28 nov. 2016

DEL HOMBRE QUE EMBOTELLÓ EL SOL.




La verdad es que ya la primera secuencia impacta y engancha. El bueno de Tomás Cortes relata la conversación de don Pedro con el obispo de la diócesis al respecto del “dos piezas”. Aquí aún no se le llamaba bikini por mucho que en el atolón estallara la bomba en 1946 y que los 194 cm2 de tela (del primer bikini/dos piezas) se hicieran famosos. Al mismo tiempo que la BB (Brigitte Bardot) lo luciera en “Marine, la mujer sin velo”, una racial Beatriz Ledesma (que también lo cuenta en el documental) hacía lo propio en Benidorm; y aquello era en 1952. En Europa se llevaban los huesos (que luego llegaría Twiggy -Leslye Lawson- y la minifalda); pero en la racial península se llevaba las curvas pronunciadas… a tenor, literal, de las fotos que veo; que yo no estaba aquí por aquél entonces.

Pues va Tomás y recuerda que cuando el obispo de Alicante le dice a don Pedro que aquí debe imperar el bañador de una pieza frente al de dos piezas, don Pedro le pregunta por la pieza que quiere que le quite a la bañista. 

De entrada, el documental, engancha.

Ócar Bernácer, Jordi Llorca, Joana Ortueta y el equipo de Nakamura Films

Gracias Óscar Bernácer, gracias Jordi Llorca, gracias Joana Ortueta. Hoy andaban por Barcelona promocionando la película/documental “El hombre que embotelló el sol” donde si bueno es el inicio, igual de bueno es el final. Ha sido un placer ver en imágenes lo que tantos y tantos años llevo escribiendo. Fenomenal trabajo; ¡a por el Goya!

Sabía que habían hecho un buen trabajo. Óscar lo traslucía. Anda enamorado de Benidorm. Hoy, sin más, le leo que “Benidorm es una fuente inagotable para el cine de historias reales e imaginarias”. Y, confieso que, me había dicho ya que habían dado con “mi” placa de los lapones. Cuando escribí sobre aquella iniciativa de 1965 me emperré en dar con la placa a la familia Nourgan con la que se les “nombrabaCónsules Honorarios de Benidorm en Laponia. El consulado de Finlandia en Benidorm, como que pasó de mí; le embajada finesa, en cambio, resultó de lo más amable y colaboradora. Tras varias gestiones me confirmaron que “no existía oficialmente tal consulado” (hasta ahí, lo teníamos muy claro) y que “no tenían noticia de la visita” (de la familia lapona). Claro, era de 1965 y esto fue en 2015 ¿Quién del personal diplomático se iba a acordar? En la embajada de España en Helsinki sí encontré una funcionaria, de allí, que supo darme referencias, pero no el paradero de la placa ni la localización de los Nourgan. Y lo dejé. Pero Óscar, Jordi y la gente de Nakamura Films conocieron la aventura de la pareja catalana en aquellas latitudes, cuando el joven lapón al ver la “B” de la placa de matrícula de Barcelona del coche español exclama ¡Benidorm!... y hasta allí que se me fueron y dieron -¡Enhorabuena!- con Ida Karoliina -entrañable abuelita hoy: “los sami no tenemos cola; no”- y su hija… ¡Y la placa!

Ida Karoliina (hoy, con su hija) conoció el mar en Benidorm (junui de 1965)


Deslindar la leyenda de la verdad no era el cometido del documental; pero deslinda sin ofender lo más mínimo, porque la leyenda engrandece, y la realidad se diluye en el arcón del tiempo. ¡Qué bien lo explica Miguel-Anxo Murado casi al comenzar la historia! El mito solo resulta engrandecido: “las leyendas surgen de la verdad”. Incluso Borja Cobeaga: “Un recuerdo distorsionado con un delirio es muy coherente; es Benidorm”.  Del mismo tenor, la socióloga Patricia Soley-Beltrán que a través del cuerpo nos eleva la mente y actúa sobre la psique: lo puntualiza todo con precisión milimétrica. 

