30 ago. 2016

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (XII+I; vamos, XIII)


Benidorm, 1973 (del libro de Pack)
Punto y final. Completamos hoy el análisis de la industria de los forasteros. ¡Última entrega!
A principios de los 70, nueva década, supuesto cambio de estrategia: se consideró que “el turismo debe devolver a la industria y al campo lo que de ellos recibió” y se cuestionó todo; desde la política estatal de redistribución de los ingresos por turismo a los sistemas de promoción. Lo que más daño hacía era que se atendía con los beneficios de las regiones más afortunadas a las regiones menos prósperas. Esto no se entendía bien (como ahora). En Baleares estallaron cuando se publicó que “su dinero” promovía hoteles en Almería. ¡Qué ignominia, pardiez!; desde el desierto almeriense les iban a hacer la competencia.

Los CIT de toda España, por h o por b, aprovecharon el malestar social creado por la noticia y criticaron el “dirigismo estatal” al tiempo que denunciaban la “jungla de autoridades” con las que debía de lidiar. Vamos, su tradicional caballo de batalla ahora espoleado por un sentimiento de mosqueo y malicia.

El caso es que estalló la guerra de la descentralización. El Gobierno no estaba por la labor aunque uno de sus organismos más activos, el Instituto de Estudios de Administración Local (IEAL) -analizando lo ocurrido con el Turismo nacional- apostaba por la descentralización administrativa: el IEAL destacó los fallos del desarrollo turístico en las costas y abogó “por un mayor control local”. Sorprendentemente, para la España franquista de aquellos días, el sociólogo (nada afín al Régimen) Mario Gaviria pasó a dirigir el instituto y con la Fundación Juan March como patrocinador, desarrollo varios estudios al respecto tocando todos los palos (como el elogioso y clarificador “Benidorm, ciudad nueva”).

Iconos de España
En esos años, como desde tiempos de Viriato, muchos comenzaron a cuestionarse en España lo del Turismo: “no compensaba los desequilibrios sociales y económicos a los que daba pie” clamaban por doquiera que fueran. También hay que señalar que muchos de estos estudios inspiradores se centraron en las provincias andaluzas donde la brecha fue más amplia y generaron titulares demoledores y no siempre ciertos. En “España en venta” (de Francisco Jurdao; Ed. Ayuso, 1990) queda diáfano: por el turismo, el campo se quedó sin mano de obra a precio asequible y los jornaleros se fueron a trabajar a la costa donde les pagaban más y su trabajo requería menos esfuerzo. Los agricultores no estaban en condiciones de mecanizar sus producciones y ante la situación de desidia económico-productiva terminaron vendiendo sus terrenos a promotores inmobiliarios que eran capaces de montar una urbanización (esquivando permisos y licencias) en puntos en los que se veía el mar… sólo a través de fotografías. Era tal el desmadre que hasta la propia ENTURSA (Empresa Nacional de Turismo) compraba baldíos agrícolas intentando hacer la competencia a la iniciativa privada. Sólo cuando el Ministerio de Agricultura clamó contra ello pararon. Casi un sin Dios y Franco y el Régimen en sus últimos días.

Y para complicar la situación socialmente resulta que los salarios que se conseguía en las zonas turísticas -más que interesantes- fueron perdiendo valor ante los altos precios que pululaban por los destinos turísticos, donde la cuestión se agravaba ante la falta de vivienda que no fuera turística, ya que esta resultaba muy cara para los trabajadores del sector. Pero no echemos toda la culpa al turismo y a la vorágine de acontecimientos que generó. La condición humana hizo de las suyas.

Spain is different
Una novedad que me ha descubierto el libro de Sasha D. Pack es que en medio de todo esto, el Régimen se planteó “crear ‘corporaciones municipales turísticas’, a las que se pudieran asignar créditos estatales, más privilegios y un alcalde especialmente designado[1]. Primera noticia; habrá que saber más.

A Fraga le sucedió Alfredo Sánchez-Bella, enemigo de la descentralización y con menos capacidad de enfrentarse a quienes querían controlar la industria de los forasteros que ya por aquél entonces era -casi tanto- de los aborígenes peninsulares. No obstante, la primera e interesante medida fue dividir el país en 9 regiones turísticas[2] que si bien no significó nada en la realidad administrativa sí que sirvió para sectorializar los estudios en regiones más o menos similares y afinar en los planteamientos. Pero “los pilares centrales de la política turística no se movieron”… y así siguió la cosa hasta la España de las Autonomías.

A partir de esos estudios de los comités regionales se comenzó a implantar la idea de “valor por unidad de turista”: mejorar la calidad. “Cuantos más turistas, mejor” debería dejar de ser la máxima… debería, porque eso no lo hemos solucionado aún.

Pero la verdad es que con sus más y sus muchos menos, España se había colocado al materializarse la década de los setenta, gracia a la industria de los forasteros, en un destino puntero con una posición excelente para relanzarse a la competitividad turística tras la muerte de Franco y las crisis subsiguientes. A pesar de los defectos, la planta hotelera era moderna y la voluntad empresarial apostaba por superar siempre las adversidades. Desde la Administración se filosofaba en consonancia con la corriente empresarial: el turismo debe aportar a la comunidad “el mayor volumen de divisas con el menor coste social y económico posible” proponiendo para ello “crear y desarrollar aquellas modalidades que supongan un gasto más elevado”. Lo de siempre.

Así nos veían...
Con la llegada de la Democracia comenzaron los cambios administrativos en el País. Se desmanteló el Ministerio de Información y Turismo (1977) y la regulación y promoción del Turismo pasó a las Comunidades Autónomas. El último ministro, León Herrera Esteban (un hombre de Fraga), apostó por mejorar la calidad y organizó la 1ª Asamblea de la Organización Mundial del Turismo (en Madrid)… pero las crisis del petróleo (1973 y 1975, que nos llegaron con cierto retraso) y las propias del país golpearon la industria del turismo con la merma de forasteros, porque también azotaron a Europa.

Esto nos enseñó que el turismo por sí solo NO ES la panacea para el desarrollo regional y que sólo los que hacen los deberes (apoyados por la madre naturaleza y el clima que disfrutamos) son capaces de pervivir en el complicado y mudable mundo del Turismo al que le afecta el aleteo de cualquier mariposa en el Planeta. “El turismo español ha sobrevivido a su etapa útil”, concluye Pack. Y eso es un elogio.

El turismo nos hizo (y nos hace) mucho bien. La apuesta de los forasteros por las playas de España hizo crecer esta industria en la que se implicaron todos los españoles y nos ha situado en esta posición de liderazgo… pero unos más que otros en función de cómo se trabajan las cosas.



PD.: En esta serie de Post ha seguido el libro de Pack y he aportado mis pildorillas. Me ha gustado; me lo he pasado bien. He descubierto algún detalle, muchas referencias útiles de trabajos que desconocía y… no he encontrado lo del origen soviético del Spain is different. Me regalaron el libro porque les dijeron a  mis chicas que entre sus páginas estaba. Tendré que releer.





