17 dic. 2015

DE QUE YO TAMBIÉN FUI AYER ABOFETEADO. YO SOY MARIANO


Breve, porque me oprime el corsé del tiempo y no es plan ir por las calles diciendo que sardina fresca es, pero contundente. Ayer, entre el puñetazo y la estulticia asomada por la ventana de las llamadas redes sociales, retrocedimos un siglo en esto de la democracia. Y lo expreso porque con aquella bofetada, yo también fui abofeteado ayer.

Lo de ayer en Pontevedra es una agresión en toda regla. Y la agresión es un delito (me dicen que hay lo menos cinco artículos al respecto en el Código). Es que agresión es una acción violenta con la intención de causar daño. Y en este caso, me entero ahora, va a ser tratado como “atentado al presidente del Gobierno”, que es más que agresión (Código Penal, Artículo 550).

Y estas cosas se condenan o se jalean; no hay término medio. Con ambas acciones (condena o jaleo) nos calificamos. Yo las condeno.

Y estas cosas no se condenan para acto seguido justificarlas con una frase que sólo evidencia estulticia, porque nos lo pide el cuerpo. Si condenas, condenas; no hay peros que valgan. El “pero…” añadido -al falso mensaje de condena- aún más que calificar al que lo añade, lo descalifica. Si justificas, te unes al delincuente. Mejor que calles y asumas tu culpabilidad.

Rajoy, gallego, terminó haciendo retranca del hecho. Pocas horas después recordaba que él empezó en política, en Pontevecdrta, pegando carteles, y que allí aún “siguen pegando, y  mucho”.

La piña se la llevó Rajoy cerca de la Iglesia de la Peregrina (todo fachada; preciosa, con planta en forma de vieira) y casi en la puerta de la farmacia que otea, ahora estático y en bronce, Ravachol. Le cogí cariño al Ravachol pontevedrés en una escapada galaica porque me recordaba al Ravatjol/Ravachol/Ravatxol de Valencia: al tranvía (a sangre) que unía Valencia con el Grao… y a la barca (a motor) que se utilizaba en la Albufera en los años sesenta (que así se les llamaba, Ravachol, para diferenciarlas de las tradicionales barcas de perxa).

El Ravachol pontevedrés, no cabe duda, fue descendiente de uno de aquellos “papagayos de flota” que salieron indemnes de la Batalla de Rande y los paisanos cuidaron. Ravachol, el loro (papagayo), era atrevido y deslenguado y por eso le pusieron por nombre el de moda del momento: el del francés François Ravachol, que a golpe de dinamita se labró una aureola de anarquista, siendo un delincuente común. Y hasta el loro Ravachol la palmó, como el Ravachol delincuente; pero no fue en la guillotina y sí, parece, de un empacho de bizcochos mojados en vino.

Y termino: asistimos, con la bofetada a Mariano, al fenómeno de la desintegración de las formas en las sociedades. No es de recibo la pasividad con que nos tomamos estas cosas. Hoy he oído hablar hasta del temor reverencial; ya estamos entre churras y merinas. La cosa se reduce a la impunidad, lo que es bien triste.

Y luego la estulticia vuelve a campar y se difunden en las redes, por unos y por otros (y ahí está el problema), la misma viñeta (que me niego a reproducir): la que dice “así no”, dado la bofetada, y “así sí”, votando… que lo mismo vale para condenar que para decir dale la bofetada en las urnas. Mientras no delimitemos las cosas, esta equidistancia es malísima. Más claro, agua: Así no; con la violencia nunca. Luego, que tu intelecto decida la segunda parte; pero, Así NO.

Y como parece que mola más hacerlo en francés: Je suis Mariano; moi aussi, je suis Mariano. Incluso I’m Mariano.

En fin, ante este hecho, Yo soy Mariano… y me siento golpeado por la estulticia y la sin razón; me dolieron más las redes sociales que la bofetada en sí.