Lo dicho: una noche redonda y maravillosa la del estreno de "El hombre que embotelló el sol". Fascinante poder reencontrarme y saludar al amigo Jaume La Era Climent que revive sus recuerdos con Benidorm a sus pies. Perfecto en sus comentarios el profesor Fernando Vera, el hombre que consiguió preservar -para la Universidad y para todos- el archivo de don Pedro; consecuente y sumamente equilibrado el testimonio de Roc Gregori, testigo de todo el proceso narrado; apropiadas las puntualizaciones de José María Perea, notario de la noticia de aquellos años. Rotundos los tres. Muy interesante sentir las opiniones frescas de los "nuevos" plumillas (por jóvenes): espléndida Raquel López (hasta se deja querer por la cámara) o Sergi Castillo (que por unos frames deja la promoción de su libro para diseccionar aquél Benidorm). Hasta Eulogio Bordás, el experto en Marketing turístico, se rinde ante don Pedro, sus ramas de almendro en flor (primavera total), sus carteles por toda Europa (“Está llegando a Benidorm; sólo 1.200 km más”) y “la suerte del principiante”; pero había que hacerlo. Y en eso estaba Don Pedro, el hombre que embotelló el sol.

Hasta Giles Tremlett, el corresponsal de The Guardian y colaborador de The Economist -autor de España ante sus fantasmas-, alabando la Turópolis por excelencia que es Benidorm. No sé: el que Carles Ferrater, el autor del Paseo de Poniente, elogiara este Benidorm de don Pedro, o que lo haga yo, no tiene el más mínimo mérito: él, por profesional -arquitecto que sabe de qué habla-comprometido con una emblemática obra, y yo por amigo de Pedro, don Pedro. Esa obsesión por Benidorm me la inculcó él. Su hijo Kiko Zaragoza (ahí estaban los cuatro hermanos) lo dejó bien claro: “Para mi padre, Benidorm fue una obsesión”. Y su padre es el hombre que embotelló el sol.

Si “Benidorm consume cielo y no suelo”, que dejó dicho en 2010 Nuria Montes (en un congreso sobre eficiencia medioambiental) es por aquél Plan General de 1956 que Pedro, don Pedro se sacó de la manga, y todos, absolutamente todos, como explicó Pepita Moncho, se implicaron en ello. Hoy Benidorm no es el retrato del exceso urbanístico, sino la planificación sostenible de un espacio urbano orientado al turismo porque las cosas que idearon don Pedro y todos aquellos benidormers de los años 50, 60, 70 y 80 han dado sus frutos.

Salieron bien las propuestas del hombre que embotelló el sol. Si Ud. tiene la oportunidad de ir a ver la película/documental, no deje de hacerlo. Comprenderá mucho mejor esta  gesta inacabada que es Benidorm y entenderá mejor lo que es el turismo y las clases medias: Operación BB. Y, porqué no: Festival de la Canción.

En derredor mío, la noche del jueves, en el cine Colci, había emoción a flor de piel que en más de uno -y una- estalló. Supe después de alguna lágrima (furtiva o no) de quienes se veían reflejados por haber sido actores de una película a la que algunos hemos voz. Échele un ojito al tráiler. 

Gracias Óscar -gracias Jordi, gracias Nakamura Films- por contarnos la Historia de “El hombre que embotelló el sol” en botellas de vino tinto de Salvador Poveda a las que colocaba esa etiqueta: “Benidorm”. Ahora mismo tienes en marcha -has conseguido tanto material- una continuación de esta historia del turismo español. Si esta la has terminado poniendo el corcho a aquella botella, inicia la próxima descorchando un Señorío de Benidorm; vino es y gana premios.  Y hablando de premios: vosotros, a por el Goya.

Aún sabiendo distinguir el hombre de la leyenda, el mito de la fantasía, querido Óscar, sólo te pongo un “pero…”. Eché en falta un plano, un solo plano, de aquella premonición: “Así será Benidorm” (1955). 

Pero aún así, que sepas que, la peli me subió al 6º cielo; al 7º, sólo una mujer.