[1] Juan Fuster Lareu, “El municipio turístico español”, en Información Comercial Española, nº 421. 1974
[2] I (costa Brava y Costa Dorada; Cataluña); II (Costa del Azahar y Costa Blanca; Castellón, Valencia, Alicante y Murcia), III (Costa del Sol y Costa de la Luz; Andalucía de pé a pá); IV (Cornisa Cantábrica y Rías Gallegas; todo el septentrión y las rías); V (Pirineos); VI (Baleares), VII (Canarias), VIII (Madrid y Castilla) y IX (Extremadura)

29 ago. 2016

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (XII)


Hora de ir acabando. Dejábamos ayer la cosa en el concepto ‘problemas’. Es que a los españoles nos dio, también, por hacer turismo. Y no sólo dentro de España; también fuera. Por ahí se escapaban las divisas que entraban… y teníamos el ejemplo francés (donde ya salían más francos que entraban) y que era situación a evitar. La verdad es que no hizo falta mucho empeño administrativo en atajar este problema porque la cuestión del idioma era una barrera más natural y grande que los Pirineos, y el infravalor de la peseta nos dejaba temblando ante las oficinas de cambio. Pero, aún así, hubo turismo de españoles por el Mundo (vamos, Francia y Portugal).

En 1967 batíamos el récord de los 1.000 millones de dólares por ingresos de turismo (1.100 millones) frente a los 99’4 millones que sacaron los turistas españoles por el extranjero. Un saldo formidable, pero elocuente ya que, le leo a Pack, “la venta de paquetes turísticos al extranjero fue ilegal hasta 1966”. ¿Qué me dices?: ¡que te fagorices!, FAGORRRR…

Mientras los aborígenes celtíberos hiciéramos “turismo” por la vieja piel de toro, no importaba ni mucho ni poco a la cuentas de la macroeconomía nacional. Recuerden: esto era “la industria de los forasteros” y los españoles, entre sí, fueran de donde fueran, no se consideraban forasteros… aunque en 1966 las estimaciones apuntan a que “al menos la tercera parte de la población española (unos nueve millones de personas) habían viajado de vacaciones dentro de su país, y se llegó a los doce millones de personas en 1971”. El disponer de vehículo lanzó a los españoles a las vacaciones. Pero es otra historia, aunque conviene saber que ante ‘la invasión de forasteros’ en determinadas áreas del país, “los españoles debían sentirse los más extranjeros de todos” en los grandes enclaves turísticos de Baleares o la Costa Brava en los años sesenta. Nunca fue este el problema de Benidorm.

Para potenciar el turismo de los españoles dentro de España, con TVE se puso en marcha (1966-1969) la serie “Conozca Ud. España”. ¿La pretensión?: abrir nuevos destinos a los españoles y que los españoles, de paso, conocieran una España que desconocían y que ofrecía a cada paso un punto a conocer y disfrutar. Pero por mucha España interior y preciosa las vacaciones terminaban en los destinos de playa, y contra eso ni TVE, ni gaitas templadas.

Con espíritu didáctico se puso en marcha una nueva campaña “Conozca Ud. la provincia”, para escolares, y una mucho más social “Conozca Ud. el Mar” (1967) que llevó a ver el mar a varias decenas de miles de españoles del interior. Yo, en el siglo XXI, he conocido a un español que en Benidorm vio -por segunda vez en su vida- el mar; la primera fue cuando le enviaron a “hacer la mili en África”. Viví el fascinante momento; su esposa la vio por primera vez esa mañana.

Ah, y ya lo conté en otro Post: el ‘turismo rural’ también es cosa de la España turística de 1967 (de los equipos de Fraga), pero entonces se llamaba turismo en “casas de labranza”. ¡Cielos!: Fraga y su gente “lo inventaron” todo.

Un sambenito que nunca nos quitaremos es el de “baratos”. Nos iniciamos en ese campo y casi seguimos en él. El sindicato hostelero mallorquín se quejaba ya en 1969 de habíamos creado un producto “adecuado para turistas de una libra diaria, o quizás menos”; desde 1967 se estaban planteando que la cuestión no era la cantidad de turistas sino la calidad de los mismos: menos número de turistas y más números en las cuentas de beneficios.

Benidorm; 1957
Y ya resumiendo: “la tan celebrada ‘civilización del ocio’ de la Europa de posguerra que penetró en España durante la década de 1950 -la invasión pacífica- no fue importante solo como parte del gran proyecto político de modernización y aceptación internacional que había emprendido el Régimen de Franco, sino que llegó a establecer contacto con las vidas de los españoles de a pie durante la década de 1970”… y hasta hoy. Coincido con Pack (y otros) que no supuso una predemocratización, pero fue una manifestación de la nueva España que estaba por llegar.

La década de los 70 fue la de psicoanalizanos (y en ello aún seguimos). En 1971 el sociólogo Amando de Miguel concluía que “España selecciona turismo ‘barato’, cada vez más barato y en gran parte controlado por capitales de fuera”. En 1972, Guillermo Díaz-Plaja se preguntaba si el Turismo ‘era un falso boom’ (analizando la situación de Baleares, pero podíamos extrapolarla a la mayoría de los destinos; sólo muy pocos -contadísimos- estaban en otra órbita) porque no remediaba nada y nos encontrábamos que el nivel (nivel, Maribel) era cada día menor. Los estudios de Susan Barton[1] vienen a confirmar, ahora, lo que entonces avanzaban nuestros estudiosos.

El ¿por qué llegamos a esto? tiene su miga. Los operadores turísticos tuvieron cada vez más influencia en los precios y entre ellos mismos se fueron complicando el futuro ya que abarcaron tanto que dejaron de controlar el mercado: “el potencial de expansión aparentemente infinito de las costas españolas y la competencia con otros países mediterráneos ejercieron una gran presión hacia debajo de los precios”, Pack dixit. Creció el número de turistas y tanto o más el de alojamientos.

Hay quien echa la culpa al apartotel y al alquiler de apartamentos: “el disponer de cocina, eliminaba el gasto de cenar fuera”, apunta Pack. Y a final de los sesenta, “el turismo se volvió más ‘residencial’”. Al inicio de los 70 estábamos en ratios de 40 turistas por cama hotelera… y había que llenar hoteles.

Esto del “residencial” se nos fue de las manos: “de cincuenta y siete urbanizaciones que se construyeron en la provincia de Málaga en 1964, solo tres respetaban las leyes”. Un informe de la Guardia Civil para la provincia de Alicante ese mismo año denunciaba que “cada uno ha edificado donde ha querido… con el fin de revalorizarlo y obtener beneficios mayores”. Los constructores se saltaban la ley y el Ministerio de Información y Turismo se veía constreñido por los demás ministerios que tenían tanto o más poder de decisión en estas cuestiones. La ley de Régimen Local (1964) requería la aprobación estatal de todos los planes municipales, pero se jugaba con esa falta de coordinación de los ministerios implicados. El Ministerio de Hacienda intentó dejar fuera de circulación la Ley de Centros y Zonas de Interés Turístico en su afán de anular a los equipos de Rodríguez-Acosta, Herrera Esteban y Arespacochaga; de Fraga, a fin de cuentas.






[1] Working-class organisations and popular tourism, 1840–1970. Manchester University Press, 2005

28 ago. 2016

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (XI)


De 1963 hay dos hechos fundamentales en los que recalar en esta secuencia de la Industria de los forasteros. El primero fue el apoyo a los Centros de Iniciativas Turísticas que lanza Arespacochaga, otro hombre de Fraga. Los CIT no tenían reconocimiento institucional, pero a través de ellos el equipo de Fraga controlaba el sector y subvencionaba como podía. Para donde no llegaba esta fórmula, para la España rural y profunda, se montaron concursos de embellecimiento de Pueblos. Lo que se buscaba, por vía de los CIT o de “embellecimiento” era repercusión y vender un atractivo más de España que llegó hasta los rincones más minúsculos de la costa.



