25 may. 2017

I'M MANCUNIAN




Tiempo sin escribir; me hacía falta un detonante. Me duele Manchester.

Cuando veía reacciones ante sucesos luctuosos de gentes de todo el mundo que se sentían de París, de Niza, de Bruselas o de Londres, como un día lo fueron de Nueva York o Madrid, yo me preguntaba por la razón de aquello sin obtener más respuesta que esa que siempre esgrimo: la condición humana, que es capaz de todo, de lo malo y de lo mejor.

Desde el atentado, yo me siento mancunian. Ajeno a todo iba a salir a trotar cuando oí por la radio el estruendo del número de víctimas y la herida en el corazón de Manchester. I’m mancunian.

La de horas quye pasa este tío en Market Street… Impertérrito, como la ciudad

Ahora lo entendía. Yo he sido durante dos años, por escapaditas de fin de semana y puentes, por Navidades y Semana Santa, por unas semanas de verano, un mancunian más. Y sólo al final, desde aquella quinta planta del edificio blanco de la Universidad de Salford que se asoma al gran meando del Irwell, decidí que ya estaba bien, que había que aprender inglés… y en ello estoy… y no tan bien como quisiera, que el hablarlo me impone y el escucharlo me descoloca.

 Al principio, lo reconozco, Manchester resulta un poco áspera -incluso fea- pero como te metas en poco en la piel de la ciudad, ya se te hace agradable ese continuo contraste entre el Manchester de Revolución Industrial y el de hoy, moderno y vanguardista. Siempre está en obras; siempre a mejor.
Comencé mi periplo en Fallowfield, en la zona de estudiantes: Filey Road y sus interminables hileras de casitas bajas. Mucho autobús, desde Wilmslow Road, aunque un día me lo hice andando -y es un tirón- y la “milla del curry” deja sentir sus efluvios. Sin problemas ni para comprar, ni en el pub: cuatro nociones elementales te salvan la vida. Los mancunian colaboran.

En un autobús y con dos maletas me hice el traslado en cuatro viajes. Al poco ya estaba en Princess Street, en el 30, junto al Ayuntamiento, frente a Faulkner Street que te hace cruzar el arco del barrio chino y a diez metros de la Art Gallery que se dejaba ver, más en invierno -por el frío- que en verano. Sólo un esbozo de calle me separaba del Arora, un hotel frecuentado por tripulaciones aéreas. Una docena de pubs y restaurantes, dos supermercados y acceso a todas las líneas posibles de bus y tranvía. Y a cinco minutos a pie de Picadilly Gardens, del Manchester Arndale y de Printwords y la catedral. Y del Museo del Fútbol, por el que nunca sentí el más mínimo interés, pero que es un hito y lo cito.

Para mí el hito es el puente hiperbolide que cruza Corporation St., desde Selfridges & Co a otra de estas monumentales tiendas. En Benidorm tengo otro hiperboloide y… ya lo he contado en varios post. Me gusta; lo adoro.

Yo era más de coger Deansgate “punta adelante” hasta Castlefield y los docks de los viejos canales, hoy casi un parque de agua. Tenía mis hitos por el camino: The Botanics, por ambiente; John Rylands Library, porque me atrae esa mezcla de gótico y piedra oscura que encierra maravillas; la parte nueva de la arquitectura de cristal y los grandes edificios de oficinas que encierran sorpresas (como The Oast House); y tras dejar el Instituto Cervantes a la derecha, alcanzar por Liverpool Road las viejas huellas de la Mamucium romana de Julius Agricola y la mágica estructura del MOSI: primero al pabellón de la aviación, para luego penetrar en las entrañas de la Revolución Industrial, el ferrocarril, la máquina de vapor, el primer gas y hasta en las alcantarillas. Es el mejor museo que he visto nunca. Lo he pasado como un niño también en la Biblioteca central -el caso es que leer inglés, leo; el problema es hablarlo- y sus exposiciones. 