19 nov. 2016

DE CUANDO EL TIEMPO AFLORA SENSIBILIDAD: DE AFV




Pasó a charrar con nosotros por “Los cafés del Meliá” un duro histórico, Antonio Fernández Valenzuela, que resultó humano y cercano a más no poder. Y no es que los años le hayan ablandado, que lo han hecho, es que jugaba en casa y entre amigos, muchos de ellos entrañables. Ahí estaba Miguel Martínez Monge que recién cumplidos sus primeros ochenta y dos noviembres sacó a pasear su decanato del gremio de plumillas locales para acompañar al amigo; o Roc Gregori, o Manolo Catalán… o todos, casi todos, los tertulianos. Quien más o quien menos habíamos tratado con Antonio en el Ayuntamiento de Alicante, en la Diputación Provincial, en la Cámara de Comercio o en una de las principales empresas de las Artes Gráficas de la Comunitat Valenciana: Gráficas Díaz.

Antonio fue uno de los pilares del socialismo alicantino -guerrista hasta la médula- y aún sigue militando directamente al Comité Federal.

Antonio Fdez Valenzuela; ayer y hoy

Fernández Valenzuela tiene su corazoncito a flor de piel; es la primera vez que un tertuliano se nos ablanda tanto al recordar sus primeros años: sus padres, el Valle de la Serena, aquellos duros tiempos de finales de los años 40 en la fría Extremadura… la llegada a Polop de la Marina tras un largo periplo en aquellos trenes donde la carbonilla entraba hasta en el corazón, su paso por el Hogar Provincial y, al final, Benidorm, un Benidorm donde Antonio comenzó a labrarse su vida, con ñapas aquí y allá, hasta que fue llamado a Filas. Dos años de mili en fuerzas especiales y una promesa a sí mismo: ser su propio jefe.

Aún emocionado recordaba el préstamo de la Caja de Ahorros que le permitió su primera aventura empresarial en el campo de la encuadernación. Le firmó el préstamo un Pedro Zaragoza Orts para quien guarda un grato recuerdo. Y con aquél dinero empezó; empezaron. “Mi suegro era encuadernador; comenzamos en la calle Sevilla”. Les fue bien y al poco, a la calle Antares, en el Barrio de La Florida, y después, a San Vicente. Y hasta “compramos al bueno de Paco Díaz su imprenta” y le mantuvo el nombre, las archiconocidas Gráficas Díaz, hasta el final. Pero para muchos, seguía siendo “Moscú”. Y nos contó la intrahistoria: “mi suegro sí era comunista, y estaba fichado; y me dijo, la llamaremos Moscú”. Y con Moscú se quedó en aquellos tiempos del franquismo. Las cosas de La Terreta.

Su militancia en la Izquierda era notoria; le tentaron los comunistas. “Pero yo no era comunista; no acepté. Milité en el PSOE; me afilié en 1973 al Club de Amigos de la Unesco” que era la forma tapadera de hacerlo y comenzó siendo Secretario de Barrios para luego pasar por todos los cargos orgánicos hasta llegar a las listas y ser concejal del Ayuntamiento de Alicante (1979); y a la Diputación (cuatro años vicepresidente y ocho presidente, con un amplísimo bagaje de realizaciones). Y después a la Cámara de Comercio, presidente. “Me lió Zaplana”. Y apostilló: “Conozco a Eduardo desde que era un niño y de su paso por el Partido Liberal”. Luego me asombró, aunque no era la primera vez que lo oía, porque he estado en el equipo del político benidormense: “Zaplana no terminó en el PSOE porque no cuajó la relación con Luis Berenguer y Paco Ordóñez”. Y si lo dice AFV, como le reseñábamos en las notas, es una opinión autorizada. Eduardo es un animal político en estado puro y aquellos años 80 eran de mucha movida.

Antonio sigue pensando en clave socialista aunque sin pasar ni por Alicante ni por Valencia; milita directamente al Comité Federal. Y le duele la situación actual: “El partido sigue estando ahí, quebrado”. Y va a más: “si el partido no maniobra y facilita la investidura de Rajoy, desaparece en unas terceras elecciones”. Lo que hay que hacer ahora salir de la situación: “sobrevivimos al enfrentamiento entre Largo Caballero, Indalecio Prieto y el doctor Negrín, saldremos de esta”. Pero, Antonio, guerrista de pro -insisto- advirtió: “el partido no es de los militantes; es un instrumento al servicio de los ciudadanos”. Un aviso a tendencias jóvenes, al tiempo que reconocía que “los partidos son sectario de ‘per se’ y lo único que tienen que hacer es servir al ciudadano”.