En el tema de los CIT hay alguna historia singular y una Historia con mayúsculas que alguien debería escribir. El mismo Fraga cuenta en “Memoria breve de una vida pública” (Planeta, 1983; página 178) alguna particularidad de los CIT: el de Comillas (entonces Santander, hoy Cantabria) “no tenía por objeto promover el turismo, sino más bien evitarlo”. Era una excepción.

Otro singularidad nos lo sirve la antropóloga norteamericana Jacqueline Waldren, radicada en Deiá (Mallorca) desde los años 50, quien en varios trabajos refiere como los deianencs[1] quitaban la señal que en la carretera indicaba el desvío al núcleo urbano para evitarse la silenciosa invasión.

Y el otro hecho significativo fue la revolución en el mercado laboral. El turismo revolucionó la construcción y la hostelería. Hasta 1971 no tenemos estadísticas “fiables” y tardaban en compilarse, pero su impacto desde mediados de los 50 es conocido y fue enorme. Generó la emigración desde zonas de interior a la periferia turística, incluso en la misma provincia litoral, provocando cuantiosos desajustes demográficos. Bien es cierto que en algún momento fue decisiva porque “La economía del turismo actuó como leve cojín para absorber gran parte de la mano de obra agrícola excedente”. El mayor problema fue la formación, pues muchos carecían absoluta y totalmente de ella. Y no sólo a nivel camarero; también a nivel de dirección y gestión de hotel lo que se puso de manifiesto en los grandes fracasos que llevaban a muchos hoteles a sumarse a “círculos de dependencia” para con los operadores turísticos. En 1963 León Herrera daba instrucciones específicas para que se mejorara la atención al cliente; con buena voluntad no bastaba. Y puso en marcha severas inspecciones. La Escuela Oficial de Turismo de Madrid (1963) intentaba -a marchas forzadas- generar, al menos, manuales de referencia para dar abasto a las necesidades de formación. Pero había quién no sabía leer.

Estadísticas de Turismo 1954-1973

Otro gran año muy especial para el Turismo fue 1964. Fuimos a la Feria Mundial de Nueva York a darlo absolutamente todo y como ojos que no ven (desde España), corazón (franquista) que no siente, dimos una imagen fascinante; en ocasiones, con pinceladas de fantasías animadas de ayer y de hoy, que hoy nos sorprenden aún. Y si aquello fue en América, para Europa se editó la guía “España para Usted”, en once idiomas. Rompía los moldes y fue muy bien aceptada; no consta quien la escribió pero algún toque ‘Codorniz’ encuentro, lo que junto a las ilustraciones de Máximo (Máximo San Juan Arraz) lo convierten en un documento a disfrutar.

Se inicia metafísica y distingue entre ‘turista’ y ‘viajero’, al que “invita a descubrir un país… orgulloso de sus tradiciones y deseoso de experimentar cambios rápidos”. En 71 páginas, lo toca todo: “Geografía pobre”, “Historia rica”, “Economía regular”, “Política peor”… Sorprende, porque es de 1964. Explica la función de la “Guardia Civil” y de algunos sambenitos propios de los españoles. En “Pobres, vagabundos y charlatanes” confiesa que “… por razones de clima, hábito o extraños atavismos, hay algunos españoles -muy pocos, cada vez menos- que sienten horror al trabajo…”. ¡Total!

Sin tapujos, habla de “La guerra para la Paz” (1936-39): “… no diremos que en ella todos los buenos estaban de una parte y todos los malos de la otra…”. Y dice más, mucho más, pero -resumiendo- dice que “Un día, en 1936 estallaron los odios… y… en 1939 comenzó un periodo de paz… superador de los viejos odios”.

Obviamente, habla del “bikini”: “Usted puede vestir en España como mejor le parezca, no faltaría más… Pero usted llamará la atención muy agradablemente si, para bajar al comedor del hotel, ir al teatro o asistir a un club nocturno, abandona momentáneamente el ‘uniforme de turista’ y se pone parecida ropa a la que usaría en su tierra para idénticas ocasiones”. Y va a más: “No crea usted en leyendas de que aquí montamos un auto de fe para quemar a los que van en ‘shorts’ por la ciudad o a las que usan el turbador ‘bikini’ en la playa”.



También  la guía analizó cuestiones patrias básicas como “la siesta” o “la propina”, “los tacos” y “los piropos”; hasta entró en “el amor”. Advierte la guía de principio que “en España no existe el divorcio” (el que avisa… es avisador) al tiempo que aconseja en estos términos: “Absténgase de cortejar, por tanto, a cualquier mujer casada. Hasta el simple coqueteo en este terreno está muy mal visto… Dedique usted sus preferencias sentimentales, si es que le da por ahí, a las solteras. Pero no olvide que la mujer española suele ser ‘muy difícil’ y tiene la fea costumbre, por muy enamorada que esté, de hacer sufrir al pretendiente hasta que está bien segura de las intenciones matrimoniales de este”. Ahí le han dado fino.

Viñeta de Guille
Los toros y las corridas tienen texto mollar en la guía. Y esto enlaza con quienes sostienen que la Fiesta de los Toros vivió una etapa dorada gracias a los turistas que dudaban en pagar lo que fuera por carteles buenos y por carteles lamentables. Los forasteros venían a España por el clima, el sol y las playas. Y si les dabas toros… ya, ¡qué más quieres! Sí, sí: “eres guapo, joven y con dinero, ¿qué más quieres Baldomero?”; Fi-lo-ma-tic.

Las primeras estadísticas “serias”, que son de 1970, dicen que en un 87% de los forasteros buscaba el sol y las playas. Sólo un 4% buscaba los monumentos. No extraña que en Manchester plantearan publicitar Mallorca como “Blackpool con sol[2]”.

El único atractivo “cultural” al que prestaban atención los forasteros y que tenía marchamos eclesiástico, lo que satisfacía enormemente al Régimen, era el Camino de Santiago. Y con él se volcaron los chicos de Fraga que los vendieron como “un vínculo de unión europeo”. El único ‘problema’ del Camino Jacobeo consistía en que el peregrino era menos dadivoso que el turista; no gastaban con la alegría desenfrenada del que “peregrinaba” a las costas para el ocio y la molicie.
Pero ese era el menor de los problemas.






[1] Gentilicio de los vecinos de Deià/Deyá
[2] Hasta la irrupción del chárter a las playas del Mediterráneo, el lugar favorito de la clase obrera británica, frente al mar de Irlanda.

27 ago. 2016

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (X)


El equipo de la Secretaria General de Turismo, porque le iba la vida en ello, no paraba de inventar cosas que tuvieran repercusión en los medios y le ayudaran a colocar el Turismo en la mente de todos los españoles; de los que mandaban y de los no . Uno de aquellos ‘inventos’ fue ‘el turista ¿? millones que sería recibido a bombo y platillo en el aeropuerto turístico de turno, según conviniera. En octubre de 1963 se daba la bienvenida a la pasajera 1 millón, en Madrid. Y ni te cuento lo de las mises… pero el ser el turista X millones era la repera.

