28 ago. 2016

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (XI)


De 1963 hay dos hechos fundamentales en los que recalar en esta secuencia de la Industria de los forasteros. El primero fue el apoyo a los Centros de Iniciativas Turísticas que lanza Arespacochaga, otro hombre de Fraga. Los CIT no tenían reconocimiento institucional, pero a través de ellos el equipo de Fraga controlaba el sector y subvencionaba como podía. Para donde no llegaba esta fórmula, para la España rural y profunda, se montaron concursos de embellecimiento de Pueblos. Lo que se buscaba, por vía de los CIT o de “embellecimiento” era repercusión y vender un atractivo más de España que llegó hasta los rincones más minúsculos de la costa.



En el tema de los CIT hay alguna historia singular y una Historia con mayúsculas que alguien debería escribir. El mismo Fraga cuenta en “Memoria breve de una vida pública” (Planeta, 1983; página 178) alguna particularidad de los CIT: el de Comillas (entonces Santander, hoy Cantabria) “no tenía por objeto promover el turismo, sino más bien evitarlo”. Era una excepción.

Otro singularidad nos lo sirve la antropóloga norteamericana Jacqueline Waldren, radicada en Deiá (Mallorca) desde los años 50, quien en varios trabajos refiere como los deianencs[1] quitaban la señal que en la carretera indicaba el desvío al núcleo urbano para evitarse la silenciosa invasión.

Y el otro hecho significativo fue la revolución en el mercado laboral. El turismo revolucionó la construcción y la hostelería. Hasta 1971 no tenemos estadísticas “fiables” y tardaban en compilarse, pero su impacto desde mediados de los 50 es conocido y fue enorme. Generó la emigración desde zonas de interior a la periferia turística, incluso en la misma provincia litoral, provocando cuantiosos desajustes demográficos. Bien es cierto que en algún momento fue decisiva porque “La economía del turismo actuó como leve cojín para absorber gran parte de la mano de obra agrícola excedente”. El mayor problema fue la formación, pues muchos carecían absoluta y totalmente de ella. Y no sólo a nivel camarero; también a nivel de dirección y gestión de hotel lo que se puso de manifiesto en los grandes fracasos que llevaban a muchos hoteles a sumarse a “círculos de dependencia” para con los operadores turísticos. En 1963 León Herrera daba instrucciones específicas para que se mejorara la atención al cliente; con buena voluntad no bastaba. Y puso en marcha severas inspecciones. La Escuela Oficial de Turismo de Madrid (1963) intentaba -a marchas forzadas- generar, al menos, manuales de referencia para dar abasto a las necesidades de formación. Pero había quién no sabía leer.

Estadísticas de Turismo 1954-1973

Otro gran año muy especial para el Turismo fue 1964. Fuimos a la Feria Mundial de Nueva York a darlo absolutamente todo y como ojos que no ven (desde España), corazón (franquista) que no siente, dimos una imagen fascinante; en ocasiones, con pinceladas de fantasías animadas de ayer y de hoy, que hoy nos sorprenden aún. Y si aquello fue en América, para Europa se editó la guía “España para Usted”, en once idiomas. Rompía los moldes y fue muy bien aceptada; no consta quien la escribió pero algún toque ‘Codorniz’ encuentro, lo que junto a las ilustraciones de Máximo (Máximo San Juan Arraz) lo convierten en un documento a disfrutar.

Se inicia metafísica y distingue entre ‘turista’ y ‘viajero’, al que “invita a descubrir un país… orgulloso de sus tradiciones y deseoso de experimentar cambios rápidos”. En 71 páginas, lo toca todo: “Geografía pobre”, “Historia rica”, “Economía regular”, “Política peor”… Sorprende, porque es de 1964. Explica la función de la “Guardia Civil” y de algunos sambenitos propios de los españoles. En “Pobres, vagabundos y charlatanes” confiesa que “… por razones de clima, hábito o extraños atavismos, hay algunos españoles -muy pocos, cada vez menos- que sienten horror al trabajo…”. ¡Total!

Sin tapujos, habla de “La guerra para la Paz” (1936-39): “… no diremos que en ella todos los buenos estaban de una parte y todos los malos de la otra…”. Y dice más, mucho más, pero -resumiendo- dice que “Un día, en 1936 estallaron los odios… y… en 1939 comenzó un periodo de paz… superador de los viejos odios”.

Obviamente, habla del “bikini”: “Usted puede vestir en España como mejor le parezca, no faltaría más… Pero usted llamará la atención muy agradablemente si, para bajar al comedor del hotel, ir al teatro o asistir a un club nocturno, abandona momentáneamente el ‘uniforme de turista’ y se pone parecida ropa a la que usaría en su tierra para idénticas ocasiones”. Y va a más: “No crea usted en leyendas de que aquí montamos un auto de fe para quemar a los que van en ‘shorts’ por la ciudad o a las que usan el turbador ‘bikini’ en la playa”.



También  la guía analizó cuestiones patrias básicas como “la siesta” o “la propina”, “los tacos” y “los piropos”; hasta entró en “el amor”. Advierte la guía de principio que “en España no existe el divorcio” (el que avisa… es avisador) al tiempo que aconseja en estos términos: “Absténgase de cortejar, por tanto, a cualquier mujer casada. Hasta el simple coqueteo en este terreno está muy mal visto… Dedique usted sus preferencias sentimentales, si es que le da por ahí, a las solteras. Pero no olvide que la mujer española suele ser ‘muy difícil’ y tiene la fea costumbre, por muy enamorada que esté, de hacer sufrir al pretendiente hasta que está bien segura de las intenciones matrimoniales de este”. Ahí le han dado fino.

Viñeta de Guille
Los toros y las corridas tienen texto mollar en la guía. Y esto enlaza con quienes sostienen que la Fiesta de los Toros vivió una etapa dorada gracias a los turistas que dudaban en pagar lo que fuera por carteles buenos y por carteles lamentables. Los forasteros venían a España por el clima, el sol y las playas. Y si les dabas toros… ya, ¡qué más quieres! Sí, sí: “eres guapo, joven y con dinero, ¿qué más quieres Baldomero?”; Fi-lo-ma-tic.

Las primeras estadísticas “serias”, que son de 1970, dicen que en un 87% de los forasteros buscaba el sol y las playas. Sólo un 4% buscaba los monumentos. No extraña que en Manchester plantearan publicitar Mallorca como “Blackpool con sol[2]”.

El único atractivo “cultural” al que prestaban atención los forasteros y que tenía marchamos eclesiástico, lo que satisfacía enormemente al Régimen, era el Camino de Santiago. Y con él se volcaron los chicos de Fraga que los vendieron como “un vínculo de unión europeo”. El único ‘problema’ del Camino Jacobeo consistía en que el peregrino era menos dadivoso que el turista; no gastaban con la alegría desenfrenada del que “peregrinaba” a las costas para el ocio y la molicie.
Pero ese era el menor de los problemas.






[1] Gentilicio de los vecinos de Deià/Deyá
[2] Hasta la irrupción del chárter a las playas del Mediterráneo, el lugar favorito de la clase obrera británica, frente al mar de Irlanda.

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