Está de vuelta de todo: “viejo, gordito, cabezón, un querubín -de niño me decían ‘Canito’-, 3 hijos, 4 nietos, retirado y jubilado”. Hace nada y menos volvía a la primera línea: “conseguí los avales para ser candidato a la alcaldía de Alicante, pero no transigí (en lo de los asesores) y no gané las primarias”. De alguna llamada de contrincantes aquella noche nos habló, pero lo que pasa en “Los café del Meliá” queda en los posos de las tazas. Y ya en faena nos habló de los asesores: “los mejores, los técnicos de la casa; en 20 años en política no he tenido personal de confianza”. Reconoció algún apoyo puntual a compañeros, pero por un breve lapso de tiempo: “en el partido y en la guerra no puedes abandonar a los compañeros heridos”.

Aquí llegados, se hacía impepinable preguntarle por la viabilidad de las Diputaciones ahora que todos hablan de suprimirlas: “las instituciones deben ser eficaces; hay que adecuarlas a los tiempos actuales porque si no, ¿quién se va a ocupar de Vall d’Ebo o de Penáguila?”. Vamos, que sí: Diputaciones.

Y hablamos del Patronato de Turismo de la Costa Blanca, un “invento” del 81 y sólo le sacamos que “en Turismo somos una perita en dulce” y que “hay quien solo se dedica a ponernos palos en las ruedas”, lo que dio para un ratito de debate. Y también hablamos de SUMA, Gestión Tributaria, un modelo de gestión de tributos -que adelanta dinero de los mismos a los Ayuntamientos- y de la que se siente muy orgulloso: “no sólo fui yo; ahí estaban Antonio Mira y otros, y ahora es un modelo que se está aplicando en otras CCAA y provincias”.

Y así fuimos desgranando episodios de un pasado muy reciente del que ha sido protagonista en primera persona y que como todos los que lo han sido, vale más por lo que calla. Nos ha sorprendido este Antonio Fernández Valenzuela. Detrás del personaje político con fama de duro e implacable hay un hombre que aún se emociona recordando cómo llegó a Polop de la Marina, con ocho años, en aquél destartalado autobús de línea de La Callosina. 
Hubo más, mucho más, pero concluyamos con un…Pasó a tomar café con nosotros, por el Meliá Benidorm, mientras Cruz Roja y Balearia celebraban convenciones, Antonio Fernández Valenzuela, hoy ya un jubilado.




18 nov. 2016

DE LA PROMOCIÓN A COSTE CERO: OTRO ÉXITO DE BENIDORM




Los british de Benidorm llevan ya unos añitos que para no perder nivel de alcohol en sangre (porque te viene el bajón), en cuanto terminan las fiestas de Benidorm (siempre en miércoles), ellos suman un día más (mientras el resto de los aborígenes locales y colonizadores posteriores andan como en Sevilla, tras la feria, un lunes de resaca) y la lían parda. Es su “BND Fancy Dress Party”, y se disfrazan. “Esta tradición comenzó hace más de 20 años, con un idea de Manolo, del bar Sinatra’s” y cada año la fiesta crece con más adeptos. Ya la programan las Agencias y la buscan los guiris. Y es promoción a coste 0.


A los british les pirra disfrazarse y los disfraces son los protagonistas. 

Hace unos días la noticia estaba en que a unos piraos les había dado por disfrazarse de payasos asesinos e ir sembrando el pánico por ahí. De eso no va la cosa.

Aquí también hubo payasos, pero de los siempre; de los que hacen gracia a la mayoría. A mí, de siempre -ya con los Hermanos Tonetti (Circo Atlas) bajo de mi casa alicantina-, lo que más miedo me ha dado ha sido un payaso. No hacía falta el apellido de “asesino”. Exculpo aquí a la familia Aragón al completo a los que ya vi sin la cara pintada de blanco haciendo disfrutar a otros niños. Por cierto, este Hallowen -que me esperaba yo más payasos de esos, de los asesinos- me sorprendió la noticia de que el disfraz más terrorífico fuera el de “concejal de obras”. Esto ocurría en Utrera (Sevilla), pero puede aplicarse por las vieja piel de toro, islas adyacente y plazas de soberanía (¡qué antiguo soy! Entiéndanse ciudades autónomas e islotes norteafricanos).