Se seleccionaba el país de procedencia y el destino del momento; se buscaba una pasajera agraciada y se esperaba que los Medios de Comunicación hicieran el resto; y lo hacían. Como lo hacían con otro invento: el del “Día del Turista”, que en 1964 estaba ya generalizado. La prensa, la radio, las revistas y el cine apoyaron siempre al Turismo.


El equipo de Fraga trazó planes para que “los españoles fueran adquiriendo conciencia de su papel como diplomáticos de paisano” con los turistas. Y como se quería estar a bien con todos, se llegaron a cuestionar los toros y el piropo. Con los toros no hubo nada que hacer: los turistas acudían a las plazas. Pero con el piropo… con el piropo se reclamaba “cortesía”, evitando “la chulería y el chicoteo[1]”. A todos nos pueden venir a la cabeza ‘piropos 3R’ (para mayores, con reparos) y barbaridades patológicas de tipo caníbal.

Normas de 1953
Pero con la moral pública, principalmente con el traje de baño, la cosa se las trajo.

Más que nada, la cosa fue por la difusión en los tabloides británicos y en la prensa sensacionalista alemana que se hacían un eco impúdico de lo que aquí podía llegar a considerarse impúdico comportamiento del turista en cuestión (de la turista, principalmente): desde besarse en público (que sería por un calentón y no por el beso en sí) al traje de baño con menos centímetros cuadrados de los estrictamente aceptable para la trasnochada moralidad patria de la época.

Le leo a Pack que el marqués de Santa Cruz, José Fernández-Villaverde y Roca de Togores, embajador de España en Londres una pila de años, recibió una carta -21 de agosto de 1959; custodiada en el Archivo General de la Administración con referencia 77.02/6871- de la británica madre de una chica, modelo de ropa de baño (se especifica), en la que le comunicaba en tono de queja al señor embajador que ‘tras pasar 2 semanas en Benidorm’, “nadie se ha quejado sobre [mi hija] ni ninguna otra persona que llevara bikini en la playa” pero que ‘luego un guardia civil arrestó a la chica por vestir ese traje de baño’. ¿Un guardia civil en el casco urbano de Benidorm? La carta es consultable en Paseo de los Aguadores, 2, de Alcalá de Henares, sede del AGA… lo dejamos para otro día, por, también le leo a Pack, ‘un diario de Stuttgart, en 1963’ decía que por aquí, en España “todas las mujeres llevan bikini” y que “ni la Guardia Civil los reprime”. (“a bayoneta calada”; que la Benemérita impone incluso a orillas del río Neckar).

La cosa se las traía. La Ley de Ordenamiento Jurídico de la zona Marítimo-Terrestre, en su Anteproyecto de 1965, llegó a reconocer una “policía de moralidad, salubridad, urbanismo, ornato y buen gobierno de las playas y lugares de baño y esparcimiento”, pero en la práctica era la Policía Municipal del lugar la que actuaba a instancias de la directriz del Gobierno Civil de la provincia que atendía la norma del Ministerio del Interior… y sobre esto ya hemos tratado mucho en este blog. No se toleraban los bikinis en las calles y sí en las playas; hubo más de una circular sobre el “uso de prendas ligeras -¡qué estilo, para no mentar el dos piezas!- en la zona propiamente urbana de la zona balnearia y ciudadana normal”. En la página 223, Pack coloca una foto de chicas en bikini cuyo pie de foto dice: “A principios de la década de 1960, el bikini había conquistado ya a cinco de cada seis bañistas de la playa de Benidorm”.

Bikinis. Playa de Levante. Benidorm, 1963
Era lógico que el diario Ya, (ultra) católico, y el beaterio nacional protestara por la relajación de las costumbres. El sacerdote y teólogo Antonio Pildain, obispo de Canarias hasta 1966 (que había sido diputado entre 1931 y 1936) y que se declaraba un ‘intolerante doctrinal’, atacara el bikini: “se ha convertido en el símbolo del delito y la degeneración de la mujer de hoy”. Pero el bikini triunfó y la constelación de detractores no pasa de ser, hoy, un episodio más de Celtiberia Show (con permiso del maestro Carandell… que debiera ser de obligada lectura en 2º de Bachillerato).

Pack pone como ejemplo del impacto del bikini, el turismo y las suecas -y del concepto de la trasnochada estructura patria una película (señalando que la irrupción del bikini generó un auténtico subgénero cinematográfico) de Manolo Escobar: ‘Un beso en el puerto (de Alicante, y el resto en Benidorm) -¡Bienvenida, Dorothy!- donde “un joven del campo, llamado Manolo (icono de la masculinidad ibérica del momento), se va a Benidorm buscando trabajo y enseguida aprende a sacar partido a su papel de donjuán para seducir a las veraneantes nórdicas. Al final, Manolo encuentra la virtud en la vida familiar y no en ese ‘juego peligroso’ que practicaba en Benidorm”… que era exactamente lo mismo que ellas -las veraneantes nórdicas- practicaban aquí -“juego peligroso”- para volver a su país y encontrar la virtud en la vida familiar con un rubio compatriota que hasta habían podido conocer durante sus vacaciones en España. ¡País!

Portada del disco, BSO de "Un beso en el puerto". Manolo e Ingrid Pitt, por Poniente, con Benidorm al fondo
Ah, a Manolo ni mentarlo para “cosas malas”; Manolo era miembro de la Tertulia ‘Los cafés del Meliá’, tertuliano de pro y amante de Benidorm, donde sigue su carro y seguimos sus amigos.
Por cierto, el hispanista Justin Crumbraugh, en Destination Dictatorship: The Spectacle of Spain’s Tourist Boom and the Reinvention of Difference (SUNY Press 2009), cuenta exactamente lo mismo e ilustra con el mismo ejemplo que el libro de Pack. ¡Olé, Manolo!

Es que las costas, “caracterizadas por su cosmopolita anonimato, fueron la vanguardia de la liberalización que luego florecería en la España democrática”. Hasta los gays tenían puntos de encuentro en los destinos turísticos del litoral mientras ni en Madrid ni en la “obsesivamente modernista” Barcelona podía manifestarse más que en reducidísimos círculos.

El cúmulo de prejuicios no fue más que un ‘falso problema’ que se atajó con sentido común (que es el menos común de los sentidos y del que más adolecemos los españoles). Hasta la Iglesia Católica ‘Nacional’, tras el Concilio Vaticano II (1962-65) ofrecía “la oración del turista” y las misas “bilingües”. Pluralismo pragmático, el mismo que siempre empleo Fraga en esta etapa de la Historia de España.

Turismo y Cristianismo”, como lidiar este toro -aunque no se lo puedan creer hoy en día-, fue uno de los temas que con más enjundia analizó el IET. Arrillaga y sus expertos le deban una y otra vez la vuelta al calcetín intentando encontrar resquicio a favor de transigencia de todos como evidencia la serie de estudios y memorándums internos cursados… hasta que todo se diluyó. El turismo fue lo más europeizante que ha tenido España… y si se aburren, pues… la 1ª parte deeste NO&DO de agosto de 1964 que incluye El Misteri d’Elx







[1] Lanzar puyas malsonantes

26 ago. 2016

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (IX)


Nada; un retrasillo por una “excursión” al Cap i Casal, donde todo sigue igual… y vuelta a empezar. Y en cuanto empezamos a crecer en esto del Turismo… se dispararon los problemas. ¿Morir de éxito?; ¡nunca! Lo del éxito en turismo significaba más gente, lo que se traducía en necesidad de más agua, mejor gestión de los residuos (que aumentaban) y más de todo… más servicios en general. Hasta en Sanidad.

