8 ene. 2016

DE CUANDO DEJÁBAMOS NAVEGAR POR EL MISSISSIPPI. DE LA PIEDRA ELLICOT


Resumía yo la entradilla a una charla sobre cuestiones económicas del XVIII, pues se hacen imprescindiblemente necesarias unas pinceladas históricas, que en tiempos de Carlos III, “cuando la Guerra de independencia de los Estados Unidos (1776-1783) España continuó la alianza que mantenía con Francia e intervino contra Inglaterra. Así, desde la Declaración de Independencia (04.07.1776) los sublevados recibieron ayuda española, de forma solapada. Pero ya en 1779 se rompieron las relaciones con Inglaterra: asediamos Gibraltar (sin éxito), pero pudimos recuperar Menorca (y mantener la tradición de destilar ginebra). Entonces, el bueno de Bernardo de Gálvez ocupó todo lo que pudo al Oeste de Florida. Al final, Inglaterra, aislada y sin poder someter a los rebeldes, tuvo que firmar la paz (Tratado de París; 1783). Se reconocía la independencia de las Trece Colonias como los Estados Unidos de América y se otorgaba a la nueva nación todo el territorio al norte de Florida (que era española), al sur del Canadá (que se reservaba la Corona británica) y al este del río Mississippi (que era francés y fue cedido sin más). El Paralelo 31º fijaba la frontera sur entre el Misisipi y el río Apalachicola. Los británicos firmaron también el mismo día acuerdos por separado con España, Francia y los Países Bajos, que ya habían sido negociados con anterioridad. España mantenía los territorios recuperados de la isla de Menorca y Florida (oriental y occidental). También recuperábamos las costas de Nicaragua y Honduras (Costa de los Mosquitos). 
Desde el Tratado de París de 1763 (veinte años antes), la extensa Luisiana era española.

Así con la Florida por el Sur y la Luisiana por el Oeste, era necesario fijar muy bien las fronteras con el nuevo país. En 1763 los británicos habían movido la frontera (a 32º 28’ N); el paralelo 31º les quedaba alejado de los puestos comerciales fortificados de los ríos Mississippi, Alabama, Tombigbee y Chattahoochee. Obviamente, con los acuerdos de 1783, España exigió la vuelta a las fronteras originales a los nuevos, aduciendo los viejos derechos de conquista. Y, con un par, prohibieron a los nuevos estadounidenses navegar por el Mississippi.

En junio de 1784 el murciano José Moñino, conde de Floridablanca, actuando como lo que hoy sería el ministro de Asuntos Exteriores de la superpotencia que entonces éramos definió la frontera, un río tras otro: desde el Apalachicola al Flint, al Hiawassee, al Tennessee, al Ohio y al Mississippi. En nuestro territorio se quedaron los Cherokees, los Chickasaw y los Choctaw y mucho antes que los del Far West y John Wayne hiciera películas de indios y vaqueros ya nos las tuvimos que ver con ellos.

Ya con Carlos IV, por el Tratado de San Lorenzo el Real (1795) el espadón pacense Manuel Godoy firmó, en nombre del rey, con Thomas Pinckney, representante del presidente George Washington -quien lo refrendó al año siguiente- (pues rápidas eran las comunicaciones entonces) acordamos cuestiones de amistad, límites y navegación. Aquí les dejamos ya navegar por el Mississippi y llegar a New Orleans. Ah, y compromiso mutuo de reprimir las hostilidades cometidas por los indios contra la parte contraria, y de no establecer alianzas con los indios que habitasen en la otra parte.

Unos añitos después; hacia 1810 aún éramos tela, ¿eh?
Y allí fijamos la frontera en el Paralelo 31 y, por medio, los ríos Mississippi y Chattahoochee; y por el río Flint al Santa María y al Atlántico. Y acordaron nombrar un comisario y un topógrafo, por cada parte, para -conjuntamente- para marcar los límites territoriales. Por parte yankee acudieron el comandante Andrew Ellicott y el mayor Thomas Freeman; por parte española, el gobernador de Luisiana, Barón de Carondelet (un francés que había hecho carrera con la Corona española en América) y el teniente coronel Gilberto Guillimard (otro francés al servicio de España), que, como es tradición, bien pronto delegaron. 

Durante 4 años los miembros de aquél equipo se patearon la frontera y la mojonaron observando y cartografiando la posición de las estrellas, obviando el poder de refracción. Los Estados Unidos celebraron el bicentenario de esta expedición entre 1996 y el 2000; nosotros, obviamente, no. Ellos se volcaron con “El bicentenario de la línea de demarcación entre el Territorio de Mississippi y West Florida española”. Nosotros, ni un triste recuerdo. Está mal visto por la progresía recuerdos imperiales; y por lo que no son progresía, también.

Gracias a que ellos lo celebraron te enteras que pese a todos los permisos del mundo, la expedición se encontró con el celo de los soldados españoles en la zona y se les detuvo en febrero de 1797 en Nuevo Madrid (Missouri); que el fuerte español de Chickasaw Bluffs (hoy, Menphis) era uno de los grandes y se convertía en la puerta del Mississippi comercial; que España mantenía galeras de patrulla por el río; que Cincinnati era un emporio español y que al Barón de Carondelet se la traía al pairo el trabajo, porque le preocupaban más los indios; indios que en junio de 1798 los llevan a mal traer. En noviembre de 1798 termina la comisión el trabajo de campo y los planos se concluyen en febrero de 1799, aunque hasta marzo de 1800 no están confirmados con la verificación astronómica. Tras ello, la frontera queda fijada y el punto de origen queda marcado con un mojón que hoy se conserva: la Piedra Ellicot.

La Piedra Ellicot está en el Paralelo 31, el Paralelo de San Esteban, en la margen derecha del delta Mobile-Tensaw. En 1803 se designó este punto como el inicial para la confección de cuadrículas base para el reparto de tierras (sistema de la milla cuadrada) estatales y se tomó como referencia para marcar el límite actual entre Alabama y Florida (a tantas millas de…). Por un lado, en la Piedra Ellicot está grabado: US Lat 31 – 1799. Por el otro: Dominio de Su Majestad Carlos IV. Lat 31 – 1799; nosotros, siempre más.

La piedra Ellicot, con “nuestra” inscripción; la yankee, del otro lado

Los yankees valoran la piedra, por la historia que tiene: Monumentos histórico. Nosotros ni recordamos lo que fuimos porque hay mucho lerdo tergiversando la Historia


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