Pero volvamos a la BND Fancy Dress Party donde se dice, se cuenta, se rumorea que entre 30.000 y 40.000 bristish (y no tan british) se lo pasaron pipa. Es lo de siempre: calcular la gente. Y mira que hay una “medidilla” internacional de 4 pax/m2. Pues nada: plano de la zona, escala, superficie ocupada (aunque haya un árbol, que seguro no tendrá un tronco de un metro cuadrado de grosor y no nos restará 4 pax) y regla de tres al canto. 

Y… ¿por qué les gusta tanto a los british disfrazarse? Coincido con la doctora Fox: el determinismo geográfico-histórico-climático no es suficiente por sí solo para explicar por qué a los ingleses (y por extensión los británicos) les va tanto eso de disfrazarse. Para la doctora Kate Fox, del Centro de Investigación de Asuntos Sociales (SIRC) de la Universidad de Oxford, eso de disfrazarse forma parte del entender la vida con humor porque “el humor es uno de los tres ‘reflejos’ básicos (los otros dos son la moderación y la hipocresía) con los que los ingleses combaten su ‘enfermedad social congénita’ que no es otra cosa que una ‘combinación de autismo y agorafobia’, un malestar y una incompetencia ante las situaciones sociales, una vergüenza y una ‘rareza’, un estreñimiento emocional y una falta de habilidad general para tener una relación directa y franca con otros seres humanos”. ¿Cómo se me han quedado con la frase? Literal, oiga: Oxford University dixit.

El  holandés Gustaaf J. Renier tiene un libro que no vean: Los Ingleses: ¿son humanos? Me mola, pero, aunque los cala muy bien, como que no me sirve. Sólo analiza a los ingleses, obviando a escoceses, galeses y norirlandeses. Aquí había de todos esos terruños.

Profundicemos en lo de los british. A colación, les cuento que a Churchill le preguntaron en su etapa de Premier que qué pensaba de los franceses… y respondió con un “es que no los conozco a todos; no puedo precisar”, o algo así. Pues a mí, que con Sir Winston sólo me une la pasión por los cigarros habanos, me pasa lo mismo: no conozco a todos los british, pero a los que he conocido, que algunos son, resulta que… les gusta más disfrazarse que a Mortadelo (Y eso que Ibáñez derrochaba imaginación). He aprendido que carecen de sentido del ridículo (no como yo) y tienen un acendrado sentido del humor (¿yo?, pues no). 

He localizado una “hecha” de bristish total: se disfrazaron de conos (¡!) y paralizaron el tráfico en una calle una noche de farra cualquiera. Aquí nos los hubiéramos llevado por delante (algunos lo hacen con un piquete de huelga); allí unos y otros entendieron de qué iba la cosa.

Es una forma, me cuentan, de evadirse de la rutina diaria y de los tradicionales modos de divertirse; es más que vencer la timidez. Es transmutar la personalidad y vivir un momento ajeno a quien de verdad se es. “Es que nos metemos en el personaje”, me dice Ely, de Salamanca; veinte años en el Reino Unido y que se ha convertido en mi asesora de cabecera en asuntos de enjundia albiónica. Ella dice ques una cosa como que muy británica; yo le digo que la cosa esa de disfrazarse era ya muy típica en tiempos de Grecia y del Imperio, pero del romano; que no del de la Queen. Que la cuestión siempre ha sido “pasar” del orden establecido y eso lo han puesto todas las culturas en práctica mediante el “cambio de personalidad”; adaptaban otra “personalidad” para saltarse los principios, más que las normas. 

 
El disfraz  nos lleva a una época, una fase o una etapa no vivida de la que queremos, o con la queremos, obtener el máximo de diversión. El disfraz es la excusa perfecta para perder la vergüenza y desinhibirnos. “La gran oportunidad de poder ser otro”, explica la doctora Clara Castelló. “Al disfrazarnos sacamos a la luz una parte nuestra en la que afloran sentimientos ocultos o reprimidos que tenemos guardados en nuestro subconsciente”…  y ahí entro en contradicción, porque disfrazarse de perro Pluto no sé yo que aspiración encierra. 