Sanidad y Transportes eran las deficiencias tradicionales de la Historia de España. En los años 60, como en los 40 o en los años 20 (por no salir del siglo XX). Y si ya estaba justita (o mal) durante el invierno la Sanidad, cuando en las zonas turísticas se duplicaba (triplicaba o quintuplicaba) la población durante el verano… ni te cuento.

La Manga (del Mar Menor); 1963
En 1963, el equipo de Fraga planteó y consiguió que las situaciones surgidas de la aceleración demográfica veraniega fuera atendidas (estudiadas y en la mayor parte de los casos no resueltas) por una comisión de expertos. Los excesos demográficos por inmigración e industria, menos cuantiosos, solían encontrar mayor apaño que los turísticos, ocasionales y explosivos… de muchas pesetas de inversión. Turismo apoyaba los trabajos de la comisión de expertos porque “mejoras en sanidad atraían la afluencia de capitales extranjeros”.

El alcantarillado, cuenta Pack e imaginamos cómo de complicada sería la cosa, era muy deficitario en líneas generales en casi toda España; imagínense en los sitios turísticos. “En Benidorm -reseña Pack en el libro- la delegación local de la CCS[1] informaba en 1964 de que el alcantarillado sólo daba servicio al dieciocho por ciento de la población”. El urbanismo público iba más lento que el desarrollo turístico.
No obstante, el 10 de mayo de 1965 se puso en marcha un ambicioso Plan Urgente de Trabajos de Saneamiento en Localidades Turísticas  que actuó en 73 ayuntamientos turísticos de España[2] y a los pocos días operaba otro plan para carreteras[3] que se lo comió el Plan Redia (de mejora de grandes itinerarios) y los accesos a las grandes ciudades. Hasta 1968 no llegaría el primer Plan de Carreteras para el Turismo… cuyo importe íntegro se destinó para las carreteras de las zonas montañosas del Interior… en un alarde de inteligencia.

Atardecer en Sanlúcar
Hasta que Gonzalo Fernández de la Mora no llega al Ministerio de Obras Públicas -en 1970- no se atendieron las necesidades de la comunicación de los municipios turísticos y se pusieron en marcha las potencialidades de aeropuertos como el de Alicante (04.06.1967) que, como el de Gerona o el de Almería (abiertos también a finales de los años 60) seguían peleando por conseguir autonomía en vuelos chárter y explotar todas sus posibilidades. El de Alicante, en 1970, consiguió operar “160 rutas chárter planificadas” y en 1971 ya había superado su capacidad operativa inicial (establecida en 1’2 millones de pasajeros/año); para 1972 ya disponía de nueva terminal, con sucesivas ampliaciones en 1975, 1978, 1988 y 1996[4].

Ya entonces se hacían tonterías, porque el aeropuerto de Almería se construyó sólo porque ENTURSA había programado una operación urbanística en Almería y… el caso es que se hizo. Cuando se abrió, ni una sola compañía mostró interés en operar en él. En cambio, el aeropuerto de Ibiza se las vio y se las deseó para salir adelante; sólo se le contemplaba como complemento al mallorquín. La demanda de vuelos a Ibiza hizo reconsiderar posturas a las autoridades y, al final, se consiguieron las instalaciones necesarias. No pasó lo mismo con la isla de Menorca: la próspera industria de artículos de piel y la labor ecuménica antiturística tanto del obispo Bartolomé Pascual Marroig, como del administrador apostólico Álvarez de Lara casi la sacan del mapa del turismo.

Como hemos visto en las dos últimas entregas, en todos estos años Fraga y su equipo hicieron mucho, pero se comieron muchos sapos. No sabría yo decir si salieron victoriosos con el 51% o con el 50’1%. Fraga, que iba de político liberal en el seno del Régimen, estaba ya hasta las narices de las continuas cortapisas: su equipo estaba harto de embestir molinos y de ver que no todos entendían las bondades del turismo. Total, que cuando estalló el escándalo Matesa (1969) se lanzó al abordaje de quienes le iban torpedeando… pero eran muy poderosos… Y Fraga salió del Gobierno.

La “conciencia turística” que había querido inculcar Fraga, el considerar al turismo como una “empresa nacional” estaba aún fijada con alfileres en el ideario gubernamental. Es que ni siquiera el No&Do se ocupaba del turismo como se debiera haber ocupado. La referencia al número de noticias por año es desalentadora: hasta 1962, “uno de cada cincuenta documentales del NO&DO se basaba en el turismo”; desde la llegada de Fraga al Ministerio “uno de cada once”.


Es que ni siquiera en los estudios de turismo prestamos interés. El primer especialista español fue José Ignacio de Arrillaga. “El turismo en la economía nacional” (1955) fue un aldabonazo en la puerta del Estado que muchos tuvieron en su manos, varios hojearon y alguno hasta leyó. Ahora es un “incunable” de la prehistoria turística española; casi tanto como el de su compañero Luís Fernández Fuster, “Teoría y Técnica del Turismo” (1967). El primero oficiaba en la Universidad de Madrid y el segundo en la Escuela de Periodismo. En la Universidad de Barcelona también se estudió el turismo, en seminarios, al iniciarse la década de los 60. A pesar de quedar reducido a seminarios, en la Universidad se tenía muy claro: el sol propiciaba buena parte del proceso y el resto lo ofrecía la coyuntura que podíamos disfrutar. Vamos, que -a pesar de los políticos- el turismo iba a más.

En 1965 se contaba ya por todas partes que “España se halla este año en camino de batir todas las marcas conocidas de afluencia turística a través de sus fronteras…” como así fue. La conclusión: “España es un país abierto donde todos los forasteros se sienten en su ambiente”.







[1] Comisión Central de Saneamiento, dependiente del Ministerio de la Gobernación y dirigida por Enrique de la Mata Gorostizaga, quien en el 2º Gobierno de Adolfo Suárez, como ministro de Relaciones Sindicales, orquestó la libertad sindical en España.
[2] Dotado con 2.400 millones de pesetas
[3] Dotado con 79.000 millones de pesetas
[4] Nuevo edificio terminal en 2011, con capacidad para 20 millones de pasajeros/año. [10 millones de pasajeros en 2014 y 10’5 en 2015]

25 ago. 2016

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (VIII)


Como nunca llueve a gusto de todos, al inicio de los 60, estalló la primea gran batalla del Turismo patrio. En aquél tiempo, en pleno desarrollismo, se había producido una loca carrera a más entre industrias “tradicionales” y “turísticas”, por lo general, en los mismos enclaves. Entonces, como ahora, a las empresas “turísticas” les molestaban las “tradicionales”… tipo cementeras, abonos, metalúrgicas, petroquímicas y altos hornos, conserveras y granjas (de vacuno y porcino; incluso aviar) que con sus efluvios -y humos- sumaban quejas en los enclaves turísticos. Pero es que las “tradicionales” eran necesarias para comer, para construir, para seguir adelante; ¿Qué hacemos?