16 dic. 2015

DE UN DEBATE Y SU ENMIENDA.


Hoy que tengo un ratito, y porque me lo pide el cuerpo, me marco un post sobre lo del lunes por la noche. No me atrevo a llamarlo debate y sí combate de boxeo.

Y no me atrevo a llamarlo debate porque DRAE dixit que “debate” es, y te traslada a “controversia” sin miramientos, “discusión de opiniones contrapuestas entre dos o más personas”. 

Y opiniones contrapuestas, pues sí; pero discusión, pues no... en la noche del lunes. Uno, y llego al pugilato, salió en tromba repartiendo sin mirar a nadie, lo que devengó en golpes al cuerpo y al aire sin reparar que a 1’70 metros tenía al contrincante. Otro se quedó impávido, en la comodidad del 1’70 de distancia, conocedor de su fortaleza: fajando. Gustará o no el símil, pero yo me lo explico así. 

Entonces, esto ya me cuadra más con lo del lunes por la noche porque en la entrada “debate” hay una segunda acepción: “contienda, lucha, combate”. Y ahí sí que vi yo la cosa; pero yo me esperaba la primera, pero visto lo visto el lunes por la noche fui de los pocos que esperaban ver eso; mucho querían sangre, de uno o de otro, estaban por la segunda… que son ganas.

Y es que aquí, llego a la conclusión, se vota contra… contra esto o contra el otro, y no a favor de este o a favor de este otro. Semos asín

Ahora, esto me ha llevado al espíritu del obispo de Pensilvania, Ethelbert Talbot (que era episcopaliano), con aquello de “lo esencial no es ganar, sino participar” que no estaba en la hoja de ruta de los citados a debatir. Claro, que el obispo Talbot había soltado aquello, en el sermón de la misa inaugural de los JJOO 1908 (que ya es una forma pasada de inaugurar un algo), con la única intención de enmendarle la plana al dominico Henri Didon (católico) que había parido lo de “citius, altius y fortius”, y Coubertain se lo había copiado, empujando a los jóvenes a darlo todo en la pista… como a los dos del debate del lunes por la noche les animaron sus preparadores, aunque los de una banda habían clamado más fuerte lo de ¡más rápido, más alto, más fuerte! En fin que de episcopalianos contra católicos pasamos a socialistas contra populares. ¡País!

Y aquello del lunes por la noche sí que era un combate de boxeo: golpe viene, golpe va. Vamos, golpear por golpear, sin hilazón, sin  composición; al buen tuntún (DRAE dixit que “sin cálculo ni reflexión o sin conocimiento del asunto”). Sigo sin entender estos debates; hasta yo le hubiera rebatido cosas al aspirante y le hubiera urgido respuestas y contundencia al defensor del título (esto va de boxeo, versión Consejo Mundial). No me gustó nada lo del lunes por la noche.

Y tal vez sea porque hasta en el boxeo hay un árbitro: un tipo que modera. “Árbitro: persona que modera en un conflicto entre partes”; y cojo esta acepción del DRAE porque se trataba de eso, de un conflicto entre partes. Sí, eche de menos a un tipo así; un tipo que vigila que no se den golpes bajo la cinturilla del calzón, o en la nuca; que impida que se muerdan o que se metan el dedo en el ojo. Bueno, en lo del ojo ya hemos estado prestos y los guantes de boxeo han tenido que ser modificados haciendo que el dedo gordo no pueda ser un arma. Y el árbitro, además, está ahí para parar la pelea cuando lo cree necesario. Y no digo nada más de boxeo porque la última vez que vi un combate (por la tele) era en blanco y negro y el que boxeaba, y ganó, era Perico Carrasco; ni siquiera Pedro Carrasco.

