. Los mulateros (o recueros) se unían en Cofradías (gremio) y estas en Universidades (conjunto de gremios mulateros, viandantes y recueros).

Total, que ante la falta de caminos y la dificultad orográfica, ya en tiempos de Felipe II (1582) se plantea canalizar el Tajo entre Toledo y Lisboa para que por aquél puerto salieran las mercancías de Castilla. Sevilla, el gran puerto y sede de la Casa de la Contratación, puso todas las trabas posibles a la vía fluvial lusa. Antes, ya se habían planteado (1548) la navegabilidad del Duero, e incluso la del Ebro (1508, para sacar al mar la lana aragonesa por lo que luego fue la Acequia Imperial y terminó siendo e Canal Imperial).De siempre el Guadalquivir fue navegable entre Sanlúcar y Sevilla; y mediante barcas se llegaba a Córdoba. No obstante, el trasporte fluvial tropezaba siempre con los peajes de los pueblos, las presas y azudes para riego o molinos, los caños para varios menesteres y los remansos para pesqueras. Un desastre. Antes se atendían las demandas del ganado trashumante -y de la Mesta- que las del comercio.

Límite N del Canal: Alar del Rey
Plano de principios del XIX
Por eso, Ulloa y el marqués, pensaron en un canal artificial y metieron en la aventura al ingeniero francés Carlos Lamaur que diseñó un trazado. Ojo, estamos en el siglo XVIII y ya hay otros canales en Europa; pero no tan complicados por la orografía y el desnivel. El proyecto español que se inicia en 1753 tenía cuatro tramos (más de 350 km de longitud) de los que sólo se completaron dos, 
quedando otro incompleto (llega sólo hasta Alar del Rey… y tenía que llegar a Reinosa) y el cuarto (Valladolid-Segovia) ni siquiera se inició, con un desnivel de 150 metros. En el canal de Suez (1859; 163 km) el desnivel es cero; no hay exclusas. En el Canal de Panamá (1905; 64 km y 6 esclusas) el desnivel es de 26 metros… (y el nivel del mar en la costa del Pacífico está 20 cm más alto que en la costa del Atlántico, apunto yo para añadir una pizca de interés).

Las obras del Canal de Castilla, Ramal de Campos, comenzaron el 16 de julio de 1753. De inmediato ya hubo fricciones entre Lemaur y Ulloa… y cayó en desgracia el marqués. Total, parón de las obras en noviembre. En 1759 se reanudaron y a partir de ahí fueron sufriendo peripecias hasta que fueron privatizadas (1831). Las obras de lo que hoy conocemos finalizaron el 12 de diciembre de 1849… 96 años después; que no 96 años de trabajos. En el proyecto se pensó en la navegación, el riego y en el aprovechamiento de la fuerza motriz del agua de las esclusas para industrias fabriles.

Al final, el Canal -insisto- que hoy conocemos se quedó en los 207 kilómetros de longitud -en sus tres ramales (Norte, Sur y Campos)- y presenta forma de un “y griega” invertida. Sus tres extremos están: en Alar del Rey (un pueblo que nació con la construcción del canal) al Norte, en Medina de Rioseco (el llamado Canal de Campos) y en Valladolid en el Sur. Medina y Valladolid eran núcleos muy importantes de la industria harinera de Castilla y  el objetivo inicial del canal había sido el de llevar el grano y la harina al puerto de Santander, el puerto de Castilla. Así, a lo largo de sus 207 km. se reparten 49 esclusas, que salvan un desnivel máximo de 141,90 m., 4 acueductos (el acueducto de Abánades, con cinco ojos, sobre el río Valdivia es el más emblemático), 3 represas (como la de San Andrés, en Herrera de Pisuerga), 66 puentes, 4 dársenas, varios muelles, 24 molinos de harina y uno de papel, 3 batanes[2], 1 martinete[3], 1 molino de cedazo, 1 fábrica de papel, 13 fábricas de harina, una fundición siderúrgica (1842), 1 serrería, 1 fábrica de hilados, dos centrales hidroeléctricas, varios astilleros, casas para el personal de las esclusas, varias cuadras para las acémilas que apoyaban el transporte por los caminos de sirga, infraestructuras menores (arquetas y sifones para riego) y diques secos. El Canal de Castilla generó el primer espacio industrial de España.

Corte de las esclusas de Frómista, para salvar 14 m de desnivel
Entre las esclusas, llamadas “Ynclusas” en los textos originales, se encuentran las cuatro localizadas  en Frómista, necesarias para salvar, de golpe, un desnivel de 14,20 metros y cuya fuerza utilizaban los llamados “artefactos de Frómista” (molinos y fábrica de harinas y un batán). Las esclusas del Canal de Castilla utilizaban las compuertas llamadas “de mitra”, muy elogiadas por Leonardo da Vinci. Son de doble hoja y cierran formando un diedro en el que el ángulo obtuso está contra la corriente, por lo que se cierran por la presión del agua.

El ferrocarril dio la puntilla al canal. A pesar de que cada barcaza era capaz de cargar el equivalente “a 30 carros de bueyes” y trabajaban de sol a sol… el ferrocarril era más rápido que las mulas que las empujaban por los caminos de sirga paralelos al trazado. En 1959 se prohibió navegar por su cauce; habían puesto motores a alguna barca y la dinámica afectaba a las riberas del canal. 
Hoy en día tiene un uso agrícola (regadío) y un nuevo uso turístico. Hasta cuatro barcos, con nombres íntimamente ligados a la historia del canal (pero ninguno honra a Carlos Lamaour), hacen recorridos turísticos, y varios museos y centros de interpretación intentan explicar lo que fue.

Pero imaginen lo que hubiera sido el Canal de Castilla si este país, que estaba sin hacer en 1753, hubiera estado más o menos organizado y hubiera realizado este canal, íntegro, en unos plazos razonables.

Gracias José María, palentino de auroras boreales, por este regalo de reyes.











[1] Palabra de origen árabe que define al conjunto de animales de carga, que sirven para trajinar; acarrear o llevar géneros de un lugar a otro.
[2] Máquina, generalmente hidráulica, compuesta de gruesos mazos de madera, movidos por un eje, para golpear, desengrasar y enfurtir los paños. El Batán es también el edificio que alberga el artilugio.
[3] Aparato diseñado para utilizar la energía hidráulica en el trabajo de forja. Se trata de un martillo pesado, que cae sobre un yunque dispuesto sobre un bloque de madera. El martillo, que se monta sobre una palanca oscilante alrededor de un eje horizontal, es accionado mediante unas levas conectadas a una noria que mueve un curso de agua.