Pónganse en situación con este ejemplo. Motril, en la costa granadina e inmemorial epicentro del cultivo de la caña de azúcar en la península; año de gracia de 1963. El incipiente y prometedor desarrollo turístico en la localidad va lento y una mente privilegiada del INI, porque hay que llevar trabajo al pueblo para cuando pase el verano, porque la caña de azúcar está vencida por la remolacha azucarera y decide montar ¡¡una fábrica de celulosa!! (papel)… que hiede[1] que es un primor. Lo peor para el turismo y para respirar como Dios manda. Con dualidades como esta, que se repetían por toda la geografía nacional, Fraga y su equipo urgieron una Planificación Regional buscando más que nada el ansiado control “sobre la calidad de las infraestructuras y sobre los promotores”. Fraga buscaba una Ley de Urbanismo Turístico Nacional que le alentaban los promotores del Plan General de Ordenación Urbana de Benidorm: Pedro Bidagor Lasarte y Luis Rodríguez Hernández, entre otros.

Fraga y Sánchez Arjona en visita a Oficina
de Planificación Urbanística - 1962
Rodríguez-Acosta y el propio Fraga se desgañitaban explicando que la actuación no era “contra la iniciativa privada sino en apoyo de la misma”. Pero más que defender a los “turísticos” de los “antiturísticos” lo que querían los de SGT de Fraga & Co. era controlar las acciones de los primeros: “un capitalismo liberal… busca de una rentabilidad privada a corto plazo… y sin consideración a los perjuicios que el conjunto de las acciones individuales pueden ocasionar a la colectividad”. La Administración turística, Fraga y su gente, era consciente de actuaciones de paupérrima calidad que cabía evitar en lo sucesivo. Además, ya se conocían para entonces (a mitad de la década) casos de despersonalización absoluta de la población original -principalmente en la Costa Brava, que albergó el desarrollo turístico inicial- y, recordemos, Spain is different y había que preservar aquella “diferencia” y originalidad que nos hacía, aún, tan atractivos. El equipo de Fraga estudiaba con profusión los problemas evidenciados en las costas francesas e italianas que había que evitar cometer en las nuestras.

Pero los demás Ministerios (los demás ministros) no estaban por supeditar sus acciones y actuaciones al joven Fraga que no era más que el Ministro de Información… y Turismo. Muchos reclamaron autonomía municipal poniendo como ejemplo a Francia o Italia, justo lo que Fraga quería evitar. Sólo los Ministerios de la Vivienda y Obras Públicas aceptaron “colaborar” con el de Turismo. Y ya con el general de artillería Jorge Vigón (ministro de Obras Públicas) a favor, Fraga lo tuvo algo más fácil y salió adelante una sátira -un esbozo, dijo alguien- de la que hubiera sido una gran Ley de Zonas y Centros de Interés Turístico Nacional (1963). No era una mala ley, pero con tanta mutilación del proyecto original quedó en lo que quedó.

Alonso Vega vs Herrera Esteban
Controlaba el Ministerio de Información y Turismo. Obras Públicas y Vivienda colaboraban… y cinco ministerios más se dedicaban a ejercer de forma inquisitorial el control del control inicial: Gobernación (Camilo Alonso Vega), Hacienda (Navarro Rubio), Industria (López-Bravo), Comercio (Ullastres) y el Ministro Sin Cartera, el economista catalán Gual Villabí, que era economista y lo del turismo lo tenía justitamente claro. El de Trabajo (Romero Gorría) se quedaba como observador, pero también estaba “in vigilando” a Fraga. Al final, la burocracia coartaba la originalidad inicial. Lo más gracioso de todo es que el Ministerio de Gobernación estaba, al mismo tiempo, preparando una revisión de la Ley de Régimen Local con la que iba a dar mayor control a los Ayuntamientos… y el ministro de la Gobernación, que era el ministro que más trabas ponía a la ley de Fraga, siguió al frente del Ministerio cuando el siguiente Gobierno de Franco. Esto no cambiaba: Agustín Muñoz Grandes como vicepresidente y Alonso Vega en Gobernación. Se mantuvo a Fraga en Información y Turismo, pero bien vigilado.

Otro general -del Aire y Togado, pero general (siempre se ha dicho que eran más liberales… hasta la irrupción de José Julio “el rojo” Rodríguez) que fue Ministro de Turismo en 1975- que estaba muy por el turismo (y era del equipo de Fraga), León Herrera, diría años después de aquella iniciativa de Fraga, en la que él participaba, que fue “una oportunidad frustrada que hubiera contribuido a impedir muchos atentados contra el paisaje y el medio ambiente que continuaron y, en parte, continúan produciéndose[2].

Y el turismo, pese a los políticos, siguió funcionando.

En 1965 los ingresos por turismo habían conseguido compensar el 95% del déficit comercial y aún quedaban reticentes sobre la continuidad del “fenómeno”. Los ingresos netos no dejaban de subir, y aún quedaban personajes que dudaban.

Me cuentan, y leo a Pack, que Fraga tenía obsesión con Yugoslavia. Allí habían eliminado la fiscalidad a los hoteles, y los propuso para la vieja piel de toro… pero aquí no se quería porque con ellos se financiaba “la infraestructura municipal”. Fraga temía el despertar turístico del Adriático yugoslavo.

Sea como fuere, pero no cabe duda que ante las evidencias, el 2º Plan de Desarrollo (1968-71) ya tuvo en cuenta el Turismo; “se mejorarán, en lo posible, los estímulos y beneficios que precisen aquellas industrias turísticas que, por su especial importancia en la balanza de pagos, así lo aconsejen”. Intenciones manifestadas por palabras, pero menos da una piedra.

Y contribuyó a mejorar mucho la balanza de pagos iniciativas como la alemana Ley Strauss (1968) que ofrecía ventajas fiscales a los alemanes que invirtieran en países en vías de desarrollo. Y España era uno de ellos. En los años 70 el 40% de las inversiones realizadas en Canarias (incluyendo las estatales) procedían de ciudadanos de la Alemania Occidental. Willi Brandt pasó unas vacaciones en Fuerteventura a comienzos de los 70 y los alemanes se volcaron con Canarias. Alguien dijo que también había estado por el Mascarat… y en una año la abrupta y empinada ladera se pobló de casitas. ¡Bendita ley Strauss!... aunque algún colectivo ecologista estará pidiendo mi cabeza. No hay problema; es de quita y pon.

Benidorm 1964, when it was a small town that began to receive tourism, 1964, Benidorm, Alicante, Spain. (Photo by Gianni Ferrari/Cover/Getty Images).

Inversiones alemanas llegaron a Benidorm pocas; mucho más llegaban los alemanes. Y eso que aquí los TT.OO. británicos copaban la situación. Los gestores locales apostaron por la iniciativa aborigen y al amparo de la nueva Ley de Fraga se recurrió al Crédito Hotelero… que se destinaba a las zonas “no saturadas”. Pack cuenta que “el alcalde de Benidorm se quejaba ante Fraga de que no se había concedido ni una sola solicitud de las que se presentaron en su zona”. Una evidencia más de que a don Pedro le importaba una higa quien mandara, que él iba pidiendo para Benidorm y que… Benidorm siempre se ha hecho a sí misma; no tiene que agradecer nada a nadie[3].





[1] El verbo heder se conjuga con pinzas en la nariz y aviso al Regimiento de Dafensa NBQ Valencia nº1
[2] En Pack; página 194
[3] Y entiendan “por nadie” a ‘ninguna administración’ y sí a muchas y grandes personas, casi todos del pueblo de Benidorm.