Pero con lo del árbitro moderador me vuelvo al DRAE. Y aquí en la entrada “moderar leo lo de “templar, ajustar, arreglar algo, evitando el exceso”; incluso “disminuir la intensidad o evitar el exceso de una cosa. Pues en la noche del lunes, esto de moderar… nada de nada. Luego oí, parece ser que dicen, que lo que hubo fue un no-moderador. Así lo entiendo: un no-moderador. Entonces… ¿se puso puertas el Campo? También leí del no-moderador que estaba “agotado físicamente” después del debate. ¿Del qué?; ¿del debate? Esto es demasiado. Debió agotarse de pura inacción, porque la inacción, me cuentan, agota. Aunque también podría ser de llevar un paraguas en la mano en un momento dado; yo no le vi consumo energético mayor. Desde luego, nulo en el plató.

Y claro, al tomar el rábano por las hojas y ante la presencia de un “no moderador”, aquello en vez de un debate fue un belén. Así pues, ya no hay que complicarse la vida esta Navidad montando el belén: ponga en su casa en un sinfín televisivo, en un bucle infinito -y hasta el 7 de enero-, el belén que se montó el lunes por la noche en la Academia de la TV. ¿Qué se montó?, no; que se dejó montar.

Me cachis… Lo de Campo Vidal me lleva al bueno de Balbín y las viejas operaciones de control sobre los medios… era yo muy joven; pero este hombre tiene un post de su pase por Antena 3. ¿Pero quién soy yo…?

Vuelvo a lo del lunes por la noche y reflexiono: el debate, conste, fue un género para la TV… y ahora la TV ha hecho un género del debate al nivel de “Sálvame”, que parece ser que era lo que pretendía el aspirante convirtiendo en zafio el momento. Aquí, dicen que los emergentes crecen “a costa de”… y hay que evitarlo. Y así, en la pelea contra el defensor del título -y vuelta al pugilato- quiso evidenciar  -¿lo consiguió?- que aquí no hay dos bien avenidos, sino uno y otro.

¿Oxidado el debate? No; oxidado el modelo por dejación de funciones del moderador, que no moderó. Resultó un debate destructivo que molestó a muchos por el tono y sólo agradó a los propios… aunque no las tengo yo todas conmigo. ¿Cómo el aspirante se permitía confundir los enunciados de sus preguntas-mazazo-acusaciones?; ¿Cómo el defensor del título no ponía en evidencia los errores preguntones?; ¿Por qué no hizo frente a derechazos los izquierdazos que volaban?

Me dijeron en el amor y en la guerra, todo vale. Y el lunes por la noche vi que en la política también. Bueno, eso ya lo había visto antes. Vi hasta terrorismo sentimental en forma de carta, triste carta, y yihadismo visceral en el insulto proferido bajo el amparo de que “es lo que muchos piensan”. ¿Muchos?, ¿eso es contable o incontable?  

Pues hasta aquí hemos llegado: lamentable. Le habrá gustado a los suyos; cada uno a los suyos. A mí, Rajoy.

Lo de moderar, yo sé que no es nada fácil. Consiste en ser imparcial, mantener el enfoque, respetar los turnos y evitar consumos de tiempo descompensados. Porque, resulta que, el moderador incluso puede y debe señalar observaciones y refutar cuestiones… con imparcialidad; llevar el control del proceso… sin desenfocar; dar oportunidades de intervención… sin partidismo; y marca el tempo… mandando en el debate. Pero debe hacer todo eso sin evidenciar que los que debaten van por libre. El moderador debe hasta de estar pendiente de la contraparte y de las refutaciones. Hombre, y si sabe más que los que se están partiendo la pana en directo, debe poner las cosas en su sitio. Si hasta DRAE dixit que el árbitro que yo buscaba el lunes por la noche debería ser una persona cuyo criterio se considere autoridad. ¿Quedan en la profesión?: yo creo que sí.

Nada, que a falta de moderador el lunes por la noche la cosa esta del debate fue sacada de madre. Menos mal que nosotros somos capaces de moderarla y ponerla en su sitio el domingo… aunque hay contumaz constancia de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra; y el español… en el mismo Peñón.