Pero aquí me quedo yo, en mi otero de la 5ª planta, considerando que la cuestión clave es saberse disfrazar: el arte del disfraz. Y en eso, los british, están a la altura de los mejores. La farsa y la burla, la doblez y el subterfugio o, simplemente, el tapujo y el disfraz los convierte en otros para gozar la fiesta hasta la permisividad. 

No sé qué se siente disfrazándose. Un amigo de Ely intentó ayer ofenderme, pobret, sin saber que sólo ofende el que puede; no el que quiere. Se atrevió a decir que “nosotros” -¡Válgame Dior, Christian Dior!- nos disfrazamos (¿?) en fiestas de Moros y Cristianos. El típico error de quien no conoce la vuelta de la calle. Querido amigo: te lo dije anoche -y no lo recordarás- y te lo dejo por escrito esta mañana para que en cuantito se te pase, te lo cuenten: nosotros nos investimos de dignidad festera, que no es lo mismo.

En fin; que la BND Fancy Dress Party ha sido un exitazo. Ha sido un exitazo un año más y a coste cero; 0 patatero. Han pasado muchas cosas en las calles de Guirilandia… aunque quizás sólo pasó la vida, que es la que siempre pasa. (Aquí pega Pata Negra con su Pasa la vida). Pero recuerda, Ely, que la vida no es un cuento de hadas. Y si pierdes el zapato a medianoche, aunque sea de cristal,… pensarán que eres una borracha y no una princesa.





17 nov. 2016

DE QUE YA ESTÁ EL DOCUMENTAL: EL HOMBRE QUE EMBOTELLÓ EL SOL




Coincidía anoche mi llegada a Benidorm con la huída de la última carroza del desfile (de ídem) que cierra las Fiestas Patronales de Benidorm. La carroza, ya vacía y sin el esplendor de sus ocupantes, iba a toda velocidad, como si quiera despegar… ¡arrastrada por un tractor! Es lo que tiene la Avenida de Europa. Muchos, incluso los mastodónticos autobuses de líneas regulares, la confunden con las pistas de un aeropuerto: los que bajan, sólo frenan ante la inmediatez del mar (como en el Juancho Yrausquin de la isla de Saba, al SE de Puerto Rico); y los que suben esperan alcanzar la velocidad del “salto” (Velocidad de Decisión de Despegue)… que nunca dan (alcanzan) porque está la rotonda final[1]. Eso sí, había confeti por el suelo de la avenida como si hubiera sido utilizada de Sambódromo: también el suelo del garito de enfrente cuando cierra en Nochevieja. Y no era el caso; o no me he “enterao” yo por no estar aquí. 

Atrás he dejado, han quedado, tres intensos días de ponencias, debates, charlas y entrevistas profesionales con las cuestiones del turismo: Benidorm y el Museo del Turismo. Madrid, muy bien; como siempre. Como siempre, no: ya no se puede ir en coche. Zonas, distritos y horas para aparcar se confabulan contra uno (contra mí) que hoy, otra vez, ha vuelto a su scooter para aparcar donde le sale en gana; donde viere (atendiendo a la norma y a la Autoridad pertinente, no vaya a ser que…). Un único fallo: elegir La Granja de San Ildefonso fue bueno para que no nos desviáramos del tema -el turismo- (allí, ahora mismo, sólo los lugareños; o atendías o te morías de asco y de frío) pero fue malo para los que obviamos que Siberia empieza allí mismo, junto a los pinares de Valsaín. Los grajos, por el Real Sitio, viajan en metro; ya, ni vuelan bajo. 

Una de las citas madrileñas fue con Ganga Producciones para el Ochéntame que preparan sobre Benidorm. Un buen rato con Jordi Barrachina y su equipo. Luego, volviendo de Pinto (del plató; aún con restos de maquillaje, soy un desastre) meditas todas tus respuestas: ¿habré quedado muy académico?, ¿lo que yo considero extraordinario puede que sólo lo sea para mí (y un carro de investigadores)?, ¿se llega así al gran público?, ¿me ciega Benidorm? Quería contar tanto en tan poco tiempo (y estuvimos más de una hora de cháchara). Claro, luego hay que montar; editar el producto. 