24 ago. 2016

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (VII)


Uno de los logros de Fraga al frente del Ministerio de Información y Turismo fue crear la muy necesitada estructura del turismo, desde una Secretaria General de Turismo muy operativa, con Antonio José García Rodríguez-Acosta (uno de los grandes del tema), que fue quien buscó al general togado León Herrera para la Dirección General de Empresas y Actividades Turísticas y a Juan de Arespacochaga para la Dirección General de Promoción Turística. Pero aún siendo buenos estos tres pilares, con la creación del Instituto de Estudios Turísticos (IET) Fraga completa los cimientos del macroedificio del turismo en España.



Demostrar que el Turismo había llegado para quedarse fue una ardua labor que tuvo que solventar Fraga y el IET con los gerifaltes del Régimen. La creencia general era que a los europeos les había dado por viajar al Sur, a España, pero… ¿hasta cuándo? Todos sabían que este país no tenía el monopolio del Sol y de las playas, y a los mismos que les había dado por venir… les podía dar ahora por buscarse otros destinos.

El Banco Mundial alertaba (en 1962) de que varios países, en el Mediterráneo, hacían esfuerzos mayores que el nuestro hacia la competitividad (Yugoslavia, Israel y Grecia, sin ir más lejos) y muchos burócratas del Régimen confiaban lo justito, a pesar del bombardeo de informes y estudios del IET, en el empuje del Turismo a pesar de las evidencias.

Hubo un momento de flaqueza en 1963: Horizon Hollidays empezó a vender viajes a Bulgaria con las mismas premisas que lo había hecho una década antes en España; Bulgaria era diferente, era un país comunista y se podía ir de vacaciones a él. Luego, nosotros mismos -el Régimen- nos pisamos la manguera con la ejecución de Julián Grimau (abril de 1963). Aquello creó una fuerte corriente antiespañola en la opinión pública internacional (especialmente en Suecia)… que no reflejó la afluencia de turistas suecos aquél verano. Pack señala en su libro que “los empleados y obreros que se trasladaban a España para disfrutar de sus vacaciones ocultaban su punto de destino para evitar una represalia de sus compañeros de la L.O.[1]”. Mayor impacto, con mucha menor movilización ciudadana, tuvo el suceso en Noruega y Dinamarca; pero a pesar de las campañas noruega y danesa contra España, los nacionales de esos países siguieron optando por vacacionar en España.

En Italia, por ejemplo, de cara al verano de 1963 hubo mucha movida contra España (manifestaciones y campañas en prensa) pero el movimiento turístico, aunque era escaso, ni se resintió. Il Tempo (14.05.1963) explicaba que “el Turismo es libertad”… la libertad de “aquél que desea ir a ver con sus propios ojos la verdadera situación de un país… Y al llegar aquí, en los destinos turísticos solo contemplaban paz social, seguridad ciudadana y hospitalidad española… que en verano es lo que había; y más en los destinos turísticos. Otra cosa, en más de un sitio, era el resto del año.

El turismo siguió funcionando y el equipo de Fraga pudo demostrar a más de uno que la industria de los forasteros había venido para quedarse… siempre que hiciéramos las cosas medianamente bien.

Una de las obsesiones del nuevo equipo de Turismo fue mantener el concepto de que España resultaba “barata” para las vacaciones. El coste de la vida en una España en boom desarrollista en los años sesenta se disparaba (25%) y alcanzaba al precio de los hoteles (cuya construcción había subido un 34%). La SGT permitía a los hoteles las subidas de tarifas con el mismo tacto (y moderación) con el que intentaba que la prensa extranjera ni señalara las alzas en esos precios y pudiera afectar a la temporada de veraneo/vacaciones; hasta se diseñó (1963) una campaña “España, barata”.

Y la verdad es que el Turismo se estaba convirtiendo en el producto español más competitivo. En 1964 la prensa francesa titulaba por doquier que la batalla del Turismo estaba perdida frente a España por “culpa de los precios”; Italia decía lo mismo respecto al turismo alemán… que prefería España. Tanto Francia como Italia lanzaron campañas (en Italia se llamó “Plan de Emergencia”) para optar por la calidad ya que la batalla del precio estaba perdida. Ambos países aplicaron beneficios fiscales para esa apuesta por la calidad -que los estudios e informes españoles ya advertían de que brillaba por su ausencia, aunque a los turistas parecía no importarles- y también jugaron sucio, especialmente Italia, encargando falsos informes sobre las vacaciones en España que luego publicaban en medio internacionales. Muy pronto se desmontaban estas cuestiones, pero ya habían dado su pellizco.

En 1964 España comenzó a apostar por la consolidación y a olvidar la improvisación. Jorge Vila Fradera, el editor turístico –EDITUR-, gran conocedor de los entresijos del turismo en aquellos años (comenzó como jefe de la Oficina de Turismo de Barcelona en 1953) fue un firme aliado de estas campañas. Si España hacía las cosas bien, coincidió con Fraga, “el snobismo de visitar los países comunistas se pasaría pronto”. Estábamos en 1965 y hubo que esperar al aplastamiento de la Primavera de Praga[2] (1968) para que pasara la moda.

Otro éxito de Fraga y su equipo (García, Herrera y Arespacochga, especialmente el primero) fue crear la Empresa Nacional de Turismo (ENTURSA; 1963) dedicada a la financiación de sistema (gestión y construcción de hoteles). Fraga le vendió la idea a Carrero Blanco, mano derecha de Franco: “desarrollar el peregrinaje del Camino de Santiago” y “actuar en zonas de interés como el Campo de Gibraltar y Ceuta”. Carrero dijo sí, y pan comido: mil millones de presupuesto en su primer año.

Logo de ENTURSA en pastilla de jabón y cerillas
El 28 de diciembre de 1963 se aprobó el 1er Plan de Desarrollo (1964-1967) para que entrara en vigor el 1º de enero de 1964. Representó un crecimiento del 6’4% en el PIB español: un éxito. Pero para el turismo solo tuvo palabras y un comité: hubo promesas como la de “aprobar con la máxima prioridad los proyectos que implicaran desarrollo turístico”, pero López Rodó, el supercomisario del Plan, no confiaba nada en el turismo; lo consideraba “una actividad de carácter coyuntural” que “no es la solución adecuada al problema estructural de nuestro comercio exterior”. Y de ahí no pasó.

Menos mal que con el paso de los años López Rodó y otra caterva de mentes económicas sucumbieron ante la realidad del turismo. En 1964, lo comprendo, muchos veían el turismo “como una fuente de ingresos aparentemente fortuita” aunque en el texto del Plan se otorgó un papel al turismo: “impulsará el desarrollo de zonas atrasadas. Particularmente en el Sudeste -(¿?)- y, en regiones escogidas del interior, el turismo permitirá no sólo aumentar el nivel de vida, sino apuntalar la rentabilidad de las economías externas necesarias para el desarrollo”.

Menos mal, digo, que aquello fue en 1963…






[1] LandsOrganisationen; Confederación de los Sindicatos Suecos
[2] 5 de enero al 20 de agosto de 1968; las tropas de la URSS -y las del Pacto de Varsovia- invadieron el país el 20 de agosto y acabaron con el proceso de apertura política de Alexander Dubcek, que de presidente, tras la invasión y depuración, terminó de guarda forestal.