Y cuando iba hacia Picadilly Gardens paraba en The Portico -buena Stout- y en The Alchemist –nivel, Maribel-, y en bus hasta Trafford, un tirón. Me encantaba pasear por MediaCity UK Studios y una vez al Trafford Center; ¡Uf! Tampoco soy de ir a los estadios de fútbol y allí no estaba uno para tener el corazón partío entre reds y blues.

Más de una vez me fui hasta Sackville Gardens y el Alan Turing Memorial después de haber contemplado aquella máquina que acabó con los nazis. Allí, ante the bacon of hope he contemplado la calle canal y entendido muchas cosas. Cada mañana pasaba por el cenotafio que recuerda los caídos en la IGM; amapolas, siempre rojas amapolas con crespón negro. Manchester recuerda. 

Y yo recuerdo de Manchester que un Wetherspoon nunca falla y que los martes son el mejor día para las 14oz Aberdeen Angus rump steak -eso no se olvida- y que siempre hay una cerveza -o una sidra- interesante; que los viejos pubs de Kennedy Street me parecían más tradicionales y típicos; que Marbre Arch colmó todas mis ansias y la Feria de la Cerveza fue inolvidable; y que no hacía falta irse tan lejos porque frente al Ayuntamiento, en Dutton, tenían una Manchester Pale Ale muy potable; y en “la lechuga y la oruga” (que es muy raro de decir en inglés) había clase. Que Crown & Anchor es mejor que los que salen en los folletos y están al lado. Que me gustaba comer en Miller & Carter; había un camarero andaluz que era la monda (y así no había forma de aprender inglés). Y un poco más adelante, en las galerías del Royal Exchange Teather, visitar una tienda de whiskys y cigarros fuera de serie; de ahí me traje el último Penderyn. 

Y que allí la noche era pura Panacea (Panasía, en su hablar).

Que soy muy mancunian y que ando dolido por una afrenta a una ciudad que si bien no impresiona, vale mucho. Asido al báculo de la esperanza, ¡Va por ustedes mancunianos!




11 may. 2017

DE TURISMO 4.0 EN BENIDORM




Comenzó bien Nuria Montes, secretaria general de HOSBEC, al dar la bienvenida esta mañana a la Jornada Turismo 4.0 -y ahí estaban los de IMF Business School que el día 8, en Madrid, llamaba a su jornada similar Turismo 3.0- cuando nos despertó, sin golpe de café, con un golpe de sinceridad: “quién no acepte y gestione el Big Data se quedará fuera del negocio”.

Salvador Martínez, director de Economía 3 -“revista seria, aunque dicen que aburrida” que es lo primero y no es lo segundo- y organizador de la Jornada dijo que “para aprender hay que estar con los mejores y que en Turismo, los mejores están en Benidorm”; “un caso único”, apostilló.
En el ambiente flotaba una máxima: ante lo Martínez calificó como ‘shock tecnológico’, “el modelo de negocio tiene que cambiar y los profesionales tienen que adaptarse”. Y para eso la Jornada Turismo 4.0, digitalización y profesionalización.

De lleno, al primer bloque.

Mario de Felipe, de SISTEL (Consultoría y Servicios Informáticos) nos metió de lleno en la 4ª Revolución industrial, la de la Internet y los dispositivos móviles que acaban cambiando la sociedad y los negocios sobre tres tecnologías clave: big data, cloud y data science. Y los explicó, lo que excede del cometido de este Blog. Y como si de un Expediente X se tratara, nos dijo que “los datos están ahí fuera; ahora tenemos la posibilidad de utilizarlos, de saber más de cliente; pero hay que saber sacarle valor a los datos”. Y ahí entran ellos. La cuestión es averiguar patrones y capturar datos -“Internet es volátil”- lo que le llevó, no ya a la minería de datos sino a una refinería de datos, cuál si de zaíno crudo petrolero se tratara, pero es que los datos son petróleo, oiga. Hay que entender lo datos, hay que conocer al cliente a través de ellos, hay que predecir la demanda, detectar el fraude y optimizar los aprovisionamientos y costes.