Esperaremos.

Y de tanto esperar, una buena noticia en la línea argumental: Habemus documental

Para lo que ya no habrá que esperar es para ver lo que Oscar Bernácer y su equipo de Nakamura Films han realizado con “El hombre que embotelló el sol”. Va de Pedro y de Benidorm; va de don Pedro Zaragoza y el Emporio Benidorm. Lo avanzamos.

Con Oscar y con Jordi Llorca ya pasamos una tarde de diciembre de 2014 en “Los cafés del Meliá” -celebrando loséxitos de “Bikini”- donde ya nos dijeron que su intención era este documental para el que nos volcamos con ellos (tal vez los saturamos y los enterramos bajo una montaña de datos, cifras, estudios y opiniones) en la confianza de que sabrían hacer bien su trabajo. Y otra vez me pusieron delante de la cámara (ellos no escarmientan y yo prefiero que me arropen las paredes del aula; el abrigo de la Academia, con el que te diriges sólo a unos pocos) para sentar cátedra en mi admiración por Pedro y por todos los que -desde Pedro a aquí- han hecho posible este Benidorm que ahora retrata Petra Ilieva en todo su esplendor.


Seguro que Nakamura films ha hecho un buen trabajo. Somos tantos, tan variados y distintos, los que opinamos sobre Pedro y su empeño por este Benidorm que la asepsia está garantizada. Deseando verlo estoy. El tráiler me sabe a poco; ¿qué digo a poco?, a nada.  Necesito ya más. Tal vezpor eso les estoy siguiendo por FB; quiero saber cómo va la cosa.
Hay versión cinematográfica y versión reducida (para TVE) de “El hombre que embotelló el sol”; la cinematográfica seguirá un circuito muy especial con las ciudades más identificadas con el fenómeno Benidorm y la acción de Pedro, don Pedro -Valencia, Madrid, Barcelona y Bilbao- antes de estar en las pantallas de siempre. Pero hay más buenas noticias. 

Oscar y Jordi nos han implicado en el proyecto a más de cincuenta personas y disponen de tanto y tan buen material, me cuentan, que se han puesto manos a la obra con un segundo documental en el que tratan el fenómeno turístico español desde un punto de vista más técnico (que si la historia, que si la arquitectura, que si la sociología, que si tapatín, que si tapatán; hasta la sostenibilidad) que supera por espectro la figura de Pedro, don Pedro; algo, seguro, que a Pedro, don Pedro, le hubiera gustado muchísimo. ¿Lo iluminará todo la potencia de este sol? Sí, Oscar; p’alante, como los de Alicante.

La verdad es que voy poco al cine (no soy perfecto; eso sólo lo es mi amigo Arjones, Perfecto Arjones, en cuyo archivo fotográfico está la historia del día a día del turismo en la provincia), pero este jueves, 24 de noviembre, no me pierdo el estreno en los Cines Colci de Benidorm de “El hombre que embotelló el Sol”. Conocí al hombre que embotelló el Sol y me contó muchas cosas que fueron decisivas en mis investigaciones y análisis sobre esta ciudad y lo que significa. Me enseñó a amar Benidorm y a las gentes que desde siempre lo han hecho posible. Y siempre apostaré porque siga viva su leyenda. El hombre, para su familia y sus amigos; la leyenda, para todos.


En fin, que ha sido volver a casa y entrar en calor. Las buenas noticias pueden con el trancazo[2] mejor que una vaso de brandy caliente, con unas gotas de leche (no vayan ustedes a pensar mal) y una vieja pastilla de Veganim.




[1] A unos 110 km/h puede despegar una Cessna 152 (que me he enterao)

[2] Trancazo: Así llamamos en España, los españoles, a la gripe de 1818 que el mundo conoció como “gripe española”. Los contendientes en la IGM no quisieron informar del número de bajas que le producía para no alertar al enemigo; sólo España las comunicó en su día… y ahora se llama “gripe española”. Aquí la palmaron unos 300.000 españoles y por el mundo hubo algo más de 40 millones de muertos; pero es “española”, como la aceituna.  Es la española una aceituna como ninguna; está rellena de rica anchoa

Fotos: Petra Ilieva.