18 nov. 2016

DE LA PROMOCIÓN A COSTE CERO: OTRO ÉXITO DE BENIDORM




Los british de Benidorm llevan ya unos añitos que para no perder nivel de alcohol en sangre (porque te viene el bajón), en cuanto terminan las fiestas de Benidorm (siempre en miércoles), ellos suman un día más (mientras el resto de los aborígenes locales y colonizadores posteriores andan como en Sevilla, tras la feria, un lunes de resaca) y la lían parda. Es su “BND Fancy Dress Party”, y se disfrazan. “Esta tradición comenzó hace más de 20 años, con un idea de Manolo, del bar Sinatra’s” y cada año la fiesta crece con más adeptos. Ya la programan las Agencias y la buscan los guiris. Y es promoción a coste 0.


A los british les pirra disfrazarse y los disfraces son los protagonistas. 

Hace unos días la noticia estaba en que a unos piraos les había dado por disfrazarse de payasos asesinos e ir sembrando el pánico por ahí. De eso no va la cosa.

Aquí también hubo payasos, pero de los siempre; de los que hacen gracia a la mayoría. A mí, de siempre -ya con los Hermanos Tonetti (Circo Atlas) bajo de mi casa alicantina-, lo que más miedo me ha dado ha sido un payaso. No hacía falta el apellido de “asesino”. Exculpo aquí a la familia Aragón al completo a los que ya vi sin la cara pintada de blanco haciendo disfrutar a otros niños. Por cierto, este Hallowen -que me esperaba yo más payasos de esos, de los asesinos- me sorprendió la noticia de que el disfraz más terrorífico fuera el de “concejal de obras”. Esto ocurría en Utrera (Sevilla), pero puede aplicarse por las vieja piel de toro, islas adyacente y plazas de soberanía (¡qué antiguo soy! Entiéndanse ciudades autónomas e islotes norteafricanos).

Pero volvamos a la BND Fancy Dress Party donde se dice, se cuenta, se rumorea que entre 30.000 y 40.000 bristish (y no tan british) se lo pasaron pipa. Es lo de siempre: calcular la gente. Y mira que hay una “medidilla” internacional de 4 pax/m2. Pues nada: plano de la zona, escala, superficie ocupada (aunque haya un árbol, que seguro no tendrá un tronco de un metro cuadrado de grosor y no nos restará 4 pax) y regla de tres al canto. 

Y… ¿por qué les gusta tanto a los british disfrazarse? Coincido con la doctora Fox: el determinismo geográfico-histórico-climático no es suficiente por sí solo para explicar por qué a los ingleses (y por extensión los británicos) les va tanto eso de disfrazarse. Para la doctora Kate Fox, del Centro de Investigación de Asuntos Sociales (SIRC) de la Universidad de Oxford, eso de disfrazarse forma parte del entender la vida con humor porque “el humor es uno de los tres ‘reflejos’ básicos (los otros dos son la moderación y la hipocresía) con los que los ingleses combaten su ‘enfermedad social congénita’ que no es otra cosa que una ‘combinación de autismo y agorafobia’, un malestar y una incompetencia ante las situaciones sociales, una vergüenza y una ‘rareza’, un estreñimiento emocional y una falta de habilidad general para tener una relación directa y franca con otros seres humanos”. ¿Cómo se me han quedado con la frase? Literal, oiga: Oxford University dixit.

El  holandés Gustaaf J. Renier tiene un libro que no vean: Los Ingleses: ¿son humanos? Me mola, pero, aunque los cala muy bien, como que no me sirve. Sólo analiza a los ingleses, obviando a escoceses, galeses y norirlandeses. Aquí había de todos esos terruños.

Profundicemos en lo de los british. A colación, les cuento que a Churchill le preguntaron en su etapa de Premier que qué pensaba de los franceses… y respondió con un “es que no los conozco a todos; no puedo precisar”, o algo así. Pues a mí, que con Sir Winston sólo me une la pasión por los cigarros habanos, me pasa lo mismo: no conozco a todos los british, pero a los que he conocido, que algunos son, resulta que… les gusta más disfrazarse que a Mortadelo (Y eso que Ibáñez derrochaba imaginación). He aprendido que carecen de sentido del ridículo (no como yo) y tienen un acendrado sentido del humor (¿yo?, pues no). 

He localizado una “hecha” de bristish total: se disfrazaron de conos (¡!) y paralizaron el tráfico en una calle una noche de farra cualquiera. Aquí nos los hubiéramos llevado por delante (algunos lo hacen con un piquete de huelga); allí unos y otros entendieron de qué iba la cosa.

Es una forma, me cuentan, de evadirse de la rutina diaria y de los tradicionales modos de divertirse; es más que vencer la timidez. Es transmutar la personalidad y vivir un momento ajeno a quien de verdad se es. “Es que nos metemos en el personaje”, me dice Ely, de Salamanca; veinte años en el Reino Unido y que se ha convertido en mi asesora de cabecera en asuntos de enjundia albiónica. Ella dice ques una cosa como que muy británica; yo le digo que la cosa esa de disfrazarse era ya muy típica en tiempos de Grecia y del Imperio, pero del romano; que no del de la Queen. Que la cuestión siempre ha sido “pasar” del orden establecido y eso lo han puesto todas las culturas en práctica mediante el “cambio de personalidad”; adaptaban otra “personalidad” para saltarse los principios, más que las normas. 

 
El disfraz  nos lleva a una época, una fase o una etapa no vivida de la que queremos, o con la queremos, obtener el máximo de diversión. El disfraz es la excusa perfecta para perder la vergüenza y desinhibirnos. “La gran oportunidad de poder ser otro”, explica la doctora Clara Castelló. “Al disfrazarnos sacamos a la luz una parte nuestra en la que afloran sentimientos ocultos o reprimidos que tenemos guardados en nuestro subconsciente”…  y ahí entro en contradicción, porque disfrazarse de perro Pluto no sé yo que aspiración encierra. 

Pero aquí me quedo yo, en mi otero de la 5ª planta, considerando que la cuestión clave es saberse disfrazar: el arte del disfraz. Y en eso, los british, están a la altura de los mejores. La farsa y la burla, la doblez y el subterfugio o, simplemente, el tapujo y el disfraz los convierte en otros para gozar la fiesta hasta la permisividad. 

No sé qué se siente disfrazándose. Un amigo de Ely intentó ayer ofenderme, pobret, sin saber que sólo ofende el que puede; no el que quiere. Se atrevió a decir que “nosotros” -¡Válgame Dior, Christian Dior!- nos disfrazamos (¿?) en fiestas de Moros y Cristianos. El típico error de quien no conoce la vuelta de la calle. Querido amigo: te lo dije anoche -y no lo recordarás- y te lo dejo por escrito esta mañana para que en cuantito se te pase, te lo cuenten: nosotros nos investimos de dignidad festera, que no es lo mismo.

En fin; que la BND Fancy Dress Party ha sido un exitazo. Ha sido un exitazo un año más y a coste cero; 0 patatero. Han pasado muchas cosas en las calles de Guirilandia… aunque quizás sólo pasó la vida, que es la que siempre pasa. (Aquí pega Pata Negra con su Pasa la vida). Pero recuerda, Ely, que la vida no es un cuento de hadas. Y si pierdes el zapato a medianoche, aunque sea de cristal,… pensarán que eres una borracha y no una princesa.





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