Rafael Mesa, de IMF Business School, salió en tromba; el reloj mandaba. Nos contó que hacía 41 años había venido a Benidorm para comprobar cómo funcionaba uno de los tres baluarte del turismo de entonces: Benidorm, junto con Puerto de la Cruz y Torremolinos. 41 años después considera que “Benidorm es el ejemplo de mantener el éxito; está magnífico y esplendorosamente vivo” recordando que otros han muerto de éxito. Considera que “Internet el invento más grande para la Humanidad desde la rueda”, lo que le lleva a señalar que “el cambio fundamental del turista de hoy es la conectividad” con lo que nos llama a estar ojo avizor porque la “la experiencia digital va por delante de la presencia física” –vemos en Internet y decidimos mucho antes de ir al lugar- y en esto tenemos que ponernos las pilas. De Rafael Mesa es también la reflexión de que “hay que atender a la tribu, porque son fieles” y en ese peldaño de la escalera, el de la tribu, podríamos haber echado la mañana. Pero nos centramos en el tema y se animó a darnos la clave del mañana -ya hoy-: “anticiparnos a lo que quieren los turistas y darles lo que no se esperan”.

Una de sus muchas advertencias -sobre los millennials- me dejó un tanto perplejo. Ya sé que “adoran sus pantallas táctiles” pero no tenía ni idea de que “odian el servicio personal”, con lo que advirtió que en el futuro, “el 60-70% de los servicios deberán ser automáticos”. Ahí, me quedé rumiando el concepto. Ojo, coincido en, que “el negocio está en repetir la venta” y no sé yo si tanto automatismo… ya sé que algún hotel de Tokioha puesto un robot en la recepción, pero… En fin, “el turismo, también sentenció Mesa, es la gestión de dos elementos escasos: el dinero y el tiempo libre del turista” y hay que ser muy respetuoso con eso. Es la frase del día; luego la repitió el alcalde en la clausura.



Por cuestión de espacio en el Post tengo que ser breve en el resumen. David Devesa -que Devesa y Calvo también patrocinaban la jornada- animó a una mejor gestión de la empresa familiar y señaló que “en las mejores playas urbanas del mundo”, las de Benidorm, “el 89% de las empresas turísticas son familiares” y que hay que poner en marcha en Protocolo de Empresa Familiar que ayuda mucho. Diseccionó el proceso de las etapas, las generaciones y el desarrollo empresarial, la tecnologización y la profesionalización con todas sus consecuencias. Fue el más dinámico. Tras diagnosticar el problema nos ofreció el antídoto: “comunicación y planificación”.

Nos habíamos ido de hora ya a esa altura de la jornada. Por ello, los parte de los ejemplos brilló poco. Unos, por falta de luz y lo poco que alumbraron; y otro porque dos destellos cegaron. Hubieran necesitado más del doble de tiempo de exposición para hacerlos llegar; aunque a alguno le sobrara más del triple del tiempo que empleo en repertirse. Lo mejor, la formulación de las preguntas de Salvador Martínez a los ponentes; mucho mejor la pregunta que la respuesta en tres de los casos. No lo tenían preparado, porque repetir y repetir lo del camping y lo de las 5 fantásticas “E” de un gran proyecto, que lo es, y lo de “repensar la burocracia” y “desarrollar una cultura de liderazgo” es algo que tenía que estar ya en marcha.

La clausura contó con el presidente de Hosbec, Toni Mayor -que le está cogiendo gustillo a dejar mensajes-, el alcalde de Benidorm, Toni Pérez -“venimos a aprender; sigan enseñándonos” cuando venía de estar en Madrid con la UNWTO sobre los destinos inteligentes y hemos testado la norma española; o Leire Bilbao que venía de hacer “bolos” por las universidades- y el Secretario de Turismo, Francesc Colomer, que apuntó novedades sobre debate en el Parlamento Europeo de la cuestión de la “economía colaborativa”, ayudas al sector y advertencias sobre “el lado oscuro de la Revolución digital”, para cerrar con un “el rey es el turista… aunque uno sea republicano”. Aún se le escapó algo así como un “no me podía imaginar que yo cerraría un acto con la palabra ‘rey’”. Y lo cerró.

Interesante la jornada.