17 nov. 2016

DE QUE YA ESTÁ EL DOCUMENTAL: EL HOMBRE QUE EMBOTELLÓ EL SOL




Coincidía anoche mi llegada a Benidorm con la huída de la última carroza del desfile (de ídem) que cierra las Fiestas Patronales de Benidorm. La carroza, ya vacía y sin el esplendor de sus ocupantes, iba a toda velocidad, como si quiera despegar… ¡arrastrada por un tractor! Es lo que tiene la Avenida de Europa. Muchos, incluso los mastodónticos autobuses de líneas regulares, la confunden con las pistas de un aeropuerto: los que bajan, sólo frenan ante la inmediatez del mar (como en el Juancho Yrausquin de la isla de Saba, al SE de Puerto Rico); y los que suben esperan alcanzar la velocidad del “salto” (Velocidad de Decisión de Despegue)… que nunca dan (alcanzan) porque está la rotonda final[1]. Eso sí, había confeti por el suelo de la avenida como si hubiera sido utilizada de Sambódromo: también el suelo del garito de enfrente cuando cierra en Nochevieja. Y no era el caso; o no me he “enterao” yo por no estar aquí. 

Atrás he dejado, han quedado, tres intensos días de ponencias, debates, charlas y entrevistas profesionales con las cuestiones del turismo: Benidorm y el Museo del Turismo. Madrid, muy bien; como siempre. Como siempre, no: ya no se puede ir en coche. Zonas, distritos y horas para aparcar se confabulan contra uno (contra mí) que hoy, otra vez, ha vuelto a su scooter para aparcar donde le sale en gana; donde viere (atendiendo a la norma y a la Autoridad pertinente, no vaya a ser que…). Un único fallo: elegir La Granja de San Ildefonso fue bueno para que no nos desviáramos del tema -el turismo- (allí, ahora mismo, sólo los lugareños; o atendías o te morías de asco y de frío) pero fue malo para los que obviamos que Siberia empieza allí mismo, junto a los pinares de Valsaín. Los grajos, por el Real Sitio, viajan en metro; ya, ni vuelan bajo. 

Una de las citas madrileñas fue con Ganga Producciones para el Ochéntame que preparan sobre Benidorm. Un buen rato con Jordi Barrachina y su equipo. Luego, volviendo de Pinto (del plató; aún con restos de maquillaje, soy un desastre) meditas todas tus respuestas: ¿habré quedado muy académico?, ¿lo que yo considero extraordinario puede que sólo lo sea para mí (y un carro de investigadores)?, ¿se llega así al gran público?, ¿me ciega Benidorm? Quería contar tanto en tan poco tiempo (y estuvimos más de una hora de cháchara). Claro, luego hay que montar; editar el producto. 

Esperaremos.

Y de tanto esperar, una buena noticia en la línea argumental: Habemus documental

Para lo que ya no habrá que esperar es para ver lo que Oscar Bernácer y su equipo de Nakamura Films han realizado con “El hombre que embotelló el sol”. Va de Pedro y de Benidorm; va de don Pedro Zaragoza y el Emporio Benidorm. Lo avanzamos.

Con Oscar y con Jordi Llorca ya pasamos una tarde de diciembre de 2014 en “Los cafés del Meliá” -celebrando loséxitos de “Bikini”- donde ya nos dijeron que su intención era este documental para el que nos volcamos con ellos (tal vez los saturamos y los enterramos bajo una montaña de datos, cifras, estudios y opiniones) en la confianza de que sabrían hacer bien su trabajo. Y otra vez me pusieron delante de la cámara (ellos no escarmientan y yo prefiero que me arropen las paredes del aula; el abrigo de la Academia, con el que te diriges sólo a unos pocos) para sentar cátedra en mi admiración por Pedro y por todos los que -desde Pedro a aquí- han hecho posible este Benidorm que ahora retrata Petra Ilieva en todo su esplendor.


Seguro que Nakamura films ha hecho un buen trabajo. Somos tantos, tan variados y distintos, los que opinamos sobre Pedro y su empeño por este Benidorm que la asepsia está garantizada. Deseando verlo estoy. El tráiler me sabe a poco; ¿qué digo a poco?, a nada.  Necesito ya más. Tal vezpor eso les estoy siguiendo por FB; quiero saber cómo va la cosa.
Hay versión cinematográfica y versión reducida (para TVE) de “El hombre que embotelló el sol”; la cinematográfica seguirá un circuito muy especial con las ciudades más identificadas con el fenómeno Benidorm y la acción de Pedro, don Pedro -Valencia, Madrid, Barcelona y Bilbao- antes de estar en las pantallas de siempre. Pero hay más buenas noticias. 

Oscar y Jordi nos han implicado en el proyecto a más de cincuenta personas y disponen de tanto y tan buen material, me cuentan, que se han puesto manos a la obra con un segundo documental en el que tratan el fenómeno turístico español desde un punto de vista más técnico (que si la historia, que si la arquitectura, que si la sociología, que si tapatín, que si tapatán; hasta la sostenibilidad) que supera por espectro la figura de Pedro, don Pedro; algo, seguro, que a Pedro, don Pedro, le hubiera gustado muchísimo. ¿Lo iluminará todo la potencia de este sol? Sí, Oscar; p’alante, como los de Alicante.

La verdad es que voy poco al cine (no soy perfecto; eso sólo lo es mi amigo Arjones, Perfecto Arjones, en cuyo archivo fotográfico está la historia del día a día del turismo en la provincia), pero este jueves, 24 de noviembre, no me pierdo el estreno en los Cines Colci de Benidorm de “El hombre que embotelló el Sol”. Conocí al hombre que embotelló el Sol y me contó muchas cosas que fueron decisivas en mis investigaciones y análisis sobre esta ciudad y lo que significa. Me enseñó a amar Benidorm y a las gentes que desde siempre lo han hecho posible. Y siempre apostaré porque siga viva su leyenda. El hombre, para su familia y sus amigos; la leyenda, para todos.


En fin, que ha sido volver a casa y entrar en calor. Las buenas noticias pueden con el trancazo[2] mejor que una vaso de brandy caliente, con unas gotas de leche (no vayan ustedes a pensar mal) y una vieja pastilla de Veganim.




[1] A unos 110 km/h puede despegar una Cessna 152 (que me he enterao)

[2] Trancazo: Así llamamos en España, los españoles, a la gripe de 1818 que el mundo conoció como “gripe española”. Los contendientes en la IGM no quisieron informar del número de bajas que le producía para no alertar al enemigo; sólo España las comunicó en su día… y ahora se llama “gripe española”. Aquí la palmaron unos 300.000 españoles y por el mundo hubo algo más de 40 millones de muertos; pero es “española”, como la aceituna.  Es la española una aceituna como ninguna; está rellena de rica anchoa

Fotos: Petra Ilieva.

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