23 ago. 2016

DE LA INDUSTRIA DE LOS FORASTEROS (VI)


Divisas: francos, dólares, libras… Necesitábamos divisas para equilibrar nuestra balanza comercial y pagar lo que debíamos, que era mucho. La obsesión por las divisas, por ejemplo, mantenía vigente el requisito de visado. Es que, para el caso británico, 1’7 libras por visado venía a representar en 1957 medio millón de libras seguras para las arcas de un Estado tan necesitado como el nuestro, proveniente de otro estado que también las necesitaba. El patrón internacional era el dólar y la economía británica, aunque salía adelante, lo pasaba lo suficientemente mal.

El Gobierno británico empezó una campaña para evitar el cobro del visado más que para la erradicación del mismo. Gibraltar y el nuevo aeropuerto de Málaga-Costa del Sol se metieron en el tema negociador. Como el de Málaga era un aeropuerto ridículo, los viajeros británicos volaban a la incipiente Costa del Sol vía Gibraltar. En 1958 se decidió la construcción del nuevo aeropuerto de Málaga y las autoridades del Peñón protestaron y exigieron a Londres medidas: se les acababa el chollo (uno de tantos). Londres optó por una política de buenas relaciones y planteó a Madrid bajar los humos a los de la Roca a cambio de la retirada de la obligatoriedad del visado (y de la sangría del medio millón de libras)… y España aceptó con la retirada del visado siempre y cuando no se intentara entrar desde Gibraltar. Londres y Madrid firmaron el acuerdo y como Gibraltar aún no gozaba de autogobierno (1964), se tuvo que callar.

Aeropuerto "García Morato", Málaga; julio de 1958

Los británicos ya no necesitaban visado para entrar en España (1961), pero el contencioso con Gibraltar siguió escalando cimas. En 1964 España dejó de reconocer el pasaporte gibraltareño (pasaportes británicos obtenidos en Gibraltar) y comenzó las restricciones de vehículos. Poco a poco fuimos ganando la batalla del Gibraltar turístico… y Londres optó por seguir con las buenas relaciones con Madrid. Pero lo de Gibraltar es para una saga de libros, y hoy no toca… porque llegó la Reina… y ese es otro cantar.

Para la llegada de turistas británicos a España fue decisivo el cambio de postura de IATA (Asociación de Transporte Aéreo Internacional) en 1956. Hasta entonces, se volcaba a favor de las ‘compañías de bandera’, pero a partir de ese año, por la presión -dicen- de los consumidores, IATA suavizó las restricciones y posibilitó los vuelos ‘chárter’ que en 1958 ya suponían el 30% de los realizados en Europa. Un vuelo IATA operado por BEA para el trayecto Londres-Valencia costaba -en 1957- unos 115 dólares, y un paquete de vacaciones ‘todo incluido’ -en vuelo chárter- estaba en los 125 dólares, lo que, además, equivalía al salario de un obrero británico de un mes.

Málaga, Valencia y Mallorca se convirtieron en los destinos principales de las agencias británicas y escandinavas en sus vuelos chárter. La geografía del desarrollo turístico se orquestó en torno a los centros operadores de vuelos chárter hasta alcanzar la saturación. Llama la atención que Valencia se convirtiera sólo en el punto de entrada de los turistas chárter, pues estos terminaban en la provincia de Alicante -en especial en Benidorm que entonces iniciaba su despunte- mientras que en los otros dos aeropuertos el desarrollo era adyacente al núcleo aeroportuario.


La otra gran fórmula, el turismo residencial, también se forja en estos años de la década de los cincuenta. Fueron los alemanes los primeros que buscaron “pasar largas temporadas en una atmósfera cómoda pero no lujosa y a un precio moderado” para lo que no buscaban hotel sino un alojamiento unifamiliar, dando impulso a la compra de grandes extensiones de terreno en las inmediaciones de la costa, o con vistas a la costa, para promociones inmobiliarias de chalets (y microchalets) unifamiliares. Las vacaciones con la familia y el no depender de los restaurantes a la hora de las comidas fue el motor de la iniciativa. Mallorca, Tossa de Mar, Tarragona y Alicante fueron los primeros destinos elegidos por los alemanes en la década de los años 50. El 1961 se estima que los alemanes eran titulares de unos tres millones de chalets en España, con lo que España se convirtió en el destino favorito de los alemanes que “colonizaron” la costa con establecimientos muy de su gusto.

Y cuando hablamos de “colonización de la costa”, ahora no vale rasgarse las vestiduras: la iniciaron los alemanes y la siguieron los naturales del lugar. Entonces lo del desarrollo sostenible era absolutamente desconocido. La palabra ‘sostenible’ ni se sostenía en el vocabulario mundial, y el concepto ‘sostenible’ no era ni concepto. No existía ‘conciencia ecológica’ al respecto. Es más, no existía ni ‘conciencia cívica’ sobre la cuestión de la naturaleza. Todo lo más un paisaje bonito que si muchos compartían terminaba por no ser tan bonito.

Además, pesaba que aún en aquellos años finales de la década de los 50 que ni tan siquiera la propia Administración española confiaba a pie juntillas en el Turismo y no estaba aún por su regulación. Algunos gerifaltes del Régimen creían que no iría a más (cortos de vista); a muchos les importaba un bledo (cortos de entendederas). ¿Quieren un ejemplo?: que para sacar adelante el proyecto Paradores el ministro de Información y Turismo tuvo que buscarse los dólares a través de la International Cooperation Administration (ICA), una agencia del Gobierno de los Estados Unidos para asistencia externa no militar que terminó como Agencia estadounidense de Desarrollo Internacional. Ningún banco de la España imperial se aprestaba a ello y nadie en el Gobierno apostó por ello.
Total, que comenzamos la década de los 60 porfiando en la ayuda internacional porque desde dentro del país muchos aún no veían en el turismo una solución económica y mucho menos una industria como unos pocos intentaban hacer ver.

M. Fraga. ministro. Y sobre la mesa un
ejemplar de “El nuevo Maquiavelo”,
de HG Wells
Hasta que llegó Fraga (1962). Manuel Fraga Iribarne fue el primero que creyó en la fuerza del turismo y en que los turistas airearían que “la España de Franco no era un estado policial enfrentado a la modernidad”. Fraga y su núcleo, al que sumaron al grupo de convencidos que llevaban años luchando a favor del turismo y aportando datos sobre su viabilidad.

 Además de fuente de contra propaganda exterior Fraga explicó al Régimen que el Turismo contribuiría al desarrollo regional y a la movilidad. Nadie mejor que el propio Manuel Fraga para contarlo: “El Turismo en España: balance y perspectiva[1]… o la comunicación de Rafael Vallejo Pousa(“¿Bendición del cielo o plaga? El turismo en la España franquista, 1939-1975”, de tan obligada lectura como el libro de Pack.

Menos de un mes después de asumir el cargo, lo primero que hizo Fraga fue realizar “una visita a Benidorm que, de pacífico pueblecito de pescadores mediterráneo había pasado a coinvertirse, durante la década de 1950, en un monumento de asfalto a la cultura turística europea de postguerra”. Era entonces ya el mejor ejemplo de lo que el turismo podía deparar. Y tenía un alcalde apostando por la gestión: Pedro Zaragoza Orts.







[1] Fraga, Manuel “El Turismo en España: balance y perspectiva”; Mº de Información y Turismo, 1963. Si no es capaz de trasegarse todo el libro, el mismo Fraga hizo una adaptación, con el mismo título –“El Turismo en España: balance y perspectiva”- para la publicación en el nº 1 de Estudios Turísticos; eso sí, 45 páginitas. (pp. 5-50).